Ir al contenido principal

Un encuentro para romper la rutina

Laura y Javier, un matrimonio de 49 años, llevaban meses sintiendo que la chispa de su relación necesitaba un nuevo combustible. No es que se hubieran aburrido el uno del otro; al contrario, su amor era sólido, sus cuerpos aún se encendían con una mirada cómplice. Pero la rutina, esa ladrona silenciosa, había empezado a colarse en su cama. Querían más, algo que los sacara de lo cotidiano, algo que los llevara a explorar los límites de su deseo. Fue entonces cuando, tras una noche de vino y confesiones subidas de tono, decidieron publicar un anuncio en una página de contactos: “Matrimonio con ganas de salir de la rutina, 49 años. Con ganas de experimentar, somos agradables de rostro, buenos cuerpos para nuestra edad, buscamos una mujer de mediana edad para amistad placentera, que tenga medianas, pezones negros y un coño grande con clítoris pronunciado; también yougurín inexperto para trío, que sea guapo, depilado, bísex y con ganas, muchas ganas de hembra, matrimonios solamente si el hombre es bísex, sumiso y con pene muy pequeño bien formado, gente fuera del ambiente, no tenemos mucha experiencia pero queremos experimentar y disfrutar. Contacta con nosotros.”

El anuncio era directo, explícito, un reflejo de sus fantasías más crudas. Laura, con su melena castaña cayendo en ondas sobre sus hombros, sus pechos firmes y sus caderas generosas, se excitaba solo de imaginar a una desconocida respondiendo a su llamada. Javier, con su cuerpo atlético, su pecho cubierto de un vello recortado y una polla que aún hacía gemir a Laura con cada embestida, no podía evitar masturbarse pensando en un trío donde los cuerpos se mezclaran sin restricciones.

Una semana después, recibieron un mensaje que los hizo estremecer. Era Carla, una mujer de 45 años, divorciada, con una foto que mostraba unos pechos medianos coronados por pezones oscuros y duros, y una descripción que prometía un coño grande y un clítoris que, según ella, “se hincha como una cereza madura cuando estoy cachonda”. También contactó Daniel, un chico de 25 años, guapo, con el cuerpo depilado y una mirada tímida pero cargada de deseo. En su mensaje, confesaba ser bisexual, inexperto en tríos, pero con “muchas ganas de hembra” y dispuesto a dejarse llevar. Laura y Javier intercambiaron miradas de complicidad; los dos sentían el cosquilleo de la anticipación.

Quedaron en un hotel boutique en las afueras de la ciudad, un lugar discreto con luces tenues y una suite con una cama king size que parecía gritarles que allí se desatarían sus deseos más profundos. Laura se preparó con un conjunto de lencería negra que dejaba poco a la imaginación: un sujetador de encaje que apenas contenía sus pezones erectos y unas braguitas que se hundían entre sus nalgas. Javier, con unos bóxers ajustados que marcaban su erección, no podía apartar los ojos de su mujer. Cuando Carla y Daniel llegaron, la tensión sexual en la habitación era palpable.

Carla era una mujer de curvas suaves, con una piel morena que brillaba bajo la luz de las velas que habían encendido. Sus pechos, tal como habían imaginado, eran medianos, pero sus pezones negros y prominentes parecían pedir ser lamidos. Daniel, por su parte, era un espectáculo: alto, con el cuerpo definido, completamente depilado y una polla que, aunque no estaba erecta aún, prometía ser una delicia. Se sentaron en un sofá, tomaron unas copas de vino para romper el hielo, y pronto las risas dieron paso a miradas cargadas de intención.

Laura fue la primera en moverse. Se acercó a Carla, rozando sus dedos por el muslo de la otra mujer. “Quiero ver ese coño que tanto prometiste,” susurró, con una voz que destilaba deseo. Carla sonrió, se recostó en el sofá y abrió las piernas lentamente, dejando que su falda se deslizara hacia arriba. No llevaba ropa interior, y su coño, grande y húmedo, brillaba bajo la luz. Su clítoris, tal como había descrito, era prominente, una cereza hinchada que parecía latir. Laura no pudo resistirse: se arrodilló frente a ella, acercó su rostro y comenzó a lamer con suavidad, saboreando la humedad salada de Carla. Cada lamida hacía que Carla gimiera, sus manos enredándose en el cabello de Laura, guiándola para que succionara su clítoris con más intensidad.

Mientras tanto, Javier observaba, su polla dura como piedra dentro de sus bóxers. Daniel, sentado a su lado, no podía apartar la vista. “¿Quieres tocarla?” le preguntó Javier, señalando su erección. Daniel, con las mejillas sonrojadas, asintió. Se acercó y, con manos temblorosas, liberó la polla de Javier. Era gruesa, venosa, y Daniel no dudó en inclinarse para chuparla, sus labios envolviéndola con una mezcla de torpeza y entusiasmo. Javier gruñó de placer, su mano en la nuca de Daniel, guiándolo para que lo tomara más profundo.

Laura, al ver la escena, sintió que su coño se empapaba aún más. Se levantó, dejando a Carla jadeando, y se acercó a los hombres. “Quiero que me follen los dos,” dijo, su voz cargada de urgencia. Se desnudó por completo, sus pezones duros como piedras, y se tumbó en la cama, abriendo las piernas para mostrar su coño húmedo y rosado. Carla se unió, arrodillándose entre las piernas de Laura para seguir lamiendo su clítoris, mientras sus dedos se deslizaban dentro de ella, masturbándola con movimientos lentos pero firmes. “Roza mis pliegues con tus dedos,” pidió Laura, y Carla obedeció, frotando con precisión hasta que Laura comenzó a gemir sin control.

Javier y Daniel se acercaron, sus pollas duras y listas. Javier se colocó detrás de Carla, refregando su polla en el coño grande y húmedo de la mujer, mientras ella seguía chupando el clítoris de Laura. Daniel, siguiendo las instrucciones de Javier, se posicionó frente a Laura, dejando que ella guiara su polla hacia su entrada. “Fóllame despacio,” le ordenó Laura, y Daniel obedeció, penetrándola con cuidado, sintiendo cómo su coño lo apretaba. Cada embestida era un tormento delicioso, y Laura no podía dejar de gemir, atrapada entre el placer de la lengua de Carla y la polla de Daniel.

Javier, incapaz de contenerse más, penetró a Carla desde atrás, su polla deslizándose con facilidad en su coño empapado. “Me voy a correr,” gruñó, sus embestidas haciéndose más rápidas. Carla, sintiendo la presión de su orgasmo acercarse, succionó el clítoris de Laura con más fuerza, mientras sus dedos se movían frenéticamente dentro de ella. Laura, abrumada por el placer, gritó: “¡Me estoy viniendo!” Su cuerpo se convulsionó, su coño contrayéndose alrededor de los dedos de Carla y la polla de Daniel.

Daniel, al borde del clímax, salió de Laura y se masturbó frente a ella, su semen cayendo sobre los pechos de la mujer mientras gemía: “¡Me corro!” Carla, sintiendo las embestidas de Javier, alcanzó su propio orgasmo, su coño apretando la polla de él mientras gritaba: “¡Se me viene el orgasmo!” Javier, finalmente, se dejó ir, llenando a Carla con su semen mientras gruñía de placer.

Exhaustos, los cuatro cayeron sobre la cama, sus cuerpos sudorosos entrelazados. La habitación olía a sexo, a deseo cumplido. Laura y Javier se miraron, sabiendo que habían encontrado exactamente lo que buscaban: una noche que no solo rompió la rutina, sino que los dejó ansiosos por explorar más.

por: © Mary Love


Comentarios

Entradas populares de este blog

Esperanza mujer de setenta y cinco años se siente aun viva

  "Yon era un hombre de 40 años, soltero, vivía en una habitación alquilada en casa de Esperanza, una señora de 75 años, viuda, hacia ya 10 años. Un tarde vio que la habitación de esperanza estaba abierta y ella se estaba acariciando su cuerpo, parado en la puerta contemplando esa escena entro en la habitación y...." Yon, vivía en casa de esperanza, una viuda de 75 años. le había alquilado una habitación hasta que le entregaran su apartamento. Una tarde Yon vio la puerta del dormitorio de Esperanza entre abierta y lo que veía le sorprendió, Esperanza estaba tocando desnuda en la cama y se masturbaba. Después de estar observando un rato entró en la habitación de Esperanza, sintió una mezcla de curiosidad y morbo. Esperanza, a sus 75 años, no solo era una mujer con una rica historia de vida, sino que también poseía una chispa de vitalidad que desafiaba su edad. Yon se tumbó en la cama al lado de ella y poniendo su brazo alrededor de su cabeza comenzó a lamerle sus tetas, comerl...

Marisa, una chica curvi y sus fantasías cumplidas

"Marisa, una chica curvi, con el pelo largo castaño y unos senos voluminosos, cuenta sus fantasías que cumple a medida que se le presenta la ocasión, es una chica muy ardiente y fácil de llegar al orgasmo." Marisa es una chica de espíritu libre y personalidad vibrante. Su cabello de color castaño y largo cae en suaves ondas sobre sus hombros, lo que resalta su figura curvilínea. A menudo se siente segura de sí misma y disfruta de la atención que recibe. Tiene una sonrisa contagiosa que ilumina cualquier habitación y una risa que hace que todos a su alrededor se sientan cómodos. En cuanto a sus pensamientos, Marisa es bastante abierta sobre sus deseos y fantasías. Le encanta explorar su sensualidad y no teme compartir lo que le excita. Sueña con encuentros apasionados, donde la conexión emocional es tan intensa como la atracción física. A menudo imagina situaciones en las que puede dejarse llevar, como una escapada romántica a la playa bajo la luna o una noche de baile en un c...

Clara y Teresa van al Club Swinger el paraiso

"Nos trasladamos ahora al fin de semana. Las dos mujeres quedan con los dos hombres del cumpleaños en el club Swinger el paraíso Se sentían vivas a pesar de sus 75 y 78 años. Tenían el morbo de que otros dos hombres jóvenes con esposas jóvenes las llevarán al orgasmo en presencia de sus mujeres" Las luces del club Swinger "El Paraíso" brillaban con un resplandor suave y seductor, creando un ambiente cargado de expectativa y deseo. Clara y Teresa, a pesar de sus 75 y 78 años, se sentían más vivas que nunca. La emoción de la noche las envolvía, y la idea de experimentar algo nuevo las llenaba de adrenalina. Al entrar en el club, sus miradas se encontraron con una multitud de parejas disfrutando de la libertad y la sensualidad que ofrecía el lugar. Las risas, susurros y los sonidos de la música envolvían el ambiente, creando una atmósfera electrizante. Clara se sentía rejuvenecida; el morbo de estar rodeada de cuerpos jóvenes y deseosos despertaba algo en su interior q...