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Regalo especial en el cumpleaños 75 cumpleaños de Clara



[Dos mujeres viudas, Clara de 75 y Teresa 78 años están reunidas para celebrar el cumpleaños de una de ellas, reciben la visita de dos amigos de los encuentros en el club Swinger y se unen a la celebración recibiendo un regalo muy especial ]

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Era un hermoso día de primavera, y el sol brillaba intensamente en el jardín de Clara, quien celebraba su 75 cumpleaños. Había preparado una pequeña reunión con su amiga Teresa, de 78 años, con la que compartía una profunda amistad y muchas aventuras, pues se conocieron hace ya años en un Club Swinger de intercambio de parejas. Ambas viudas, habían encontrado consuelo y compañía en su relación, disfrutando de la vida y de los placeres que esta les ofrecía.

Mientras compartían risas y recuerdos en la terraza adornada con flores frescas, el timbre de la puerta sonó. Eran dos amigos del club Swinger, Javier y Luis, quienes eran importantes en las vidas de ambas mujeres. La alegría de las dos mujeres era evidente al ver a los hombres entrar; sabían que el encuentro prometía ser especial.

Clara, con una sonrisa pícara, invitó a los hombres a unirse a la celebración. La conversación fluyó fácilmente entre risas y miradas cómplices. A medida que avanzaba la tarde, las copas de vino se llenaron y el ambiente se volvió más íntimo. Clara y Teresa se miraron con complicidad; ambas sentían la chispa del deseo encenderse entre ellas.

La atmósfera en el salón se volvía cada vez más cargada de deseo y complicidad. Mientras las risas y los susurros se entrelazaban en el aire, Javier y Luis decidieron que era el momento perfecto para sorprender a Clara y Teresa con un regalo especial. Eran dos vibradores elegantes, cada uno diseñado con un toque sofisticado, perfectos para mujeres como ellas pues sabían que les agradaría mucho.

“Feliz cumpleaños, Clara”, dijo Javier, entregándole el paquetito con el vibrador de color púrpura brillante con cinco modos de vibración. “Y para ti, Teresa”, continuó Luis, ofreciéndole uno en un suave tono rosa con succionador del clitoris. Las mujeres miraron los regalos con asombro y curiosidad, sintiendo una mezcla de emoción y picardía.

“¿Qué tal si los probamos juntos?”, sugirió Clara, con un guiño cómplice a su amiga. La propuesta hizo que la habitación se llenara de risas nerviosas y miradas pícaras. Los hombres intercambiaron sonrisas cómplices; sabían que la noche apenas comenzaba.

Con un gesto decidido, Clara presionó el botón del vibrador, y un suave zumbido llenó el aire. Teresa hizo lo mismo con su regalo, creando una sinfonía de sonidos seductores que resonaban en el ambiente. Las mujeres se miraron entre sí, sintiendo cómo la anticipación crecía.

“Vamos a jugar”, dijo Teresa con una sonrisa traviesa. Las cuatro almas se acomodaron en el sofá, creando un círculo íntimo. Los hombres se acercaron a las mujeres mientras ellas comenzaban a explorar sus propios cuerpos con los vibradores. El zumbido suave y constante se convirtió en la banda sonora de su deseo.

Javier y Luis observaron embelesados cómo las mujeres se entregaban al placer, disfrutando de cada momento mientras sus dedos y manos recorrían sus lugares mas sensitivos al placer. Con una mirada llena de complicidad, Clara invitó a Luis a acercarse más. “¿Te gustaría ayudarme?”, le preguntó mientras su vibrador acariciaba uno de sus pezones.

Luis no dudó ni un segundo; se acercó a Clara y comenzó a besarla apasionadamente, metió su lengua en su boca y la impregno con su saliva, la mujer se deshacía de placer, gomia, mientras ella bajaba el juguete a su sexo y apartando los labios lo pasaba por la raja de su coño. La conexión entre ellos era palpable; cada roce aumentaba la intensidad del momento.

A su lado, Teresa también animó a Javier a unirse a ella. “Ven aquí”, dijo mientras lo miraba con deseo. Javier se acercó y comenzó a acariciar su muslo mientras ella seguía disfrutando del vibrador en su cuerpo.

Las risas se transformaron en gemidos suaves; las cuatro almas perdieron la noción del tiempo mientras exploraban nuevos niveles de placer juntos. Era una celebración de libertad, amistad y sensualidad que desbordaba el ambiente.

Clara y Teresa invitaron a sus amigos a sentarse enfrente de ellas y que observaran. Se miraron con complicidad, sabiendo que les iba a encantar lo que estaban a punto de suceder. Se desnudaron por completo, dejando sus cuerpos expuestos, cada una tomó su vibrador y comenzó a explorar su cuerpo con suavidad, disfrutando de la sensación del suave zumbido del juguete contra su piel.

Clara cerró los ojos, dejando que el placer la inundara. El vibrador se deslizaba por su abdomen, mientras sus manos recorrían sus muslos, sintiendo cómo la anticipación crecía dentro de ella. A su lado, Teresa hizo lo mismo; el vibrador acariciaba su piel con ternura, mientras sus gemidos suaves comenzaban a llenar el aire.

Los hombres, Javier y Luis, observaban fascinados desde una distancia respetuosa pero cercana. La vista era hipnotizante: las mujeres estaban completamente en sintonía con sus cuerpos, cada movimiento era un baile de sensualidad y deseo. La excitación de los hombres crecía con cada gemido que escapaba de los labios de Clara y Teresa.

“Eso es”, murmuró Javier, sintiendo cómo su propio cuerpo respondía a la escena ante él. Luis asintió, incapaz de apartar la mirada; la conexión entre las mujeres y sus vibradores era pura magia. La forma en que Clara arqueaba la espalda y cómo Teresa mordía suavemente su labio inferior solo aumentaba el deseo en el ambiente.

Las mujeres, llenas de confianza y deseo, decidieron que era el momento de tomar la iniciativa. Clara y Teresa se miraron con complicidad, sabiendo que lo que iban a hacer era una expresión pura de placer y libertad.

Con movimientos fluidos, ambas comenzaron a penetrarse con sus vibradores, sintiendo cómo la vibración recorría sus cuerpos. Clara cerró los ojos, dejando que el placer la envolviera mientras se adentraba en un mundo de sensaciones intensas. El vibrador se deslizaba dentro de ella, llenándola de una oleada de euforia que la hacía arquear la espalda.

A su lado, Teresa seguía su ejemplo, sintiendo el ritmo de su propio cuerpo en perfecta sintonía con el de Clara. La conexión entre ellas era palpable; cada gemido que escapaba de sus labios resonaba en el aire como una melodía sensual. Ambas estaban completamente entregadas al momento, explorando sus cuerpos con una confianza renovada.

Los hombres no podían apartar la mirada. La escena era hipnotizante: las mujeres se dejaban llevar por el placer, cada movimiento era una danza cargada de pasión. Javier y Luis se sentían cada vez más excitados al observar cómo Clara y Teresa se entregaban a sus deseos sin reservas. Era un espectáculo que despertaba todos sus sentidos.

“¡Sí, eso es!”, exclamó Clara, sintiendo cómo la intensidad del placer aumentaba a medida que profundizaba el movimiento del vibrador. Teresa la miró con complicidad y sonrió, sintiendo cómo su propio cuerpo respondía al ritmo frenético del momento.

Ambas comenzaron a moverse más rápido, sus respiraciones se entrelazaban en un crescendo lleno de deseo. En ese instante, todo lo demás desapareció; solo existían ellas y el placer que se brindaban mutuamente. Las paredes parecían desvanecerse mientras se sumergían en su propia burbuja de éxtasis.

Fue entonces cuando las dos alcanzaron ese clímax tan esperado. Con un grito ahogado lleno de placer, Clara y Teresa se corrieron casi al mismo tiempo. Sus cuerpos temblaron bajo la influencia del éxtasis; era un momento compartido que resonó en el aire como una explosión de alegría y liberación.

Los hombres observaron maravillados cómo las mujeres disfrutaban del momento sin vergüenza ni inhibiciones. Era una celebración del deseo femenino; una experiencia que no solo las unía a ellas, sino que también encendía la chispa en los hombres.

El silencio posterior fue profundo y hermoso. Clara y Teresa recuperaban el aliento mientras sonreían entre sí, sabiendo que habían creado algo especial en esa noche llena de pasión compartida.

Los hombres, incapaces de resistir la intensidad del momento y el espectáculo que tenían ante sus ojos, sintieron cómo la excitación alcanzaba su punto máximo. Javier y Luis intercambiaron miradas cómplices, sabiendo que era el momento de unirse a la celebración de placer que Clara y Teresa habían comenzado.

Con movimientos decididos, se acercaron a ellas. La energía en la habitación era palpable, un torbellino de deseo y conexión. Sin perder tiempo, los hombres se posicionaron sobre las mujeres, tomando la iniciativa con una mezcla de ternura y pasión.

Clara y Teresa, aún recuperándose de su clímax, miraron a los hombres con una mezcla de sorpresa y deseo renovado. La complicidad entre todos creció instantáneamente. Javier se inclinó hacia Clara, mientras Luis se acercaba a Teresa, ambos sintiendo cómo la tensión en el aire se hacía más intensa.

Con movimientos coordinados, comenzaron a penetrarlas suavemente al principio, como si quisieran saborear cada instante. Las mujeres respondieron con gemidos de placer, invitándolos a profundizar más en sus cuerpos. Los hombres se dejaron llevar por el momento, sintiendo cómo el calor y la conexión entre ellos aumentaban.

La habitación se llenó de sonidos apasionados; los cuerpos se movían en un ritmo casi hipnótico. La mezcla de sensaciones era electrizante: las caricias suaves y firmes de los hombres combinadas con el deseo ardiente de las mujeres creaban una sinfonía perfecta de placer compartido.

A medida que la intensidad aumentaba, los hombres comenzaron a moverse con más fuerza. Clara y Teresa se entregaban por completo a la experiencia; cada embestida provocaba olas de placer que resonaban en sus cuerpos. Era como si todos estuvieran conectados por un hilo invisible que solo el deseo podía tejer.

Finalmente, alcanzaron ese clímax explosivo nuevamente. Con un grito colectivo lleno de satisfacción, los hombres se corrieron junto a las mujeres, creando una atmósfera cargada de éxtasis compartido. El momento fue electrizante; sus cuerpos temblaban juntos en una danza desenfrenada de placer y liberación.

El silencio que siguió fue mágico; todos recuperaban el aliento mientras sonrisas satisfechas iluminaban sus rostros. Habían cruzado una frontera juntos, convirtiendo esa noche en un recuerdo imborrable lleno de pasión y conexión.

Clara, con el cuerpo aún vibrante por el placer de momentos anteriores, sentía cómo la excitación la envolvía completamente. La necesidad de experimentar algo más intenso la dominaba; quería dejarse llevar por una nueva ola de sensaciones. Miró a Teresa, quien comprendió al instante lo que Clara deseaba.

Con una sonrisa cómplice, Teresa se acercó a Clara y comenzó a acariciarla suavemente, aumentando la intensidad de las caricias en su piel. Las manos de Teresa exploraban cada rincón de su cuerpo, mientras los hombres se preparaban para cumplir el deseo de Clara.

Clara estaba completamente entregada al momento, sintiendo cómo el cuerpo de Javier se posicionó frente a ella penetrándola y llenando todo su coño con su pene. La tensión en el aire era palpable, como si cada respiración fuera un eco del deseo compartido. Mientras Luis se colocaba detrás penetrarla por detrás, una oleada de sensaciones la abrumó. Era una experiencia completamente nueva y electrizante.

La sensación de estar rodeada por dos hombres, cada uno moviéndose en perfecta armonía, era indescriptible. Clara podía sentir cómo sus cuerpos se complementaban, creando un ritmo que la llevaba al borde del éxtasis. Los gemidos de placer escapaban de sus labios sin que pudiera contenerlos; cada embestida provocaba un profundo estremecimiento que resonaba en su interior.

Teresa, observando la escena con ojos llenos de deseo y complicidad, se acercó más a Clara. Sus manos recorrían el cuerpo de su amiga con suavidad, acariciando sus pechos y bajando por su abdomen. Cada caricia parecía amplificar el placer que Clara estaba sintiendo; la combinación de las penetraciones y los toques delicados de Teresa creaban un torbellino de sensaciones.

“Déjate llevar”, susurró Teresa al oído de Clara, mientras sus dedos jugaban con su clítoris, aumentando aún más la excitación. Clara cerró los ojos y se concentró en la mezcla de movimientos y caricias; cada toque era como una chispa que encendía su deseo.

Los hombres continuaron con su ritmo, alternando entre embestidas profundas y suaves, creando una danza perfecta entre ellos. La conexión entre todos era intensa; podían sentir cómo cada uno se entregaba por completo a la experiencia compartida. Las respiraciones se entrelazaban en un canto erótico que llenaba la habitación.

Clara sintió cómo el placer comenzaba a acumularse en su abdomen, una presión deliciosa que la empujaba hacia el orgasmo. Con cada embestida, los cuerpos se movían juntos; todo era pura armonía. La sensación de estar tan llena y deseada la llevó a un estado casi trascendental.

Finalmente, cuando estuvo al borde del orgasmo, Clara dejó escapar un grito desgarrador. Fue como si todo el universo se detuviera en ese instante; la ola de placer la envolvió por completo. En ese instante mágico, los hombres también alcanzaron se corrían junto a ella. Fue un momento compartido lleno de conexión y satisfacción; todos estaban inmersos en una experiencia única que quedaría grabada en sus memorias.

El silencio que siguió fue mágico; todos estaban exhaustos pero felices, sonriendo mientras recuperaban el aliento. Habían compartido algo único e inolvidable.

por: Mary Love

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