Relato erótico: Mi noche de pasión en el hotel Ritz de Paris
HOLA!, AMANTES DE LOS PLACERES PROHIBIDOS. Soy Valeria, una mujer sexy de mediana edad con un cuerpo exuberante que despierta deseos incontrolables. Mi pelo negro con reflejos grises cae en ondas sedosas sobre mis hombros, enmarcando unos ojos marrones miel que hipnotizan con una sola mirada. Mido un metro ochenta y ocho centímetros de pura tentación, con pechos medianos coronados por pezones abotonados que se endurecen al roce más sutil, rodeados de aureolas marrones que invitan a ser devoradas. Mi sexo es un altar de lujuria: un clítoris visible que se hincha como una perla inflamada cuando la excitación me invade, labios vaginales exteriores prominentes que se abren como pétalos jugosos, y en mi monte de Venus, tatuada con orgullo, la diosa egipcia Hathor, símbolo de amor, sexo y fertilidad. Viajar es mi vicio, y nada me excita más que alojarme en hoteles de cinco estrellas, donde el lujo se entremezcla con encuentros fortuitos cargados de química sexual. Hago el amor con hombres, mujeres y matrimonios; para mí, el género es solo un detalle en la sinfonía del deseo. Pero hay una regla sagrada: cada follada debe culminar en cuatro orgasmos míos, en posturas diferentes, y el primero siempre lamiéndome el coño y el clítoris, dominando yo el ritmo, ya sea con una lengua experta de hombre, mujer o ambos a la vez.
Esta aventura comenzó en el Ritz de París, un palacio de opulencia donde el champán fluye como mis jugos cuando estoy cachonda. Llegué al atardecer, vestida con un vestido negro ceñido que acentuaba mis curvas exuberantes, mis pechos medianos presionando contra la tela, y mis piernas largas terminando en tacones que clicaban seductoramente sobre el mármol. En el bar del hotel, rodeada de cristales y terciopelo, mis ojos marrones miel captaron a la pareja perfecta: él, un ejecutivo francés de unos cuarenta años, alto y atlético, con una mandíbula cuadrada y ojos verdes que prometían dominación; ella, su esposa, una rubia escultural de curvas generosas, con labios carnosos y una mirada juguetona que gritaba bisexualidad. Se llamaban Pierre y Sophie. La química fue instantánea: una sonrisa compartida, un roce de copas, y pronto estábamos en mi suite presidencial, con vistas a la Torre Eiffel iluminada.
"Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...." Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad. Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerl...
"Marisa, una chica curvi, con el pelo largo castaño y unos senos voluminosos, cuenta sus fantasías que cumple a medida que se le presenta la ocasión, es una chica muy ardiente y fácil de llegar al orgasmo." Marisa es una chica de espíritu libre y personalidad vibrante. Su cabello de color castaño y largo cae en suaves ondas sobre sus hombros, lo que resalta su figura curvilínea. A menudo se siente segura de sí misma y disfruta de la atención que recibe. Tiene una sonrisa contagiosa que ilumina cualquier habitación y una risa que hace que todos a su alrededor se sientan cómodos. En cuanto a sus pensamientos, Marisa es bastante abierta sobre sus deseos y fantasías. Le encanta explorar su sensualidad y no teme compartir lo que le excita. Sueña con encuentros apasionados, donde la conexión emocional es tan intensa como la atracción física. A menudo imagina situaciones en las que puede dejarse llevar, como una escapada romántica a la playa bajo la luna o una noche de baile en un c...
"Nos trasladamos ahora al fin de semana. Las dos mujeres quedan con los dos hombres del cumpleaños en el club Swinger el paraíso Se sentían vivas a pesar de sus 75 y 78 años. Tenían el morbo de que otros dos hombres jóvenes con esposas jóvenes las llevarán al orgasmo en presencia de sus mujeres" Las luces del club Swinger "El Paraíso" brillaban con un resplandor suave y seductor, creando un ambiente cargado de expectativa y deseo. Clara y Teresa, a pesar de sus 75 y 78 años, se sentían más vivas que nunca. La emoción de la noche las envolvía, y la idea de experimentar algo nuevo las llenaba de adrenalina. Al entrar en el club, sus miradas se encontraron con una multitud de parejas disfrutando de la libertad y la sensualidad que ofrecía el lugar. Las risas, susurros y los sonidos de la música envolvían el ambiente, creando una atmósfera electrizante. Clara se sentía rejuvenecida; el morbo de estar rodeada de cuerpos jóvenes y deseosos despertaba algo en su interior q...
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