"Lisa, sola en un hotel, conoce a Lucas, un hombre misterioso y atractivo. La atracción es inmediata y comparten una noche apasionada llena de descubrimientos sexuales".
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Lisa se recostó en la suave cama del hotel, sintiendo la frescura de las sábanas de seda contra su piel. El sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas, proyectando un cálido resplandor en la habitación. John había salido apresuradamente después de recibir una llamada urgente, dejándola sola con dos días restantes de vacaciones. Aunque inicialmente se sintió decepcionada, ahora veía esta situación como una oportunidad para relajarse y disfrutar de un poco de tiempo para sí misma.
Decidió bajar al bar del lobby para tomar una copa y leer un libro que había llevado consigo. El ambiente era tranquilo, con música suave de fondo y el murmullo de conversaciones esporádicas. Se sentó en una mesa cerca de la ventana, pidiendo un cóctel de frutas tropical que le recordaba a las playas que había visitado con John. Mientras hojeaba las páginas de su libro, su mirada se desvió hacia la entrada del bar.
Fue entonces cuando lo vio. Un hombre misterioso, de estatura imponente y presencia magnética, cruzó el umbral. Su cabello oscuro, ligeramente despeinado, enmarcaba un rostro anguloso y atractivo. Sus ojos, de un verde intenso, parecían brillar con una intensidad que la atrajo de inmediato. Llevaba un traje elegante, pero no era su apariencia lo que la cautivó, sino la aura de confianza y misterio que lo rodeaba.
Él la notó al instante, su mirada encontrándose con la de ella en un juego de miradas que la hizo sentir un cosquilleo en el estómago. Con una sonrisa enigmática, se acercó a su mesa, su caminar seguro y fluido. "Me permites?", preguntó con una voz profunda y seductora, su acento ligeramente extranjero añadiendo un toque exótico a su presencia.
Lisa, sintiendo un calor repentino en sus mejillas, asintió con la cabeza, incapaz de articular una respuesta coherente. El hombre se sentó frente a ella, su presencia llenando el espacio entre ellos con una tensión eléctrica. "No pude evitar notar tu belleza desde el otro lado del bar", confesó, su mirada fija en la de ella. "Me llamo Lucas".
Su voz era como miel, dulce y envolvente, y Lisa se sintió atraída por su encanto natural. "Yo soy Lisa", respondió, su voz apenas un susurro. La conversación fluyó con facilidad, Lucas demostrando ser un conversador hábil y cautivador. Con cada palabra, cada gesto, despierta en ella deseos que nunca antes había sentido. Sus historias de viajes por el mundo, sus experiencias en lugares exóticos, la transportaron a un mundo de aventura y pasión.
A medida que la tarde se convertía en noche, la atracción entre ellos se volvió palpable. Lucas la invitaba a cenar, y Lisa, sintiendo una tentación irresistible, aceptó. La cena fue una experiencia sensorial, con platos exquisitos y vinos finos, pero era la compañía de Lucas lo que la cautivaba. Sus manos se rozaban accidentalmente bajo la mesa, sus miradas se encontraban en momentos de complicidad, y la tensión sexual entre ellos crecía con cada minuto que pasaba.
Al terminar la cena, Lucas la invitó a su habitación para tomar una última copa. Lisa, sintiendo un torbellino de emociones, aceptó, sabiendo que estaba a punto de cruzar una línea que nunca antes había cruzado. El corazón le latía con fuerza mientras caminaban por el pasillo, la mano de Lucas rozando la suya de manera casual, pero cargada de intención.
Al entrar en la habitación, Lucas se acercó a ella, su presencia dominando el espacio. Con un movimiento fluido, la atrajo hacia él, sus labios capturando los de ella en un beso apasionado. Lisa se dejó llevar, sus manos enredándose en su cabello, respondiendo a su beso con una intensidad que la sorprendió incluso a sí misma.
Las manos de Lucas recorrían su cuerpo, desabrochando lentamente los botones de su blusa, revelando su piel suave y pálida. Sus dedos trazaban patrones invisibles en su piel, despertando sensaciones que la hacían gemir de placer. Con cada caricia, cada beso, Lucas la guiaba hacia un territorio desconocido, un lugar de deseo y rendición.
La blusa de Lisa cayó al suelo, seguida por su falda, dejando al descubierto su ropa interior de encaje negro. Lucas la miró con ojos llenos de deseo, su respiración acelerada reflejando la intensidad del momento. Con manos expertas, desabrochó su sostén, liberando sus pechos, que se elevaron hacia él como una ofrenda.
Sus labios se cerraron alrededor de un pezón, su lengua trazando círculos concéntricos que hicieron que Lisa arqueara la espalda, gimiendo de placer. Sus manos se movían con habilidad, masajeando y acariciando, despertando sensaciones que la llevaban al borde del éxtasis. Con cada toque, cada beso, Lucas la llevaba más cerca del precipicio, hasta que finalmente, con un grito ahogado, Lisa alcanzó su primer orgasmo, su cuerpo temblando bajo su toque.
Pero Lucas no se detuvo allí. Con una sonrisa satisfecha, la guió hacia la cama, donde la hizo recostarse, sus ojos brillando con una intensidad que la hizo sentir vulnerable y deseada al mismo tiempo. Se deshizo de su propia ropa, revelando un cuerpo tonificado y atractivo, su erección evidente y palpitante.
Lisa lo miró con ojos llenos de deseo, sintiendo una necesidad urgente de tenerlo dentro de ella. Lucas se posicionó entre sus piernas, su peso descansando sobre los antebrazos, mientras su mirada se encontraba con la de ella. Con un movimiento lento y deliberado, entró en ella, llenándola por completo, su tamaño y dureza despertando sensaciones que la hicieron gemir de nuevo.
Comenzaron a moverse en un ritmo lento y sensual, sus cuerpos uniéndose en una danza primitiva y apasionada. Lucas la miraba con intensidad, sus ojos verdes brillando con deseo, mientras sus caderas se movían en un vaivén constante, llevándola al borde del abismo una y otra vez. Con cada embestida, cada caricia, Lisa se sentía más cerca de la liberación, su cuerpo tensándose en anticipación.
De repente, Lucas aumentó el ritmo, sus movimientos convirtiéndose en una frenética danza de carne y deseo. Sus caderas chocaban contra las de ella, su respiración se volvía más acelerada, y Lisa se dejó llevar por la tormenta de sensaciones que la envolvía. Con un grito gutural, alcanzó su segundo orgasmo, su cuerpo convulsionándose bajo el de Lucas, que la seguía poco después, su semen llenándola por completo.
Exhaustos y sudorosos, se recostaron uno al lado del otro, sus cuerpos aún unidos, sus respiraciones entrecortadas. Lucas la miró con una sonrisa satisfecha, su mano acariciando su cabello de manera cariñosa. "Eso fue...", comenzó Lisa, pero no pudo terminar la frase, su voz ahogada por la intensidad de lo que acababa de experimentar.
Lucas besó su frente, su toque suave y tierno. "Solo el comienzo", susurró, su voz cargada de promesa. Y en ese momento, Lisa supo que esta noche marcaría el inicio de una nueva etapa en su vida, una etapa de descubrimiento sexual y rendición a los deseos más profundos. Mientras yacía en los brazos de Lucas, sintiendo su corazón latir en sincronía con el de él, se dio cuenta de que esta experiencia la había cambiado para siempre, despertando en ella una pasión que nunca antes había conocido. La noche aún era joven, y el misterio de Lucas la atraía como un imán, prometiendo más momentos de intensa pasión y descubrimiento.
por: Mary Love

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