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Pensamientos compartidos #Mary #Love


TE DESPIERTAS EN TU CAMA, el sol filtrando a través de las cortinas de tu apartamento en la ciudad, y sientes ese fuego familiar ardiendo entre tus piernas. Eres una mujer joven, de veinticinco años, con un cuerpo curvilíneo que atrae miradas allá donde vas: pechos firmes y redondos, caderas anchas que se balancean con cada paso, y una piel suave que anhela ser tocada. 

Hoy, el deseo te invade como una ola imparable; tu coño palpita con necesidad, húmedo y ansioso por ser satisfecho. No hay barreras para ti en este mundo del siglo XXI, donde el placer es un derecho, y estás dispuesta a todo para saciar ese hambre sexual que te consume. Palabras como "sexo ardiente", "orgasmo explosivo" y "follada salvaje" flotan en tu mente mientras te estiras, sintiendo cómo tus pezones se endurecen contra la tela fina de tu camisón.

Te levantas y te miras en el espejo del baño, admirando tu reflejo: pelo revuelto, labios carnosos hinchados por el sueño erótico que acabas de tener. En él, soñabas con manos extrañas explorando tu cuerpo, lenguas lamiendo tu clítoris hinchado, pollas duras penetrándote en posturas prohibidas. Sacudes la cabeza, pero el calor no se va; al contrario, se intensifica. Decides que hoy será un día dedicado al placer erótico absoluto. Te quitas el camisón, dejando tu cuerpo desnudo expuesto al aire fresco, y sientes un escalofrío de excitación recorrer tu espina dorsal. Tus dedos bajan instintivamente a tu coño depilado, rozando los labios mayores, ya mojados por tu excitación matutina.

Entras en la ducha, el agua caliente cayendo sobre tu piel como una caricia sensual. Cierras los ojos y dejas que el chorro masajee tus pechos, imaginando que son manos fuertes apretándolos. "Oh, sí, tócame así", murmuras para ti misma, practicando las guarradas que dirás más tarde. Tus dedos se deslizan hacia abajo, separando tus labios vaginales, y encuentras tu clítoris erecto, listo para ser estimulado. Lo frotas en círculos lentos al principio, building up the tension, y luego más rápido, sintiendo cómo el placer se acumula en tu vientre. "Fóllame, fóllame duro", gimes, imaginando una polla gruesa entrando en ti. El orgasmo llega rápido, un espasmo que te hace doblarte bajo el agua, pero no es suficiente. Quieres más: sexo real, explícito, con cuerpos sudados chocando en éxtasis.

Sales de la ducha, envuelta en una toalla que apenas cubre tus curvas, y vas a tu cajón de juguetes sexuales. Ahí están, tus fieles compañeros para días como este: un vibrador rabbit con orejas que estimulan el clítoris mientras el eje penetra, un dildo grueso de silicona con venas realistas, plugs anales de diferentes tamaños para esa doble penetración que te vuelve loca, y lubricante con sabor a fresa para hacer todo más resbaladizo y sensual. Eliges el vibrador primero, lo enciendes y sientes su zumbido contra tu palma. Te tumbas en la cama, piernas abiertas como una invitación al placer, y lo deslizas lentamente dentro de tu coño empapado.

"Oh, joder, qué rico", gimes mientras el vibrador llena tu interior, las orejas vibrando contra tu clítoris hinchado. Imaginas que es la polla de un amante desconocido, empujando profundo, y comienzas a moverlo adentro y afuera, simulando una follada rítmica. Tus caderas se elevan para encontrarse con cada embestida, y sientes el orgasmo building up again. "Sí, dame más, fóllame como una puta", susurras, las palabras excitándote aún más. El clímax te golpea como un rayo, tu coño contrayéndose alrededor del juguete, jugos fluyendo por tus muslos. Pero aún no estás satisfecha; quieres carne real, cuerpos calientes presionados contra el tuyo.

Decides salir. Te vistes con un vestido corto que resalta tu culo redondo y tus tetas generosas, sin sujetador ni bragas, sintiendo el roce del tejido contra tu piel sensible. Sales a la calle, el viento levantando ligeramente tu falda, exponiendo tu coño al mundo por un segundo, y eso te excita más. Caminas hacia un café cercano, un lugar conocido por sus clientes atractivos, y pides un latte, sentándote en una mesa con vista a la calle. Tus ojos escanean la habitación, buscando presas para tu deseo ardiente.

Allí lo ves: un hombre alto, moreno, con músculos definidos bajo su camisa ajustada. Sus ojos se encuentran con los tuyos, y hay una chispa inmediata. Sonríes, cruzas las piernas lentamente, dejando que vea un atisbo de tu muslo desnudo. Él se acerca, confidente, y se presenta como Alex. "Pareces alguien que sabe lo que quiere", dice con una sonrisa pícara. Tú respondes: "Oh, sí, y ahora mismo quiero sexo caliente y sin compromisos". Sus ojos se abren, pero asiente, excitado por tu franqueza.

Minutos después, están en su apartamento cercano, besándose con pasión en la puerta. Sus manos suben por tus muslos, encontrando tu coño desnudo y mojado. "Joder, estás empapada", gruñe, metiendo dos dedos dentro de ti sin preámbulos. Tú gimes, aferrándote a sus hombros: "Sí, fóllame con los dedos, hazme correrme". Él te levanta contra la pared, una postura erótica de pie que te hace sentir expuesta y deseada. Su boca devora tus pechos, chupando tus pezones endurecidos mientras sus dedos curvan para golpear tu punto G.

Te lleva al sofá, te pone a cuatro patas –esa postura de perrito que te encanta por lo profunda que permite la penetración– y saca su polla dura, gruesa y venosa. "Mira esto, puta cachonda, voy a follarte hasta que grites", dice, frotando la cabeza contra tu entrada. Tú respondes: "Sí, métemela toda, destrózame el coño". Él empuja de una vez, llenándote por completo, y comienzas a moverte contra él, chocando culo contra pelvis. "Qué apretado estás, joder", gime él, agarrando tus caderas. "Fóllame más duro, hazme tu zorra", le suplicas, sintiendo el placer invadiéndote.

Cambian a misionero en el suelo, tus piernas sobre sus hombros para una penetración profunda. "Mira cómo entro en ti, cómo tu coño me traga", dice él, y tú respondes: "Sí, dame tu polla, voy a correrme en ella". El orgasmo te sacude, tu cuerpo temblando, pero él no para; te voltea y te monta en cowgirl, donde tú controlas el ritmo, rebotando sobre su polla mientras él pellizca tus pezones. "Cabalga, puta, hazme correrme dentro", gruñe. Tú gimes: "Lléname de leche, fóllame hasta el final". Él explota dentro de ti, y sientes su semen caliente, pero tu hambre no se apaga.

Después de una pausa, sugieres algo más: "Traigamos a alguien más". Alex sonríe y llama a su amiga Lisa, una mujer bisexual de curvas similares a las tuyas, pelo rubio y ojos verdes llenos de lujuria. Ella llega rápidamente, vestida con lencería sexy bajo su abrigo. "He oído que quieres un trío erótico", dice, besándote mientras Alex mira. Sus labios son suaves, su lengua experta explorando tu boca.

Se mudan al dormitorio, un lugar íntimo con luces tenues para un ambiente sensual. Lisa te desnuda lentamente, besando cada centímetro de tu piel. "Tienes un coño precioso, voy a lamerlo hasta que supliques", susurra. Te tumbas en la cama, piernas abiertas, y ella se arrodilla entre ellas, su lengua lamiendo tu clítoris en círculos perfectos. Alex se une, chupando tus tetas mientras mete dedos en tu culo, preparando para una doble penetración.

"Oh, sí, lame mi coño, zorra", gimes a Lisa, tirando de su pelo. Ella responde: "Estás tan mojada, voy a hacerte squirt". Alex saca un juguete: un strap-on para Lisa. Ella se lo pone y te penetra en misionero mientras Alex te folla la boca. "Chupa mi polla mientras ella te folla", ordena él. Tú gimes alrededor de su miembro: "Sí, fóllenme los dos, soy su puta".

Cambian posiciones: tú en reverse cowgirl sobre Alex, su polla en tu coño, mientras Lisa usa un vibrador en tu clítoris y lame tus pezones. "Siente cómo te lleno, y ahora imagina mi polla en tu culo", dice Alex. Pasan a una doble penetración: Alex en tu coño, Lisa con el strap-on en tu culo. El placer es abrumador, estirándote al límite. "Joder, qué apretado, fóllame más", gritas. Ellos responden: "Córrete para nosotros, puta, déjanos verte explotar".

El orgasmo múltiple te invade, ondas de placer desde tu coño y culo, squirtando jugos sobre ellos. Pero quieres más escenarios. Sugieres ir a un club swinger, un lugar excitante lleno de parejas y solteros buscando sexo grupal. Llegan al club esa noche, luces neón y música pulsante. Te cambias a un conjunto de lencería roja, exponiendo tus curvas.

En una habitación privada, encuentras a un grupo: dos hombres y una mujer. "Únete a nosotros para una orgía erótica", invita uno. Aceptas, y comienza el caos sensual. Uno te besa mientras otro lame tu coño; la mujer usa un dildo en ti mientras tú lames su coño en un 69. "Lame mi clítoris, hazme correrme en tu boca", gime ella. Tú respondes: "Sí, y fóllame con ese juguete, destrózame".

Posturas se suceden: te ponen en una sling, colgada para penetración fácil; un hombre te folla de pie mientras otro te come el culo. "Toma mi polla, puta, grita de placer", dice uno. Tú: "Fóllenme todos, llénenme de semen". Incluyen juguetes: un butt plug vibrante en tu culo mientras dos pollas alternan en tu coño. El éxtasis te lleva a orgasmos en cadena, cuerpos sudados, guarradas volando: "Soy tu zorra, úsame".

De vuelta a casa, sola pero satisfecha temporalmente, usas tus juguetes para un último round: un masturbador con succión en tu clítoris mientras un dildo te penetra. "Oh, sí, córrete una vez más", gimes, imaginando todas las folladas del día. El relato de tu día erótico termina con un sueño de más aventuras, sabiendo que mañana el deseo volverá.


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