El Hotel Sainz Love era un santuario de lujuria, donde el aire estaba impregnado de un perfume embriagador de jazmín y sándalo, mezclado con el calor húmedo de los cuerpos ansiosos por placer. Erik y Anna llegaron al atardecer, sus sentidos ya encendidos por la promesa de un fin de semana sin límites. El vestíbulo, con luces ámbar y paredes de terciopelo carmesí, vibraba con una energía que aceleraba el pulso. Los huéspedes, algunos en lencería de encaje negro, otros en bañadores que apenas ocultaban sus cuerpos, se movían con una seguridad magnética. Anna, enfundada en un vestido negro que se pegaba a sus curvas, sintió un cosquilleo en su coño al notar las miradas de desconocidos. Erik, a su lado, con una camisa ajustada que marcaba su torso, le apretó la mano, sus ojos brillando con deseo y anticipación.
Tras registrarse, una anfitriona de voz suave como el terciopelo les entregó una llave magnética y pulseras doradas que señalaban su disposición a entregarse al juego. "Aquí, todo es placer, todo es consensual", susurró, rozando el brazo de Anna con una caricia intencionada. La pareja intercambió una mirada ardiente, sus corazones latiendo al unísono. Estaban listos para sumergirse en sus fantasías más salvajes.
Tras registrarse, una anfitriona de voz suave como el terciopelo les entregó una llave magnética y pulseras doradas que señalaban su disposición a entregarse al juego. "Aquí, todo es placer, todo es consensual", susurró, rozando el brazo de Anna con una caricia intencionada. La pareja intercambió una mirada ardiente, sus corazones latiendo al unísono. Estaban listos para sumergirse en sus fantasías más salvajes.
La fiesta en la piscina climatizada era un espectáculo de pieles relucientes y susurros sensuales. El agua tibia, iluminada por luces púrpuras, acariciaba los cuerpos como una lengua líquida. Anna, con un bikini rojo que apenas contenía sus pechos, sintió el calor del agua contra su piel, haciendo que su coño palpitara de anticipación. Erik, sentado en el borde con un whisky en la mano, observaba cada movimiento de su mujer, su polla endureciéndose bajo sus pantalones al notar cómo un joven de cabello oscuro y músculos definidos, Leo, la devoraba con la mirada desde el otro lado. "Ve por él, amor", le susurró Erik, su aliento caliente rozando la oreja de Anna. Ella sonrió, el calor en su coño intensificándose.
Leo nadó hacia ella, su cuerpo cortando el agua con una gracia depredadora. "Eres puro fuego", gruñó con una voz que vibró en el pecho de Anna. Sin esperar respuesta, sus manos encontraron su cintura bajo el agua, sus dedos fuertes deslizándose por su piel mojada, acercándose peligrosamente a su coño. Ella soltó un gemido suave, sus pezones endureciéndose bajo el bikini. Entonces, una nueva presencia irrumpió: Sofía, una chica de cabello corto, piel bronceada y ojos felinos que destilaban lujuria. Sin mediar palabra, Sofía se acercó y besó a Anna, sus labios suaves pero voraces, con un sabor a menta y deseo. Anna se rindió, sus manos explorando los pechos firmes de Sofía, sintiendo cómo sus pezones se endurecían bajo sus dedos.
Erik, desde su posición, sintió su polla palpitar con fuerza. Ver a Anna, su Anna, entregándose a esas caricias, con el agua lamiendo su piel y sus gemidos mezclándose con la música, era una visión que lo consumía. Ajustó su postura, su mano rozando su polla para aliviar la presión que crecía en su entrepierna.
La química los llevó a una suite privada, un santuario de placer con espejos en las paredes, una cama king-size cubierta de sábanas de satén negro y una luz tenue que hacía que cada cuerpo brillara como una escultura viva. Anna, en el centro de la cama, sintió el aire fresco contra su piel cuando Leo y Marcos, un moreno de mirada intensa que se había unido al grupo, le arrancaron el bikini con una urgencia casi reverente. Las manos de Leo, ásperas y seguras, recorrían sus muslos, acercándose a su coño empapado; las de Marcos, más suaves, se deslizaban por su vientre, subiendo hasta masajear sus pechos, pellizcando sus pezones hasta hacerla jadear.
Sofía, arrodillada entre las piernas de Anna, le separó los muslos con una lentitud que era casi una tortura. "Qué coño tan perfecto", susurró, su aliento cálido rozando los labios húmedos de Anna antes de que su lengua se hundiera en ella, lamiendo con una precisión que hizo que Anna arqueara la espalda y soltara un gemido profundo. "Joder, Sofía, sí… cómemelo", suplicó, sus manos aferrándose al cabello de la chica, empujándola más cerca. La lengua de Sofía era implacable, alternando entre lamidas lentas y succiones intensas que hacían que el coño de Anna palpitara, empapándose más con cada roce.
Leo, detrás de Anna, besaba su cuello, sus dientes rozando la piel mientras una de sus manos se deslizaba hacia su coño, sus dedos rozando su clítoris en sincronía con la lengua de Sofía. Marcos, a su lado, lamía sus pezones, chupándolos con una intensidad que enviaba descargas eléctricas a su centro. Anna estaba perdida en un mar de sensaciones: el calor de los cuerpos, el roce de las pieles sudorosas, el sonido húmedo de la lengua de Sofía, los gemidos graves de los chicos. "Más… folladme más", gimió, su voz temblando de deseo.Erik, sentado a pocos metros, tenía la respiración entrecortada, su polla dura como una roca bajo sus pantalones. Ver a Anna, con los labios entreabiertos, los ojos vidriosos y el cuerpo temblando mientras tres personas la adoraban, era una fantasía que lo consumía. "Estás increíble, amor, me estás follando con solo mirarte", gruñó, su mano apretando su polla con fuerza.
El primer clímax de Anna llegó como un tsunami. Sofía intensificó sus lamidas, succionando su clítoris mientras Leo deslizaba dos dedos dentro de su coño, curvándolos contra su punto G. "¡Me estoy corriendo, joder, mi coño… lo siento como me viene el gusto!", gritó Anna, su cuerpo convulsionándose, su coño apretándose alrededor de los dedos de Leo, palpitando contra la lengua de Sofía. Las olas de placer la atravesaron, su respiración entrecortada, sus muslos temblando mientras gemía sin control. "¡Sí, sí, no paren!", suplicó, su voz rota mientras su coño seguía vaciándose, el placer sacudiéndola hasta dejarla sin aliento.
La segunda noche, Erik quiso explorar su propio deseo. En una sala decorada como un boudoir victoriano, con cortinas de terciopelo rojo y candelabros que proyectaban sombras danzantes sobre las paredes, conoció a Clara y Lucía, dos chicas jóvenes con cuerpos que parecían esculpidos para el pecado. Clara, rubia, con curvas suaves y labios carnosos pintados de rojo, se arrodilló frente a Erik con una sonrisa traviesa, sus ojos fijos en los de él mientras desabrochaba su cinturón con dedos ágiles, dejando caer sus pantalones al suelo. Lucía, de piel bronceada y labios jugosos, lo besó con una ferocidad que lo hizo jadear, sus lenguas enredándose en un duelo húmedo y desesperado, su aliento cálido con un toque de licor que lo mareaba. Anna, desde un sofá cercano, sintió su coño humedecerse al ver a Erik rendirse al placer. "Fóllatelas, amor, déjate llevar", susurró, sus dedos deslizándose hacia su propio coño, tocándose lentamente mientras observaba.
Clara, con una lentitud deliberada que era casi una tortura, liberó la polla de Erik de sus bóxers, dejando escapar un suspiro de admiración al verla, dura y palpitante, con una gota de líquido preseminal brillando en la punta. "Joder, qué polla tan hermosa", murmuró, su voz cargada de deseo mientras su mano la envolvía, acariciándola con una presión perfecta, sus dedos suaves pero firmes recorriendo cada vena, desde la base hasta la punta sensible. Erik gruñó, su cuerpo tensándose, el calor de su mano enviando chispas de placer por su columna. Clara lo miró a los ojos, sus labios curvándose en una sonrisa pícara antes de inclinar la cabeza y lamer lentamente la punta de su polla, su lengua caliente y húmeda girando alrededor del glande, saboreando el líquido salado con un gemido suave que vibró contra su piel.
"Chúpamela, Clara, joder, no pares", gruñó Erik, sus manos instintivamente aferrándose al cabello rubio de la chica, guiándola mientras ella abría la boca y tomaba su polla lentamente, sus labios estirándose alrededor de su grosor. El calor húmedo de su boca era abrumador, su lengua deslizándose por la parte inferior de su polla mientras succionaba con una intensidad que lo hacía temblar. Clara alternaba entre movimientos lentos y profundos, tomando su polla hasta el fondo de su garganta, el sonido húmedo de succión llenando la habitación, y lamidas rápidas que se concentraban en la punta, haciendo que Erik jadeara y su polla palpitara con cada roce. "Joder, sí, así, me estás follando con esa boca", gimió, su voz grave y rota por el placer.
Lucía, mientras tanto, no se quedó atrás. Se acercó a Erik, sus pechos rozando su torso mientras lamía su cuello, sus dientes mordisqueando suavemente la piel sensible detrás de su oreja. Sus uñas arañaban ligeramente su pecho, dejando pequeñas marcas rojas que enviaban escalofríos por su cuerpo. "Te gusta, ¿verdad? Tener tu polla chupada mientras yo te toco", susurró Lucía, su voz un ronroneo seductor mientras deslizaba una mano hacia abajo, acariciando sus bolas con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de Clara. Erik sintió una oleada de calor, su polla palpitando más fuerte en la boca de Clara mientras Lucía masajeaba sus bolas, sus dedos juguetones rozando la piel sensible justo detrás, haciéndolo gemir más fuerte.
Anna, desde el sofá, estaba al borde de la locura. Ver a Erik, su hombre, con la cabeza echada hacia atrás, los músculos de su cuerpo tensos, su polla siendo devorada por Clara mientras Lucía lo tocaba, hacía que su coño se empapara. "Fóllatelas, Erik, quiero verte correrte", susurró, sus dedos frotando su clítoris en círculos rápidos, su coño palpitando mientras observaba. Anna se unió al grupo, arrodillándose junto a Clara, sus manos acariciando el cuerpo de Lucía mientras besaba a Erik, saboreando el deseo en su boca. "Dámelo todo, amor, déjame verte", murmuró contra sus labios, su lengua enredándose con la de él.
Clara intensificó su ritmo, sus labios apretándose alrededor de la polla de Erik mientras succionaba con más fuerza, su mano bombeando la base de su polla en sincronía con su boca. "Joder, Clara, me estás follando tan bien", gruñó Erik, sus caderas moviéndose instintivamente, empujando su polla más profundo en su garganta. Lucía, ahora lamiendo sus pezones, añadió un dedo que rozó la entrada de su culo, aplicando una presión suave pero firme que lo llevó al límite. "¡Me estoy corriendo, joder, me estoy vaciando!", rugió Erik, su polla palpitando violentamente mientras sentía el gusto llegar, su semen disparándose en la boca de Clara, que lo tragó con un gemido de satisfacción, sus labios aún succionando suavemente para prolongar su placer. Las olas de éxtasis lo atravesaron, su cuerpo temblando, sus gemidos resonando en la sala mientras Anna lo miraba, su coño palpitando con su propio clímax al verlo.
El sábado por la noche, en el salón principal, la experiencia alcanzó su cúspide. Anna, desnuda en el centro, su piel brillando bajo las luces tenues, era el epicentro del deseo. Leo y Marcos la rodeaban, sus cuerpos desnudos reluciendo de sudor, sus pollas duras y listas. Leo, detrás de ella, rozó su polla contra su culo, lubricándola antes de penetrarla lentamente, haciéndola gemir con una mezcla de dolor y placer. "Joder, Leo, fóllame el culo más profundo", susurró Anna, su voz temblando. Marcos, frente a ella, la levantó por las caderas, hundiendo su polla en su coño con una intensidad que la hizo gritar. "¡Sí, Marcos, fóllame más duro!", jadeó, su cuerpo temblando con cada embestida.
Sofía, arrodillada entre sus piernas, lamía su coño con una ferocidad que hacía que Anna se retorciera. "Cómemelo, Sofía, joder, no pares", gritó, sus manos aferrándose al cabello de la chica. El placer era abrumador: el calor de las dos pollas llenándola, la lengua de Sofía devorando su clítoris, el olor a sexo y sudor impregnando el aire. Anna sentía su coño y su culo al borde del colapso, cada embestida y lamida llevándola más cerca de un clímax devastador. "¡Más, folladme más, quiero que mi coño se corra!", suplicó, su voz desesperada.
Erik, desde un sofá cercano, estaba al límite. Ver a Anna siendo follada por dos pollas, su cuerpo temblando, sus gemidos convirtiéndose en gritos de éxtasis, era más de lo que podía soportar. "Eres mía, pero me estás follando con solo verte", gruñó, su mano moviéndose rápidamente sobre su polla. Cuando Anna alcanzó su clímax, fue como una erupción. "¡Me estoy corriendo, joder, mi coño… lo siento como me viene el gusto!", chilló, su coño apretándose alrededor de la polla de Marcos, su culo palpitando contra la de Leo. Las olas de placer la atravesaron, su cuerpo convulsionándose, sus piernas temblando mientras Sofía seguía lamiendo, prolongando el clímax hasta que Anna colapsó, jadeando, con lágrimas de éxtasis en los ojos. "¡Otra vez, quiero correrme más!", gimió, su coño aún palpitando.
Erik, incapaz de contenerse, se acercó, besándola profundamente mientras los demás se retiraban. "Te amo, joder, te amo", susurró Anna, su voz débil pero cargada de emoción. Él la abrazó, sus cuerpos sudorosos entrelazados, sabiendo que habían cruzado un umbral de intimidad y deseo.
El domingo por la mañana, en la quietud de su suite, Erik y Anna se despertaron abrazados, sus cuerpos aún vibrando con el eco de los clímaxes. El Hotel Eden había sido un torbellino de placer, un lugar donde exploraron sus deseos más primitivos y encontraron una conexión más profunda. Mientras el sol se filtraba por las cortinas, se miraron, sabiendo que habían descubierto algo nuevo sobre sí mismos y sobre el poder del placer compartido.
por: © Mary Love

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