Sara se encontraba en su habitación, la luz tenue iluminaba suavemente el espacio. Llevaba ya 15 años viuda su esposo muria cuando ella tenia 47 años y había pasado años sin compartir su vida sexual con un hombre, pero esa noche decidió que era momento de dejarse llevar. Preparo su habitación encendiendo unas velas aromáticas y unas baritas de incienso. Con la luz apagada a la luz de las velas e sentó en la cama desnuda, mirando los juguetes que había ido acumulando a lo largo del tiempo.
El vibrador de clítoris, con su forma elegante y suave al tacto, llamó su atención. Lo tomó entre sus manos, sintiendo una oleada de sensaciones que recorrían su cuerpo. Con un susurro de emoción, lo encendió y el zumbido suave la izo estremecer.
Cerrando los ojos, se dejó llevar por las sensaciones. La vibración comenzó a recorrer su piel como una caricia cálida. Sara se sintió viva, cada pulso del vibrador despertaba recuerdos de momentos pasados y deseos ocultos. Su mente viajaba hacia lugares donde la pasión era el rey.
Mientras exploraba su cuerpo, sus manos recorrían sus pechos desnudos, y los pezones se yerguen bajo su tacto de sus dedos. El vibrador se movía en perfecta sincronía con sus movimientos, llevándola más cerca de un placer profundo y desconocido. Las imágenes de encuentros apasionados llenaban su mente, y con cada susurro del juguete, se sentía más empoderada.
Finalmente, el clímax llegó como una ola arrolladora. Sara se entregó por completo a la sensación de euforia que la invadía. En ese momento, no era solo una mujer viuda; era una diosa del placer, dueña de su propio cuerpo.
Después de la tormenta de sensaciones, Sara se quedó en calma, sonriendo al recordar que el placer estaba al alcance de su mano y que aún había mucho por descubrir en su viaje personal.
----------
Al dia siguiente Sara comenzó creando un ambiente acogedor en su habitación. Se puso música suave, encendió algunas velas aromáticas, y puso a quemar una esencias de jazmín. Quería que cada detalle la ayudara a relajarse y concentrarse en su placer.
Primero, tomó el vibrador de clítoris. Se acomodó en la cama, con las piernas ligeramente abiertas y la almohada bajo su cabeza. Con el vibrador en una mano, empezó a acariciar suavemente su cuerpo con la otra, sus pechos, su bajo vientre sus muslos y la entrepierna, sintiendo cada curva y cada rincón. Lento y deliberado, con un aceite lubricante de mandrágora comenzó a estimular su clítoris, aplicando diferentes niveles de presión y velocidad.
Mientras se concentraba en esas sensaciones, Sara cerró los ojos y dejó que su mente vagara. Imaginó momentos íntimos desde su adolescencia hasta la muerte de Santiago, su esposo, lo que la excitaba aún más. Con cada movimiento del vibrador, sentía cómo los golpes de placer comenzaban a acumularse dentro de ella.
A medida que se acercaba aumentaba su placer, cambió la velocidad del vibrador a una opción más intensa. Las vibraciones se sentían electrizantes, y sintió que estaba al borde de correrse. Con un susurro y gemido de placer, llegó a la cima, su coño engordaba y estallaba en un orgasmo que la hacia estremecerse, su cuerpo tembló y convulsiono durante un par de minutos. Cuando se calmo se dio cuenta que acumulaba años reprimiendo su sexualidad.
Después de disfrutar de ese primer orgasmo, Sara no se detuvo. En lugar de descansar, decidió cambiar al vibrador de punto G. Se lo colocó suavemente en su interior, buscando esa curva especial que sabía que la llevaría a nuevas sensaciones. Movió el vibrador con cuidado, asegurándose de estimular también su clítoris con la otra mano.
Con cada movimiento rítmico, sintió cómo el placer aumentaba una vez más. La combinación de sensaciones era como fuegos artificiales; el vibrador estimulaba su punto G mientras que sus dedos jugaban con su clítoris. En poco tiempo, alcanzó otro orgasmo explosivo.
Sara sabía que aún podía seguir explorando. Después de un breve descanso para recuperar el aliento, decidió probar las bolas chinas. Se las colocó cuidadosamente y comenzó a moverse por la habitación, notando cómo cada paso provocaba una ligera presión interna que excitaba aún más sus sentidos.
Mientras caminaba y se movía libremente, sintió cómo las bolas chinas estimulaban sus músculos pélvicos y le daban un sutil pero constante placer. Ya entrada la noche cerrada, decidió volver al vibrador de clítoris para una última ronda. Esta vez se permitió ser completamente libre en sus movimientos.
Con cada uso del vibrador y la combinación de todas las sensaciones previas que había experimentado esa noche, alcanzó múltiples orgasmos en rápida sucesión. Sara se sintió poderosa y satisfecha al final de su aventura personal.
Este viaje no solo fue físico; también fue emocional y liberador. Sara descubrió no solo su cuerpo sino también su capacidad para disfrutar plenamente del placer por sí misma.
---------
Al día siguiente, Araceli de 50 años, también viuda hacia 5 años llegó emocionada a visitar a su amiga Sara. Había estado un tiempo sin verse y quería ponerse al día. Cuando entró en la habitación de Sara a dejar su abrigo sobre la cama, algo llamó su atención: los juguetes sexuales estaban a la vista, dispuestos sobre la mesita de noche.
Araceli sintió una mezcla de curiosidad y sorpresa. Nunca había hablado abiertamente sobre esos temas con Sara, pero en el fondo, había una atracción hacia el mundo del placer que no podía ignorar. Mientras Sara se preparaba algo de bebida en la cocina, Araceli se acercó a la mesita y comenzó a examinar los juguetes.
El vibrador de clítoris brillaba suavemente bajo la luz de la habitación, y Araceli no pudo evitar sonreír al pensar en lo que podría sentirse al usarlo. Justo en ese momento, Sara entró y notó la mirada intrigada de su amiga con el juguete en la mano.
—¿Te gustan? —preguntó Sara con una sonrisa traviesa—. No sabía que te interesaran estas cosas, me ha sorprendido.
Araceli se sonrojó un poco, pero su curiosidad era más fuerte que su timidez. —La verdad es que nunca he probado nada así... pero se ven interesantes.
Sara, sintiendo una conexión especial con su amiga, pues se conocían desde la adolescencia decidió abrirse más. —Si quieres, podríamos explorar juntas. No tienes que sentirte presionada; solo es una experiencia divertida, apasionante y liberadora.
Araceli se sintió intrigada por la idea. La propuesta no solo era emocionante, sino que también ofrecía una oportunidad para conocer mejor sus propios deseos. Después de pensarlo un momento, asintió.
—Me encantaría probarlo contigo —dijo Araceli con un brillo en los ojos.
Sara y Araceli se desnudaros mutuamente quedándose con sus teysa y sus coños al descubierto, comenzaron a hablar sobre sus experiencias y deseos mientras se acomodaban en la cama.
Sara se sintió sorprendida y fascinada al ver la anatomía de su amiga Araceli. Aunque nunca había observado algo así antes, su curiosidad y deseo de explorar la sexualidad de una manera diferente la llenaron de emoción. La conexión que compartían las impulsó a seguir adelante.
Con una sonrisa confiada, Sara se acercó a Araceli, quien parecía un poco nerviosa pero también emocionada. Sara sabía que la comunicación era clave, así que le preguntó si estaba lista para experimentar ese placer que se había negado tantos años.
—Quiero que te sientas completamente cómoda —dijo Sara—. Si hay algo que no te gusta o si quieres parar en cualquier momento, solo dímelo.
Araceli asintió, sintiéndose más tranquila al saber que podían hablar abiertamente sobre sus deseos y límites. Con esa confianza establecida, Sara comenzó a acariciar suavemente el cuerpo de Araceli, explorando cada curva y cada rincón con delicadeza.
Mientras sus manos recorrían su piel, tocando con suavidad sus tetas y pezones. Bajando hasta su bajo vientre Sara se enfocó en el clítoris de Araceli, notando su forma única. Con movimientos suaves y seguros, comenzó a estimularlo con sus dedos, alternando entre caricias ligeras y presiones más firmes. Araceli cerró los ojos y dejó escapar un suspiro de placer.
Sara se sentía empoderada al poder brindar placer a su amiga y decidió usar su conocimiento sobre la anatomía femenina para guiar a Araceli hacia el orgasmo. Continuó explorando con cuidado, prestando atención a las reacciones de su amiga para ajustar sus movimientos según lo que parecía gustarle más.
A medida que la excitación aumentaba, Araceli comenzó a moverse al ritmo de las caricias de Sara. La conexión entre ambas se volvía más intensa y apasionada. Sara experimentaba una mezcla de satisfacción al ver cómo Araceli disfrutaba cada momento.
Con cada toque y cada movimiento, Araceli se acercaba más a su primer orgasmo. Sara decidió intensificar la estimulación del clítoris mientras acariciaba suavemente los labios vaginales de Araceli con la otra mano. La combinación era electrizante.
Finalmente, Araceli se estaba corriendo dando un grito estruendoso de placer. Su cuerpo tembló mientras su coño se vaciaba de gusto, disfrutaba sensaciones que la invadían. Sara la besaba metiéndole su lenga en la boca creando mas pasión, mientras la besaba sin parar Araceli se tocaba su coño con su mano metiéndose los dedos dentro, jadeaba, gemía y gritaba Mmm, como una gata en celo, otra vez se estaba corriendo mojando de pipi la cama. Sara sonrió al ver lo feliz que estaba su amiga y se sintió orgullosa de haberla guiado en esa experiencia tan íntima.
Después de los orgasmos, ambas amigas compartieron risas y abrazos, sintiéndose más unidas que nunca. Fue un momento liberador que les permitió explorar no solo su sexualidad sino también su amistad en un nivel completamente nuevo.
--------
Había transcurrido una semana desde el encuentro con Sara en su casa.
Araceli estaba emocionada y un poco nerviosa mientras marcaba el número de Sara. Quería decirle a su amiga que había comprado un juguete y había estado pensando en la idea de usarlo entre las dos. Se trataba de un arnés con un pene realista, una replica de un actor porno americano y no podía esperar para compartirlo con su amiga y amante. Cuando Sara contestó, la energía en la conversación era palpable.
—¡Hola, Sara! —dijo Araceli con entusiasmo—. ¡Tengo algo increíble que contarte!
—¡Hola, Araceli! Cuéntame, ¿qué es? —respondió Sara, intrigada.
—He comprado Por Internet un arnés con un pene realista, una replica de un actor porno americano de 28 centímetros, ¡y quiero inaugurarlo contigo! —dijo Araceli, sintiendo que su corazón latía más rápido.
Sara se quedó en silencio por uno segundos, procesando lo que acababa de escuchar. La idea era emocionante y un poco intimidante, pero también la llenó de expectativa. Después de todo, habían disfrutado juntas antes y había una confianza especial entre ellas.
—Wow, eso suena... increíble —respondió Sara finalmente—. Estoy muy interesada. ¿Cuándo quieres hacerlo?
Araceli propuso que se encontraran ese fin de semana en su casa, donde podrían estar cómodas sin interrupciones ni preocupaciones. Ambas acordaron los detalles y quedaron ansiosas por la cita.
El día llegó, y Araceli llegó a casa de Sara con el arnés cuidadosamente empaquetado. Se sentía nerviosa pero emocionada. Sara la recibió con una sonrisa amplia y un abrazo cálido que disipó gran parte de su ansiedad.
—Estoy lista para esto —dijo Araceli mientras sacaba el arnés del paquete—. Quiero que ambas disfrutemos al máximo.
Sara asintió, sintiendo que la conexión entre ellas se fortalecía aún más. Se desnudaron de la ropa ligera que llevaban. Araceli se puso el arnés con ayuda de Sara, quien le besaba el cuello mientras ajustaba las correas hasta que todo quedara perfecto.
Una vez listas, se miraron a los ojos y sonrieron, compartiendo una complicidad que solo podían entender ellas. Araceli se sintió empoderada al verse con esa polla en su cintura, por un momento pensó —¿Y si fuera un travesti con una polla así de grande, dispuesto a follar a Sara?—, pensamiento que la puso mas cachonda solo de pensarlo.
Sara tomó la iniciativa y comenzó a acariciar a Araceli nuevamente, mientras sus manos recorrían su cuerpo con pasión. Después de unos momentos, comenzaron a intercambiar besos apasionados. El ambiente estaba cargado de deseo sexual.
Araceli tomó la delantera mientras guiaba a Sara hacia la cama. Con una mezcla de emoción y nerviosismo, comenzó a explorar el cuerpo de Sara con la polla realista. Las sensaciones eran intensas para ambas; Araceli se sentía poderosa al poder dar placer a su amiga mientras disfrutaban juntas del momento.
A medida que avanzaban en su juego erótico, las risas y los suspiros llenaban la habitación. La confianza entre ellas permitió que cada una se sintiera libre para expresar lo que deseaba y necesitaba.
Araceli y Sara se adentraron en una experiencia única y llena de exploración con el arnés. Al principio, ambas se tomaron su tiempo para disfrutar del momento, creando un ambiente relajado y lleno de confianza.
Araceli, sintiéndose empoderada con el arnés puesto, acariciaba el cuerpo de Sara. Se movía lentamente, explorando cada curva y cada rincón de su amiga. Mientras lo hacía, prestaba atención a las reacciones de Sara, observando cómo su cuerpo respondía a cada toque.
Sara, por su parte, no podía evitar soltar suaves gemidos de placer mientras Araceli la acariciaba. La conexión entre ambas se intensificaba a medida que compartían sus deseos y emociones en ese momento tan especial. Sara también se sintió inspirada a tomar la iniciativa; comenzó a acariciar el cuerpo de Araceli, guiándola sobre cómo quería ser estimulada.
Al cabo de unos instante, Sara le dijo a Araceli —follame el coño con esa herramienta, mételo hasta el fondo— al penetrar a Sara lo hizo suavemente con esa polla realista. Se aseguraba de ir despacio al principio, permitiendo que ambas se ajustaran a la nueva dinámica. —la noto como si fuera de carne—, dijo Sara, sigue, muévete como si fueras un tío...
Mientras Araceli movía el arnes con cuidado, comenzó a experimentar diferentes ritmos y ángulos. Sara le daba retroalimentación constante sobre lo que le gustaba más, creando un flujo de comunicación que aumentaba la intimidad del momento. Araceli podía notar cómo los gemidos de Sara aumentaban en intensidad, lo que la motivó a explorar nuevas técnicas.
Ambas se sumergieron en un vaivén de placer compartido. Araceli disfrutaba no solo del acto físico, sino también de ver a su amiga experimentar el placer. El ambiente estaba lleno de risas, susurros y caricias suaves mientras continuaban explorando sus cuerpos.
A medida que la pasión aumentaba, Araceli comenzó a moverse con más confianza y determinación. Las dos amigas estaban completamente inmersas en el momento, olvidándose del mundo exterior y centrando toda su atención en lo que estaban compartiendo.
Finalmente, después de un tiempo de exploración mutua, ambas llegaron a al orgasmo. Los gritos suaves de placer resonaban por toda la habitación mientras disfrutaban juntas del éxtasis. Fue una experiencia transformadora que no solo les brindó placer físico sino también una conexión emocional profunda.
La complicidad y la confianza que habían construido las unió aún más como amigas y amantes. Después de correrse las dos, se abrazaron con ternura, riendo y compartiendo sus pensamientos sobre lo que acababan de vivir juntas.
por: Mary Love

Comentarios
Publicar un comentario