Ir al contenido principal

Relato erótico: La pasión de Lulú y Rita (historia 1)

Yo no podía creer lo que estaba viendo aquella tarde en la cafetería. Mi madre, Rita, siempre tan serena y elegante, con sus curvas maduras que aún volvían locos a los hombres (y, al parecer, a algunas mujeres), se había transformado al ver a Lulú. Yo, Sindy, había entrado riendo, como siempre, con mi falda corta y mis botas altas, pero en cuanto señalé a Lulú en la puerta, algo cambió en el aire. Era como si una chispa invisible hubiera encendido un fuego que llevaba años apagado.

—Mamá, mira quién está aquí —dijo Sindy, señalando hacia la entrada. Lulú acababa de cruzar el umbral, su figura esbelta y su sonrisa radiante iluminando el lugar. Llevaba un abrigo rojo que contrastaba con su piel clara y su cabello negro azabache, recogido en un moño descuidado.

—Lulú, ¡cuánto tiempo! —exclamó Rita, poniéndose de pie para saludarla. Su voz, cálida y familiar, hizo que Lulú se acercara con una mezcla de sorpresa y emoción.

—Rita, ¿eres tú? —preguntó Lulú, sus ojos ampliándose al reconocerla. No había cambiado tanto como ella temía. Aquellos años en la residencia estudiantil, aquellos momentos íntimos y robados, volvieron a su mente como un torbellino.

—Sí, soy yo —respondió Rita, su sonrisa ensanchándose. Se abrazaron, y en ese gesto, algo más que la nostalgia se removió en ambas. Sindy las observó, confundida pero feliz por el reencuentro.

—Mamá, Lulú fue mi compañera de residencia en la universidad —explicó Sindy, sin saber que aquella relación había sido mucho más que una simple amistad.

—¿En serio? —dijo Lulú, mirando a Rita con una intensidad que no pasó desapercibida. —No sabía que Sindy era tu hija. El mundo es pequeño, ¿no?

Lulú era espectacular. Alta, con esa piel clara que contrastaba con su cabello negro recogido en un moño que dejaba al descubierto su cuello largo y tentador. Su abrigo rojo se abría lo justo para mostrar un escote generoso, y sus labios pintados de rojo oscuro parecían hechos para pecados que yo ni siquiera imaginaba. Se abrazaron con mi madre como si el tiempo no hubiera pasado, pero yo noté algo: la forma en que las manos de Lulú se demoraron en la espalda de Rita, cómo sus pechos se presionaron un segundo de más. Mi madre se sonrojó, y eso no era normal en ella. Rita siempre había sido la mujer fuerte, la que se divorció de mi padre sin mirar atrás y se reinventó como una diosa de cincuenta años con un cuerpo que hacía babear.

La conversación fue normal al principio: risas, anécdotas de la universidad donde yo había coincidido con Lulú en la residencia. Pero yo era ciega a lo que realmente pasaba. No sabía que, años antes, cuando mi madre era una estudiante rebelde, ella y Lulú habían compartido mucho más que habitaciones. Habían compartido camas, besos robados en la oscuridad, dedos explorando coños húmedos bajo las sábanas, lenguas lamiendo clítoris hinchados hasta que gemidos ahogados llenaban la noche.

Me fui pronto, con una excusa tonta de quedar con amigos, dejando a mi madre sola con esa mujer que la miraba como si quisiera devorarla allí mismo. No sospeché nada. O quizás sí, en el fondo, pero no quise admitirlo. El incesto no era lo mío, pero ver a mi madre deseada de esa forma... me excitaba en secreto. Me fui a casa esa noche y me toqué pensando en ellas, imaginando lo que podría pasar. Mi coño se mojó solo con la idea de Rita, mi propia madre, gimiendo bajo el cuerpo de otra mujer.

Al día siguiente, Rita no paraba de hablar de Lulú. "Es tan encantadora", decía, pero sus ojos brillaban con algo más. Llamó a Lulú esa misma tarde, y yo escuché desde la cocina cómo su voz temblaba al invitarla a casa. "Ven mañana, tomamos vino, recordamos viejos tiempos". Colgó y se mordió el labio, como una adolescente. Yo fingí no darme cuenta, pero mi pulso se aceleró. ¿Qué coño estaba pasando?

Lulú llegó puntual, con una botella de vino tinto y un vestido negro ajustado que marcaba sus tetas grandes y su culo redondo. Yo las saludé rápido y me encerré en mi habitación, diciendo que tenía trabajo. Pero no trabajé. Me quedé con la puerta entreabierta, espiando. Quería ver. Quería saber.

Se sentaron en el salón, frente a la chimenea que Rita había encendido para crear ambiente. El vino fluyó, las risas se volvieron más íntimas. Hablaban de la residencia, de aquellas noches en que compartían habitación porque "era más barato". Pero yo sabía que no era solo eso. Lulú rozó la mano de mi madre, y Rita no la apartó. Al contrario, entrelazó sus dedos.

"Te he echado de menos, Rita", dijo Lulú, su voz ronca, cargada de deseo. "Todas estas años, pensando en ti, en cómo me hacías correr a chorros con esa boca tuya".

Mi madre jadeó, pero no se apartó. "Yo también, Lulú. Dios, cómo te deseo otra vez. Mi coño se moja solo con verte".

Me tapé la boca para no gemir. Mi mano ya estaba dentro de mis bragas, frotando mi clítoris hinchado. Ver a mi madre así, tan puta, tan hambrienta de otra mujer... era lo más erótico que había presenciado nunca.

Se besaron ahí mismo, en el sofá. Un beso suave al principio, labios rozándose, lenguas tímidas. Pero pronto se volvió salvaje. Lulú metió la mano bajo la blusa de Rita, amasando sus tetas grandes, pellizcando los pezones que se endurecían como piedras. Mi madre gimió fuerte, "Sí, joder, toca mis tetas, Lulú, hazme sentir viva otra vez".

Se levantaron, tambaleantes por el vino y el deseo, y Rita tiró de Lulú hacia su dormitorio. Pasaron por delante de mi puerta, y yo me escondí, pero las seguí con la mirada. Cerraron la puerta, pero no con llave. Me acerqué sigilosa, el corazón latiéndome como loco, y pegué la oreja. Luego, no pude resistir: abrí un poquito, lo justo para ver.

Rita empujó a Lulú contra la cama, quitándole el vestido con prisa animal. Lulú quedó en lencería roja, tanga diminuto que apenas cubría su coño depilado, ya manchado de humedad. "Mírate, tan puta como siempre", gruñó Rita, quitándose su propia ropa. Sus tetas cayeron libres, grandes y pesadas, con pezones oscuros y erectos. Su coño, dios, el coño de mi madre... estaba completamente afeitado, los labios hinchados y brillantes de excitación.

Se tumbaron, besándose con furia. Manos por todas partes. Lulú chupaba las tetas de Rita, mordiendo los pezones hasta hacerla gritar. "¡Joder, sí, chúpame las tetas, Lulú! ¡Más fuerte, quiero marcas!". Rita metió los dedos en el tanga de Lulú, apartándolo y hundiendo dos dedos en su coño empapado. "Estás chorreando, zorra. Este coño mío te ha estado esperando todos estos años".

Lulú se arqueó, gimiendo como una perra en celo. "¡Méteme más, Rita! ¡Fóllame con los dedos como antes, haz que me corra en tu mano!". Rita obedeció, bombeando rápido, el sonido húmedo llenando la habitación. Yo me frotaba el clítoris con furia, mordiéndome el labio para no gemir. Mi coño palpitaba, imaginando que era yo la que lamía a mi madre.

Rita se arrodilló entre las piernas de Lulú, abriéndolas de par en par. "Voy a comerte este coño hasta que grites mi nombre, puta". Bajó la cabeza y lamió, largo y lento, desde el culo hasta el clítoris. Lulú se retorció, agarrando el cabello de mi madre. "¡Sí, mamá de Sindy, cómete mi coño! ¡Lámeme el clítoris, joder, cómo me gusta tu lengua experta!".

Rita lamía como una posesa, succionando el clítoris hinchado, metiendo la lengua dentro del agujero mojado. Introdujo tres dedos, follándola fuerte mientras chupaba. Lulú gritaba: "¡Más rápido, Rita! ¡Voy a correrme, joder, voy a correrme en tu boca de lesbiana madura! ¡Sí, sí, cómemelo todo, trágate mis jugos!".

El orgasmo de Lulú fue brutal. Se convulsionó, chorros de placer saliendo de su coño mientras gritaba, las caderas alzadas, empapando la cara de mi madre. Rita lo lamió todo, gimiendo de placer puro.

Luego se cambiaron. Lulú empujó a Rita boca arriba, abriéndole las piernas. "Ahora te toca a ti, preciosa. Voy a hacer que este coño maduro explote". Besó sus muslos, mordisqueó los labios mayores, luego atacó el clítoris con la lengua plana. Rita se volvió loca: "¡Lulú, mi amor, lámeme el coño! ¡Méteme la lengua hasta el fondo, joder, quiero correrme como una puta en tu cara!".

Lulú metió dedos, cuatro ya, estirando el coño de Rita mientras chupaba sin piedad. El sonido era obsceno, chapoteos húmedos, gemidos animales. Yo no aguanté más: me corrí en el pasillo, los dedos hundidos en mi coño, imaginando que lamía los jugos de mi madre mezclados con los de Lulú.

Rita explotó: "¡Me corro, Lulú! ¡Me estoy corriendo tan fuerte, joder, sí, chúpame el clítoris, trágate mi corrida! ¡Soy tu puta, fóllame siempre!". Su cuerpo se sacudió, chorros calientes salpicando la boca de Lulú, que bebía como si fuera néctar.

Se abrazaron después, sudorosas, riendo entre jadeos. Yo me escabullí a mi habitación, el coño palpitante, sabiendo que aquello solo era el principio. Al día siguiente, las oí follar de nuevo, y esta vez me uní... pero esa es otra historia.

por: © Mary Love

Mary Love (@tequierodori) / X


Comentarios

Entradas populares de este blog

Esperanza mujer de setenta y cinco años se siente aun viva

  "Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...." Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad. Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerl...

Marisa, una chica curvi y sus fantasías cumplidas

"Marisa, una chica curvi, con el pelo largo castaño y unos senos voluminosos, cuenta sus fantasías que cumple a medida que se le presenta la ocasión, es una chica muy ardiente y fácil de llegar al orgasmo." Marisa es una chica de espíritu libre y personalidad vibrante. Su cabello de color castaño y largo cae en suaves ondas sobre sus hombros, lo que resalta su figura curvilínea. A menudo se siente segura de sí misma y disfruta de la atención que recibe. Tiene una sonrisa contagiosa que ilumina cualquier habitación y una risa que hace que todos a su alrededor se sientan cómodos. En cuanto a sus pensamientos, Marisa es bastante abierta sobre sus deseos y fantasías. Le encanta explorar su sensualidad y no teme compartir lo que le excita. Sueña con encuentros apasionados, donde la conexión emocional es tan intensa como la atracción física. A menudo imagina situaciones en las que puede dejarse llevar, como una escapada romántica a la playa bajo la luna o una noche de baile en un c...

Clara y Teresa van al Club Swinger el paraiso

"Nos trasladamos ahora al fin de semana. Las dos mujeres quedan con los dos hombres del cumpleaños en el club Swinger el paraíso Se sentían vivas a pesar de sus 75 y 78 años. Tenían el morbo de que otros dos hombres jóvenes con esposas jóvenes las llevarán al orgasmo en presencia de sus mujeres" Las luces del club Swinger "El Paraíso" brillaban con un resplandor suave y seductor, creando un ambiente cargado de expectativa y deseo. Clara y Teresa, a pesar de sus 75 y 78 años, se sentían más vivas que nunca. La emoción de la noche las envolvía, y la idea de experimentar algo nuevo las llenaba de adrenalina. Al entrar en el club, sus miradas se encontraron con una multitud de parejas disfrutando de la libertad y la sensualidad que ofrecía el lugar. Las risas, susurros y los sonidos de la música envolvían el ambiente, creando una atmósfera electrizante. Clara se sentía rejuvenecida; el morbo de estar rodeada de cuerpos jóvenes y deseosos despertaba algo en su interior q...