Ir al contenido principal

Relato erótico: Frenesí de deseo en un festival sexual en Barcelona


SOY SOFÍA, TENGO 28 AÑOS, y mi cuerpo es un volcán de deseo que nunca se apaga. En el siglo XXI, la libertad sexual es mi bandera, y explorar cada rincón de mi lujuria es mi religión. Hace unos días, me enteré de un festival sexual en las afueras de Barcelona, un evento clandestino que celebra el placer en todas sus formas: orgías al aire libre, talleres de BDSM, zonas de exhibicionismo y cabinas para encuentros anónimos. 

La idea de sumergirme en un mar de cuerpos sudorosos, con mi coño palpitando bajo las estrellas, me puso empapada al instante. Anoche, me entregué a ese torbellino de morbo, y lo que viví me hizo correrme hasta temblar. Este relato explícito, sensual y ardiente, cargado de palabras guarras, os hará pajearos hasta explotar.


Llegué al festival al anochecer, con un top de malla transparente que dejaba ver mis pezones duros y una falda de cuero sin bragas, mi coño depilado ya goteando de anticipación. El lugar era un paraíso hedonista: un campo rodeado de bosques, con carpas iluminadas por luces de neón, escenarios donde parejas y grupos follaban en vivo, y zonas de césped con mantas para sexo al aire libre. 

El aire olía a hierba, lubricante y sexo crudo. Una organizadora, una mujer con corsé de látex y látigo en mano, me dio la bienvenida: "Consentimiento es la clave. Usa 'rojo' para parar, 'amarillo' para pausar. ¿Lista para el placer?". "Mi coño ya está chorreando", respondí, guarra y sin filtros. Ella sonrió y me señaló una carpa de orgías. 


Entré, y el espectáculo me dejó sin aliento. Una docena de cuerpos desnudos se entrelazaban: una mujer chupaba dos pollas mientras otra le lamía el coño; un hombre follaba a una chica en perrito, sus gemidos resonando. Mi clítoris latía; sentía los jugos resbalando por mis muslos. Me quité el top y la falda, quedándome en tacones, mi piel brillando bajo las luces. 

Un hombre joven, con tatuajes y una polla erecta, se acercó. "¿Puedo tocarte?", preguntó. "Lame mi clítoris primero, pasa tu lengua por mi coño mojado", le ordené, abriendo las piernas en una manta. Su lengua recorrió mis labios hinchados, succionando mi botón con hambre. "Joder, chúpame más, lame mi chochito hasta que me corra", gemí, guarra. 

Una mujer se unió, besando mis tetas. "Chúpamelas, hazme sentir tu boca", le dije. Sus labios succionaron mis pezones mientras él lamía mi coño. El morbo de ser vista por la multitud me encendió más. "Sí, lame mi clítoris, fóllame con tu lengua". Me corrí gritando, squirteando en su boca, mi coño convulsionándose.

"Quiero follarte", dijo él, su polla dura como roca. "Ponte un condón", respondí, señalando mi bolso, donde siempre llevo protección. Se lo puso y me penetró en misionero, mi coño apretado abriéndose para él. "Fóllame duro, méteme esa verga gorda", gemí, guarra. Cada embestida golpeaba mi punto G, mis tetas rebotando bajo las luces.  

La mujer seguía chupando mis pezones, y otra pareja se acercó, masturbándose mientras miraba. "Pajeaos, pero mirad cómo me follan", dije, excitada por el control. Cambiamos a perrito, mi culo al aire, sus embestidas profundas. "Sí, rompe mi coño, lléname con tu leche", grité, aunque el condón lo contenía. Me corrí de nuevo, squirteando en la manta, mientras él gruñía, corriéndose.

Exploré una zona de talleres BDSM. Una dominatrix enseñaba shibari, atando a una sumisa con cuerdas rojas. Me ofrecí como voluntaria, cachonda por la idea de ser atada. Me desnudó y ató mis muñecas y tobillos, mi coño expuesto al público. "Mirad mi coño, cómo gotea para vosotros", dije, guarra. La dominatrix rozó un látigo suave por mis muslos. "Lame mi clítoris, castígame con tu lengua", le pedí. Ella lamió mi coño, alternando con azotes ligeros que enviaban descargas a mi clítoris. "Joder, chúpame más, hazme squirtear", gemí. 

Un hombre del público se unió, con permiso. "Fóllame mientras me lame", le dije, y se puso un condón. Me folló mientras ella succionaba mi clítoris, las cuerdas apretando mi piel. "Fóllame duro, lléname con tu leche", grité. El orgasmo fue brutal, squirteando en su cara mientras él se corría, el público gimiendo.

El clímax llegó en el escenario principal, donde una orgía masiva cerraba el festival. Me uní a un grupo de ocho: cuatro hombres, tres mujeres y yo. Me tumbaron en una plataforma acolchada, rodeada de espejos y luces. "Mirad mi coño, cómo palpita por vuestras pollas", dije, abriendo las piernas. Un hombre lamió mi clítoris mientras otro me follaba con condón. "Lame mi clítoris, chúpame toda, fóllame duro", gemí, guarra. Una mujer montó mi cara, su coño mojado rozando mi lengua. "Pasa tu lengua por mi coño, hazme correr", me pidió. Otro hombre metió un dedo lubricado en mi culo. "Fóllame el culo, méteme todo", supliqué.  

La doble penetración fue abrumadora: una polla en mi coño, otra en mi culo, una lengua en mi clítoris, un coño en mi boca. "Sí, rompedme, hacedme vuestra puta, llenadme". Los orgasmos se encadenaron, mi coño y culo contrayéndose, squirteando sin control. Todos se corrieron, gimiendo en un frenesí.

Salí del festival al amanecer, mi cuerpo sudado, mi coño satisfecho pero ansioso por más. En este mundo de libertad sexual, los festivales sexuales son un edén donde el deseo reina. Si os ha dado morbo, imaginaos en Barcelona, en este festival, follando bajo las estrellas.


por: © Mary Love
Mary Love (@tequierodori) / X

Comentarios

Entradas populares de este blog

Esperanza mujer de setenta y cinco años se siente aun viva

  "Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...." Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad. Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerl...

Marisa, una chica curvi y sus fantasías cumplidas

"Marisa, una chica curvi, con el pelo largo castaño y unos senos voluminosos, cuenta sus fantasías que cumple a medida que se le presenta la ocasión, es una chica muy ardiente y fácil de llegar al orgasmo." Marisa es una chica de espíritu libre y personalidad vibrante. Su cabello de color castaño y largo cae en suaves ondas sobre sus hombros, lo que resalta su figura curvilínea. A menudo se siente segura de sí misma y disfruta de la atención que recibe. Tiene una sonrisa contagiosa que ilumina cualquier habitación y una risa que hace que todos a su alrededor se sientan cómodos. En cuanto a sus pensamientos, Marisa es bastante abierta sobre sus deseos y fantasías. Le encanta explorar su sensualidad y no teme compartir lo que le excita. Sueña con encuentros apasionados, donde la conexión emocional es tan intensa como la atracción física. A menudo imagina situaciones en las que puede dejarse llevar, como una escapada romántica a la playa bajo la luna o una noche de baile en un c...

Clara y Teresa van al Club Swinger el paraiso

"Nos trasladamos ahora al fin de semana. Las dos mujeres quedan con los dos hombres del cumpleaños en el club Swinger el paraíso Se sentían vivas a pesar de sus 75 y 78 años. Tenían el morbo de que otros dos hombres jóvenes con esposas jóvenes las llevarán al orgasmo en presencia de sus mujeres" Las luces del club Swinger "El Paraíso" brillaban con un resplandor suave y seductor, creando un ambiente cargado de expectativa y deseo. Clara y Teresa, a pesar de sus 75 y 78 años, se sentían más vivas que nunca. La emoción de la noche las envolvía, y la idea de experimentar algo nuevo las llenaba de adrenalina. Al entrar en el club, sus miradas se encontraron con una multitud de parejas disfrutando de la libertad y la sensualidad que ofrecía el lugar. Las risas, susurros y los sonidos de la música envolvían el ambiente, creando una atmósfera electrizante. Clara se sentía rejuvenecida; el morbo de estar rodeada de cuerpos jóvenes y deseosos despertaba algo en su interior q...