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Puse un anuncio para hacer un trio

SIEMPRE HABÍA SIDO una chica curiosa, femenina y sexy, con un cuerpo delgado pero curvilíneo, mis pechos grandes y firmes que hacían girar cabezas, y una cara que, según decían, era guapa, con labios carnosos y ojos que destilaban promesas de placer. Tengo novio, Alex, un hombre guapo con una polla gruesa que me folla como si fuera una diosa, pero últimamente mi mente vagaba hacia algo nuevo: una mujer. Quería una chica alta, grande, con buenas tetas, un culo redondo y un coño bien follado, para un trío o para devorarnos solas. Publiqué un anuncio en una app discreta: "Hola, tengo novio y busco chica que sea alta y grande, buenas tetas, un buen culo y su coño bien follado, para probar un trío o las dos solas, también si nos gustamos quedamos solas y nos comemos todo. Lo importante es disfrutar y pasarlo bien. Si eres guapa y femenina dime tú watsat y te escribo, quedamos y planeamos el encuentro. Yo soy delgada con pecho grande y dicen que guapa."

El mensaje de Elena no tardó en llegar. "Soy alta, 1.80, con tetas grandes y naturales, culo firme de gym, y mi coño ha visto acción, pero estoy lista para más. Soy femenina, guapa como una modelo, y me encanta la idea de nosotras solas primero. Aquí mi WhatsApp." Respondí de inmediato, ansiosa. Me envió fotos, pero eran de esas que desaparecen en segundos, y aunque no pude capturarlas, lo que vi me dejó sin aliento. Sus tetas eran sensuales, llenas, con pezones negros y grandes que parecían pedir ser chupados. Pero fue su coño lo que me volvió loca: abierto, grande, con labios pronunciados decorados con dos piercings en forma de aros que brillaban tentadores. Su clítoris era grande, con el capullo perfectamente dibujado, atravesado por un piercing que lo hacía parecer aún más jugoso. Me puse supercachonda, mi coño se humedeció solo de imaginar mi lengua explorando esos pliegues, tirando de esos aros con los dientes, succionando ese clítoris perforado. Le escribí: "Joder, Elena, esas fotos me han dejado empapada. Quiero verte ya." Quedamos en mi apartamento esa misma noche, solas para probar la química. Alex esperaría en el dormitorio, listo para unirse si todo fluía.

Elena llegó con un vestido negro ajustado que abrazaba sus curvas, sus tetas enormes casi desbordándose y su culo redondo moviéndose con cada paso. Yo llevaba un top escotado que dejaba ver el escote de mis pechos grandes y una falda corta que apenas cubría mis muslos. Nos miramos, y la tensión sexual era eléctrica. "Eres más guapa de lo que imaginé", dije, acercándome. Ella me tomó de la cintura con sus manos grandes, sus dedos fuertes apretándome, y me besó. Sus labios eran suaves, calientes, y su lengua invadió mi boca con hambre, explorando cada rincón. Mis manos subieron a sus tetas, sintiendo su peso bajo el vestido. "Quiero verlas", susurré, y ella se lo quitó, dejando al descubierto esas tetas sensuales que había visto en las fotos, con esos pezones negros y grandes, ya duros. Los chupé, succionando un pezón mientras pellizcaba el otro, y ella gimió, arqueando la espalda.
La llevé al sofá, y nos sentamos frente a frente. Me quité el top, liberando mis pechos grandes, los pezones erectos de puro deseo. Elena se lamió los labios y se inclinó, succionando mis pezones con avidez, su lengua girando alrededor de ellos. "Mmm, qué ricos", murmuró, chupando uno mientras sus dedos jugaban con el otro. Gemí, sintiendo mi clítoris palpitar. Sus manos bajaron a mi falda, levantándola, y rozó mis pliegues con sus dedos a través de las bragas. "Estás empapada", dijo, frotando mi clítoris en círculos lentos, torturándome. Deslizó los dedos dentro de mis bragas, masturbándome con los dedos, metiendo uno en mi coño húmedo mientras su pulgar presionaba mi clítoris hinchado. "Sigue... me estás volviendo loca", jadeé, abriendo más las piernas.

No podía esperar más. Me arrodillé frente a ella y le subí el vestido, descubriendo que no llevaba ropa interior. Allí estaba, ese coño que me había obsesionado en las fotos: abierto, grande, con labios pronunciados y esos dos piercings en forma de aros brillando contra su piel morena. Su clítoris era enorme, el capullo resaltado por el piercing que lo atravesaba, invitándome a probarlo. "Joder, tu coño es una obra de arte", dije, y me lancé a lamerlo. Mi lengua recorrió sus pliegues, saboreando su jugo dulce y salado, jugando con los aros, tirando de ellos suavemente con los dientes. Chupé su clítoris perforado, succionándolo como si fuera una polla pequeña, mientras metía dos dedos en su coño, follándola en ritmo rápido. Elena gemía fuerte, sus caderas empujando contra mi boca. "Sigue lamiendo, me corro...", gritó, y sentí su coño apretarse alrededor de mis dedos, se estaba corriendo en mi boca, sus jugos fluyendo mientras le venía el orgasmo, temblando entera, los piercings vibrando con sus espasmos.

Se recuperó rápido y me tumbó en el sofá. "Ahora te toca", dijo, bajando entre mis piernas. Quitó mis bragas y abrió mis labios con los dedos, exponiendo mi clítoris hinchado. Su lengua lo lamió despacio, luego más rápido, chupando y succionando mientras masturbaba mi coño con los dedos, metiendo tres de una vez. "Qué coño tan apretado y jugoso", murmuró contra mí, y el sonido de su voz me llevó al borde. Me retorcía, mis pechos grandes subiendo y bajando con cada jadeo. "No pares... me vengo", gemí, y el orgasmo me golpeó, me corro en su boca, mi clítoris palpitando mientras ella lamía cada gota, sus dedos aún dentro de mí.

Estábamos sudadas, jadeando, pero queríamos más. "Llama a tu novio", dijo Elena, sus ojos brillando con lujuria. Grité el nombre de Alex, y él entró, desnudo, su polla dura y gruesa apuntando al cielo. "Joder, qué vista", dijo, mirándonos. Elena se acercó a él, arrodillándose para chupar su polla, lamiendo la cabeza mientras yo la besaba en el cuello, mis manos en sus tetas, pellizcando esos pezones negros y grandes. Luego me uní, las dos lamiendo su polla juntas, succionando sus bolas, turnándonos para metérnosla en la boca, nuestras lenguas rozándose mientras lo hacíamos.

Alex nos tumbó en la cama. Primero me folló a mí, refregando su polla en mi coño antes de empujar dentro, follándome duro mientras Elena succionaba mis pezones y masturbaba mi clítoris con los dedos, rozando mis pliegues con una precisión que me hacía gritar. "¡Me corro otra vez!", grité, el orgasmo explotando mientras su polla me llenaba y los dedos de Elena presionaban mi clítoris. Luego Alex pasó a Elena, penetrando su coño bien follado, los piercings brillando mientras él la embestía. Yo me coloqué sobre su cara, y ella me lamió el coño, su lengua jugando con mi clítoris mientras tiraba de sus aros con los dedos. "Se está corriendo", dije, viendo cómo Elena temblaba, le viene el orgasmo alrededor de la polla de Alex, sus gemidos vibrando contra mi coño.

Para el final, nos pusimos en una posición salvaje: yo encima de Elena, coño contra coño, los piercings de su clítoris y labios rozando mis pliegues, una sensación que me volvía loca. Nos frotábamos, húmedas y calientes, mientras Alex nos follaba por turnos, refregando su polla en mi coño, luego en el de ella, metiéndola alternadamente. Nuestros clítoris se chocaban, el piercing de Elena rozando el mío, enviando chispas de placer. Nos besábamos, nuestras lenguas enredadas, mientras Alex gruñía: "Me vengo... ¡me corro con vosotras!" Eyaculó dentro de Elena, y eso nos llevó al límite. "Se está corriendo en ti", le susurré, y sentí mi propio orgasmo llegar, me corro frotándome contra su coño perforado, mientras a Elena le viene el orgasmo final, sus tetas grandes apretadas contra las mías, los piercings vibrando con sus espasmos.

Nos quedamos exhaustas, cuerpos entrelazados, los aromas de nuestros jugos y el sudor llenando el aire. "Esto fue solo el principio", dijo Elena, acariciando mi cara. Lo pasamos bien, disfrutamos como prometí, y esa misma noche planeamos el próximo encuentro, sabiendo que esos piercings y ese coño perfecto serían mi nueva obsesión.

por: © Mary Love


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