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Rituales sexuales en un campamento vikingo

En un laboratorio secreto de la Agencia Aeroespacial XAI, tres científicos —Lara, una astrofísica de mirada electrizante; Markus, un ingeniero cuántico de físico esculpido; y Sofía, una cronodinamista de curiosidad insaciable— lograron descifrar el enigma del tiempo. Su invención, el Vórtice Temporal, los catapultó a la Escandinavia del siglo IX, en plena era vikinga. Su misión era observar y documentar, pero lo que encontraron los sumergió en un torbellino de deseo y libertad desenfrenada.

Emergieron en una playa azotada por el viento, rodeados de fiordos y el rugido del océano. Vestidos con túnicas de lino y cuero para pasar desapercibidos, se infiltraron en una aldea vikinga, donde fueron acogidos como viajeros tras compartir hidromiel bajo un cielo cuajado de estrellas. La primera noche, alrededor de una hoguera, presenciaron la sexualidad cruda de los vikingos: hombres y mujeres se entrelazaban sin tabúes, sus cuerpos brillando bajo las llamas, en una danza de gemidos y risas. Lara, Markus y Sofía intercambiaron miradas, sus corazones latiendo con una mezcla de fascinación científica y un deseo que comenzaba a consumirlos.

Al día siguiente, la aldea celebraba un festival en honor a Freyja, diosa del amor y la fertilidad. El claro del bosque vibraba con tambores, cánticos y el aroma de pino y piel sudada. En el centro, destacaba Astrid, la reina vikinga, una figura imponente con trenzas doradas, ojos como tormentas y un cuerpo que desprendía autoridad. Su risa resonaba como un trueno, y su presencia dominaba el espacio.

Astrid fijó su mirada en Lara y, con un gesto firme, la tomó de la mano, llevándola al centro del círculo. Los vikingos las rodearon, cantando y golpeando tambores. Astrid desató el corsé de cuero de Lara con dedos hábiles, dejando su piel expuesta al aire fresco. “Eres mía esta noche, extranjera”, susurró, su voz grave enviando un escalofrío por la espina dorsal de Lara. La besó con ferocidad, sus lenguas danzando mientras sus manos exploraban cada curva. Astrid empujó a Lara sobre un lecho de pieles, sus labios trazando un camino ardiente desde su cuello hasta su vientre, hasta llegar al centro de su deseo. Con lamidas precisas y succiones intensas, Astrid llevó a Lara al borde del éxtasis. Introdujo dos dedos en su interior, moviéndolos al ritmo de los tambores, hasta que Lara, temblando, gritó en un orgasmo que resonó en el claro. Astrid prolongó su placer, haciendo que Lara se arqueara una y otra vez, su cuerpo convulsionando bajo la reina.

Entonces, Astrid se alzó, desnudándose para revelar su cuerpo poderoso. Se posicionó sobre el rostro de Lara, ordenándole con una sonrisa: “Ahora tú”. Lara, aún jadeante, exploró a la reina con su lengua, saboreando su calor húmedo. Astrid, meciéndose con urgencia, aferró el cabello de Lara, sus gemidos creciendo hasta convertirse en gritos guturales. “¡Freyja, sí!” rugió, su cuerpo temblando violentamente mientras se corría, un clímax que la hizo arquearse y aferrarse a Lara, su respiración entrecortada resonando en el bosque.

Mientras tanto, el rey Bjorn, esposo de Astrid, observaba desde un trono improvisado de madera y pieles. Era un hombre imponente, de barba negra y músculos forjados en la batalla, con una mirada que mezclaba orgullo y deseo al ver a su reina gozar con Lara. Sus ojos se posaron en Markus y Sofía, quienes estaban entregados al frenesí del festival. Markus, atrapado en una danza de cuerpos sudorosos con dos guerreros, exploraba y era explorado con caricias ásperas. Sofía, rodeada de mujeres vikingas, se perdía en un mar de pieles y gemidos, sus manos y labios danzando sin restricciones.

Bjorn, con una sonrisa lujuriosa, se acercó a Markus y Sofía, su presencia imponente silenciando el bullicio a su alrededor. “Vosotros, extranjeros”, dijo con voz profunda, “venid a mi tienda.
Compartiremos el fuego de Freyja”. Sin esperar respuesta, los guió a una tienda amplia, decorada con pieles y armas, iluminada por antorchas que proyectaban sombras danzantes.

Dentro, Bjorn se despojó de su túnica, revelando un torso cubierto de cicatrices y un miembro endurecido que hizo que Markus, jubilado por el éxtasis, sintiera un calor inmediato. Incapaz de resistirse, Markus se arrodilló frente al rey, tomando su polla con ambas manos, admirando su grosor y longitud antes de llevársela a la boca. La chupó con devoción, su lengua recorriendo cada vena, saboreando el sabor salado mientras Bjorn gruñía de placer, sus manos fuertes aferrando el cabello de Markus para guiar sus movimientos.

Sofía, fascinada por la escena, se acercó, su respiración entrecortada. Se arrodilló junto a Markus, sus labios uniéndose a los de él en una danza compartida alrededor del miembro de Bjorn. Alternaban turnos, Markus lamiendo la base mientras Sofía succionaba la punta, sus lenguas rozándose en el proceso, lo que enviaba chispas de excitación a través de ambos. Bjorn, con un brillo salvaje en los ojos, usó su mano derecha para deslizarse entre los muslos de Sofía, sus dedos encontrando su coño húmedo y masturbándola con movimientos precisos, frotando su clítoris en círculos que la hacían gemir contra su piel. Con su mano izquierda, Bjorn tomó la polla endurecida de Markus, acariciándola con una fuerza que lo hacía jadear, sus movimientos sincronizados con los de sus dedos en Sofía.

Durante casi treinta minutos, los tres se sumergieron en un frenesí de placer, cambiando posiciones y alternándose. A veces, Markus tomaba el control, chupando con intensidad mientras Sofía lamía los testículos de Bjorn, sus manos explorando el cuerpo del rey. Otras veces, Sofía lideraba, sus labios envolviendo el miembro de Bjorn mientras Markus besaba su cuello y Bjorn continuaba masturbándolos a ambos. El aire de la tienda se llenó de gemidos, jadeos y el sonido húmedo de sus cuerpos entrelazados, las antorchas proyectando sombras que danzaban al ritmo de su deseo.

Cuando alcanzaron el pico de la excitación, los tres estaban al borde del abismo. Bjorn, con un rugido primal, intensificó los movimientos de sus manos, sus dedos hundidos en el coño de Sofía y su otra mano apretando la polla de Markus. Sofía fue la primera en ceder, su cuerpo temblando mientras un orgasmo abrasador la atravesaba, sus gritos resonando en la tienda mientras se arqueaba contra la mano de Bjorn. Markus, llevado al límite por la visión de Sofía y la presión de los dedos del rey, se corrió con un gemido gutural, su clímax derramándose mientras su cuerpo convulsionaba. Bjorn, atrapado en la intensidad de sus compañeros, rugió como un animal, su polla pulsando mientras se corría, su semen salpicando a Markus y Sofía, sus gritos mezclándose en una sinfonía de éxtasis que hizo temblar las pieles de la tienda.

Exhaustos, los tres se derrumbaron sobre el lecho, sus cuerpos sudorosos entrelazados, sus respiraciones entrecortadas llenando el silencio. Pero el fuego de Freyja aún ardía en la tienda. Minutos después, mientras recuperaban fuerzas, la cortina de la entrada se abrió, y Astrid entró, seguida de Lara. Las dos mujeres, radiantes y con la piel aún brillante por el sudor de su propio encuentro, traían consigo un hambre renovada. Astrid, con una sonrisa predadora, se acercó al grupo, su mirada fija en Markus. Lara, con los ojos encendidos de deseo, se dirigió a Bjorn, su cuerpo vibrando con una necesidad específica.
Lara se acercó al rey, sus manos deslizándose por su pecho cicatrizado. “Quiero sentirte dentro de mí”, susurró, su voz cargada de urgencia. “Quiero que te corras dentro de mi coño, que me hagas gritar”. Bjorn, con un gruñido de aprobación, la atrajo hacia él, levantándola con facilidad y colocándola sobre el lecho de pieles. Sus manos ásperas recorrieron los muslos de Lara, abriéndolos mientras su polla, ya endurecida de nuevo, rozaba su entrada húmeda. Con un movimiento lento pero firme, Bjorn la penetró, llenándola por completo. Lara jadeó, sus uñas clavándose en los hombros del rey mientras él comenzaba a moverse, sus embestidas profundas y rítmicas. Cada golpe la hacía gemir más fuerte, su cuerpo arqueándose para encontrar el ritmo de Bjorn. El rey, con los ojos fijos en los de Lara, aceleró, sus manos aferrando sus caderas mientras la llevaba al borde del éxtasis. Lara, sintiendo la intensidad crecer, gritó cuando un orgasmo la atravesó, su coño apretándose alrededor de Bjorn. Él, incapaz de contenerse, rugió mientras se corría dentro de ella, su calor llenándola mientras Lara temblaba, su propio clímax intensificado por la sensación de Bjorn derramándose en su interior.

Al mismo tiempo, Astrid se había acercado a Markus, su presencia imponente haciéndolo estremecer. “Fóllame, extranjero”, ordenó, “pero quiero saborear a tu amiga mientras lo haces”. Señaló a Sofía, que asintió con una sonrisa traviesa. Astrid se tumbó en el lecho, abriendo las piernas para Markus, quien no dudó en posicionarse entre ellas. Su polla, endurecida por el deseo, entró en Astrid con un movimiento fluido, arrancándole un gemido grave. Mientras Markus comenzaba a follarla, sus embestidas profundas y constantes, Astrid atrajo a Sofía hacia su rostro, hundiendo su lengua en su coño con una voracidad que hizo que Sofía jadeara. Astrid lamía y succionaba, explorando cada rincón de Sofía mientras Markus la penetraba, sus movimientos sincronizados con los gemidos de la reina. Sofía, atrapada en el placer de la lengua de Astrid, aferró las trenzas de la reina, meciéndose contra su boca. Markus, sintiendo la intensidad de Astrid apretándose a su alrededor, aceleró, sus manos aferrando los muslos de la reina. Los tres alcanzaron un crescendo de placer, sus cuerpos moviéndose como uno solo. Sofía fue la primera en correrse, sus gritos resonando mientras su cuerpo temblaba contra la boca de Astrid. La reina, llevada al límite por las embestidas de Markus y el sabor de Sofía, rugió en un orgasmo que la hizo arquearse violentamente, su coño pulsando alrededor de Markus. Él, incapaz de resistir más, se corrió con un gemido gutural, su clímax derramándose dentro de Astrid mientras los tres colapsaban en un enredo de gemidos y piel sudorosa.

Cuando el alba tiñó el cielo de rosa, Lara, Markus y Sofía se reunieron, sus cuerpos marcados por la pasión, sus mentes resonando con los ecos de la noche. Activaron el Vórtice Temporal y regresaron al laboratorio, pero el recuerdo de Astrid y Bjorn, de sus gritos y su dominio, permaneció grabado en ellos. Compartieron una mirada cómplice, sabiendo que lo vivido no era solo un experimento, sino una chispa que los había transformado para siempre.

por: © Mary Love


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