Me llamo Marta, tengo 23 años y vivo en un pequeño pueblo de Teruel, donde las calles empedradas y los campos interminables parecen detener el tiempo. Aquí la vida es tranquila, con noches estrelladas y el olor a tierra mojada que me hace sentir en casa. Pero las oportunidades de trabajo son un mito, y aunque amo mi pueblo, necesito ingresos para seguir adelante.
Hace unas semanas, navegando por Instagram, descubrí la influencers Cecilia Sopeña, una profesora de matemáticas y ciclista de Cartagena que se había lanzado a subir contenido a OnlyFans con una seguridad que me dejó impresionada. Con mi metro setenta y cinco, mi cuerpo moldeado por caminatas diarias, mis tetas firmes aunque pequeñas y mi melena negra que cae justo por encima de los hombros, pensé: “Si ella puede, yo también”. Abrí mi cuenta en OnlyFans y empecé a subir contenido: fotos en ropa interior, fotos donde me quitaba todo y dejaba entre ver mi coño depilado, con poses sexis y sensuales, algun vídeo en la ducha sugerente. Los suscriptores llegaron rápido, y con ellos, los euros. Pero querían más: vídeos follando, con chicos o chicas, algo explícito que los pusiera a mil.
No me asusto fácil, pero esto era un paso grande. Necesitaba a alguien de confianza, y pensé en Javi, un amigo de 26 años de un pueblo cercano con el cual he follado alguna vez, ya sabéis un folla amigo. Javi es forestal, guapo a rabiar, con un cuerpo fuerte de trabajar al aire libre, abdominales marcados y una mirada que mezcla picardía con dulzura. Le escribí por WhatsApp, con el corazón en un puño: “Javi, ¿te animas a grabar contenido subido de tono conmigo para OnlyFans? Repartimos 40-60”. Su respuesta llegó en minutos, con una risa: “Joder, Marta, ¿en serio? Esto no es para hablarlo por WhatsApp, tenemos que quedar y concretar el asunto... Y así, sin más, nos metimos de lleno.
Las grabaciones las haríamos en mi domicilio, una casita que había heredado de mis abuelos paternos, con paredes de piedra que le dan un aire rústico y sensual. Era sábado por la tarde, el sol se colaba por las ventanas, y yo lo tenía todo listo: una cámara de buena calidad, luces tenues para un ambiente cálido y una botella de vino tinto para soltar los nervios. Javi llegó con una camisa negra que marcaba su torso, vaqueros desgastados y esa sonrisa traviesa que siempre me desarma. “¿Listo para hacer porno, estrella?” bromeé mientras le pasaba una copa.
“Si esto se filtra en el pueblo, nos queman en la plaza,” dijo, guiñándome un ojo. Nos reímos, pero el aire estaba cargado, como si una chispa pudiera prenderlo todo. Sabíamos lo que venía, y aunque éramos amigos y habíamos follado en más de una ocasión, la idea de follar delante de una cámara nos tenía con el pulso a mil.
Encendí la cámara de mi iphone y nos desnudamos sin rodeos. Me quité la faldita y las bragas, dejando mi camiseta por encima de mis tetas, pues no llevaba sujetador, mi culo al descubierto, mi piel clara brillando bajo la luz. Javi se despojó del pantalón y los calzoncillos, y joder, su polla como una lanza estaba dura como una roca, gruesa y venosa, lista para la acción. Me quedé mirándola un segundo, sintiendo un calor subiendo por mi cuerpo. La cámara lo grababa todo, pero en ese momento, éramos solo nosotros. “Quiero que sea bestial, Javi,” le dije, mirándolo a los ojos. “Para este primer vídeo, quiero que solo me fólles el culo. Me pondré a cuatro patas en el sofá.
”Sus ojos se oscurecieron de deseo, y asintió con una sonrisa lobuna. Me puse a cuatro patas en el sofá, arqueando la espalda, mi culo en alto, abierto para él. Me había lubricado bien antes, sabiendo lo que quería. Javi se acercó, sus manos grandes agarrando mis caderas con fuerza. Sentí la punta de su polla presionar contra mi ano, deslizándose despacio al principio, abriéndome. Gemí fuerte, un sonido crudo que salió sin querer, mientras él empujaba más adentro, llenándome. “Joder, Marta, qué apretado,” gruñó, y empezó a follarme con un ritmo lento pero firme, sus caderas chocando contra mi culo. Cada embestida era un golpe de placer, intenso, casi doloroso, pero jodidamente delicioso. Mis tetas se movían con cada empujón, y la cámara capturaba todo: mi cuerpo en pompa, su polla entrando y saliendo de mi culo, mis gemidos mezclados con sus gruñidos.
“Más, Javi, no pares,” jadeé, perdida en la sensación. Pero queríamos que el vídeo fuera corto y explosivo, algo que dejara a los suscriptores con ganas de correrse. Javi se tumbó en el sofá, su polla aún dura, brillando por el lubricante. Me subí encima, colocándome sobre él con mis tetas delante de su cara, y lentamente me la metí por el culo otra vez, bajando hasta que lo sentí todo dentro. Empecé a cabalgarlo, moviendo las caderas, mis manos apoyadas en su pecho duro. Él me agarró las tetas, pellizcando mis pezones, mientras yo subía y bajaba, follándome a mí misma con su polla. Nuestros jadeos llenaban la habitación, y la cámara lo grababa todo: mi culo rebotando, su cara de puro placer, mis gemidos cada vez más altos. No tardamos en llegar al límite. Sentí el orgasmo subir como una ola, mi cuerpo temblando mientras me corría, mi culo apretándolo fuerte. Javi gruñó, su polla palpitando dentro de mí, y se vaciaba en mi con un gemido profundo, llenándome.
Nos desplomamos en el sofá, sudorosos, jadeando, riéndonos entre respiraciones entrecortadas. “Joder, Marta, esto es una locura,” dijo Javi, pasándose una mano por el pelo y dándome un beso en los labios. Me giré hacia él, aún sintiendo el calor en mi cuerpo, y con una sonrisa pícara le dije: “Si quieres, podemos quedar los sábados y grabar más contenido. Me gustaría que el próximo sea tú comiéndome el coño, Javi, haciéndome correrme un par de veces, solo yo, que la cámara capture cómo me retuerzo de placer. Luego, cuando apaguemos la cámara, te follaré yo a ti, te montaré hasta que me penetres y te corras dentro de mi coño. ¿Te apetece la idea?”Javi me miró, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y deseo. “Joder, Marta, eres un peligro. Pero sí, me apetece. Y mucho.” Nos reímos, sellando el trato con un choque de copas.
Subí el vídeo esa noche, titulado “Fuego en Teruel”. Duraba cinco minutos, pero cada segundo era puro sexo: yo a cuatro patas en el sofá, Javi follándome el culo con fuerza, luego yo cabalgándolo hasta corrernos los dos. Lo edité para que fuera directo, sin florituras, justo lo que pedían: un vídeo para que se pajearan y se corrieran en minutos. Las notificaciones explotaron en horas. “¡Brutal!”, “Queremos más de este culo”, “La química es una pasada”. Las ganancias superaron lo que imaginaba, y cuando le mandé la mitad a Javi, me respondió con un audio riéndose: “Marta, hemos encontrado el oro. El sábado que viene, prepárate para que te coma entera.
”Mirando las luces del pueblo desde mi ventana, siento una mezcla de adrenalina y orgullo. En un lugar donde no hay oportunidades, he creado la mía. Y con Javi a mi lado, los sábados prometen ser puro fuego.
por: © Mary Love

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