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Relato erótico: Encuentro con Alex, una colombiana ardiente


SOY BELLA, una mujer colombiana de 32 años, con una piel morena suave que brilla bajo el sol de mi tierra natal, aunque ahora vivo en Málaga, una vibrante ciudad europea donde el aire huele a libertad y a nuevas aventuras. Mi cabello negro cae en ondas salvajes hasta mis hombros, enmarcando un rostro dulce con ojos oscuros que prometen secretos ardientes. Tengo curvas generosas, pechos firmes que se mueven con cada paso, y un culo redondo que atrae miradas dondequiera que vaya. Soy atractiva, sí, pero lo que realmente me define es mi dulzura mezclada con un fuego interior que arde por disfrutar la vida al máximo. En este siglo XXI, donde la libertad sexual es un derecho que celebro, no tengo reparos en admitir que me encanta follar. Me excita conocer gente afín, hombres y mujeres que compartan mi pasión por el placer sin ataduras, por esos encuentros casuales que dejan el cuerpo temblando y el alma satisfecha. Si te interesa quedar, puedes escribirme a mi Telegram: BellaAnnet. Siempre estoy abierta a nuevas conexiones.


Llegué a esta ciudad hace unos meses, huyendo del bullicio de Bogotá pero trayendo conmigo esa calidez latina que hace que la gente se acerque. Soy una nómada. Trabajo como diseñadora gráfica freelance, lo que me da flexibilidad para explorar, para salir de noche y dejar que el destino me lleve a brazos desconocidos. No busco amor eterno; busco intensidad, piel contra piel, orgasmos que me hagan gritar. En una era donde las apps de citas y los chats en Telegram facilitan el sexo casual, me siento empoderada. Soy una mujer moderna, independiente, que sabe lo que quiere: follar con pasión, sin juicios, solo placer puro.

Todo empezó una tarde lluviosa. Estaba en mi apartamento, un loft pequeño pero acogedor con vistas a la plaza central, navegando por redes sociales. Había posteado una foto mía en bikini, sonriendo con esa picardía colombiana, y el pie de foto era directo: "Buscando amigos para aventuras calientes en la ciudad. ¿Te animas? Telegram: BellaAnnet". No pasó mucho antes de que mi bandeja se llenara de mensajes. Uno me llamó la atención: era de Alex, un tipo de 35 años, alto, atlético, con fotos que mostraban un torso definido y una sonrisa confiada. "Hola Bella, soy nuevo aquí también. Me encanta tu energía. ¿Quedamos para un café y vemos qué pasa?" Su mensaje era educado, pero sus ojos en la foto decían que quería más que café. 


Acepté. Nos encontramos en un café bohemio del centro, donde el aroma a espresso se mezclaba con el de la lluvia fresca. Yo llevaba un vestido rojo ajustado que acentuaba mis curvas, sin sostén, sintiendo cómo mis pezones se endurecían con la brisa. Alex llegó puntual, vestido casual con jeans que marcaban su paquete prometedor. Nos sentamos, charlamos de viajes, de Colombia, de cómo la vida en el siglo XXI nos permite ser libres sexualmente. "Me encanta que seas tan abierta", dijo él, rozando mi mano. Yo sonreí, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. "La libertad sexual es lo mejor de nuestros tiempos. ¿Por qué reprimirnos?"

El café se extendió a una caminata por el parque. La tensión sexual crecía con cada mirada. Sus ojos se posaban en mis pechos, y yo no disimulaba al notar el bulto en sus pantalones. "Eres hermosa, Bella", murmuró, acercándose. Yo lo miré directo a los ojos. "Y tú pareces saber cómo tratar a una mujer que quiere follar sin complicaciones". Nos besamos allí mismo, bajo un árbol, sus labios devorando los míos con urgencia. Su lengua exploraba mi boca, y yo presionaba mi cuerpo contra el suyo, sintiendo su erección dura contra mi vientre. "Vamos a mi apartamento", susurré, mi voz ronca de deseo.

Llegamos jadeando, la puerta apenas se cerró cuando nos lanzamos el uno al otro. Sus manos subieron por mis muslos, levantando el vestido, mientras yo desabrochaba su camisa, revelando ese torso musculoso. "Dios, Bella, tu piel es tan suave", gruñó, besando mi cuello. Yo gemí, arqueando la espalda. "Tócame, Alex. Quiero sentir tus manos en mi coño". Era directo, explícito, como me gusta. En este mundo moderno, no hay vergüenza en pedir lo que excita.

Me llevó al sofá, me sentó en el borde y se arrodilló entre mis piernas. Bajó mis bragas con dientes, exponiendo mi coño depilado, ya húmedo y palpitante. "Mira lo mojada que estoy por ti", dije, abriendo las piernas más. Él sonrió, malicioso. "Voy a devorarte". Su lengua tocó mi clítoris, un lametazo lento que me hizo temblar. "¡Sí! Lame mi clítoris, Alex, chúpalo fuerte". Grité, mis manos en su cabello, guiándolo. Pasaba la lengua por mis labios vaginales, succionando, mientras yo me retorcía. "Pasa tu lengua por mi coño entero, hazme correrme". El placer era intenso, ardiente, mi clítoris hinchado respondiendo a cada movimiento. "Eres una puta deliciosa", murmuró él, y eso me excitó más. "Sí, soy tu puta colombiana, lame más profundo".

Mis caderas se movían contra su boca, el orgasmo construyéndose como una ola. "No pares, chupa mi clítoris hasta que explote". Y exploté, gritando, mi cuerpo convulsionando en un clímax intenso, jugos fluyendo a su boca. "¡Me corro, joder! ¡Sííí!". Jadeaba, pero quería más. Lo tiré al sofá, desabrochando sus jeans. Su polla saltó libre, gruesa, venosa, lista para mí. "Mira esta verga", dije, lamiéndome los labios. "Voy a chupártela hasta que ruegues".

Me arrodillé, tomando su polla en la boca, succionando la cabeza, bajando hasta la base. Él gemía, sus manos en mi cabeza. "Bella, qué boca tan caliente". Yo lo miré, ojos llenos de lujuria. "Fóllame la boca, dame tu leche". Chupaba con ritmo, lengua jugando con sus bolas, mano masturbándolo. "Quiero que me folles la garganta". Él empujaba, y yo lo tomaba todo, gimiendo alrededor de su carne dura.

No podía esperar más. Me subí sobre él, guiando su polla a mi entrada. "Entra en mí, lléname con esa verga gruesa". Bajé despacio, sintiendo cómo me estiraba, un placer ardiente recorriéndome. "¡Joder, qué rico! Fóllame duro". Cabalgué, mis pechos botando, él chupando mis pezones. "Chupa mis tetas, muerde". Gritaba expresiones guarradas para excitarnos más. "Pasa tu polla por mi coño, hazme tu zorra". El ritmo aumentaba, sudor perlando nuestros cuerpos.

Cambiamos posiciones. Me puso a cuatro patas, embistiendo desde atrás. "¡Sí, fóllame como una perra! Golpea mi culo". Su polla entraba profunda, tocando mi punto G. "Lléname con tu leche, quiero sentirla caliente dentro". Gemía alto, otro orgasmo acercándose. "¡Me corro de nuevo! ¡Dame más verga!". Él gruñía, acelerando. "Bella, tu coño es tan apretado". Exploté en éxtasis, mi cuerpo temblando, pero seguí moviéndome. "No pares, fóllame hasta el final".

Se corrió dentro de mí, gritando, su semen caliente llenándome. "¡Toma mi leche, puta!". Colapsamos, jadeando, cuerpos entrelazados. "Eso fue increíble", murmuró. Yo sonreí, satisfecha. "La libertad sexual del siglo XXI nos permite esto. ¿Repetimos?"

Pero esa no fue la única aventura. Días después, respondí a otro mensaje en Telegram: de Sofia, una mujer de 28 años, rubia, esbelta, con una vibra bisexual que me intrigó. "Hola Bella, tu perfil me encanta. Soy abierta, me gusta follar con mujeres también. ¿Quedamos?" En esta era de diversidad sexual, ¿por qué no? Nos encontramos en un bar de moda, bebiendo cócteles. Ella era sensual, con labios carnosos y ojos verdes que prometían placer. Charlamos de empoderamiento femenino, de cómo el siglo XXI nos libera de tabúes.

La química fue inmediata. Fuimos a su hotel, lujoso y discreto. Nos besamos en el ascensor, sus manos explorando bajo mi falda. "Eres tan sexy, Bella". En la habitación, nos desnudamos mutuamente. Sus pechos eran perfectos, pezones rosados endureciéndose bajo mis labios. "Chupa mis tetas", susurró. Yo obedecí, lamiendo, succionando, mientras ella gemía. "Ahora tú". Me tumbó en la cama, besando mi cuello, bajando a mis pechos, luego a mi vientre.

Llegó a mi coño, abriéndome con dedos suaves. "Qué hermoso coño tienes". Su lengua tocó mi clítoris, un placer eléctrico. "¡Lame mi clítoris, Sofia! Pasa tu lengua por mi coño". Gritaba, excitándome con mis propias palabras. Ella chupaba, dedos entrando en mí, curvándose para golpear mi punto sensible. "Hazme correrme, come mi coño entero". El orgasmo vino rápido, intenso, mi cuerpo arqueándose. "¡Sí, me corro en tu boca!".

Le devolví el favor, besando su coño depilado, lengua explorando sus pliegues. "Lame mi clítoris, Bella", gemía ella. Yo succionaba, dedos follando su interior. "Pasa tu lengua por mi coño, hazme gritar". La llevé al clímax, su jugo en mis labios. Luego, nos frotamos, coños contra coños, tribbing con pasión. "Fóllame así, siente mi clítoris contra el tuyo". Gemíamos juntas, expresiones guarradas volando. "Lléname con tu placer, zorra". Orgasmos simultáneos nos sacudieron, cuerpos temblando en éxtasis.

Sofia y yo repetimos varias veces, explorando juguetes: un vibrador que usamos mutuamente. "Mete esto en mi coño mientras lames mi clítoris", le dije. El placer era abrumador, orgasmos múltiples dejando nos exhaustas pero felices.

No todo es sexo grupal o con extraños; a veces, solo yo misma. En noches solitarias, me masturbo pensando en encuentros pasados. Me toco el coño, dedos circulando mi clítoris. "Imagina una verga llenándome", me digo, excitándome con palabras. "Lame mi clítoris, fóllame duro". Corro intensamente, gritando sola.

Pero volviendo a Alex, nos volvimos habituales. Una noche, lo invité con un amigo, Marco, para un trío. "Quiero dos vergas", les dije en Telegram. Llegaron, y la habitación se llenó de testosterona. Me besaron alternadamente, manos por todo mi cuerpo. "Chupad mis tetas juntos". Gemía mientras uno lamía mi coño y el otro mi boca.

Alex me penetró primero, mientras chupaba la polla de Marco. "Fóllame el coño, y tú dame tu verga en la boca". Cambiaron, doble penetración: uno en mi coño, otro en mi culo. "¡Llenadme con vuestras leches! Soy vuestra puta". Expresiones guarradas amplificaban el placer. "Pasa tu polla por mi culo, fóllame más profundo". Orgasmos intensos me recorrieron, uno tras otro, hasta que se corrieron, semen caliente en mí.

En este siglo XXI, celebro mi sexualidad. Soy Bella, colombiana ardiente, abierta a encuentros casuales, sexo explícito, placer sin límites. Si te excita, escríbeme a Telegram: BellaAnnet.

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