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Esperanza mujer de setenta y cinco años se siente aun viva

 

"Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...."

Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad.

Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerle la boca y bajando a su entrepierna comenzó a masajear su clitoris. Cuando ella notó su presencia aceptó sin proferir palabras, con su complacencia lo estaba invitando a unirse a ella.

Para Yon era la primera vez que tenia una experiencia con una anciana de 75 años, la escena que que acababa de presenciar lo puso muy cachondo. A pesar de las arrugas que marcaban su rostro de Esperanza y las historias que sus ojos contaban, había en ella una energía seductora que lo atraía.  Yon descubrió que el sexo y la pasión no tenía edad. Esperanza le mostró que su cuerpo aún podía experimentar el deseo y la satisfacción, algo que él nunca había imaginado. La conexión entre ellos se volvió intensa; cada caricia y susurro revelaban una parte de ella que había estado dormida durante años.

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Mientras la atmósfera se cargaba de deseo y pasión, Esperanza miró a Yon con una mezcla de deseo y determinación. A pesar de su edad, había algo en su interior que ardía con fuerza, anhelo que había estado latente durante años. Con una sonrisa traviesa, decidió que no iba a dejar que la timidez dominara ese momento.

Con movimientos lentos pero seguros, Esperanza se acercó a Yon. Su mano temblorosa, pero firme, recorrió su pecho, sintiendo la calidez de su piel joven. La confianza comenzó a llenar el aire; ella era más que una mujer mayor: era una amante experimentada que conocía su propio cuerpo y sabía lo que quería.

A medida que las caricias se intensificaban, Esperanza tomó la iniciativa. Se inclinó hacia él, sus labios rozando los de Yon mientras sus manos exploraban sus partes íntimas. La conexión entre ellos se volvía más profunda; cada roce era un recordatorio de que el placer no tenía límites ni restricciones. 

Yon se sorprendió al ver cómo Esperanza, con su sabiduría y sensualidad, podía guiarlo y enseñarle el arte del placer compartido. Ella lo llevó en un viaje donde ambos podían descubrir nuevas formas de satisfacción. Sus risas y suspiros llenaron la habitación mientras se entregaban a la experiencia, dejando atrás cualquier preocupación sobre la edad o el pasado.

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A medida que la intimidad entre Esperanza y Yon se intensificaba, ella no podía evitar sentir una oleada de deseo. Sus ojos brillaban con una mezcla de picardía y confianza mientras observaba la reacción de Yon ante sus caricias. La energía en la habitación era palpable, y ella sabía que era el momento perfecto para tomar la iniciativa.

Esperanza se acercó más a él, su corazón latiendo con fuerza mientras sentía el calor de su cuerpo. Con una sonrisa seductora, decidió llevar su conexión a un nuevo nivel. Su mano se deslizó suavemente por el abdomen de Yon, sintiendo cómo su piel respondía a cada toque. Cuando llegó a su entrepierna, la mirada de ambos se encontró en un instante cargado de anticipación.

Con movimientos decididos, Esperanza tomó el miembro de Yon entre sus manos. La calidez y firmeza de su piel joven contrastaban con las manos experimentadas de ella. Él emitió un suspiro de sorpresa y placer al sentir su toque, y eso solo aumentó la determinación de Esperanza. 

Sin dudarlo, ella llevó el miembro de Yon hacia su boca. La sensación fue electrizante; para él, era como si todo su ser se encendiera en llamas. Esperanza sabía exactamente lo que hacía; cada movimiento de su lengua y cada suave succión estaban llenos de pasión y deseo. Disfrutaba del momento, sintiendo cómo la conexión entre ellos se profundizaba aún más.

Mientras ella continuaba, el ambiente se llenó de sonidos de placer compartido. Para Esperanza, no solo era un acto físico; era una celebración de la vida, del deseo y del poder que aún poseía en su edad. Ambos estaban inmersos en un viaje donde lo prohibido se volvía liberador, y donde cada caricia contaba una historia sobre la conexión humana más allá del tiempo.

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A medida que la tensión entre Esperanza y Yon aumentaba, ambos sabían que estaban listos para llevar su encuentro a un nivel aún más profundo. Con una mirada cargada de deseo, Yon ayudó a Esperanza a cambiar de posición, buscando explorar nuevas formas de conexión.

Primero, la colocó suavemente sobre la cama, donde pudo admirar su figura y la belleza que emanaba de ella. Con un movimiento delicado, se posicionó detrás de ella, sintiendo cómo el calor de sus cuerpos se fusionaba. Cuando finalmente la penetró, ambos emitieron un suspiro de placer, como si el universo entero se detuviera por un instante. 

La intensidad del momento los envolvió. Yon comenzó a moverse con cuidado, sintiendo cómo el cuerpo de Esperanza respondía a cada embestida. Ella lo animaba con sus susurros y gemidos, mostrando que aún tenía una pasión ardiente en su interior. La conexión entre ellos era mágica; no solo era físico, sino emocional.

Luego cambiaron a otra postura. Esta vez, Esperanza se giró para quedar frente a él; su mirada profunda se encontró con la de Yon mientras él la penetraba nuevamente. La intimidad que compartían se volvía cada vez más intensa; sus cuerpos se movían en perfecta armonía, como si fueran uno solo.

Finalmente, en una última posición apasionada, ambos sintieron que estaban al borde del clímax.


Con cada movimiento y cada roce, la energía acumulada estalló en una ola de placer abrumadora. Al llegar al orgasmo juntos, el mundo exterior desapareció; solo existían ellos dos en ese momento perfecto de conexión y satisfacción.

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A medida que la pasión entre Esperanza y Yon alcanzaba su punto culminante, ambos sentían que el orgasmo estaba a la vuelta de la esquina. La intensidad de sus movimientos se incrementaba, y el ambiente estaba cargado de electricidad. Con cada embestida, el placer se volvía más abrumador, y ambos sabían que estaban a punto de correrse y dejar liberar todo el néctar de su orgasmos.

Finalmente, con un último empuje lleno de deseo, Yon sintió cómo su cuerpo estallaba en una ola de placer, estaba a punto de correrse. Al notar que le venia sacó su polla de su coño y se la puso en su boca mientras acariciaba su clitoris, dejando que su semen fluyera hacia Esperanza. Ella lo recibió con ansias, sintiendo cómo ese néctar caliente llenaba su boca. La mezcla de sabores era intensa y dulce, un regalo que celebraba el momento compartido.

Esperanza saboreó cada gota con devoción. Su lengua danzaba alrededor de su miembro mientras disfrutaba del sabor único y la calidez que le ofrecía. Era un acto de conexión profunda; en ese instante, todo lo demás desapareció. Solo existía ella y él, unidos en un momento de pura intimidad.

Mientras Esperanza saboreaba la corrida de Yon, la excitación que sentía era casi abrumadora. Cada gota que llenaba su boca no solo era un regalo de placer, sino también un estímulo para su propio deseo. Con cada roce con su lengua, su cuerpo reaccionaba intensamente; la mezcla de sabores y sensaciones la envolvía en una ola de euforia.

Mientras disfrutaba del momento, sus manos comenzaron a explorar su propio cuerpo. Se acariciaba suavemente, sintiendo cómo cada roce encendía aún más su pasión. Sus dedos se deslizaban por su coño, encontrando los puntos sensibles que la hacían estremecer. La combinación de estar degustando la corrida de Yon y tocarse a sí misma creó una sinfonía de placer que no podía resistir.

Con cada movimiento de su mano y cada sabor que llenaba su boca, la excitación aumentaba más y más. Era como si el mundo se desvaneciera y solo existiera ese instante de pura lujuria. Finalmente, de nuevo le venia; una oleada de placer recorrió su cuerpo, desde los dedos de los pies hasta su cabeza mientras ella se corría otra vez, dejando escapar un gemido de satisfacción que resonó en todo el cuarto.

Era un momento sublime, donde el deseo y el placer se entrelazaban en una danza perfecta. La conexión entre ellos se intensificó aún más; ambos disfrutaron del sexo placentero compartido, sabiendo que habían creado algo verdaderamente especial.

por: © Mary Love

Mary Love (@tequierodori) / X




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