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Relato erótico: Pasión erótica, cabalgando despacio, intenso

ME MORÍA DE GANAS de tenerlo otra vez. Habíamos estado enviándonos audios calientes toda la semana, fotos de mi coño abierto en el espejo del baño, vídeos suyos corriéndose en la ducha pensando en mí. El sábado por fin llegó. Llevaba el vestido negro más corto que tengo, sin sujetador y sin bragas, solo un tanga de hilos que apenas cubría nada. Debajo del vestido guardaba en el bolso mi juguete favorito: un vibrador de silicona rosa, curvado, con diez velocidades y una parte que se mete dentro mientras la otra presiona el clítoris. Lo había cargado la noche anterior pensando en lo que iba a hacer con él… y con Lucas.

Cuando abrió la puerta, el olor a su colonia me golpeó como un puñetazo de deseo. Me agarró por la cintura antes de que pudiera decir hola y me estampó contra la pared del recibidor. Nos comimos la boca con hambre, sus manos subiendo por mis muslos, descubriendo que no llevaba nada debajo. Un gemido ronco salió de su garganta cuando sus dedos rozaron mi coño ya empapado.—Hostia puta, Marta… vienes sin bragas y chorreando.—Para ti —le susurré, mordiéndole el labio—. Hoy vas a ser mi montura.Nos desnudamos a trompicones por el pasillo. Él se quitó la camiseta y vi cómo le brillaba el sudor entre los abdominales. Yo dejé caer el vestido al suelo y me quedé solo con el tanga y los tacones. Lucas se quedó mirando mi cuerpo como si fuera la primera vez: mis tetas duras, los pezones tiesos, mi coño depilado que ya se veía húmedo entre las piernas. Saqué el vibrador del bolso y lo encendí un segundo, solo para que oyera el zumbido. Sus ojos se abrieron como platos.—¿Eso también viene dentro? —preguntó con la voz rota.—Primero te voy a calentar yo sola… y luego tú vas a mirar cómo me corro con él mientras te monto la cara. Después… te voy a cabalgar hasta que no quede ni una gota en tus huevos.Lo empujé al dormitorio. La habitación olía a él, a sexo anticipado. Encendí la luz tenue de la mesilla y lo tiré sobre la cama. Me subí encima de sus muslos, abrí las piernas y le enseñé el tanga empapado. Con dos dedos lo corrí a un lado y dejé mi coño al aire. Estaba hinchado, los labios abiertos, brillando. Me acaricié despacio delante de él, metiendo un dedo y sacándolo lleno de jugos, luego me lo chupé mirándolo a los ojos.Lucas tenía la polla tiesa apuntando al techo, gruesa, con la vena gorda marcada y la punta morada de lo hinchada que estaba. Una gota gorda de presemen le colgaba del agujerito. Me incliné y la lamí despacio, saboreando lo salado, mientras él gemía y me agarraba el pelo.Me senté más arriba, a horcajadas sobre su pecho, y le puse el vibrador en la boca.—Chúpalo. Mójamelo bien.Obedeció como un perrito. Lo lamió, lo metió en la boca, lo empapó de saliva mientras yo me tocaba el clítoris mirándolo. Cuando estuvo bien mojado, lo encendí en velocidad baja y me lo apoyé en el clítoris. El primer contacto fue eléctrico. Cerré los ojos y solté un gemido largo. Empecé a moverlo en círculos, sintiendo cómo vibraba contra mi carne hinchada.Lucas no aguantaba más. Intentaba tocarse la polla, pero le aparté la mano.—Quieto. Primero miras.Bajé el vibrador y me lo metí despacio. La parte curvada entró perfecta, rozándome el punto G, mientras el rabito quedaba fuera vibrando contra mi clítoris. Empecé a follarme con él delante de sus narices, subiendo y bajando, cada vez más rápido. Mis jugos chorreaban por el juguete, caían sobre su pecho. El olor a coño mojado llenaba la habitación.—Joder, Lucas… mira cómo me follo… voy a correrme ya… voy a correrme en tu cara…Subí la velocidad al máximo. El zumbido era ensordecedor. Me clavé el vibrador hasta el fondo y empecé a mover la cadera como una loca. El orgasmo me pilló de golpe. Grité, me temblaron las piernas, sentí cómo me salía un chorro caliente que le cayó en la barbilla y el cuello. Mi coño se contrajo alrededor del juguete una y otra vez, apretando, palpitando. Me quedé temblando encima de él, con el vibrador todavía dentro, disfrutando cada réplica.Cuando abrí los ojos, Lucas me miraba como si fuera a comerme viva. Le saqué el vibrador del coño con un sonido húmedo obsceno y se lo metí en la boca.—Prueba cómo sabe mi corrida.Lo chupó con ganas, gimiendo. Yo bajé hasta su polla. Estaba más dura que nunca, latiendo, con las venas a punto de reventar. Me puse encima, a horcajadas, y guié la punta a mi entrada. Estaba tan mojada que resbaló sola. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, cómo me llenaba, cómo su grosor me estiraba hasta el límite. Cuando lo tuve todo dentro, me quedé quieta. Mi coño lo apretaba como un puño caliente y húmedo.Empecé a moverme muy despacio. Solo subía dos dedos y volvía a bajar, sintiendo cada relieve de su polla, cada latido. El roce de su pubis contra mi clítoris era perfecto. Lucas me agarraba las tetas, me retorcía los pezones hasta hacerme daño del bueno. Yo gemía sin control, el sudor me caía entre las tetas.—Voy muy despacito… así siento todo… tu polla me parte el coño… joder, qué gustazo…Aceleré solo un poquito. El sonido era puro sexo: cada vez que mi culo chocaba contra sus muslos. Mi coño chorreaba tanto que le empapé los huevos. El olor era animal, denso, a sexo crudo.El segundo orgasmo empezó a construirse en la boca del estómago. Me incliné hacia delante, apoyé las manos en su pecho y empecé a mover la cadera en círculos lentos, profundos.—Lucas… me voy a correr otra vez… con tu polla dentro… voy a correrme tan fuerte que te voy a apretar hasta sacarte la leche…Él gruñó, me agarró el culo y abrió mis nalgas para verme mejor cómo lo tragaba entero. Yo empecé a hablar sucio, cada vez más alto.—Mira cómo me follo tu polla… mira cómo me la clavo… voy a correrme, joder, me estoy corriendo… ¡sí, sí, métemela hasta el fondo, rómpeme el coño!El orgasmo me atravesó como una corriente eléctrica. Grité, me clavé hasta el fondo y me quedé ahí, temblando, mi coño contrayéndose alrededor de su polla como si quisiera tragársela. Sentía cada chorro de placer, cada contracción, cada latido suyo dentro de mí. Me corrí tanto que noté cómo me salía líquido caliente por los lados, empapando sus huevos.Pero no paré. Seguía cabalgándolo, ahora más lento, disfrutando las réplicas. Lucas estaba al borde, lo veía en sus ojos vidriosos, en cómo le temblaba la mandíbula.—Otra vez —le ordené—. Quiero un tercero. Quiero correrme otra vez en tu polla hasta que revientes dentro.Encendí el vibrador otra vez y me lo puse en el clítoris mientras lo cabalgaba. La doble estimulación era brutal. Sentía su polla dentro y la vibración fuera. Empecé a subir y bajar más rápido, pero sin perder la profundidad. Cada vez que llegaba al fondo, apretaba el culo y lo ordeñaba.—Voy a correrme otra vez… mi coño está ardiendo… tu polla me tiene loca… ¡joder, qué gusto, qué gusto!Lucas ya no podía hablar. Solo gemía, me clavaba los dedos en las caderas y empujaba hacia arriba como un poseso.—¡Córrete ya, por favor! ¡No aguanto más!Y llegó el tercero. El más salvaje. Me puse recta, eché la cabeza hacia atrás y grité como una loca mientras me clavaba su polla hasta el útero.—¡Me corro! ¡Me estoy corriendo otra vez en tu polla, joder! ¡Sí, sí, lléname, córrete dentro, quiero tu leche hasta el fondo, córrete conmigo, hostia puta!Él rugió como un animal, me agarró las caderas con fuerza brutal y se corrió. Sentí los chorros calientes golpeando dentro, uno tras otro, inundándome. Su polla palpitaba tan fuerte que parecía que iba a explotar. Yo seguía corriéndome, apretándolo, ordeñándolo, hasta que no quedó nada.Nos desplomamos juntos, yo encima de él, su polla todavía dentro, los dos temblando, sudados, pegajosos. Cuando por fin me aparté, un río espeso de semen y jugos salió de mi coño y cayó sobre su barriga y la sábana. Los dos nos reímos, exhaustos.Me tumbé a su lado, le besé el cuello salado y le susurré al oído:—La próxima vez traigo el plug anal también… para que sientas cómo me corro con los dos agujeros llenos.Él solo pudo gemir y abrazarme más fuerte.

por:© Mary Love

Mary Love (@tequierodori) / X

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