Ir al contenido principal

Erotismo explícito en el antiguo Egipto


ME LLAMO NADIA, Y AUNQUE  vivo en el bullicio de El Cairo moderno, mi mente siempre ha vagado por las arenas del **antiguo Egipto**. Soy arqueóloga, una mujer de treinta y tantos años, independiente, con un apetito sexual que no se avergüenza de explorar. Pero nada me preparó para esa noche en las excavaciones cerca del rio Nilo, donde un hallazgo cambió todo. Encontré un amuleto antiguo, y al tocarlo, sentí un pulso eléctrico que me transportó —o al menos, así lo viví— a un palacio de piedra caliza bajo la luna llena. Allí, en ese mundo que olía a incienso y jazmín, me convertí en una sacerdotisa empoderada, lista para reclamar mi placer sin tabúes, como cualquier mujer de hoy que sabe lo que quiere.

Me vi en un momento como Nefertari. El faraón, Ramsés —un hombre musculoso, de piel bronceada y ojos negros como el ébano—, me miró con deseo crudo cuando entré en sus aposentos privados. El lugar era un oasis de lujo: cojines de seda en el suelo, velas parpadeantes que proyectaban sombras danzantes, y el sonido distante del Nilo lamiendo las orillas. En la sociedad actual, el **sexo** es consensual y ardiente, sin jerarquías opresivas, y así lo viví: yo era su igual, no su súbdita. "Ven aquí, diosa mía", murmuró él, su voz ronca mientras me atraía hacia él. Nuestros cuerpos se rozaron, y sentí su **erección** presionando contra mi vientre a través de la fina tela de lino.


Nos besamos con urgencia, mis manos explorando su pecho esculpido, bajando hasta su **polla** dura y palpitante. "Quiero follarte como nunca has sido follada", gruñó él, y yo respondí con una sonrisa pícara: "Muéstrame lo que tienes, faraón. Hazme gritar". Lo empujé hacia los cojines, tomando el control como una mujer moderna que no espera permiso. Me quité el vestido translúcido, exponiendo mis **pechos** firmes y mi **coño** ya húmedo de anticipación. Él se arrodilló ante mí, besando mis muslos internos, lamiendo mi piel con devoción.

La primera **postura** fue salvaje: yo encima de él, montándolo en **vaquera**. Me senté a horcajadas sobre su cadera, guiando su **polla** gruesa dentro de mí con un gemido profundo. "Joder, qué apretada estás", jadeó él mientras yo subía y bajaba, mis caderas girando en círculos para frotar mi **clítoris** contra su pelvis. "Sí, fóllame más fuerte, puta mía", le dije, sintiendo el calor subir por mi cuerpo. Mis uñas se clavaron en su pecho, y él respondió empujando hacia arriba, embistiendo con fuerza. El palacio resonaba con nuestros jadeos, el olor a **sudor** y **sexo** llenando el aire.

Cambiamos de posición sin pausa, rodando hasta que él me puso de espaldas contra los cojines, levantando mis piernas sobre sus hombros en una **misionero profundo**. "Mírame mientras te parto en dos", dijo con una sonrisa sucia, su **polla** entrando y saliendo con golpes rítmicos que hacían chapotear mis jugos. "Oh dios, sí, dame esa verga dura", grité yo, mis manos en su culo, tirando de él más adentro. Hablábamos sin filtros, como amantes modernos en un mundo antiguo: "Eres una zorra insaciable, ¿verdad? Te encanta que te follen así". Y yo respondía: "Sí, joder, hazme correr, cabrón. Quiero sentir tu leche dentro".

El clímax se acercaba, y nos movimos a una **perrito** junto a la ventana abierta, con la brisa del Nilo enfriando nuestra piel sudorosa. Él me penetraba desde atrás, una mano en mi cadera y la otra masajeando mi **clítoris**. "Voy a correrme, puta, ¿estás lista?", rugió él. "Sí, lléname, fóllame hasta que explote", gemí yo, mi cuerpo temblando. El **orgasmo** nos golpeó al unísono: oleadas de placer me recorrieron, mi **coño** contrayéndose alrededor de su **polla** mientras él eyaculaba dentro de mí con un grito gutural. "Joder, qué rico", murmuramos exhaustos, colapsando en un enredo de limbs.

Desperté de vuelta en mi tienda de campaña, el amuleto aún en mi mano, pero el recuerdo ardía en mi piel. En la sociedad actual, el **sexo** es liberación, y esa noche en el **antiguo Egipto** me recordó que el deseo no tiene épocas. Fue real, vivido, y eternamente **erótico**.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Esperanza mujer de setenta y cinco años se siente aun viva

  "Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...." Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad. Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerl...

Marisa, una chica curvi y sus fantasías cumplidas

"Marisa, una chica curvi, con el pelo largo castaño y unos senos voluminosos, cuenta sus fantasías que cumple a medida que se le presenta la ocasión, es una chica muy ardiente y fácil de llegar al orgasmo." Marisa es una chica de espíritu libre y personalidad vibrante. Su cabello de color castaño y largo cae en suaves ondas sobre sus hombros, lo que resalta su figura curvilínea. A menudo se siente segura de sí misma y disfruta de la atención que recibe. Tiene una sonrisa contagiosa que ilumina cualquier habitación y una risa que hace que todos a su alrededor se sientan cómodos. En cuanto a sus pensamientos, Marisa es bastante abierta sobre sus deseos y fantasías. Le encanta explorar su sensualidad y no teme compartir lo que le excita. Sueña con encuentros apasionados, donde la conexión emocional es tan intensa como la atracción física. A menudo imagina situaciones en las que puede dejarse llevar, como una escapada romántica a la playa bajo la luna o una noche de baile en un c...

Clara y Teresa van al Club Swinger el paraiso

"Nos trasladamos ahora al fin de semana. Las dos mujeres quedan con los dos hombres del cumpleaños en el club Swinger el paraíso Se sentían vivas a pesar de sus 75 y 78 años. Tenían el morbo de que otros dos hombres jóvenes con esposas jóvenes las llevarán al orgasmo en presencia de sus mujeres" Las luces del club Swinger "El Paraíso" brillaban con un resplandor suave y seductor, creando un ambiente cargado de expectativa y deseo. Clara y Teresa, a pesar de sus 75 y 78 años, se sentían más vivas que nunca. La emoción de la noche las envolvía, y la idea de experimentar algo nuevo las llenaba de adrenalina. Al entrar en el club, sus miradas se encontraron con una multitud de parejas disfrutando de la libertad y la sensualidad que ofrecía el lugar. Las risas, susurros y los sonidos de la música envolvían el ambiente, creando una atmósfera electrizante. Clara se sentía rejuvenecida; el morbo de estar rodeada de cuerpos jóvenes y deseosos despertaba algo en su interior q...