MI NOMBRE ES ELENA, y junto a mi pareja, Alex, llevamos años explorando el poliamor, dejando que el deseo nos guíe sin restricciones. Este verano, Berlín fue nuestro destino, una ciudad que respira libertad y hedonismo. Una noche, en un pub vibrante de Kreuzberg, con luces tenues y el ritmo de la música electrónica, conocimos a Lukas. Era alto, con ojos azules que destellaban picardía y un tatuaje que asomaba por el cuello de su camisa. Su sonrisa me encendió al instante. Hablamos de la escena underground de Berlín, y la conversación pronto se tornó coqueta. "Somos poliamorosos", le dije con una sonrisa traviesa, y sus ojos brillaron. Nos invitó a su ático cercano para tomar algo más íntimo. "La vista es espectacular", dijo, rozando mi mano al pasarme una cerveza, un gesto que me hizo estremecer.
Aceptamos, y en el ascensor, la tensión era palpable. Al llegar a su ático, Lukas nos llevó directamente a la terraza. Berlín se extendía ante nosotros, un mar de luces parpadeantes bajo la noche. La brisa fresca me rozaba la piel mientras tomábamos vino, charlando y riendo. Alex me abrazó desde atrás, sus brazos rodeándome con fuerza, y comenzó a besarme el cuello delante de Lukas. Sentí su calor, su deseo, y mi coño respondió con un cosquilleo húmedo. Miré a Lukas, y noté cómo su polla crecía dentro del pantalón, marcándose contra la tela.
Mientras Alex me besaba, sus manos subieron a mis tetas, tocándolas por encima de la blusa, apretándolas con firmeza. Me giré ligeramente, buscando la mirada de Lukas, y con una mano audaz toqué su polla dura y erecta por encima del pantalón. Él soltó un gemido bajo, y la excitación en el aire se volvió eléctrica.
Entramos al ático, y la ropa no tardó en desaparecer. En el sofá, Lukas se acercó y me besó, su lengua explorando mi boca mientras Alex seguía detrás, ahora desabrochando mi blusa. Mis pechos quedaron al descubierto, y Lukas no perdió tiempo: "Qué tetas tan perfectas", murmuró antes de succionar mis pezones, mordisqueándolos hasta hacerme gemir. Alex deslizó mi falda hacia abajo, exponiendo mi coño ya empapado. "Estás tan mojada", susurró, mientras Lukas se arrodilló frente a mí. "Quiero lamerte", dijo, y su lengua se deslizó por mis pliegues, rozando mi clítoris con una precisión que me hizo arquear la espalda. "Chúpame el clítoris, Lukas", le pedí, y él succionó mi botón hinchado, metiendo dos dedos en mi coño, masturbándome con movimientos lentos y profundos. Alex, mientras tanto, se masturbaba viéndonos, su polla dura en la mano.
No pude contenerme. "Me estoy corriendo", gemí, mi cuerpo temblando mientras el orgasmo me atravesaba, mi coño apretando los dedos de Lukas. Él sonrió, lamiendo mis jugos con deleite. Luego me puse de rodillas, alternando entre sus pollas. Chupé la de Lukas, gruesa y palpitante, lamiendo la punta antes de tragarla hasta la garganta. "Chúpala más, Elena", gruñó, y obedecí. Alex se acercó por detrás, refregando su polla en mi coño, rozando mis pliegues sin entrar, torturándome. "Sigue así, amor, refriega tu polla en mi coño", le supliqué, sintiendo cómo mi humedad lo lubricaba.
Nos movimos a la cama, donde todo se desató. Lukas me penetró primero, su polla llenándome mientras Alex me lamía los pezones. "Mastúrbate el clítoris", me dijo Lukas, y lo hice, frotando mi botón mientras él embestía. Alex se unió, metiéndomela por turnos. "Ya me viene", grité, corriéndome de nuevo, mi coño convulsionando alrededor de sus pollas. Lukas no aguantó más: "Me corro", jadeó, eyaculando dentro de mí, su leche caliente llenándome. Alex, excitado, me puso de rodillas. "Córrete en mi boca, quiero tragarme tu leche", le dije, y él obedeció, gimiendo "me estoy corriendo" mientras su semen me inundaba la garganta. Lo tragué todo, saboreando cada gota.
Exhaustos, dormimos en su cama, cuerpos entrelazados. Al día siguiente, Lukas nos invitó a su verdadero hogar, un loft en las afueras con un jacuzzi. Apenas llegamos, la ropa volvió a volar. En el jacuzzi, Lukas me sentó en el borde, separando mis piernas. "Quiero lamer tu coño otra vez", dijo, y su lengua se hundió en mis pliegues, succionando mi clítoris mientras el agua burbujeaba. Alex se acercó, succionando mis pezones con fuerza. "Succiona mis pezones más fuerte", le pedí, y él mordisqueó hasta hacerme gemir.
En el salón, me pusieron a cuatro patas. Lukas me folló desde atrás, refregando su polla en mi coño antes de entrar, mientras Alex me la metía en la boca. "Roza mis pliegues así, Lukas", le dije, y él lo hizo, volviéndome loca. Masturbé mi clítoris mientras me penetraban, y pronto grité: "Me estoy corriendo", mi cuerpo temblando en un orgasmo brutal. Lukas se corrió dentro de mí, gimiendo "me corro", y Alex, no queriendo quedarse atrás, eyaculó en mi boca: "Ya me viene, trágate mi leche". Lo hice, relamiéndome.
Esa noche, entre risas y caricias, supimos que Lukas no sería solo un encuentro fugaz. Berlín nos había dado un regalo inolvidable, un torbellino de deseo que prometía repetirse.
por: © Mary Love

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