Estoy en mi cuarto del alojamiento universitario, con la puerta cerrada, o eso creía. La ropa me sobra de cintura para abajo; mis bragas están en el suelo, y mi coño, húmedo y expuesto, responde al roce de mis dedos. Me estoy masturbando, perdida en el placer, mientras la cámara de mi móvil graba cada movimiento. Subo contenido a OnlyFans para sacarme unos euros y pagar mis estudios, y este vídeo promete ser de los buenos. Mi respiración se acelera, mis caderas se mueven solas, estoy tan cerca...
De pronto, un ruido en la puerta me saca del trance. Levanto la vista justo cuando se abre, y un chico de mantenimiento, con su mono de trabajo azul, aparece en el umbral. Sus ojos se abren como platos al pillarme con las piernas abiertas, mis manos en mi coño y la cámara grabando.
—Joder, lo siento, creí que era la salida —balbucea, rojo como un tomate, dando un paso atrás.
Mi corazón late a mil, pero en lugar de cubrirme, una chispa de audacia me recorre. Lo miro fijamente, con una sonrisa traviesa, y digo:
—Pasa. Si quieres que te perdone, túmbate aquí, enfrente de mi coño, y empieza a comérmelo. Estoy a punto de correrme.
Él parpadea, atónito, pero no se lo piensa dos veces. Cierra la puerta tras de sí y se arrodilla frente a la cama, sin quitarse la ropa de trabajo. Su cara se hunde entre mis muslos, y joder, qué lengua. La mueve con una precisión que me hace arquear la espalda al instante. Este cabrón sabe lo que hace; no es la primera vez que se come un coño. Sus labios succionan mi clítoris, su lengua se desliza por mis pliegues de mi coño, y yo agarro su pelo con fuerza, empujando su cabeza para que no pare.
—Sigue carbón, joder, no pares —gimo, mientras el placer me atraviesa como una corriente eléctrica. Mi coño palpita, y en cuestión de segundos, el orgasmo me golpea con fuerza. Me corro en su boca, mis caderas tiemblan, y un gemido largo y profundo se me escapa mientras él sigue lamiendo, bebiéndose cada gota.
Cuando abro los ojos, lo veo levantarse, con la respiración agitada. Sin decir nada, se baja la cremallera del mono, y saca una polla grande, dura, lista. No se quita la ropa, y eso me pone aún más. Estoy todavía en la cama, desnuda de cintura para abajo, mi coño sensible pero hambriento, reclamando esa polla. Él se pone en cima, me abre las piernas con un movimiento seguro y me mete su polla en mi coño que acaba de correrse, su penetración entra y sale. Grito, no de dolor, sino de puro placer, joder me roza en el sitio sensible. Sabe moverse, el hijo de puta. Sus caderas encuentran un ritmo perfecto, profundo, sin piedad. Yo me dejo hacer, estoy pasiva y solo deseo sentir su polla rozando dentro de mi coño, provocándome golpes de placer
Mientras me folla, pienso: "Este cabrón se ha follado a más de una. Folla como un experto de setenta años, pero con la energía de un tío joven". La idea me enciende aún más. Cada embestida me lleva al borde, mi coño se aprieta alrededor de su polla, y siento que el segundo orgasmo se acerca como un tren de carga. Cuando me corro, mi cuerpo tiembla entero, mis piernas se sacuden, y un grito ahogado sale de mi garganta. Él sigue moviéndose, implacable, mientras yo me deshago bajo su cuerpo, perdida en el éxtasis.
La cámara sigue grabando, y sé que este vídeo va a ser un éxito en OnlyFans.
por: © Mary Love
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