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Sorpresa inesperada, excitación descontrolada

La noche envolvía la ciudad en un calor pegajoso, el aroma a jazmín del jardín colándose por las ventanas abiertas mientras Clara, la nueva profesora de literatura, caminaba con el corazón latiendo desbocado hacia la casa de Laura y Sofía. Era su primera semana en el instituto, y la invitación a cenar un viernes por la noche con sus colegas la había llenado de una mezcla de nervios y expectación. Laura, con su risa que resonaba como un desafío y unos ojos que parecían desnudarla, y Sofía, con su voz de terciopelo y gestos que destilaban una elegancia cargada de promesas, vivían juntas en una casa que exudaba calidez y misterio. Clara, aún navegando su nuevo mundo, sentía un cosquilleo ardiente ante la conexión magnética entre ellas.

Laura abrió la puerta con una sonrisa que cortó el aliento de Clara, su vestido negro pegado a cada curva de su cuerpo como una segunda piel. "¡Clara, qué alegría verte! Pasa, Sofía está poniendo el broche final a la cena". El aire estaba cargado de aromas a especias exóticas, vino tinto y pan recién horneado. La mesa, bañada por la luz titilante de las velas, era un escenario íntimo: copas de cristal relucientes, una botella de Malbec abierta y platos dispuestos con una precisión que sugería algo más profundo que una simple velada.

La cena comenzó con risas y anécdotas del instituto, pero el ambiente se volvió más denso cuando la conversación viró hacia lo personal. Laura, con un brillo salvaje en los ojos, relató una experiencia de sus días como profesora de arte: un estudiante le había deslizado una nota tan explícita que detallaba fantasías de atarla a una silla y explorarla sin límites. "Me dejó temblando, no sabía si regañarlo o… imaginarlo", confesó, inclinándose hacia Clara hasta que su aliento rozó su mejilla. Sofía, más contenida pero con una intensidad que quemaba, compartió cómo un alumno, en un descuido durante una clase de historia, le susurró que soñaba con lamer cada centímetro de su piel. "El aula tiene esa electricidad, ¿no? Ese filo entre control y rendición", dijo, sus ojos oscuros clavándose en Clara, haciéndola sentir desnuda.

Clara, con el calor del vino encendiendo su piel y el pulso acelerado, se abrió: una noche en la universidad, una amiga la había acorralado en un rincón oscuro de una fiesta, besándola con una ferocidad que la dejó jadeando y húmeda. Las risas se volvieron susurros cómplices, las miradas puñales de deseo. Laura deslizó su mano bajo la mesa, sus dedos trazando líneas ardientes en el muslo de Clara, mientras Sofía, desde el otro lado, rozó su muñeca con una caricia que era puro fuego. Cada toque era una chispa, y Clara sentía su cuerpo responder, su coño palpitando bajo la falda.

"¿Y si te contamos un secreto nuestro?", susurró Laura, su voz un ronroneo que envolvió los sentidos de Clara como una cuerda. Clara, con el corazón a punto de estallar, asintió, atrapada en la tormenta que se gestaba. Laura y Sofía intercambiaron una mirada cargada de intenciones. Laura se levantó, rodeó la mesa y se colocó detrás de Clara, sus manos fuertes masajeando sus hombros, deslizando los dedos bajo el borde de su blusa. "Tenemos algo… único. Y esta noche, queremos que lo vivas con nosotras", dijo, su aliento caliente contra la nuca de Clara.

Sofía se acercó, sentándose tan cerca que sus rodillas se rozaron. "Quiero esto… quiero todo", jadeó Clara, su voz rota por el deseo. Laura mordió suavemente el lóbulo de su oreja, mientras Sofía, con una mezcla de dulzura y hambre, lamió su mandíbula, descendiendo hasta chupar la piel sensible de su clavícula. Clara sintió su cuerpo derretirse, su coño empapado y su respiración convertida en gemidos. La llevaron al salón, donde las velas arrojaban sombras danzantes y una melodía sensual envolvía el aire como una caricia.

En el sofá, Laura desabrochó la blusa de Clara con dedos expertos, sus labios devorando su cuello, chupando hasta dejar marcas rojas que ardían deliciosamente. Sofía, arrodillada frente a ella, subió su falda con una lentitud tortuosa, sus dedos rozando los bordes de su ropa interior empapada antes de deslizarla hacia abajo. Clara temblaba, su cuerpo suplicando más. Las tres se movían en una danza febril, los gemidos de Clara mezclándose con los susurros de Laura y los jadeos de Sofía. Pero entonces, mientras Laura deslizaba su vestido y Sofía se despojaba de su blusa, Clara lo vio: la silueta de sus pequeños penes, firmes y reales bajo la ropa. Eran mujeres trans.

Lejos de sorprenderla, la revelación desató una oleada de excitación tan intensa que Clara sintió su coño contraerse, un calor líquido corriendo por sus muslos. "Dios… esto me pone tanto", murmuró, su voz temblando de lujuria mientras sus ojos se llenaban de un deseo voraz. Sin dudar, se inclinó hacia Laura, sus manos temblorosas desabrochando lo que quedaba de su ropa. El pequeño pene de Laura, suave pero firme, estaba frente a ella, y Clara lo tomó con avidez, lamiendo la punta con una lengua ansiosa, saboreando su calor mientras lo sentía endurecerse en su boca. Laura gimió, sus manos enredándose en el cabello de Clara, guiándola mientras ella chupaba con una devoción que la hacía jadear. Luego, Clara se volvió hacia Sofía, cuya erección ya palpitaba bajo su ropa. Lamió su pene con la misma hambre, succionando hasta que se puso completamente duro, su lengua explorando cada centímetro mientras Sofía gemía, sus caderas moviéndose instintivamente.

"Fóllame… por favor", suplicó Clara, su voz rota por la necesidad, su coño y su culo palpitando con un deseo que la consumía. Laura, con un gruñido de pura lujuria, la giró, colocándola a cuatro patas en el sofá, sus manos fuertes abriendo sus nalgas. Escupió suavemente en su entrada trasera, lubricándola antes de presionar la punta de su pene erecto contra el culo de Clara. La penetró lentamente, el estiramiento haciéndola gemir de placer y dolor, cada centímetro llenándola hasta que Laura estuvo completamente dentro, follándola con embestidas profundas que hacían temblar su cuerpo. Al mismo tiempo, Sofía, frente a ella, se arrodilló en el sofá, guiando su pene duro hacia el coño empapado de Clara. Con un movimiento suave pero firme, entró en ella, su polla deslizándose en su interior con una facilidad que la hizo gritar de placer.

Clara estaba atrapada entre ambas, su cuerpo convertido en un torbellino de sensaciones. Laura la follaba por el culo con un ritmo salvaje, cada embestida golpeando profundamente, el calor de su pene llenándola mientras sus manos apretaban sus caderas con fuerza. Sofía, por delante, la follaba con una cadencia sensual, su polla entrando y saliendo de su coño con una precisión que rozaba sus puntos más sensibles, haciéndola convulsionar. Clara gemía sin control, sus gritos resonando en el salón mientras sentía los dos penes moviéndose dentro de ella, uno en su culo apretado, otro en su coño chorreante. "Más… más duro", jadeó, perdida en el éxtasis, su cuerpo temblando con cada embestida. Laura aceleró, follándola con una intensidad que la hacía arquear la espalda, mientras Sofía, con una mano en su clítoris, frotaba círculos rápidos que la llevaban al borde del abismo.

Clara alcanzó un clímax tras otro, su cuerpo convulsionando entre ellas, su coño y su culo apretándose alrededor de las pollas de Laura y Sofía mientras oleadas de placer la desgarraban. "¡Sí, joder, sí!", gritó, su voz rota mientras sentía los espasmos de un orgasmo que parecía no terminar nunca. Laura y Sofía, sincronizadas en su deseo, la llevaron al límite, sus propios gemidos mezclándose con los de Clara hasta que ambas se corrieron, llenándola con un calor que la hizo temblar una vez más.

Horas después, las tres yacían en el sofá, enredadas en una manta, los cuerpos sudorosos y los corazones aún latiendo con fuerza. Clara, con una sonrisa exhausta, acarició el rostro de Laura mientras Sofía besaba su frente, sus labios suaves contra su piel. La revelación de su identidad había encendido en Clara un fuego que aún ardía, una conexión tan profunda que la había cambiado para siempre. Laura y Sofía, con su pasión cruda y su verdad desnuda, la habían llevado a un éxtasis que era más que físico: era una rendición total al deseo, un vínculo que palpitaba en cada rincón de su alma. Clara, aún temblando de placer, sabía que esa noche la perseguiría en cada sueño, en cada latido.

por: © Mary Love



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