El timbre resonó en el pequeño apartamento de Sofía, un sonido agudo que rompió el silencio de la tarde. Sofía, con el cuerpo aún cálido y enredada en las sábanas junto a Luci y Fran, se levantó con un suspiro. Los tres habían pasado la mañana explorándose mutuamente, sus cuerpos desnudos brillando con el sudor de un encuentro apasionado. Sofía, con una sábana apenas cubriendo su piel bronceada, abrió la puerta.
Allí estaba la profesora Clara, de 40 años, con un aire elegante y misterioso. Vestía una blusa ajustada que marcaba sus generosas tetas, perfectamente moldeadas, y una falda que delineaba su figura proporcionada. Su rostro, de facciones suaves pero definidas, enmarcado por una melena oscura, no dejaba entrever su secreto: era una mujer trans, algo que nadie en la universidad sospechaba. En sus manos sostenía un libro de filosofía, el que Sofía le había pedido semanas atrás. Clara sonrió, pero al ver a Sofía semidesnuda, con la sábana deslizándose ligeramente, sus ojos se oscurecieron con un destello de deseo.
El aire estaba cargado de una electricidad casi palpable, y Luci podía oler el aroma almizclado y sutilmente dulce de la piel de Clara, mezclado con un toque de su perfume, algo floral con notas de sándalo. Acercó su rostro lentamente, dejando que su aliento cálido rozara la piel sensible de la polla de Clara, que se estremeció ante el contacto. Luci sonrió, disfrutando del poder que sentía al provocar esa reacción. Con la punta de su lengua, rozó la base del miembro, donde la piel era más suave, casi aterciopelada, y sintió el calor que emanaba de él. El sabor era salado, con un matiz terroso que la hizo suspirar de placer.
Fran inclinó su cuerpo, su pecho musculoso rozando la espalda de Luci, y sintió la calidez de su piel contra la suya, un contraste delicioso con el aire fresco del salón. Escupió en su mano, el sonido húmedo y crudo rompiendo momentáneamente el ritmo de los gemidos en la habitación. Frotó la saliva en la punta de su polla, que era gruesa y venosa, y luego deslizó sus dedos entre las nalgas de Luci, buscando su entrada trasera. La piel allí era suave, ligeramente más cálida, y cuando sus dedos rozaron el anillo apretado de su ano, Luci dejó escapar un gemido más profundo, su cuerpo temblando de anticipación.
Con una lentitud deliberada, Fran presionó la punta de su polla contra la entrada de Luci, sintiendo la resistencia inicial del músculo apretado. La textura era suave pero firme, y el calor que lo recibió al comenzar a empujar fue casi abrumador. Luci se tensó por un instante, su respiración agitada vibrando contra la polla de Clara en su boca, pero luego relajó su cuerpo, dejando que Fran se deslizara más profundamente. El interior de Luci era estrecho, cálido y resbaladizo, abrazando la polla de Fran con una presión que lo hizo gruñir, un sonido gutural que resonó en su pecho.
Cada centímetro que avanzaba era una experiencia sensorial intensa: la fricción cálida y apretada, la suavidad de las nalgas de Luci contra su pelvis cuando finalmente estuvo completamente dentro, el leve temblor de los muslos de ella bajo sus manos. Fran comenzó a moverse, al principio con embestidas lentas y medidas, sintiendo cómo el ano de Luci se ajustaba a su grosor, cada movimiento acompañado por un sonido húmedo y rítmico que se mezclaba con los gemidos de Luci. La piel de sus nalgas chocaba contra la pelvis de Fran con un sonido suave y carnoso, y él podía sentir la vibración de cada impacto recorriendo su cuerpo.
Luci, atrapada entre la polla de Clara en su boca y la de Fran en su culo, estaba en un estado de éxtasis. Cada embestida de Fran la empujaba hacia adelante, haciendo que su garganta se llenara aún más con Clara, y el contraste entre la penetración anal profunda y la estimulación oral la hacía temblar. Fran, por su parte, sentía el calor abrasador del cuerpo de Luci, el apretón rítmico de su ano alrededor de su polla, y el leve aroma salado de su piel mientras se inclinaba para besar la curva de su espalda, sus labios rozando la piel húmeda y suave.
A medida que aceleraba el ritmo, las embestidas de Fran se volvieron más profundas, más urgentes. Sus manos se aferraban a las caderas de Luci, sus dedos hundiéndose en la carne, dejando pequeñas marcas rojas. El sonido de sus cuerpos chocando era ahora más fuerte, un compás frenético que se mezclaba con los gemidos de Luci, que vibraban contra Clara, y los jadeos de Sofía, que seguía siendo lamida por la profesora. El calor, la presión, el roce de la piel contra la piel, todo se fusionaba en una sinfonía de sensaciones que llevaba a Fran al borde del clímax. Cuando finalmente se corrió, su semen caliente llenando el culo de Luci, el calor y la intensidad del momento lo hicieron gruñir, su cuerpo temblando mientras se aferraba a ella, perdido en el placer visceral de la conexión.
Sofía se acercó al sofá con una mezcla de nervios y excitación, su piel bronceada brillando bajo la luz parpadeante de las velas que llenaban el salón de Clara con un resplandor ámbar. El aire estaba cargado de un aroma embriagador: la mezcla del perfume floral de Clara, el sudor de los cuerpos en la habitación y un toque de cera quemada. Sofía, con su cuerpo esbelto y sus pechos pequeños pero firmes, sintió un escalofrío cuando Clara la miró con esos ojos oscuros, profundos y llenos de deseo. La profesora, recostada en el sofá, con su lencería negra a medio quitar y su polla aún erecta tras el encuentro con Luci, le hizo una seña con una sonrisa traviesa. “Ven aquí, Sofía”, dijo, su voz grave resonando como una caricia en los oídos de la joven.
Sofía trepó al sofá, sus rodillas hundiéndose en el cuero suave y fresco, que contrastaba con el calor que emanaba de su cuerpo. Se posicionó con cuidado, colocando sus muslos a ambos lados de la cabeza de Clara, su coño a escasos centímetros de la boca de la profesora. Podía sentir el aliento cálido de Clara rozando su piel sensible, enviando pequeñas descargas de anticipación a través de su cuerpo. El aroma de su propia excitación, un olor dulce y almizclado, se mezclaba con el de Clara, creando una nube invisible de deseo que las envolvía.
Clara no esperó. Sus manos, cálidas y firmes, se posaron en las nalgas de Sofía, las uñas pintadas de un rojo oscuro rozando ligeramente la piel, lo que provocó un jadeo suave de Sofía. La profesora acercó su rostro, y la primera caricia de su lengua fue como un relámpago: cálida, húmeda y precisa, deslizándose lentamente entre los labios vaginales de Sofía. La textura de la lengua de Clara era suave pero firme, explorando con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de sus movimientos. Sofía cerró los ojos, su cabeza echándose hacia atrás mientras un gemido escapaba de sus labios, resonando en el salón.
La lengua de Clara trazó un camino lento y deliberado, lamiendo los pliegues externos antes de sumergirse más profundamente, rozando el clítoris hinchado de Sofía. Cada contacto era como una chispa, la sensación cálida y resbaladiza de la lengua enviando oleadas de placer que hacían que los muslos de Sofía temblaran. Clara alternaba entre lamidas largas y lentas, que cubrían toda la longitud de su coño, y succiones rápidas y precisas en el clítoris, succiones que hacían que Sofía se arqueara, sus manos aferrándose al respaldo del sofá para no perder el equilibrio. El sonido húmedo de la lengua de Clara trabajando, mezclado con los gemidos de Sofía y el crujir del cuero bajo sus movimientos, llenaba la habitación.
Sofía podía sentir cada detalle: la calidez de la boca de Clara, la textura ligeramente rugosa de su lengua al rozar su clítoris, la presión de sus labios cuando los cerraba alrededor de su carne sensible. Clara, con una maestría casi artística, variaba el ritmo, a veces deteniéndose para besar suavemente los labios vaginales, dejando que su aliento cálido los acariciara antes de volver a lamer con más intensidad. Sus manos, mientras tanto, apretaban las nalgas de Sofía, guiándola para que se moviera contra su boca, creando una fricción deliciosa. Los dedos de Clara se hundían ligeramente en la carne, dejando pequeñas marcas rojas que Sofía apenas notaba, perdida en la vorágine de sensaciones.
El coño de Sofía estaba empapado, sus jugos deslizándose por los labios de Clara, que los lamía con avidez, emitiendo pequeños gemidos de placer que vibraban contra la piel de Sofía, intensificando cada sensación. El sabor de Sofía, dulce y ligeramente salado, parecía alimentar la hambre de Clara, que hundía su lengua más profundamente, explorando el interior de su vagina con movimientos rítmicos que hacían que Sofía se retorciera, su respiración convirtiéndose en jadeos entrecortados.
Sofía abrió los ojos por un momento, mirando hacia abajo para encontrar la mirada ardiente de Clara, sus pupilas dilatadas mientras su lengua seguía trabajando sin descanso. La conexión visual fue como un golpe de electricidad, y Sofía sintió cómo su cuerpo se tensaba, acercándose al borde del clímax. Clara, percibiendo su urgencia, intensificó sus movimientos, succionando el clítoris con más fuerza mientras uno de sus dedos se deslizaba hacia el interior de Sofía, curvándose ligeramente para presionar un punto que la hizo gritar. La combinación de la lengua en su clítoris, el dedo dentro de ella y el calor de las manos de Clara en sus nalgas fue demasiado: Sofía se corrió con un grito agudo, su cuerpo temblando mientras oleadas de placer la recorrían, sus jugos empapando el rostro de Clara, que seguía lamiendo, prolongando el éxtasis hasta que Sofía colapsó, jadeante, sobre el sofá.
El salón de Clara era un torbellino de sensaciones, el aire cargado con el aroma denso y embriagador del sexo: una mezcla de sudor, fluidos corporales, el perfume floral de Clara y el leve olor a cera quemada de las velas que parpadeaban en las esquinas, proyectando sombras danzantes sobre los cuerpos desnudos. Los sonidos llenaban el espacio: gemidos entrecortados, jadeos profundos, el crujir del cuero del sofá bajo los movimientos frenéticos y el roce húmedo de piel contra piel. Los cuatro estaban entrelazados en una danza caótica de deseo, sus cuerpos al borde del éxtasis, cada uno sumido en su propio placer pero conectados por la intensidad del momento.
Sofía, con su cuerpo esbelto temblando sobre el rostro de Clara, sentía el calor abrasador de la lengua de la profesora trabajando incansablemente en su coño. La textura de la lengua, suave pero firme, lamía su clítoris con una precisión que la hacía arquearse, sus muslos temblando contra las mejillas de Clara, que estaban húmedas por los jugos de Sofía. Cada succión enviaba una corriente eléctrica a través de su cuerpo, y el aroma de su propia excitación, dulce y almizclada, se mezclaba con el sabor salado de la piel de Clara. Sus manos se aferraban al respaldo del sofá, las uñas hundiéndose en el cuero, dejando marcas mientras su respiración se volvía errática. Cuando el orgasmo llegó, fue como una explosión: un calor intenso se extendió desde su pelvis, haciendo que su cuerpo se convulsionara. Gritó, un sonido agudo y liberador, mientras sus jugos se derramaban sobre la boca de Clara, quien lamía con avidez, prolongando las oleadas de placer. Sofía sentía cada contracción de su vagina, cada espasmo que la dejaba jadeante, su piel brillando con una fina capa de sudor que reflejaba la luz de las velas.
Luci, atrapada entre la polla de Clara en su coño y la de Fran en su culo, estaba en un estado de sobrecarga sensorial. Su cuerpo, curvilíneo y resbaladizo por el sudor, se movía al ritmo de las embestidas de ambos. La polla de Clara, firme y palpitante, llenaba su vagina con una presión cálida y pulsante, mientras que la de Fran, gruesa y dura, se deslizaba en su ano con un roce intenso y resbaladizo que la hacía gemir contra la piel de Clara. El calor de ambos penes, combinado con la fricción constante, creaba una sensación de plenitud abrumadora. Sus tetas rebotaban con cada embestida, rozando la piel de Clara, y el aroma almizclado de su propia excitación se mezclaba con el olor salado de la polla de la profesora. Cuando el orgasmo la alcanzó, fue como si su cuerpo se deshiciera: un grito gutural escapó de su garganta, sus paredes vaginales se contrajeron con fuerza alrededor de Clara, y su ano apretó la polla de Fran, enviando espasmos de placer que la hicieron temblar. Sus jugos empaparon a Clara, y el calor de su clímax se extendió por todo su cuerpo, dejándola jadeante, con la piel ardiendo y el corazón latiendo desbocado.
Fran, con su cuerpo atlético tenso y cubierto de una fina capa de sudor, sentía el calor abrasador del ano de Luci apretando su polla con cada embestida. La textura era apretada, cálida y resbaladiza, cada movimiento acompañado por un sonido húmedo y carnoso que lo volvía loco. Sus manos, aferradas a las caderas de Luci, sentían la suavidad de su piel, ligeramente pegajosa, y el temblor de sus músculos bajo sus dedos. El aroma de Luci, una mezcla de su perfume cítrico y el olor crudo de su excitación, llenaba sus pulmones, intensificando su deseo. Cada embestida era más profunda, más urgente, y el calor de su propio cuerpo se mezclaba con el de Luci, creando una conexión visceral. Cuando el orgasmo lo alcanzó, fue como una liberación explosiva: gruñó, un sonido grave y animal, mientras su semen caliente se derramaba dentro del culo de Luci, cada pulsación de su polla enviando oleadas de placer que lo hacían estremecerse. Su cuerpo tembló, sus músculos tensándose antes de relajarse, y se inclinó sobre Luci, su pecho rozando la espalda de ella, ambos jadeando mientras el éxtasis se desvanecía lentamente.
Clara, en el centro de la escena, estaba inmersa en un torbellino de sensaciones. Su lengua, aún saboreando los jugos dulces y salados de Sofía, trabajaba con una intensidad feroz, mientras su polla, enterrada en el coño húmedo y apretado de Luci, sentía cada contracción de sus paredes vaginales. La presión cálida y pulsante de Luci, combinada con el roce de sus caderas contra su pelvis, era casi insoportable. El aroma de los tres cuerpos a su alrededor, una mezcla de sudor, sexo y sus propios fluidos, la envolvía como una nube. Sus manos, apretando las nalgas de Sofía, sentían la carne firme y cálida bajo sus dedos, mientras su propia polla palpitaba, acercándose al borde. Cuando Luci alcanzó su clímax, la contracción de su coño fue el detonante: Clara sintió una oleada de calor subir desde su pelvis, su polla palpitando con fuerza mientras se corría dentro de Luci, su semen caliente mezclándose con los jugos de ella. Un gemido grave y prolongado escapó de su garganta, vibrando contra el coño de Sofía, y su cuerpo se tensó, cada músculo temblando mientras el placer la consumía. La sensación de liberación fue abrumadora, dejando su piel brillante y su respiración agitada.
Los cuatro, exhaustos, colapsaron en el sofá, sus cuerpos entrelazados, sudorosos y temblorosos. El aire seguía cargado con el eco de sus gemidos, el calor de sus pieles y el aroma crudo y embriagador del sexo. Cada uno, aún jadeando, sentía los últimos ecos de sus orgasmos, sus cuerpos conectados por la intensidad de un momento que ninguno olvidaría.
Allí estaba la profesora Clara, de 40 años, con un aire elegante y misterioso. Vestía una blusa ajustada que marcaba sus generosas tetas, perfectamente moldeadas, y una falda que delineaba su figura proporcionada. Su rostro, de facciones suaves pero definidas, enmarcado por una melena oscura, no dejaba entrever su secreto: era una mujer trans, algo que nadie en la universidad sospechaba. En sus manos sostenía un libro de filosofía, el que Sofía le había pedido semanas atrás. Clara sonrió, pero al ver a Sofía semidesnuda, con la sábana deslizándose ligeramente, sus ojos se oscurecieron con un destello de deseo.
—Vaya, parece que interrumpo algo —dijo Clara, su voz grave y seductora, mientras su mirada recorría la habitación. Luci y Fran, también cubiertos apenas por sábanas, se miraron entre sí, algo avergonzados pero intrigados por la presencia de la profesora.
Sofía, con una risita nerviosa, intentó excusarse, pero Clara alzó una mano, deteniéndola. —No hace falta que expliques, Sofía. Pero… ¿sabes? Esto me ha dado una idea. —Su tono era sugerente, y su cuerpo parecía vibrar con una energía contenida—. ¿Por qué no continuamos esto en un lugar más… privado? Mi casa, esta noche. Sin preguntas, sin sospechas. ¿Qué os parece, nos unimos los cuatro en una orgia sexual?
Los tres se miraron, sorprendidos pero tentados. Había algo en la confianza y el magnetismo de Clara que los atraía irremediablemente. Asintieron, casi sin pensarlo, y Clara les dio su dirección antes de marcharse con una sonrisa pícara.
Esa noche, los tres llegaron a la casa de Clara, una vivienda moderna y discreta en las afueras de la ciudad. La profesora los recibió con una copa de vino en la mano, vestida con un conjunto de lencería negra que dejaba poco a la imaginación. Sus tetas, perfectamente redondeadas, se alzaban bajo el encaje, y su figura esbelta destilaba sensualidad. Los invitó a pasar al salón, donde la luz tenue de las velas creaba una atmósfera íntima.
—Quítense la ropa —ordenó Clara, su voz firme pero cargada de deseo. Los tres obedecieron, dejando caer sus prendas al suelo. Cuando Clara se deshizo de su lencería, revelando su cuerpo, los ojos de Sofía, Luci y Fran se abrieron de par en par. Entre sus piernas, una polla no muy grande pero firme y erecta se alzaba, contrastando con la feminidad de su figura. Era una sorpresa, pero lejos de frenarlos, avivó el fuego en sus cuerpos.
Luci, con su melena rubia cayendo sobre los hombros y sus curvas voluptuosas, fue la primera en reaccionar. Sus ojos brillaron de excitación mientras se acercaba a Clara, lamiéndose los labios. —Nunca había visto algo así… y me encanta —susurró, arrodillándose frente a la profesora.
Sus manos, de dedos largos y uñas pintadas de un rojo intenso, se deslizaron por los muslos de Clara, sintiendo la firmeza de sus músculos y la suavidad de su piel, que estaba ligeramente húmeda por el calor del momento. Luci abrió la boca, dejando que sus labios carnosos envolvieran la punta de la polla, succionando con suavidad al principio, como si estuviera saboreando un caramelo. El glande era suave y cálido contra su lengua, y ella lo exploró con movimientos lentos, trazando círculos alrededor de la corona, sintiendo cada pequeña vena bajo la piel tensa. Clara dejó escapar un gemido bajo, un sonido gutural que vibró en el pecho de Luci y la animó a ir más allá.
Fran, con su cuerpo atlético tenso por la excitación, observaba la escena desde atrás, su polla dura y palpitante, brillando ligeramente por la humedad de su propia excitación. El aroma de Luci, una mezcla de su perfume cítrico y el olor almizclado de su coño empapado, lo envolvía, avivando el fuego en su interior. Se acercó lentamente, sus pasos silenciosos sobre la alfombra suave, sintiendo el calor que emanaba del cuerpo de Luci. Sus manos, grandes y ligeramente ásperas, se posaron en las caderas de ella, acariciando la piel suave y cálida, que estaba ligeramente pegajosa por el sudor. Luci se estremeció bajo su toque, su culo redondeado y firme alzándose instintivamente hacia él, invitándolo.
Luci deslizó la polla más profundamente en su boca, dejando que llenara su cavidad, su lengua presionando contra la parte inferior del miembro, donde la piel era más sensible. El calor de la erección contrastaba con la frescura de su saliva, creando una sensación resbaladiza que hacía que cada movimiento fuera más fluido. Ella movía la cabeza rítmicamente, sus labios apretados alrededor del grosor, mientras sus manos acariciaban los testículos de Clara, sintiendo su peso y la textura ligeramente rugosa de la piel. Cada vez que succionaba con más fuerza, podía sentir el pulso de Clara acelerándose, el miembro endureciéndose aún más en su boca.
El sonido húmedo de sus labios deslizándose sobre la polla llenaba el aire, mezclado con los gemidos suaves de Clara y el crujir de la lencería que aún colgaba parcialmente de su cuerpo. Luci cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación: el calor de la polla en su boca, el sabor salado que se intensificaba con cada lamida, el aroma embriagador de la excitación de Clara. Con una mano, apretó suavemente la base del miembro, controlando el ritmo, mientras con la otra recorría el interior de los muslos de Clara, sintiendo cómo temblaban bajo su toque.
De vez en cuando, Luci alzaba la vista, encontrándose con los ojos oscuros de Clara, que la miraban con una mezcla de lujuria y admiración. La conexión visual intensificó el momento, y Luci aceleró el ritmo, dejando que la polla se deslizara hasta el fondo de su garganta, sus labios tocando la base mientras tragaba con cuidado, sintiendo cómo el miembro palpitaba contra su paladar. El sabor, el calor, la textura, todo se fusionaba en una experiencia que la hacía vibrar de deseo, su propio cuerpo respondiendo con un calor húmedo entre sus piernas.
Fran inclinó su cuerpo, su pecho musculoso rozando la espalda de Luci, y sintió la calidez de su piel contra la suya, un contraste delicioso con el aire fresco del salón. Escupió en su mano, el sonido húmedo y crudo rompiendo momentáneamente el ritmo de los gemidos en la habitación. Frotó la saliva en la punta de su polla, que era gruesa y venosa, y luego deslizó sus dedos entre las nalgas de Luci, buscando su entrada trasera. La piel allí era suave, ligeramente más cálida, y cuando sus dedos rozaron el anillo apretado de su ano, Luci dejó escapar un gemido más profundo, su cuerpo temblando de anticipación.
Con una lentitud deliberada, Fran presionó la punta de su polla contra la entrada de Luci, sintiendo la resistencia inicial del músculo apretado. La textura era suave pero firme, y el calor que lo recibió al comenzar a empujar fue casi abrumador. Luci se tensó por un instante, su respiración agitada vibrando contra la polla de Clara en su boca, pero luego relajó su cuerpo, dejando que Fran se deslizara más profundamente. El interior de Luci era estrecho, cálido y resbaladizo, abrazando la polla de Fran con una presión que lo hizo gruñir, un sonido gutural que resonó en su pecho.
Cada centímetro que avanzaba era una experiencia sensorial intensa: la fricción cálida y apretada, la suavidad de las nalgas de Luci contra su pelvis cuando finalmente estuvo completamente dentro, el leve temblor de los muslos de ella bajo sus manos. Fran comenzó a moverse, al principio con embestidas lentas y medidas, sintiendo cómo el ano de Luci se ajustaba a su grosor, cada movimiento acompañado por un sonido húmedo y rítmico que se mezclaba con los gemidos de Luci. La piel de sus nalgas chocaba contra la pelvis de Fran con un sonido suave y carnoso, y él podía sentir la vibración de cada impacto recorriendo su cuerpo.
Luci, atrapada entre la polla de Clara en su boca y la de Fran en su culo, estaba en un estado de éxtasis. Cada embestida de Fran la empujaba hacia adelante, haciendo que su garganta se llenara aún más con Clara, y el contraste entre la penetración anal profunda y la estimulación oral la hacía temblar. Fran, por su parte, sentía el calor abrasador del cuerpo de Luci, el apretón rítmico de su ano alrededor de su polla, y el leve aroma salado de su piel mientras se inclinaba para besar la curva de su espalda, sus labios rozando la piel húmeda y suave.
A medida que aceleraba el ritmo, las embestidas de Fran se volvieron más profundas, más urgentes. Sus manos se aferraban a las caderas de Luci, sus dedos hundiéndose en la carne, dejando pequeñas marcas rojas. El sonido de sus cuerpos chocando era ahora más fuerte, un compás frenético que se mezclaba con los gemidos de Luci, que vibraban contra Clara, y los jadeos de Sofía, que seguía siendo lamida por la profesora. El calor, la presión, el roce de la piel contra la piel, todo se fusionaba en una sinfonía de sensaciones que llevaba a Fran al borde del clímax. Cuando finalmente se corrió, su semen caliente llenando el culo de Luci, el calor y la intensidad del momento lo hicieron gruñir, su cuerpo temblando mientras se aferraba a ella, perdido en el placer visceral de la conexión.
Sofía se acercó al sofá con una mezcla de nervios y excitación, su piel bronceada brillando bajo la luz parpadeante de las velas que llenaban el salón de Clara con un resplandor ámbar. El aire estaba cargado de un aroma embriagador: la mezcla del perfume floral de Clara, el sudor de los cuerpos en la habitación y un toque de cera quemada. Sofía, con su cuerpo esbelto y sus pechos pequeños pero firmes, sintió un escalofrío cuando Clara la miró con esos ojos oscuros, profundos y llenos de deseo. La profesora, recostada en el sofá, con su lencería negra a medio quitar y su polla aún erecta tras el encuentro con Luci, le hizo una seña con una sonrisa traviesa. “Ven aquí, Sofía”, dijo, su voz grave resonando como una caricia en los oídos de la joven.
Sofía trepó al sofá, sus rodillas hundiéndose en el cuero suave y fresco, que contrastaba con el calor que emanaba de su cuerpo. Se posicionó con cuidado, colocando sus muslos a ambos lados de la cabeza de Clara, su coño a escasos centímetros de la boca de la profesora. Podía sentir el aliento cálido de Clara rozando su piel sensible, enviando pequeñas descargas de anticipación a través de su cuerpo. El aroma de su propia excitación, un olor dulce y almizclado, se mezclaba con el de Clara, creando una nube invisible de deseo que las envolvía.
Clara no esperó. Sus manos, cálidas y firmes, se posaron en las nalgas de Sofía, las uñas pintadas de un rojo oscuro rozando ligeramente la piel, lo que provocó un jadeo suave de Sofía. La profesora acercó su rostro, y la primera caricia de su lengua fue como un relámpago: cálida, húmeda y precisa, deslizándose lentamente entre los labios vaginales de Sofía. La textura de la lengua de Clara era suave pero firme, explorando con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de sus movimientos. Sofía cerró los ojos, su cabeza echándose hacia atrás mientras un gemido escapaba de sus labios, resonando en el salón.
La lengua de Clara trazó un camino lento y deliberado, lamiendo los pliegues externos antes de sumergirse más profundamente, rozando el clítoris hinchado de Sofía. Cada contacto era como una chispa, la sensación cálida y resbaladiza de la lengua enviando oleadas de placer que hacían que los muslos de Sofía temblaran. Clara alternaba entre lamidas largas y lentas, que cubrían toda la longitud de su coño, y succiones rápidas y precisas en el clítoris, succiones que hacían que Sofía se arqueara, sus manos aferrándose al respaldo del sofá para no perder el equilibrio. El sonido húmedo de la lengua de Clara trabajando, mezclado con los gemidos de Sofía y el crujir del cuero bajo sus movimientos, llenaba la habitación.
Sofía podía sentir cada detalle: la calidez de la boca de Clara, la textura ligeramente rugosa de su lengua al rozar su clítoris, la presión de sus labios cuando los cerraba alrededor de su carne sensible. Clara, con una maestría casi artística, variaba el ritmo, a veces deteniéndose para besar suavemente los labios vaginales, dejando que su aliento cálido los acariciara antes de volver a lamer con más intensidad. Sus manos, mientras tanto, apretaban las nalgas de Sofía, guiándola para que se moviera contra su boca, creando una fricción deliciosa. Los dedos de Clara se hundían ligeramente en la carne, dejando pequeñas marcas rojas que Sofía apenas notaba, perdida en la vorágine de sensaciones.
El coño de Sofía estaba empapado, sus jugos deslizándose por los labios de Clara, que los lamía con avidez, emitiendo pequeños gemidos de placer que vibraban contra la piel de Sofía, intensificando cada sensación. El sabor de Sofía, dulce y ligeramente salado, parecía alimentar la hambre de Clara, que hundía su lengua más profundamente, explorando el interior de su vagina con movimientos rítmicos que hacían que Sofía se retorciera, su respiración convirtiéndose en jadeos entrecortados.
Sofía abrió los ojos por un momento, mirando hacia abajo para encontrar la mirada ardiente de Clara, sus pupilas dilatadas mientras su lengua seguía trabajando sin descanso. La conexión visual fue como un golpe de electricidad, y Sofía sintió cómo su cuerpo se tensaba, acercándose al borde del clímax. Clara, percibiendo su urgencia, intensificó sus movimientos, succionando el clítoris con más fuerza mientras uno de sus dedos se deslizaba hacia el interior de Sofía, curvándose ligeramente para presionar un punto que la hizo gritar. La combinación de la lengua en su clítoris, el dedo dentro de ella y el calor de las manos de Clara en sus nalgas fue demasiado: Sofía se corrió con un grito agudo, su cuerpo temblando mientras oleadas de placer la recorrían, sus jugos empapando el rostro de Clara, que seguía lamiendo, prolongando el éxtasis hasta que Sofía colapsó, jadeante, sobre el sofá.
El salón de Clara era un torbellino de sensaciones, el aire cargado con el aroma denso y embriagador del sexo: una mezcla de sudor, fluidos corporales, el perfume floral de Clara y el leve olor a cera quemada de las velas que parpadeaban en las esquinas, proyectando sombras danzantes sobre los cuerpos desnudos. Los sonidos llenaban el espacio: gemidos entrecortados, jadeos profundos, el crujir del cuero del sofá bajo los movimientos frenéticos y el roce húmedo de piel contra piel. Los cuatro estaban entrelazados en una danza caótica de deseo, sus cuerpos al borde del éxtasis, cada uno sumido en su propio placer pero conectados por la intensidad del momento.
Sofía, con su cuerpo esbelto temblando sobre el rostro de Clara, sentía el calor abrasador de la lengua de la profesora trabajando incansablemente en su coño. La textura de la lengua, suave pero firme, lamía su clítoris con una precisión que la hacía arquearse, sus muslos temblando contra las mejillas de Clara, que estaban húmedas por los jugos de Sofía. Cada succión enviaba una corriente eléctrica a través de su cuerpo, y el aroma de su propia excitación, dulce y almizclada, se mezclaba con el sabor salado de la piel de Clara. Sus manos se aferraban al respaldo del sofá, las uñas hundiéndose en el cuero, dejando marcas mientras su respiración se volvía errática. Cuando el orgasmo llegó, fue como una explosión: un calor intenso se extendió desde su pelvis, haciendo que su cuerpo se convulsionara. Gritó, un sonido agudo y liberador, mientras sus jugos se derramaban sobre la boca de Clara, quien lamía con avidez, prolongando las oleadas de placer. Sofía sentía cada contracción de su vagina, cada espasmo que la dejaba jadeante, su piel brillando con una fina capa de sudor que reflejaba la luz de las velas.
Luci, atrapada entre la polla de Clara en su coño y la de Fran en su culo, estaba en un estado de sobrecarga sensorial. Su cuerpo, curvilíneo y resbaladizo por el sudor, se movía al ritmo de las embestidas de ambos. La polla de Clara, firme y palpitante, llenaba su vagina con una presión cálida y pulsante, mientras que la de Fran, gruesa y dura, se deslizaba en su ano con un roce intenso y resbaladizo que la hacía gemir contra la piel de Clara. El calor de ambos penes, combinado con la fricción constante, creaba una sensación de plenitud abrumadora. Sus tetas rebotaban con cada embestida, rozando la piel de Clara, y el aroma almizclado de su propia excitación se mezclaba con el olor salado de la polla de la profesora. Cuando el orgasmo la alcanzó, fue como si su cuerpo se deshiciera: un grito gutural escapó de su garganta, sus paredes vaginales se contrajeron con fuerza alrededor de Clara, y su ano apretó la polla de Fran, enviando espasmos de placer que la hicieron temblar. Sus jugos empaparon a Clara, y el calor de su clímax se extendió por todo su cuerpo, dejándola jadeante, con la piel ardiendo y el corazón latiendo desbocado.
Fran, con su cuerpo atlético tenso y cubierto de una fina capa de sudor, sentía el calor abrasador del ano de Luci apretando su polla con cada embestida. La textura era apretada, cálida y resbaladiza, cada movimiento acompañado por un sonido húmedo y carnoso que lo volvía loco. Sus manos, aferradas a las caderas de Luci, sentían la suavidad de su piel, ligeramente pegajosa, y el temblor de sus músculos bajo sus dedos. El aroma de Luci, una mezcla de su perfume cítrico y el olor crudo de su excitación, llenaba sus pulmones, intensificando su deseo. Cada embestida era más profunda, más urgente, y el calor de su propio cuerpo se mezclaba con el de Luci, creando una conexión visceral. Cuando el orgasmo lo alcanzó, fue como una liberación explosiva: gruñó, un sonido grave y animal, mientras su semen caliente se derramaba dentro del culo de Luci, cada pulsación de su polla enviando oleadas de placer que lo hacían estremecerse. Su cuerpo tembló, sus músculos tensándose antes de relajarse, y se inclinó sobre Luci, su pecho rozando la espalda de ella, ambos jadeando mientras el éxtasis se desvanecía lentamente.
Clara, en el centro de la escena, estaba inmersa en un torbellino de sensaciones. Su lengua, aún saboreando los jugos dulces y salados de Sofía, trabajaba con una intensidad feroz, mientras su polla, enterrada en el coño húmedo y apretado de Luci, sentía cada contracción de sus paredes vaginales. La presión cálida y pulsante de Luci, combinada con el roce de sus caderas contra su pelvis, era casi insoportable. El aroma de los tres cuerpos a su alrededor, una mezcla de sudor, sexo y sus propios fluidos, la envolvía como una nube. Sus manos, apretando las nalgas de Sofía, sentían la carne firme y cálida bajo sus dedos, mientras su propia polla palpitaba, acercándose al borde. Cuando Luci alcanzó su clímax, la contracción de su coño fue el detonante: Clara sintió una oleada de calor subir desde su pelvis, su polla palpitando con fuerza mientras se corría dentro de Luci, su semen caliente mezclándose con los jugos de ella. Un gemido grave y prolongado escapó de su garganta, vibrando contra el coño de Sofía, y su cuerpo se tensó, cada músculo temblando mientras el placer la consumía. La sensación de liberación fue abrumadora, dejando su piel brillante y su respiración agitada.
Los cuatro, exhaustos, colapsaron en el sofá, sus cuerpos entrelazados, sudorosos y temblorosos. El aire seguía cargado con el eco de sus gemidos, el calor de sus pieles y el aroma crudo y embriagador del sexo. Cada uno, aún jadeando, sentía los últimos ecos de sus orgasmos, sus cuerpos conectados por la intensidad de un momento que ninguno olvidaría.
por: © Mary Love
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