[Valeria, una estudiante universitaria, siente una atracción instantánea hacia Diego, un chico moreno y atlético. Decide invitarlo a un trío con su mejor amiga Ana, creando un ambiente seductor en su habitación. La tensión sexual es palpable y Diego acepta la propuesta, llevando a un apasionado en...]
Valeria caminaba por el campus universitario con su mochila al hombro, el sol de la tarde acariciando su piel clara y sus pensamientos divagando entre las clases y las fantasías que solían rondarle por su cabeza. Era una joven de veintidós años, con una melena castaña que le caía en ondas sobre los hombros y unos ojos verdes que parecían brillar con una chispa de travesura constante. Su cuerpo esbelto y sus curvas pronunciadas no pasaban desapercibidas, pero ese día, algo más llamó su atención: un chico de piel morena que cruzaba el patio central.
Él era alto, con un cuerpo atlético que se marcaba bajo la camiseta ajustada y unos jeans desgastados. Su cabello negro, corto y desordenado, enmarcaba un rostro de facciones perfectas, con unos labios carnosos que Valeria imaginó besando cada centímetro de su piel. Sus ojos, de un marrón profundo, parecían mirar al mundo con una calma que contrastaba con la energía que desprendía. Valeria sintió un calor instantáneo entre sus piernas, una excitación que no podía controlar. Sin pensarlo dos veces, decidió que quería tener sexo con él. Y no solo eso, quería que fuera un trío, con su mejor amiga Ana.
Ana era todo lo contrario a Valeria en apariencia: morena, de cabello negro azabache y ojos oscuros que parecían guardar secretos. Su cuerpo era más curvilíneo, con unas caderas anchas y unos pechos generosos que siempre llamaban la atención. Pero en lo que respectaban al sexo, ambas eran igual de ardientes, liberales y desinhibidas. Compartían una habitación en la residencia universitaria y muchas noches de confidencias y risas sobre sus aventuras sexuales que terminaban en caricias entre las dos masturbándose hasta correrse. Valeria sabía que Ana estaría encantada y dispuesta a unirse a su plan.
Al llegar a la residencia, Valeria encontró a Ana en su habitación, tumbada en la cama con el portátil abierto, viendo una serie. Ana la miró con una sonrisa pícara al ver la expresión de su amiga.
—¿Qué pasa, Valeria? Tienes cara de haber visto un fantasma… o algo mejor.
Valeria se acercó, se sentó en la cama y le contó todo mientras Ana la escuchaba con atención, sus ojos brillando con la misma lujuria que los de su amiga.
—¿Un trío con ese chico moreno? Me encanta la idea. ¿Cómo lo vamos a hacer? —preguntó Ana, ya imaginando las posibilidades.
—Lo invitaremos a merendar aquí. Prepararemos algo rico, y luego… bueno, ya verás —respondió Valeria con una sonrisa maliciosa.
Las dos amigas se pusieron manos a la obra. Prepararon té, galletas y algunos bocadillos, pero su atención no estaba en la comida. Valeria se puso un vestido ajustado de color rojo que resaltaba sus curvas, sujetador negro que permitía que sus pezones se notarán a través del vestido, mientras que Ana optó por una falda corta y una blusa escotada que dejaba poco a la imaginación. Ambas se maquillaron con cuidado, resaltando sus mejores atributos. La habitación estaba ordenada, con velas aromáticas encendidas y música sensual suave de fondo, creando un ambiente íntimo y seductor.
Mientras esperaban, Valeria y Ana se sentaron en la cama, sus cuerpos cerca, sus miradas llenas de complicidad. Se acariciaban sutilmente, sus manos rozando las piernas de la otra, sus dedos entrelazándose de vez en cuando. La tensión sexual era palpable, y ambas sabían que solo era el comienzo.
El timbre sonó, y Valeria se levantó para abrir la puerta. Allí estaba él, con una sonrisa tímida pero atractiva, sosteniendo una botella de vino como ofrecimiento.
—Hola, soy Valeria. Pasa, por favor —dijo con una voz suave y seductora, apartándose para dejarlo entrar.
Ana se levantó de la cama y se acercó, extendiendo la mano para saludarlo.
—Soy Ana, encantada —dijo, su voz ronca y sugerente.
El chico, cuyo nombre era Diego, parecía un poco nervioso, normal, pero intrigado por la situación. Las dos chicas lo invitaron a sentarse en el pequeño sofá que había en la habitación -además de la mesa de estudio, una pequeña cocina americana y la cama de dos metros veinte por uno noventa-, y comenzaron a charlar de manera casual, aunque la tensión sexual era evidente. Valeria y Ana se sentaron a ambos lados de Diego, sus cuerpos con los movimientos se tocaban de vez en cuando.Valeria se inclinó hacia adelante, su escote pronunciándose, y tomó la botella de vino y sirvió una copa a cada uno. Sus dedos rozaron los de Diego, y ella sonrió al ver cómo su respiración se aceleraba ligeramente. Ana, por su parte, cruzó las piernas de manera sugerente, su falda subiendo lo suficiente para dejar ver un poco más de lo que debería.
La conversación fluyó, pero pronto se volvió más íntima. Valeria y Ana comenzaron a hacer preguntas más atrevidas, sus voces bajando de tono, sus miradas clavadas en Diego con una intensidad que lo hizo sentir deseado.
—¿Tienes alguna fantasía que te gustaría cumplir? —preguntó Ana, posando su mano sobre la rodilla de Diego.
Él tragó saliva, sus ojos moviéndose entre las dos chicas.
—Bueno, siempre he pensado que un trío podría ser… interesante —respondió, su voz ronca.
Valeria sonrió, su mano subiendo por el muslo de Diego hasta llegar a su entrepierna. Podía sentir su erección creciendo, y eso la excitó aún más.
—Nos alegra que pienses así, Diego. Porque nosotras también tenemos esa fantasía —dijo, pegando su boca a su oído, susurrándole.
Ana se inclinó hacia adelante, sus labios rozando los de Diego en un beso suave pero lleno de promesa. Valeria se acercó también, sus labios encontrando los de Ana en un beso apasionado, sus lenguas entrelazándose mientras sus manos comenzaban a explorar el cuerpo de Diego.
El chico estaba abrumado pero claramente disfrutando del momento. Sus manos se movieron para acariciar las curvas de Valeria y Ana, sus dedos temblorosos pero ansiosos. Las chicas se separaron del beso, sus miradas clavadas en Diego con una mezcla de deseo y dominación.
—¿Quieres seguir? —preguntó Valeria, su voz cargada de deseo.
Diego asintió, su respiración entrecortada.
—Sí, por favor —respondió, su voz ronca.
Valeria se levantó, y cogiéndolo de la mano lo llevó hacia la cama. Ana se adelantó, quitándose la blusa y dejando al descubierto sus pechos generosos, sus pezones erectos por la excitación. Diego la miró disfrutando de lo que veía, su erección más evidente aun.
Valeria se quitó el vestido, quedando en lencería negra que resaltaba su cuerpo esbelto. Se acercó a Diego, sus manos desabrochando el cinturón de sus vaqueros y bajando su cremallera, liberando su pene en erección. Ana se puso por detrás rozando sus tetas contra su espalda, sus manos se introdujeron por entre su camisa pellizcando sus pezones, mientras Valeria se arrodillaba, agarrando su pene con las dos manos llevándoselo a su boca.
Diego se deshacía, gemía y jadeaba por el placer que le producía, mientras Valeria mamaba su miembro sus manos enredándose en el cabello y guiándola en el ritmo, Ana comenzaba a besar, morder y lamer su cuello, sus manos bajando hacia abajo para acariciar sus sus testículos con su polla en la boca de Valeria. El placer que le producían las dos mujeres era indescriptible, sus piernas temblaban desestabilizando su cuerpo. Valeria alzando la vista lo miró a los ojos mientras disfrutaba de esa mamada que le hacia, su lengua moviéndose con experiencia impregnando de saliva todo su miembro, sus labios deslizándose hacia arriba y hacia abajo por su longitud.
Ana se quitó la falda, quedando en ropa interior, y se subió a la cama, posicionándose detrás de Diego. Sus manos acariciaron su espalda, bajando hasta su cintura, guiándolo para que se arrodillara también. Valeria se apartó, y Ana tomó el lugar de su amiga, su boca envolviendo el miembro de Diego con la misma pasión.
Valeria se subió a la cama, posicionándose frente a Diego, sus piernas abiertas para mostrar su sexo abierto húmedo.
—Mírame, Diego —susurró, su voz cargada de deseo.
Él la miró, sus ojos clavados en su sexo mientras Ana seguía chupando su pene de 23 cm. gordo y rígido como un palo, Valeria comenzó a tocarse, sus dedos deslizándose entre sus labios vaginales, con su otra mano acariciando sus pechos estirando y pellizcando sus pezones. Diego la miraba, gimió, su erección palpitando en la boca de Ana.
Ana se apartó, y Valeria se posicionó frente a Diego, guiándolo para que la penetrara. Él la miró, sus ojos llenos de deseo, y asintió. Valeria se sentó en su regazo, su sexo ajustándose alrededor de su miembro, sus paredes contrayéndose al sentir como la penetraba.
Diego la garró de la cintura, moviéndose hacia arriba y hacia abajo, sus caderas chocando contra las de ella. Valeria gimió, sus manos enredándose en su cabello, sus cuerpos moviéndose al unísono. Ana se posicionó detrás de Diego, sus dedos arañaban su espalda, sus labios besando su cuello, pasaba su mano por entre medias de sus glúteos rozando su ano y masajeando sus testículos, mientras su polla penetraba Valeria. El placer que le producía le hacia perder la compostura, pronunciando palabras y expresiones sucias a sus dos amantes.
Valeria se inclinó hacia atrás, apoyándose en las manos de Ana, mientras Diego seguía moviéndose dentro de ella. Ana comenzó a tocarse, sus dedos deslizándose entre sus labios vaginales, sus gemidos mezclándose con los de Valeria.
Diego aceleró el ritmo, sus embestidas más profundas, más desesperadas. Valeria gimió, su cuerpo tensándose al sentir el orgasmo acercándose.
—Más fuerte, Diego —susurró, su voz ronca.
Él obedeció, sus caderas chocando contra las de Valeria con fuerza, su miembro llenándola por completo. Ana se acercó más, sus labios rozando los de Valeria en un beso apasionado mientras sus dedos seguían moviéndose por la raja de su coño.
Valeria ya estaba, su coño presionando el pene de Diego comenzó a liberar su corrida alcanzando un orgasmo explosivo, su cuerpo temblando, sus paredes contrayéndose alrededor de la polla de Diego. Él gimió notando que Valeria se corría, su erección palpitando dentro de ella, y profiriendo un grito se corría dentro de ella llenando su coño con su semen.
Los tres se quedaron sin aliento, sus cuerpos sudorosos, sus corazones latiendo con fuerza. Valeria se apartó de Diego, su sexo aún palpitando, y se tumbó en la cama, Ana a su lado lamia su coño saboreando el semen que le chorreaba. Diego se sentó, mirándolas con una sonrisa satisfecha contemplando la escena.
—Eso fue… increíble —dijo, su voz aún entrecortada.
Valeria y Ana sonrieron, sus manos entrelazándose mientras miraban a Diego con una mezcla de satisfacción y deseo.
—Y esto es solo el comienzo —susurró Valeria, su voz cargada de promesa.
La tarde prometía ser inolvidable, y las dos amigas sabían que aún había mucho por explorar. Con Diego entre ellas, las posibilidades eran infinitas, y ambas estaban más que dispuestas a seguir experimentando, a seguir buscando esos orgasmos potentes que tanto anhelaban. La habitación, llena de aromas y sonidos de placer, era el escenario perfecto para lo que estaba por venir.
por: Mary Love

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