ERA UNA NOCHE DE VERANO EN LA CIUDAD, el aire cargado de humedad y promesas. Alex, un hombre de treinta y cinco años con hombros anchos y una sonrisa que desarmaba defensas, estaba sentado en la barra de un bar concurrido, bebiendo una cerveza fría. Trabajaba como ingeniero en una firma local, pero esa noche solo quería desconectar. Al otro lado de la barra, Sofía, una mujer de treinta y dos con curvas suaves y ojos oscuros que brillaban con picardía, charlaba con una amiga. Era profesora de arte, apasionada y libre, con un vestido rojo que se adhería a su piel como una segunda capa.
Sus miradas se cruzaron por accidente, pero el chispeo fue inmediato. Alex levantó su copa en un saludo silencioso, y Sofía respondió con una sonrisa coqueta. Minutos después, él se acercó. "Parece que esta noche el bar está más interesante de lo habitual", dijo él, su voz grave y confiada.
Sofía rió suavemente, inclinando la cabeza. "Depende de la compañía. ¿Qué te trae por aquí solo?"
Charlaron durante horas, riendo de anécdotas absurdas, compartiendo gustos en música y viajes. La química era palpable; sus rodillas se rozaban bajo la barra, enviando pequeñas descargas eléctricas. Cuando el bar empezó a vaciarse, Alex se inclinó más cerca. "No quiero que esto termine. ¿Vienes a mi casa? Vivo a unas cuadras."
Sofía mordió su labio inferior, sintiendo el calor subir por su cuello. "Sí, vamos. Pero avísame si no puedes seguir el ritmo."
Llegaron al apartamento de Alex, un lugar moderno con luces tenues y una cama king size que dominaba el dormitorio. Apenas cerraron la puerta, sus cuerpos se atrajeron como imanes. Alex la presionó contra la pared, besándola con urgencia. Sus labios se fundieron, su lengua danzando en un ritmo hambriento. "Dios, Sofía, hueles tan jodidamente bien", murmuró él contra su boca, mientras sus manos bajaban por su espalda, apretando su culo firme.
Ella gimió, arqueando el cuerpo hacia él. "Tócame, Alex. Quiero sentirte por todas partes." Sus dedos se enredaron en su camisa, desabotonándola con prisa, revelando su pecho musculoso. Lo besó allí, lamiendo su piel salada, mientras él le subía el vestido, rozando sus muslos internos con los pulgares.
Se movieron al sofá, donde Alex la sentó en su regazo. Sofía se meció contra él, sintiendo su erección dura presionando a través de los pantalones. "Estás tan duro... para mí", susurró ella, mordisqueando su oreja. Él gruñó, deslizando una mano bajo su tanga, encontrando su humedad. "Joder, estás empapada. ¿Quieres que te folle ya?"
"Aún no", respondió ella con una sonrisa maliciosa, empujándolo hacia atrás. Se arrodilló entre sus piernas, desabrochando su cinturón y bajando sus pantalones. Su polla saltó libre, gruesa y venosa, y Sofía la tomó en su mano, acariciándola lentamente. "Mira qué grande... voy a chupártela hasta que me pidas piedad." Bajó la cabeza, lamiendo la punta, saboreando el pre-semen salado, antes de tomarla entera en su boca. Alex jadeó, enredando los dedos en su cabello. "Oh, mierda, Sofía... chúpala más profundo. Sí, así, joder..."
Después de unos minutos de placer oral que lo dejó al borde, Alex la levantó y la llevó al dormitorio. La tumbó en la cama de espaldas, quitándole el vestido y el sujetador. Sus pechos se liberaron, pezones erguidos y rosados. Él los besó, succionando uno mientras pellizcaba el otro. "Tus tetas son perfectas... quiero follarte entre ellas algún día." Sofía arqueó la espalda, gimiendo. "Hazlo ahora si quieres, pero primero métemela. No aguanto más."
Alex se posicionó entre sus piernas en la postura del misionero, frotando la cabeza de su polla contra su clítoris hinchado. "Dime qué quieres", exigió él, mirándola a los ojos.
"Fóllame duro, Alex. Métemela toda", suplicó ella, abriendo las piernas más. Él empujó dentro de ella de un solo movimiento, llenándola por completo. Sofía gritó de placer, sus paredes internas apretándolo. "¡Sí! Joder, qué rico... muévete, no pares."
Comenzó a embestir, lento al principio, sintiendo cada centímetro de su calor húmedo. Sus caderas chocaban con un ritmo constante, el sonido de piel contra piel llenando la habitación. Sofía clavó las uñas en su espalda. "Más rápido... fóllame como si fuera tuya." Él aceleró, sudando, gruñendo con cada penetración. "Eres tan apretada... voy a correrme dentro de ti si sigues así."
Cambiaron de posición: Sofía se puso a cuatro patas, ofreciéndole su culo redondo. Alex la penetró desde atrás en la posición de perrito, agarrando sus caderas. "Mira ese culo... perfecto para follar." Golpeó profundo, una mano bajando para frotar su clítoris. Sofía empujó hacia atrás, gimiendo alto. "¡Sí, ahí! Fóllame más fuerte, cabrón... hazme correrme."
El placer se acumulaba, sus cuerpos resbaladizos de sudor. Alex la volteó de nuevo, poniéndola encima en vaquera. Sofía montó su polla, rebotando arriba y abajo, sus pechos saltando. "Me encanta verte así... cabalgándome como una puta", dijo él, pellizcando sus pezones.
"Calla y fóllame", replicó ella, girando las caderas en círculos. Sentía el orgasmo acercándose. "Oh, dios... me vengo, Alex. ¡Me corro en tu polla dura!" Gritó, su cuerpo convulsionando, apretándolo con fuerza mientras olas de placer la invadían.
Alex no pudo resistir más. La volteó de lado, en cuchara, penetrándola por detrás mientras la abrazaba. "Joder, Sofía... voy a llenarte de leche. ¿Quieres mi corrida dentro?" Embestía rápido, su respiración entrecortada.
"Sí, córrete dentro... dame toda tu lefa caliente, guarro", jadeó ella, aún temblando de su clímax. Él rugió, empujando una última vez profundo, derramándose dentro de ella en chorros calientes. "¡Toma, puta... toda para ti!"
Se derrumbaron juntos, jadeando, cuerpos entrelazados. Sofía besó su cuello. "Eso fue... increíble." Alex sonrió, acariciando su cabello. "Y esto es solo el principio."

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