El jueves a mediodía sonó el timbre otra vez. Esta vez no esperábamos a nadie.
Yo estaba en el salón, boca abajo en la alfombra, con Hugo follándome despacio por detrás mientras Carmen me comía el clítoris desde abajo y Mona grababa todo con el móvil en modo “solo para el grupo privado”. Laura, Diego y Javier habían salido a comprar más hielo y lubricante; el resto estábamos demasiado ocupados para movernos.El timbre insistió tres veces.—Amazon —gritó una voz femenina desde fuera—. ¡Paquete para Sandra o Hugo!Hugo salió de mí con un sonido húmedo, se puso una bata corta que no tapaba nada y fue a abrir. Yo me quedé en el suelo, con las piernas abiertas y Carmen todavía lamiéndome perezosamente.Volvió acompañado.Era una chica de unos veinticinco años, uniforme naranja de Amazon, coleta alta, piel morena, cuerpo atlético de quien carga cajas todo el día. En la placa ponía “VALERIA”. Llevaba una caja mediana en los brazos y los ojos como platos al ver el espectáculo: siete personas desnudas (o casi), olor a sexo por todas partes, gemidos de fondo.—Eh… firma aquí, por favor —dijo con la voz temblando, tendiendo el tablet.Hugo firmó sin prisa, dejando que la bata se abriera del todo. Su polla dura y brillante asomaba sin vergüenza.Valeria no podía apartar la vista.Yo me incorporé sobre los codos, abrí más las piernas y le sonreí.—¿Quieres pasar un momento, Valeria? Estás roja como un tomate y aquí hace fresco.Ella tragó saliva. Miró el pasillo, luego a nosotros, luego otra vez a la polla de Hugo.—Tengo… tengo más entregas —susurró, pero no se movió.Carmen se levantó, completamente desnuda, estaba espectacular balanceándose, y le quitó la caja de las manos.—Cinco minutitos no te van a despedir —dijo con esa voz ronca que no admite discusión—. Además, llevas todo el camino mirando por la ventanilla del jardín, ¿verdad?Valeria se mordió el labio. Asintió apenas.Mona dejó el móvil, se acercó por detrás y le desabrochó el chaleco reflectante.—Quítate esto, reina. Aquí no hace falta uniforme.En menos de treinta segundos Valeria estaba desnuda en medio del salón. Tenía un cuerpo de infarto: tetas medianas y firmes, cintura de avispa, culo redondo y duro de tanto subir escaleras. Su coño estaba depilado con una línea fina y ya brillaba.Hugo fue el primero en tocarla: le pasó una mano por la espalda hasta el culo y le metió un dedo entre las piernas.—Joder, estás empapada —gruñó—. ¿Te has estado tocando en la furgoneta pensando en nosotros?Ella solo pudo asentir, gimiendo.Yo me acerqué gateando, le abrí las piernas y lamí su clítoris en un solo movimiento largo. Sabía dulce, a sudor y deseo contenido.—¡Hostia! —gritó Valeria, agarrándome del pelo.Carmen se arrodilló detrás de ella y empezó a lamerle el culo mientras Hugo le metía dos dedos en el coño junto a mi lengua.Mona sacó el móvil otra vez.—Esto hay que inmortalizar. Sonríe, repartidora.Valeria perdió la vergüenza en cero coma. Se dejó caer de rodillas y nos miró a todos con ojos brillantes.—Quiero que me uséis —dijo con voz temblorosa pero decidida—. Quiero todo lo que os he oído hacer estos días.No hicimos esperar a la chica.La tumbamos en el sofá, piernas abiertas al máximo. Yo me senté en su cara sin miramientos.—Primero vas a comerte el coño de la dueña de la casa mientras mi marido te folla.Hugo se colocó entre sus muslos y la penetró de un solo empujón. Valeria gritó contra mi coño, la vibración me puso a mil.—¡Joder, qué apretada está la repartidora! —gruñó Hugo mientras empezaba a bombear fuerte.Carmen se metió debajo de ellos y empezó a chuparle los huevos a Hugo y el clítoris a Valeria al mismo tiempo. Mona se sentó en el respaldo del sofá y se tocaba viendo la escena, metiéndose tres dedos.Valeria lamía como una posesa, lengua dentro, fuera, chupando, mordisqueando. En dos minutos ya estaba temblando.—¡Me corro, me corro en la polla del marido y en la boca de la vecina! —gritó, y un chorro caliente salió disparado, empapando a Carmen entera.Hugo no paró. La sacó, brillante de sus jugos, y me miró.—Cambio. Ahora tú, amor.Me tumbé boca arriba, Valeria encima de mí en 69. Le comí el coño lleno de Hugo mientras él me follaba a mí por detrás, empujando tan fuerte que cada embestida hacía que mi lengua se hundiera más en Valeria.—¡Folladnos a las dos con la misma polla! —grité—. ¡Quiero sentir cómo te corres dentro de ella y luego dentro de mí!Carmen y Mona se colocaron a los lados, chupándole las tetas a Valeria y metiéndole dedos en el culo.Valeria se corrió otra vez, gritando contra mi clítoris:—¡Soy la puta de Amazon! ¡Entregas a domicilio y me follan en casa del cliente!Hugo nos folló a las dos sin parar, alternando agujeros, hasta que rugió y se corrió dentro de Valeria, llenándola hasta que la leche le chorreaba por los muslos.Luego me sacó y descargó lo que quedaba en mi boca.Valeria, temblando, se giró y me besó, compartiendo la corrida de Hugo entre nuestras lenguas.Cuando recuperamos el aliento, le devolvimos el uniforme (arrugado y con manchas sospechosas).—Cinco estrellas y reseña excelente —dijo Hugo, guiñándole un ojo.Valeria se rio, se subió la cremallera con manos temblorosas y anotó algo en su tablet.—Añadida esta dirección a favoritos —susurró—. Pedid mucho, por favor.Salió tambaleándose hacia la furgoneta.Mona cerró la puerta y miró la hora.—Quedan cuatro horas hasta la próxima entrega de Shein —dijo con una sonrisa malvada—. ¿Alguien quiere ducha rápida y seguimos?Nadie dijo que no.

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