"Entre susurros provocativos y embestidas furiosas, esta noche explora la pasión sin límites donde dos cuerpos y almas se entregan sin miedo al deseo más salvaje".
EN LA PENUMBRA DE LA habitación íntima, la luz tenue acariciaba la piel de ambos, creando una atmósfera cargada de anticipación y deseo. El aire parecía vibrar con la tensión sexual que se había ido acumulando entre ellos. Él se acercó a ella, su cuerpo musculoso proyectando una sombra en la pared mientras la acorralaba con suavidad. Su aliento caliente rozó su oído, y su voz, grave y seductora, susurró: “¿Lista para que te folle como mereces?”. Ella tembló, no de miedo, sino de una excitación que la consumía por dentro. Sus manos se aferraron a su camisa, tirando de él con urgencia, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento. “No te detengas”, respondió con voz ronca, sus palabras cargadas de necesidad. “Hazme tuya, ahora”.
Él sonrió, una sonrisa cargada de promesa y lujuria, y sin más preámbulos, la levantó con facilidad. Sus piernas se enredaron alrededor de su cintura, ajustándose a él como si fueran una sola entidad. La llevó contra la pared, su polla dura y palpitante rozando su coño húmedo, haciendo que ambos gimieran de anticipación. “¿Quieres que te la meta?”, preguntó, su voz ronca y llena de deseo. Ella no dudó, mordiéndose el labio mientras respondía: “Jódeme, jódeme fuerte”.
Con un movimiento rápido y preciso, la penetró de un solo golpe, llenando su coño con su verga caliente y dura. Un gemido ahogado escapó de su boca, mezclándose con el suyo en un coro de placer. Él comenzó a moverla con fuerza, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo frenético. Sus pechos rebotaban con cada embestida, sus pezones duros y erectos rozando su pecho. “¿Te gusta cómo te lleno?”, preguntó, sus manos agarrando su culo con fuerza, como si quisiera marcarla como suya.
“Sí, más, más”, suplicó ella, arqueando la espalda para recibirlo más profundamente. Él sonrió, complacido por su respuesta, y la besó con furia. Sus lenguas se enredaron en un baile salvaje, reflejando el ritmo de sus cuerpos. Ella se movía contra él, su coño apretando su polla como si no quisiera soltarlo, como si temiera que pudiera escapar. “Lame mi clítoris”, ordenó entre jadeos, su voz cargada de necesidad.
Él la llevó a la cama, sus pasos seguros y llenos de propósito. La tumbó con suavidad, aunque la urgencia en sus movimientos delataba su impaciencia. Se arrodilló entre sus piernas, separando sus muslos con sus manos. Su coño brillaba de deseo, húmedo y convidante. Él pasó su lengua por su rajita, saboreando su humedad como si fuera el manjar más delicioso. “Oh, joder, sí”, gimió ella, agarrando su cabello con fuerza, guiando su boca hacia donde más lo necesitaba.
“Más rápido, lame mi clítoris, hazme correr”, suplicó, su cuerpo retorciéndose de placer. Él obedeció, chupando y lamiendo con voracidad, su lengua trazando círculos alrededor de su clítoris hinchado. Ella se retorció, sus gemidos llenando la habitación, hasta que finalmente su cuerpo se tensó y explotó en un orgasmo explosivo. “No pares, no pares”, suplicó, pero él se detuvo, sonriendo con maldad.
“Ahora es mi turno”, anunció, su voz cargada de promesa. La colocó a cuatro patas, su cuerpo curvado en una posición que la hacía sentir vulnerable y deseada al mismo tiempo. “¿Quieres mi polla otra vez?”, preguntó, restregando su verga dura contra su culo. “Sí, fóllame, fóllame como la puta que soy”, respondió ella, su voz ronca y llena de lujuria.
Él la penetró con fuerza, agarrando sus caderas para moverla con brutalidad. Sus embestidas eran profundas y rápidas, su polla llenando su coño una y otra vez. “Grita, puta, grita mi nombre”, ordenó, y ella obedeció, sus gemidos llenando la habitación. “Más fuerte, más rápido”, pidió, y él aumentó el ritmo, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de su polla, como si intentara extraer cada gota de placer.
“Me voy a correr, joder”, advirtió, pero ella no se detuvo. “Llena mi coño con tu leche, hazlo”, exigió, y con un último empujón, él explotó dentro de ella. Su semen llenó su coño, caliente y espeso, mientras ambos gritaban de placer. Sus cuerpos se sacudieron en sincronía, sus gemidos mezclándose en un coro de éxtasis.
Caídos exhaustos sobre la cama, él la sostuvo en sus brazos, su respiración aún acelerada. Pero ella no tardó en recuperarse, sus manos acariciando su polla aún dura. “No se te ha bajado, ¿verdad?”, preguntó con una sonrisa pícara, sus dedos trazando círculos alrededor de la cabeza de su verga. “Nunca con una puta como tú”, respondió él, tirando de ella para un último beso. “¿Repetimos?”, susurró ella, sus labios rozando los suyos.
Él sonrió, sabiendo que esta noche no había hecho más que comenzar. La tensión seguía en el aire, prometiendo más rounds de sexo salvaje y palabras sucias que los llevarían al límite una y otra vez. Sus manos se entrelazaron, sus cuerpos aún calientes y sudorosos, mientras la habitación íntima testigo de su pasión seguía envuelta en la penumbra, esperando el próximo capítulo de su historia de lujuria y deseo.
por: © Mary Love
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