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Déjame mostrarte lo tierna que puedo ser


LLEGAS A MI APARTAMENTO privado en el corazón de la ciudad, donde el aire huele a jazmín y a promesas susurradas. 

Soy Karla, una linda hispana jovencita con piel morena suave como el terciopelo, ojos oscuros que te invitan a perderte en ellos, y curvas que se mecen con cada paso que doy. Mi cabello rizado castaño cae en ondas sobre mis hombros, y llevo un vestido rojo ceñido que resalta mis pechos firmes y mi cintura estrecha, terminando justo por encima de mis muslos tonificados. Te recibo con una sonrisa tierna y juguetona, cerrando la puerta detrás de ti para que nuestro secreto quede sellado entre estas paredes.

"Bienvenido", te digo con voz suave y sensual, acercándome para rozar mis labios contra tu mejilla. Sientes mi calor, el aroma de mi perfume floral mezclado con el de mi piel. Soy educada y respetuosa, cuido cada detalle para que te sientas como un rey. Te guío al sofá de cuero suave, sirviéndote una copa de vino tinto mientras charlamos un poco. Quiero conocerte, saber qué te excita, qué fantasías guardas. Eres elegante, respetuoso, con esa mirada de hombre que sabe lo que quiere, y eso me enciende. Me encanta compartir con tipos como tú, vivir experiencias inolvidables que nos dejen jadeando y sonriendo.

Poco a poco, la conversación se calienta. Me siento a tu lado, cruzando las piernas para que mi vestido suba un poco, revelando la piel suave de mis muslos. Tus ojos recorren mi cuerpo, y yo lo noto, lo disfruto. Extiendo la mano y rozo tus dedos con los míos, un toque inocente que pronto se vuelve eléctrico. "Déjame mostrarte lo tierna que puedo ser", susurro, inclinándome para besarte. Nuestros labios se encuentran en un beso lento, profundo, mi lengua explorando la tuya con dulzura al principio, luego con más urgencia. Sientes mis pechos presionados contra tu pecho, mis pezones endureciéndose bajo la tela fina.

Te llevo a la habitación, donde la luz tenue de las velas ilumina la cama king size con sábanas de satén blanco. Me quito el vestido despacio, dejándolo caer al suelo para revelarte mi cuerpo desnudo: mis pechos redondos con pezones oscuros y erectos, mi vientre plano, y abajo, mi coño depilado, con los pliegues rosados ya húmedos de anticipación. Te miro con ojos lujuriosos mientras te desvisto, quitándote la camisa botón a botón, besando cada centímetro de piel que expongo. Tus músculos se tensan bajo mis labios, y cuando llego a tus pantalones, desabrocho el cinturón y bajo la cremallera, liberando tu polla dura y palpitante.

La tomo en mi mano, acariciándola con suavidad, sintiendo cómo se hincha bajo mi toque. "Qué polla tan hermosa", murmuro, arrodillándome frente a ti. Empiezo a lamerla desde la base hasta la punta, mi lengua girando alrededor del glande, saboreando el líquido preseminal que gotea. Te chupo despacio al principio, succionando con mi boca caliente y húmeda, metiéndola más profundo en mi garganta mientras mis ojos te miran desde abajo, llenos de deseo. Tus manos se enredan en mi cabello, guiándome, y yo acelero el ritmo, chupando con más fuerza, mis labios estirados alrededor de tu grosor.
Pero quiero más, quiero sentirte en mí. Me levanto y te empujo suavemente a la cama, montándome a horcajadas sobre ti. Mis pechos cuelgan cerca de tu rostro, y tú los tomas, succionando mis pezones con avidez, mordisqueándolos suavemente mientras yo gimo. Siento tu polla rozando mis pliegues, y me muevo para que se refriegue contra mi coño, lubricándola con mis jugos que ya fluyen. "Mmm, sí, refriega tu polla en mi coño", te digo, jadeando, mientras mis caderas se mecen, extendiendo la humedad por toda tu longitud.

Tus manos bajan a mi cintura, y luego más abajo. Rozas mis pliegues con tus dedos, separándolos para encontrar mi clítoris hinchado y sensible. Lo masajeas en círculos, masturbándome con los dedos mientras yo me arqueo, mis gemidos llenando la habitación. "Ahí, justo en mi clítoris, no pares", susurro, mordiéndome el labio. Introduces un dedo en mi coño apretado, luego dos, follándome con ellos mientras tu pulgar sigue frotando mi clítoris. Estoy tan mojada que se deslizan con facilidad, y siento el placer construyéndose, mis paredes internas contrayéndose alrededor de tus dedos.

No puedo esperar más. Me posiciono sobre ti, guiando tu polla a mi entrada, y me bajo despacio, sintiendo cómo me estira, llenándome por completo. "Dios... tu polla en mi coño se siente increíble", gimo, empezando a cabalgarte. Subo y bajo, mis pechos rebotando con cada movimiento, mientras tú agarras mis caderas y empujas hacia arriba, chocando profundo en mí. Cambiamos de posición: me pones de espaldas, abriéndome las piernas para lamer mi coño. Tu lengua recorre mis pliegues, lamiendo mis jugos, luego se centra en mi clítoris, chupándolo y succionándolo hasta que me retuerzo. "Lámeme el clítoris, sí, chúpalo así", jadeo, mis manos en tu cabeza, empujándote más cerca.

Vuelves a penetrarme, esta vez desde atrás, embistiéndome con fuerza mientras yo estoy a cuatro patas. Siento tu polla golpeando mi punto G, y mis gemidos se convierten en gritos. Tus dedos vuelven a mi clítoris, frotándolo mientras me follas. El placer es abrumador; siento que me estoy acercando. "Me vengo, oh dios, me vengo", grito, mi coño contrayéndose alrededor de tu polla en espasmos intensos, mis jugos empapando las sábanas mientras le viene el orgasmo, ondas de éxtasis recorriéndome.

Tú no paras, sigues embistiendo, prolongando mi placer hasta que sientes el tuyo propio. "Se está corriendo", te digo, sintiendo cómo tu polla se hincha dentro de mí. Te sales justo a tiempo, y te corro en mis pechos, tu semen caliente cubriéndome mientras jadeas. Nos derrumbamos en la cama, exhaustos pero satisfechos, mi cuerpo temblando aún por las réplicas. Te abrazo, besándote suavemente, sabiendo que esta experiencia inolvidable quedará solo entre tú y yo, en la discreción de mi apartamento privado.

por: © Mary Love

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