ME LLAMO ELENA, Y SOY UNA **agente inmobiliaria** con varios años de experiencia en el mercado de la ciudad. Me encanta mi trabajo: mostrar propiedades lujosas, negociar tratos y, de vez en cuando, conectar con clientes de una manera que va más allá de lo profesional. Ese día de primavera, tenía una cita para enseñar un apartamento moderno en el centro, con vistas al parque y un diseño minimalista que gritaba "vida urbana chic". Los clientes eran una pareja: Alex y Jamie, dos mujeres radiantes que buscaban un nido para su relación. Alex era una **mujer trans**, con una presencia magnética, curvas suaves y una sonrisa que derretía el hielo; Jamie, su novia, era atlética, con pelo corto y una energía juguetona que me hizo sentir un cosquilleo desde el primer saludo.
Llegaron puntuales, vestidas con ropa casual pero elegante: Alex con un vestido ajustado que acentuaba sus **pechos** y caderas, y Jamie con jeans ceñidos y una camiseta que dejaba ver sus tatuajes en los brazos. "Hola, Elena, soy Alex, y esta es mi amor, Jamie", dijo Alex con una voz ronca y cálida, extendiendo la mano. Sentí un escalofrío al tocarla, y Jamie me guiñó un ojo mientras decía: "Encantada. Hemos oído que eres la mejor en encontrar hogares perfectos". Mientras les daba el tour, el aire se cargaba de electricidad. Empezamos por la sala de estar, con sus ventanales amplios y sofá de cuero. "Imaginaos aquí, relajadas después de un día largo", les dije, y Alex se acercó, rozando mi brazo accidentalmente. "Suena tentador... ¿y si lo probamos?", murmuró, sentándose y tirando de Jamie a su lado.
La química era innegable. Pasamos a la cocina, con encimeras de granito relucientes. Jamie se apoyó en la isla central, mirándome fijamente. "Esto sería ideal para cocinar... o para otras cosas", dijo con una risa pícara. Alex se unió, colocándose detrás de mí mientras señalaba el horno. "Sí, Elena, ¿qué opinas? ¿Crees que resiste un poco de acción?". Mi pulso se aceleró. Era acorde con la sociedad actual: abierta, fluida, sin tabúes. Nadie juzgaba; solo había deseo mutuo. "Bueno, chicas, si queréis probar la resistencia...", respondí juguetona, y eso fue el detonante.
Alex me besó primero, sus labios suaves y exigentes contra los míos, mientras Jamie se acercaba por detrás, sus manos deslizándose bajo mi blusa para acariciar mis **pechos**. "Eres tan sexy, Elena", susurró Alex, mordisqueando mi cuello. Nos movimos a la encimera: Alex me levantó con facilidad, sentándome allí, y abrió mis piernas. Jamie se arrodilló entre ellas, bajando mis panties con dientes. "Mira qué mojada estás ya", dijo Jamie, lamiendo mi **clítoris** con avidez. "Sí, lame esa **coño** dulce", gimió Alex, frotando su propio cuerpo contra mí, revelando su **polla** endureciéndose bajo el vestido. Era **mujer trans**, y eso la hacía aún más irresistible: una mezcla perfecta de feminidad y fuerza.
Cambiamos de postura: me bajé de la encimera y me incliné sobre ella en **posición de perrito**, con Jamie detrás penetrándome con sus dedos mientras Alex se colocaba frente a mí. "Chúpamela, Elena, quiero sentir tu boca caliente", ordenó Alex, guiando mi cabeza hacia su **polla** erecta. La tomé entera, succionando con ritmo, mientras Jamie me follaba con los dedos, curvándolos para golpear mi punto G. "Joder, qué guarra eres, tragándotela toda", gruñó Alex, empujando sus caderas. Jamie jadeaba: "Sí, aprieta mi mano, puta, sé que te encanta este **trío lésbico** con nosotras". El placer era ardiente, mis gemidos ahogados por la **polla** de Alex.
Nos trasladamos al dormitorio principal, con su cama king size y sábanas suaves. Allí, nos desnudamos por completo. Jamie se tumbó boca arriba, y yo me senté en su cara en **posición de cowgirl invertida**, frotando mi **coño** contra su lengua. "Come mi **coño**, Jamie, hazme correrme", le supliqué, mientras Alex se posicionaba detrás de Jamie, penetrándola con su **polla** en **misionero**. "Fóllame fuerte, amor, mientras lamo a esta zorra", respondió Jamie, vibrando con cada embestida. Alex empujaba con fuerza: "Toma, mi **lesbiana** caliente, siente cómo te lleno". Yo cabalgaba la cara de Jamie, mis **tetas** rebotando, pellizcando mis pezones. "Dios, vais a hacerme explotar", gemí.
El clímax llegó en una **posición de tijera** modificada: Jamie y yo frotándonos los **coños** húmedos una contra la otra, mientras Alex nos penetraba alternadamente con su **polla**. "Soy una **puta** para vosotras", confesé, y Alex respondió: "Sí, y nosotros te vamos a llenar de **leche** y placer". Jamie gritó primero: "Me corro, joder, siente mi **orgasmo** chorreando". Yo la seguí, mi cuerpo convulsionando: "¡Sí, córrete conmigo, guarras!". Alex culminó dentro de Jamie, gimiendo: "Toma mi **semen**, amor, y Elena, lame el resto". Colapsamos en la cama, sudorosas y satisfechas, riendo sobre cómo el apartamento ya se sentía como hogar.
Al final, firmaron el contrato. Y yo? Gané más que una comisión: una invitación a repetir en su nuevo nido. La vida moderna es así: abierta, **erótica** y sin límites.

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