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Masturbación en el parque a la luz de una farola


A la caída de la tarde del verano del año pasado, Lucía, Clara y Sofía, amigas inseparables de más de 18 años, charlaban sentadas en un banco del parque tranquilo de su pueblo en la montaña alicantina. Vestían vaqueros degastados, camisetas y tops comprados en Zara; reían tras las charlas y anécdotas que se contaban, se contaban cosas que les había pasado desde que entraron en la adolescencia, de chicos y chicas, cuando fue la primera vez que un chico las tocó, le dieron un beso o la primera vez que hicieron... ya saben. 

Clara y Sofia sabían que a Lucia les gustaban las chicas, así que ella dijo que la primera vez que hizo sexo fue a los 14 años, con una prima suya, Filo (de Filomena), en el pueblo en casa de su abuela una noche que se quedaron a dormir allí. —¿Y tú Sofia? —preguntó Clara.  Un verano cuando, cuando fui con mi familia de campin a un pueblo de Teruel, yo tenia 15 años, fue con un chico que también estaba de acampada, que a mi me gustaba mucho, y una tarde fuimos a pasear por el monte y me besó, nos tocamos. Yo había visto en alguna peli porno que le comían el coño a una chica, le guie para que me lo comiera a mi, a el que ya la tenia crecidita se le puso dura y tiesa rápidamente, trató de metérmela pero cuando rozo mi coño se corrió y me puso perdida. 

Clara, con una sonrisa pícara, dijo: La primera vez fue el año pasado con 17 años a punto de cumplir los 18. Fue con un chico casado, el tenia 35 años; lo conocí un día que mi prima y yo bajamos a Alicante a la playa, allí estaba el toqueteando el teléfono, mi prima se fue a darse un baño y el volviéndose hacia mi me dijo: —Puedo hacerte una foto, estas muy guapa—si claro, no hay problema. Se acercó a mi y ahí surgió la chispa... Nos intercambiamos los números de teléfono. A la semana siguiente me llamó y quedamos un jueves después de la universidad en Alicante en un edificio cerca del Ayuntamiento que alquilan habitaciones por horas, y allí follamos.

 —Cuenta, cuenta como fue la cosa—le inquirían las dos amigas, Lucia y Sofia.

Él estaba casado como he dicho. Según me dijo su matrimonio ya llevaba 8 años en banca rota; era un hombre que tenia experiencia, no tenia prisa, me desnudó y me acaricio con mucha pasión y deseo, me besó por el cuello, lamia los óvulos de mis orejas, la boca. Era un maestro acariciando mis tetas endureciendo mis pezones, abrió mis piernas tocaba mi clitoris y su lengua lamia mi raja de arriba a bajo, cuando ya estuve lo suficiente mojada, coloco su glande duro y potente frente a la entrada de mi coño y muy despacio y suave comenzó a penetrarme, cuando empujo di un pequeño grito, pero enseguida penetro dentro sintiéndola dura rozando las paredes de dentro. Se movía despacio pero rítmicamente, yo jadeaba y gemía, lo estaba gozando muchísimo, de retente sentí una oleada de placer en mi cuerpo que me cubría de los pies a la cabeza, gemía y gritaba, mi cuerpo tembló y explosiones con un gusto que no había sentido nunca, me estaba corriendo.

—Joder Clara, nos has puesto a mil, estamos empapadas—dijeron, Sofia y Laura.

Después de narrar su primera vez con tanto detalle, Clara de nuevo con su sonrisa picara sacó el tema de la masturbación: —¿Os soléis masturbar en la soledad de vuestra habitación? —si, contestaron casi al unísono las dos amigas, y lo hacemos casi todos los días... bueno, yo a veces me masturbo dos veces, dijo Sofia.

—¿No os molaría probar aquí? —susurró Clara, sus ojos brillando con desafío.

Ya había llegado la noche, se apartaron a un lugar mas resguardado, donde nadie pudiera verlas, bajo uno de los arboles del parque, bajo la luz tenue de una farola.
 
Clara fue la primera, desabrochó el cinturón de sus pantalón y los dejó caer asta sus pies juntos con sus sus braguitas negras, mostrando un coño normal, carnoso, con vello oscuro cortito. 

Lucía, sonrojada, la imitó dejando caer su pantalón y sus bragas también negras, revelando un coño más pequeño, con vello visible que comenzaba a salirle después de la ultima depilación. 

Sofía, tímida, pero hizo lo mismo, bajó sus vaqueros y braguitas blancas, dejando ver un coño, gordito, con más vello, negro corto y ordenado.

...y comenzó la acción:
Clara deslizó sus dedos índice y corazón a su coño, separando los pliegues y frotando su su raja, subía a su clítoris haciendo círculos firmes, luego con roces verticales rápidos, gimiendo mientras el vello rozaba su palma. 

Lucía, excitada, separó su vulva con dos dedos, acariciando el monte de venus roza su clítoris con círculos intensos, el vello cortito añadiendo fricción, gemía y jadeaba. 

Sofía, superando su timidez, tocó su clítoris con círculos rápidos y golpecitos, usando dos dedos para frotar con urgencia, gimiendo mientras el vello húmedo rozaba su mano.

Sus gemidos llenaron el aire, mezclándose con el crujir del banco. Clara llegó primero, su cuerpo tensándose con un grito gutural, sus dedos frenéticos en su clítoris. Lucía siguió, gimiendo fuerte mientras un orgasmo la sacudía. Sofía terminó con un grito suave, temblando al alcanzar el clímax.

Jadeantes, se miraron con complicidad, subieron sus braguitas y vaqueros, y rieron nerviosas. La noche siguió, pero ese momento íntimo las unió para siempre.

por: © Mary Love

Nota: este relato es ficticio, los nombres son reales. Sacado de la imaginación de la autora.

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