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Micro relato erótico: Erotismo explícito, confesiones de una escort

ESTIMADA MAÍA, mi profesión, la de ahora, me obliga a estar lo más apetecible posible, je,je,je, ya sabes la que cuesta esto. Pero quien paga 300 € para estar una hora con una mujer tiene que salir de mi habitación satisfecho y ojala con ganas de repetir. Intentaré explicarte a medida que vaya abriendo contigo como follo con mis clientes, la variedad de ellos y gustos, a veces inocentes y otras pervertidos.

Si me corro?... bueno normalmente no, en mi trabajo buscar mi placer seria un error, no siempre es así, en mi trabajo simple y llanamente quien tiene que disfrutar es quien ha pagado. 

A veces requieren mis servicios parejas que dicen ser matrimonio y quieren experimentar fantasías para alterar su monotonía.

Descubrí hace ya algún tiempo, ya que lo preguntas, que me corro más con una mujer, que con un hombre, con ellos es más "mecánico".  Bueno, tengo que confesarte que siempre que una mujer folla conmigo me hace llegar al orgasmo, y quizás sea porque nosotras las mujeres tenemos otras sensibilidades.

Me gusta que me follen, con la posición más domestica que todos sabemos: el misionero, puedo controlar mejor, su cara sus ojos, percibir su inmediato orgasmo...pero como puedes comprender follamos en todas posturas que el cliente me pide.


A veces, cuando viene una pareja, ella me piden que folle al marido mientras la mujer mira. Pero siempre acabo entre las piernas de ella, lamiéndole el clítoris hasta que se retuerce y grita “¡No pares, puta, me voy a correr en tu boca!” y yo me trago su orgasmo como si fuera miel.

Anoche llegó ella. Treinta y pocos, anillo de casada brillando en la mesilla, ojos que pedían guerra. Me dijo sin rodeos que estaba harta de lo de siempre, que quería sentirse viva. La desnudé despacio, disfrutando cómo se le ponía la piel de gallina cuando mis dedos rozaban sus costados. La até a la cama con las muñecas por encima de la cabeza y las piernas bien abiertas, tobillos sujetos a las esquinas. Estaba expuesta, temblando de anticipación, el coño ya reluciente antes de que la tocara.

Me arrodillé entre sus muslos y le abrí sus labios con los pulgares. Estaba empapada. Metí tres dedos de golpe y empecé a bombear fuerte; el sonido era obsceno, chap-chap-chap, como si la estuviera follando con la mano entera. Al mismo tiempo bajé la boca a sus tetas, chupando esos pezones tiesos, mordiéndolos justo lo suficiente para que se arqueara. Ella gemía sin control, tirando de las cuerdas.

Le susurré al oído, pegado a su cuello: «Ahora vas a correrte como nunca te has corrido con tu marido, puta mía». Aceleré los dedos, curvándolos dentro para golpearle ese punto que la volvía loca. Cuando la noté al borde, hinchada y palpitando, saqué mi polla de silicona favorita: veintidós centímetros gruesos, réplica exacta de un actor que vuelve locas a las mujeres. Le eché lubricante, la apunté y se la clavé hasta el fondo de un solo empujón.

Gritó como si la partieran en dos: «¡Sí, joder! Rómpeme el coño, métemela toda, más fuerte, más, ¡me corro, me corro, me corroooo!». Su cuerpo se convulsionó, las caderas se alzaron y empezó a eyacular chorro tras chorro, caliente, empapando mis manos, la sábana, todo. Seguí lamiéndole el clítoris hinchado mientras el juguete seguía dentro, rozándole el ano con el pulgar, sin dejarla bajar.

Lloriqueaba, suplicaba que parara porque no podía más, pero su coño seguía contrayéndose alrededor de la polla falsa. Yo, con la cara chorreando de sus jugos, me froté mi clítoris contra su muslo mojado y me corrí otra vez, temblando encima de ella, sintiendo cómo sus espasmos me arrastraban.

Cuando por fin la desaté, estaba destrozada, sonriendo, con las sábanas hechas un lago. Me besó mi boca saboreándose a sí misma y susurró: «Te llamo la semana que viene».

Tu confidente, Carmina 😘


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Querida amiga Carmina!!,
Tu mensaje relato me ha puesto tan caliente que no he podido esperar a contestarte. Me he leído cada línea con la mano metida entre mis piernas, imaginándome tu boca en mi coño mientras me cuentas cómo te follan esos clientes que pagan 300 € por una hora contigo. Dios, Carmina, eres puro fuego.

Carmina, me excita tanto saber que con las mujeres te corres de verdad, que con los tíos es solo mecánica… Yo también, cariño. Un buen coño caliente, jugoso, que se abre para ti, que te moja la barbilla… no hay polla que iguale eso.

Después de leerte, me encerré en el baño de la oficina donde trabajo. Me subí la falda, me quité las bragas negras de encaje y me abrí de piernas delante del espejo. Me metí dos dedos hasta el fondo, empapada, pensando en ti y en Ruth. En esa foto que me mandaste… joder, tenías la cara de recién corrida, los labios hinchados, el pelo revuelto y esa sonrisa de zorra satisfecha que me hizo gemir alto. Me follé yo misma imaginando que era tu lengua la que lamía mi clítoris hinchado, que eran tus tetas las que rozaban mis muslos. “¡Carmina, cómemelo más fuerte, méteme la lengua hasta el fondo, zorra!” gritaba mientras me retorcía, corriéndome tan brutal que salpiqué el espejo con mi chorro.

Te deseo tanto, Carmina…, quiero que seas mi puta. Ojalá un día coincidamos en la misma cama, tú, Ruth y yo. Tres coños maduros, calientes, abiertos, lamiéndonos hasta perder la voz.

Mándame más fotos tuyas corrida, por favor. Quiero correrme mirándote.

Te como entera,
Tu amiga que se muere por follarte

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