SOY SALOMÉ, TENGO 19 AÑOS, y soy un auténtico bombón: curvas perfectas, piel suave como la seda, labios que invitan al pecado y ojos que prometen un mundo de sensaciones prohibidas. No tengo límites cuando se trata de placer; soy sensual, entregada por completo, y mi cuerpo es un instrumento afinado para dar y recibir éxtasis. Estoy en esta plataforma porque busco hombres de 40 a 60 años, empresarios con poder adquisitivo, que quieran gozar de un joven cuerpo como el mío, explorando cada rincón con la intensidad que solo la experiencia puede ofrecer. Pero no me limito: también atraigo a mujeres de alta posición, ejecutivas o empresarias que se sienten desatendidas por sus esposos, ignoradas en su deseo, y que anhelan probar con una mujer joven como yo, descubrir nuevos horizontes de placer femenino. Te soy sincera: me encanta follar, me corro cuatro o cinco veces al día, y lo hago por dinero porque mi coño es un tesoro que puedo vender mientras me doy placer a mí misma. Estoy estudiando física y necesito pagarme la carrera, así que ¿por qué no unir lo útil con lo delicioso? Si buscas algo más que lo común, conmigo encontrarás lo inesperado. Me encanta jugar con tu imaginación, hacer realidad tus ideas más escondidas y dejarte sin aliento. No vengo a improvisar, vengo a sorprenderte y complacerte. ¿Te atreves a probar algo diferente y delicioso? Si me gustas, follamos en un hotel de lujo que, por supuesto, pagarás tú. Esas son mis condiciones.
Permíteme contarte dos casos que he vivido recientemente, para que veas de qué soy capaz. El primero fue con un hombre, un empresario de 52 años, dueño de una cadena de hoteles, con ese aire de poder que me enciende. El segundo, con una mujer de 45 años, vicepresidenta de una multinacional, casada pero hambrienta de algo que su marido ya no le da. Ambos encuentros fueron en suites presidenciales, pagadas por ellos, y te los relato con todo detalle para que sientas el fuego en tu propia piel.
Lo conocí a través de la plataforma; se llamaba Roberto, 52 años, alto, con canas en las sienes que le daban un toque distinguido, y un traje a medida que gritaba éxito. Me escribió diciendo que quería "gozar de un joven cuerpo" como el mío, que su vida de reuniones y viajes lo había dejado seco de pasión verdadera. Acepté, y esa noche nos encontramos en un hotel de cinco estrellas en el centro de la ciudad. La habitación era un paraíso: cama king size, jacuzzi burbujeante y vistas panorámicas. Yo llegué vestida con un conjunto de lencería negra translúcida que apenas cubría mis pechos firmes y mi coño depilado, lista para sorprenderlo.
Entró, dejó su maletín en el suelo y me miró como si yo fuera el negocio más rentable de su vida.
—Salomé, eres aún más impresionante en persona —dijo, su voz grave, mientras se acercaba.
Sonreí, me acerqué a él y deslicé mis manos por su pecho, sintiendo los músculos bajo la camisa.
—Vamos a gozar, Roberto. Pero recuerda, yo dirijo el placer.
Lo empujé suavemente hacia la cama y me senté a horcajadas sobre él, dejando que mi coño rozara su entrepierna a través de los pantalones. Sentí su polla endurecerse al instante, y eso me hizo humedecerme. Desabroché su camisa botón a botón, lamiendo su cuello mientras lo hacía, y luego bajé a succionar sus pezones, mordisqueándolos hasta que gimió. Mis dedos bajaron a su cinturón, liberando su polla gruesa y venosa, que palpité en mi mano mientras la masturbaba con movimientos lentos, arriba y abajo, sintiendo cómo se hinchaba.
—Joder, qué polla tan deliciosa —susurré, arrodillándome frente a él. Mi lengua recorrió la punta, lamiendo la gota de precum, y luego la chupé entera, dejándola deslizarse hasta el fondo de mi garganta. Él enredó sus dedos en mi pelo, empujando un poco, pero yo controlaba el ritmo, chupando y lamiendo hasta que su cuerpo temblaba.
Me levanté, me quité la lencería y le mostré mi coño, brillante de excitación.
—Tócame, róza mis pliegues con tus dedos —le ordené, guiando su mano. Sus dedos rozaron mis pliegues húmedos, encontrando mi clítoris y masturbándolo en círculos. Grité de placer, sintiendo el calor subir. —¡Más rápido, mastúrbame el clítoris! —jadeé, y él obedeció, metiendo dos dedos dentro de mí mientras su pulgar frotaba mi botón sensible. —¡Me corro! —grité, y el orgasmo me invadió, mi coño contrayéndose alrededor de sus dedos mientras me venía, empapando su mano.
No le di respiro. Me coloqué de espaldas en la cama, con el culo en alto.
—Refriega tu polla en mi coño —le dije, y sentí cómo la deslizaba entre mis pliegues, sin entrar, solo provocando. La fricción era exquisita, mi clítoris palpitaba. —¡Fóllame ahora! —exigí, y él entró de una embestida, su polla llenándome por completo. Empezó a bombear, fuerte y profundo, mientras sus manos agarraban mis caderas. Mis tetas rebotaban con cada golpe, y sentí otro orgasmo acercándose. —¡Me vengo otra vez! —grité, corriéndome con fuerza, mi coño apretando su polla como un vicio.
A él le vino el orgasmo poco después; se estaba corriendo, gimiendo mientras su polla palpitaba dentro de mí, llenándome de su semen caliente. Pero yo quería más. Lo volteé, me subí encima y cabalgue su polla aún dura, succionando mis propios pezones mientras me movía. —¡Chupa mis pezones! —le ordené, y él los succionó con avidez, lamiéndolos hasta que sentí el tercer orgasmo. —¡Me corro de nuevo! —exclamé, viniéndome mientras mi coño lo ordeñaba.
Al final, exhausto y satisfecho, me pagó generosamente. "Eres adictiva", dijo antes de que me fuera.
El segundo caso fue con Elena, 45 años, vicepresidenta de una empresa tech, casada con un tipo que la ignoraba por trabajo. Me contactó confesando que se sentía desatendida, que quería "probar con una mujer joven" para redescubrir su deseo. Acepté encantada; el placer con mujeres es diferente, más intuitivo, y me excita igual. Nos encontramos en otro hotel lujoso, una suite con sauna y cama redonda. Yo llevaba un body de encaje rojo que realzaba mis curvas, y ella llegó en un traje sastre, nerviosa pero con ojos llenos de curiosidad.
—Salomé, no sé por dónde empezar —admitió, sentándose en el sofá.
La tranquilicé con una sonrisa, me acerqué y la besé suavemente, mis labios rozando los suyos hasta que se abrió a mí. Mis manos exploraron su cuerpo, desabotonando su blusa para revelar sus pechos generosos. Succione sus pezones, lamiéndolos en círculos, sintiendo cómo se endurecían en mi boca. Ella gimió, arqueándose, y yo bajé mi mano a su falda, subiéndola para rozar sus pliegues a través de las bragas.
—Déjame mostrarte lo que has estado missing —susurré, arrodillándome. Le quité las bragas y admiré su coño, maduro y húmedo. Mi lengua lo lamió despacio, explorando cada pliegue, chupando su clítoris con suavidad al principio, luego con más intensidad. —¡Qué rico sabe tu coño! —le dije, mientras mis dedos la masturbaban, metiéndose dentro y fuera. Ella jadeaba, sus manos en mi cabeza. —¡Me corro! —gritó de repente, y se vino en mi boca, su cuerpo temblando mientras el orgasmo la atravesaba, sus jugos fluyendo.
La llevé a la cama, me quité mi body y me coloqué sobre ella en posición 69. Mi coño sobre su boca, y el suyo en la mía. —Lámeme el clítoris —le pedí, y ella, tímida al principio, comenzó a chupar, su lengua explorando mis pliegues. Yo devolví el favor, succionando su clítoris mientras mis dedos la masturbaban. El placer era mutuo; sentía mi orgasmo creciendo. —¡Me vengo! —gemí, corriéndome mientras mi coño palpitaba en su boca.
Nos frotamos entonces, coño contra coño, refregándonos en un tribbing intenso. Sus pliegues rozaban los míos, nuestros clítoris chocando en una fricción deliciosa. —¡Se está corriendo! —exclamé al ver su cara de éxtasis, y ella se vino otra vez, gritando mientras su orgasmo la sacudía. Yo la seguí: —¡A mí me viene el orgasmo! —jadeé, corriéndome con fuerza, nuestros cuerpos sudorosos y entrelazados.
Usamos juguetes después: un vibrador que metí en su coño mientras lamía su clítoris, haciéndola correrse dos veces más. Yo me masturbé frente a ella, dedos en mi coño, hasta que me vine de nuevo. Al final, exhausta y radiante, me pagó y prometió volver. "Esto es lo que necesitaba", dijo.
Estos son solo dos casos, pero podrían ser tuyos. Si te atreves, contáctame. Te dejaré sin aliento. 😘
por: © Mary Love

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