SOY UNA PIBA DE LA PLATA, ARGENTINA, una mujer de más de un metro setenta, con un cuerpo curvilíneo que no necesita gimnasio para lucir bien. Mis tetas son grandes, firmes, con pezones respingones que se endurecen con el menor roce. Vivo en una casa modesta en un barrio cerca del centro de La Plata, con una terraza amplia que da a un patio trasero donde el sol pega fuerte y el aire lleva el aroma de los árboles y el asado de los vecinos. Es septiembre de 2025, y La Plata vibra con su mezcla de estudiantes, bohemia y una sociedad cada vez más abierta, donde el sexo y el deseo se viven sin tanto drama, aunque siempre con ese toque de pasión argenta.
Aquella tarde, el cielo estaba pintado de naranjas y rosas, con el sol cayendo lento. Yo estaba en la terraza, con una camiseta vieja y suelta que apenas me tapaba los muslos, sin nada debajo. Ni sujetador, ni bombacha. Mi novio, Marcos, un morocho de treinta y pico, con un cuerpo atlético y una pija que me hace babear, estaba tirado en una silla de mimbre, con una birra en la mano y esa sonrisa canchera que me prende fuego. Habíamos estado charlando pavadas, pero el aire se había puesto denso, cargado de ganas. Marcos sabía cómo manejarme, cómo darme órdenes que me ponían a mil.
"Vení, mi putita", me dijo con voz grave, señalando el suelo frente a él. "Quiero verte tocarte, ahí, en la terraza, donde algún vecino curioso podría cacharte si se asoma".
Me mordí el labio, sintiendo un calor que subía desde el coño. La terraza estaba medio expuesta, con una baranda baja que daba al patio, pero en ese momento me importaba un carajo. La calentura me nublaba. Caminé despacio, meneando las caderas, dejando que mis tetas grandes se bambolearan libres bajo la camiseta. Me planté frente a él, abriendo un poco las piernas, y subí la camiseta lo justo para mostrarle mi concha depilada, ya húmeda y palpitante.
"¿Qué querés que haga, amor?", le dije, con tono juguetón, aunque ya me imaginaba lo que venía. Marcos se recostó más en la silla, cruzando los brazos detrás de la cabeza, disfrutando del poder.
"Tocate las tetas primero. Apretalas fuerte, como si fueran mías. Quiero ver esos pezones duros como piedras".
Obedecí sin chistar. Mis manos subieron por mi cuerpo, agarrando mis tetas grandes con ganas. Las amasé, sintiendo su peso suave y cálido. Mis pezones se pusieron como balas, y un gemido se me escapó. "Mmm, sí... qué rico se siente", murmuré, pellizcándolos con fuerza, imaginando que eran sus dientes. El placer me bajaba directo al coño, que ya estaba empapado. Miraba a Marcos fijo, viendo cómo su pija empezaba a marcarse en los pantalones cortos.
"Ahora, bajá una mano a tu concha. Abrila para mí, mostrame lo mojada que estás por hacerme caso".
Deslicé una mano por mi panza, llegando a mi monte de Venus. Con dos dedos, abrí mis labios, dejando ver mi clítoris hinchado y mi entrada brillando de jugos. La brisa fresca de la tarde me rozó la piel sensible, mandándome un escalofrío. "Mirá, Marcos... estoy chorreando por vos. Todo esto es por tus órdenes guarras".
Él asintió, relamiéndose los labios. "Frotate el clítoris despacio, en círculos. Imaginá que es mi lengua comiéndote".
Empecé a mover los dedos en círculos lentos, sintiendo cómo el placer crecía como una tormenta. Mis caderas se movían solas, buscando más roce. "Oh, mierda... sí, como tu lengua, amor. Me encanta cuando me chupás la concha así". Mis tetas grandes rebotaban con cada movimiento, y el sudor me perlaba la piel bajo el sol que se iba. La terraza era nuestro escenario privado, con el ruido de los autos lejanos y el canto de algún pájaro como fondo.
"Acelerá, puta. Mete un dedo adentro. Cogete con él como si fuera mi pija".
Metí un dedo en mi concha empapada, sintiendo cómo entraba fácil por lo lubricada que estaba. Lo saqué y lo metí otra vez, marcando un ritmo. "Ahhh... está tan apretada, Marcos. Necesito más". Sumé otro dedo, cogiéndome con ellos mientras mi pulgar seguía masajeando el clítoris. Mis gemidos se hicieron más fuertes, y el orgasmo se venía rápido. Mis pezones estaban tan duros que casi dolían.
"Mirame a los ojos cuando te vengas. Decime qué sentís".
Clavé mis ojos en los suyos y aceleré. "Me estoy cogiendo para vos... mi concha está en llamas... me voy a venir, mierda... ¡sííí!". El orgasmo me pegó como un latigazo, mi cuerpo tembló, y un chorro de jugos salió de mi concha, mojando el piso de la terraza. Grité su nombre, sacudida por el placer, mientras mis tetas grandes se agitaban con cada espasmo.
Cuando la tormenta pasó, quedé jadeando, con las piernas flojas. Pero ahora me tocaba a mí. Marcos seguía pasivo en la silla, con la pija dura marcándose, pero no se movía. Yo llevaba la batuta, como lo habíamos charlado en nuestras fantasías sin límites. Me acerqué, arrodillándome entre sus piernas. "Ahora te voy a coger yo, amor. Vos quedate quieto y dejame usarte".
Le bajé los pantalones de un tirón, liberando su pija gruesa y venosa, que saltó parada frente a mi cara. La agarré con una mano, sintiendo su calor. "Mirá qué dura la tenés... toda para mí". Me incliné y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado. Marcos gimió, pero no se movió, dejándome mandar.
Me subí a horcajadas sobre él, poniendo mi concha aún sensible sobre su pija. Bajé despacio, sintiendo cómo me llenaba hasta el fondo. "Oh, Dios... estás tan adentro. Me encanta cogerte así". Empecé a moverme, subiendo y bajando, cabalgándolo con fuerza. Mis tetas grandes botaban frente a su cara, y él las miró con hambre, pero no las tocó. "Decime qué sentís, Marcos. Decime cómo te gusta que te coja tu putita".
"Joder, nena... tu concha es tan apretada y mojada... me estás matando", gruñó, con la voz entrecortada.
Aceleré, moviendo las caderas en círculos para que su pija rozara mi punto G. "Sí, eso es... voy a hacer que te vengas adentro. Decí guarradas, amor, decime lo puta que soy".
"Sos mi zorra preferida... con esas tetas grandes rebotando... cogeme más duro, haceme tuyo".
Mis uñas se clavaron en sus hombros mientras lo cabalgaba como loca. El sudor nos empapaba, y el olor a sexo llenaba la terraza. Cambié un poco la postura, echándome para atrás para que viera cómo su pija entraba y salía de mi concha. "Mirá eso... tu pija desapareciendo en mí. Te voy a ordeñar hasta la última gota".
El placer se me acumulaba otra vez, y sentí su pija latir. "Me vengo, mierda... ¡llename!", grité, y el orgasmo me rompió, mi concha apretándolo fuerte. Marcos no aguantó más y se vino adentro, gimiendo: "Tomá mi leche, puta... toda para vos".
Me quedé sentada sobre él, sintiendo su semen caliente chorreando. Pero no había terminado. Tenía una sorpresa guardada: mi amiga Carla, una morocha infernal de La Plata, con tetas grandes y un culo que para el tráfico. Habíamos hablado de esto mil veces, en charlas subidas de tono con un fernet de por medio. Ella se moría por cogerse a Marcos, y yo, con mi cabeza abierta, quería compartir el placer en un trío bien caliente.
Hice una seña disimulada, y Carla salió de atrás de la puerta de la terraza. Venía con un shortcito de jean y una musculosa ajustada que dejaba poco a la imaginación, su piel bronceada brillando bajo la luz del atardecer. "Sorpresa, amor", le dije a Marcos, que todavía jadeaba. "Carla estuvo mirando todo. Y ahora quiere su turno con vos".
Marcos abrió los ojos como platos, pero una sonrisa cachonda se le dibujó en la cara. "La concha de mi madre... ¿en serio? Esto es un sueño".
Carla se acercó, contoneándose como solo una platense sabe. "Hola, lindo. Vi cómo te cogía tu novia... ahora dejame probar esa pija".
Lo hice parar de la silla, y nos tiramos al suelo de la terraza, sobre una lona que había puesto. Carla se arrodilló frente a él y agarró su pija semierecta, metiéndosela en la boca con ganas. "Mmm, sabe a vos, amiga", me dijo con un guiño, mientras la chupaba, limpiando nuestros jugos.
Yo me senté al lado, tocándome la concha aún sensible, mirando el show. "Chupala bien, Carla. Hacela poner dura de nuevo para vos".
Marcos gemía, con las manos en la cabeza de Carla. "Sí, así... tragá todo, zorra".
Cuando la pija estuvo lista, Carla se tiró de espaldas en la lona, abriendo las piernas. "Vení, cogeme, Marcos. Quiero sentirte adentro".
Él se puso entre sus muslos, metiéndosela de una. "Qué concha caliente tenés... apretada como la de mi novia".
Carla arqueó la espalda, sus tetas grandes temblando. "Más fuerte... rompeme, guacho. Decime lo puta que soy".
Me uní, arrodillándome sobre la cara de Carla. "Comeme la concha mientras él te coge, amiga. Saboreá su leche saliendo de mí".
Su lengua se hundió en mi entrada, lamiendo con hambre. "Mmm, qué rico... mezcla de los dos".
El trío se volvió una locura. Marcos la cogía en misionero, con embestidas profundas, mientras yo cabalgaba la cara de Carla. Cambiamos posturas: Carla se puso en cuatro, y Marcos la penetró por atrás, agarrándole las caderas. Yo me metí abajo, chupándole las tetas y pellizcándole los pezones.
"Decime, Marcos... ¿qué concha te gusta más? ¿La mía o la de ella?", pregunté, jadeando.
"Las dos... son unas putas perfectas... voy a venirme otra vez".
Carla gritó: "¡Sí, llename la concha! Hacé que grite como tu novia".
El orgasmo los rompió a los dos, y yo me vine solo de verlos, frotándome el clítoris como loca.
Pasamos horas en esa terraza, probando todas las posiciones que se nos ocurrían. En una, Marcos se tiró en la lona, y nosotras nos turnamos para montarlo en vaquerita invertida, con el cielo estrellado de La Plata de fondo. "Miren las estrellas mientras las cojo", dijo él, pero éramos nosotras las que lo usábamos.
En otra, Carla y yo nos pusimos en un 69, chupándonos las conchas mientras Marcos nos cogía por turnos. "Cómanse esas conchas, putas... las voy a llenar a las dos".
Hablábamos sin parar, tirándonos guarradas que nos ponían más calientes: "Tomá mi pija, zorra... chupala como si no hubiera mañana". "Cogeme el orto también, si querés... soy toda tuya". "Vámonos juntas, amigas... que el placer nos parta".
La noche cayó, y el aire se puso fresco, pero nosotros ardíamos. En La Plata de 2025, el sexo libre y consensuado era parte de la vida, sin culpas. Terminamos agotados, con semen y jugos por todos lados, riendo y planeando la próxima. Fue puro fuego erótico, explícito, sin límites.



Comentarios
Publicar un comentario