SOY ELENA, TENGO 27 AÑOS, y mi cuerpo siempre ha sido un templo de placer, un lienzo donde la libertad sexual del siglo XXI se celebra sin restricciones. Las saunas nudistas siempre me han atraído: el calor envolvente, los cuerpos desnudos sudando juntos, el morbo flotando en el aire húmedo.
En Barcelona, hay una sauna nudista en el barrio de Gràcia, un refugio donde el deseo se mezcla con el vapor, y el consentimiento es la única regla inquebrantable. Ayer, me sumergí en ese mundo de calor y lujuria, y mi coño palpitó hasta explotar en orgasmos intensos. Este relato explícito, sensual y ardiente, cargado de palabras guarras, os hará pajearos hasta correros sin control.
por: © Mary Love
Mary Love (@tequierodori) / X
Llegué a la sauna al atardecer, con solo una toalla pequeña y un vibrador discreto en mi bolso, por si el deseo me desbordaba. Me desnudé en el vestuario, dejando mi piel al descubierto: tetas firmes con pezones erectos, coño depilado brillando de anticipación. El calor ya hacía que mi piel sudara, y mi clítoris latía, ansioso.
La sauna era un laberinto de placer: cabinas de vapor con bancos de madera, duchas abiertas donde el agua resbalaba por cuerpos desnudos, una sala de relajación con camas acolchadas y una zona de jacuzzi donde el morbo era palpable. La recepcionista, una mujer con tatuajes y piercing en el labio, me explicó las reglas: "Consentimiento absoluto, protección obligatoria, usa 'rojo' para parar". Asentí, mi coño ya mojado, goteando jugos que se mezclaban con el sudor.
Entré en la cabina de vapor principal, el aire denso y caliente envolviéndome. Los cuerpos brillaban bajo la luz tenue: hombres y mujeres, solos o en parejas, algunos tocándose discretamente. Me senté en un banco, la madera caliente contra mi culo, y abrí las piernas ligeramente, dejando mi coño expuesto. El calor intensificaba mi excitación; sentía los jugos resbalando por mis muslos. Una mujer de unos 30, con curvas voluptuosas y pezones oscuros, me miró desde el otro lado. "Estás buena", dijo, sonriendo. "Toca mi coño si quieres", respondí, guarra y directa.
Se acercó, sus manos resbalando por mi piel sudada. "Lame mi clítoris, pasa tu lengua por mi coño mojado", le pedí, mi voz temblando. Su lengua recorrió mis labios hinchados, lamiendo mis jugos mezclados con sudor. "Joder, chúpame más, lame mi chochito hasta que me corra", gemí, agarrando sus tetas. El vapor amplificaba cada sensación, y el morbo de otros mirándonos me encendió más. Me corrí rápido, squirteando en su boca, mi coño convulsionándose mientras gemía sin control.
Un hombre, de unos 40, con una polla gruesa y erecta, se acercó. "¿Puedo unirme?", preguntó. "Fóllame, pero con condón", respondí, señalando mi bolso. Se lo puso y me levantó, apoyándome contra la pared de la sauna. "Fóllame duro, méteme esa verga gorda", le ordené, guarra. Su polla entró en mi coño, estirándolo, el calor de la sauna haciendo que todo fuera más intenso. "Sí, rompe mi coño, lléname con tu leche", grité, aunque el condón lo contenía.
Cada embestida golpeaba mi punto G, mis tetas rebotando, sudor chorreando. La mujer volvió, chupando mis pezones. "Chúpamelas, joder, hazme sentir tu boca", gemí. Otro hombre se acercó, masturbándose mientras miraba. "Pajea esa polla, pero no te corras aún", le dije, excitada por el control. Me corrí de nuevo, squirteando sobre la polla, mi cuerpo temblando en el vapor.
Nos movimos al jacuzzi, donde el agua caliente acariciaba mi piel sudada. Una pareja se unió: ella, una rubia con piercing en el clítoris, y él, un tipo musculoso. "Chúpame mientras él te folla", me dijo ella. Me incliné, lamiendo su coño mojado, saboreando sus jugos. "Lame mi clítoris, guarra, pasa tu lengua por mi coño", me pidió. Su clítoris era duro, y lo succioné con hambre. Él me penetró por detrás, con condón, el agua salpicando. "Fóllame duro, méteme todo, lléname", gemí entre lamidas.
Una tercera persona, una mujer con tetas grandes, se unió, tocando mis tetas. "Chúpamelas, hazme correr", le dije. El placer era abrumador: un coño en mi boca, una polla en mi coño, manos y lenguas por todas partes. Me corrí gritando, squirteando en el jacuzzi, mientras la rubia se corría en mi boca y él gruñía, alcanzando su clímax.
El clímax llegó en la sala de relajación, una zona con camas acolchadas y espejos en el techo. Quería exhibirme, que todos vieran mi placer. Me tumbé en una cama, rodeada de cuerpos que follaban y gemían. Cogí mi vibrador, un succionador de clítoris que me vuelve loca. "Mirad mi coño, cómo palpita para vosotros", dije, abriendo las piernas. Encendí el vibrador, el succionador atacando mi clítoris hinchado. "Oh, joder, chupa mi clítoris, qué rico", gemí, guarra. El público se acercó, algunos masturbándose, otros follando mientras me miraban.
Metí el vibrador en mi coño, follándome lento. "Fóllame con esto, méteme todo", murmuré, acelerando. Una mujer se unió, lamiendo mis tetas. "Chúpamelas, hazme correr", le pedí. Un hombre se acercó, pajeándose. "Fóllame mientras me miran", le dije. Se puso un condón y me penetró, el vibrador aún en mi clítoris. "Sí, rompe mi chochito, lléname con tu leche". El orgasmo fue público, mi coño squirteando frente a todos, mi cuerpo convulsionando mientras gritaba. El público gemía, corriéndose conmigo.
Salí de la sauna al amanecer, mi piel brillante de sudor y agua, mi coño satisfecho pero siempre listo para más. En este mundo de libertad sexual, las saunas nudistas son un edén donde el deseo se desata en el calor. Si os ha dado morbo, imaginaos en Barcelona, en esta sauna, follando entre el vapor.
por: © Mary Love
Mary Love (@tequierodori) / X

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