Lecciones de Lulú
Juego de roles transformador, historia 2
[Sindy y su novio, guiados por Lulú, se adentran en un juego de roles donde él es un dominante exigente y ella una sumisa complaciente. Vestidos para la ocasión, exploran nuevas dinámicas sexuales, intensificando su conexión y descubriendo aspectos desconocidos de su deseo].
La tarde había sido transformadora para Sindy y su novio, quienes, bajo la guía experta de Lulú, habían descubierto nuevas formas de conectarse y disfrutar de su sexualidad. Sin embargo, Lulú no estaba satisfecha con solo resolver sus problemas técnicos. Quería llevarlos más allá, ayudarlos a explorar sus fantasías más profundas y a descubrir aspectos desconocidos de su deseo. Con una sonrisa pícara, Lulú propuso un juego de roles que cambiaría por completo la dinámica entre la pareja.
—¿Qué tal si hoy jugamos a ser alguien más? —sugirió Lulú, sentada en el sofá con una copa de vino en la mano—. Un juego de roles puede liberar inhibiciones y permitirles explorar fantasías que nunca se atreverían a probar en su vida cotidiana. ¿Se animan?
Sindy, con las mejillas aún sonrojadas por la intensidad de la tarde, miró a su novio, quien asintió con curiosidad. Ambos estaban dispuestos a seguir el camino que Lulú les trazara.
—Perfecto —continuó Lulu—. Sindy, tú serás una joven sumisa, ansiosa por complacer a su amo. Y tú, cariño —dijo dirigiéndose al novio—, serás un dominante exigente, pero justo. ¿Les gusta la idea?
La pareja intercambió miradas llenas de anticipación. Era algo completamente nuevo para ellos, pero la idea de explorar roles diferentes los excitaba.
—¿Qué debemos hacer? —preguntó el novio, su voz cargada de interés.
—Primero, necesitan vestirse para la ocasión —respondió Lulu, levantándose y dirigiéndose al dormitorio—. Sindy, tú llevarás algo que te haga sentir vulnerable y deseosa. Y tú —dijo volviéndose hacia el novio—, algo que te haga sentir poderoso.
Sindy se dirigió al armario y eligió un conjunto de lencería negra de encaje, con un corsé que resaltaba sus curvas y unas medias que le llegaban hasta los muslos. Se miró al espejo y sintió cómo el personaje de la sumisa comenzaba a tomar forma en su mente. Por su parte, el novio se puso unos pantalones de cuero ajustados y una camisa negra desabotonada, que dejaba ver parte de su pecho. Se sintió inmediatamente más seguro, como si el rol de dominante ya estuviera calando en él.
Cuando regresaron al salón, Lulu los esperaba con una sonrisa aprobatoria.
—Perfecto —dijo—. Ahora, Sindy, arrodíllate frente a tu amo y espera sus instrucciones.
Sindy obedeció, doblando las rodillas y mirando al suelo. Su corazón latía con fuerza, excitada por la situación. El novio se paró frente a ella, sintiendo el poder que el rol le otorgaba.
—Levanta la mirada —ordenó con voz firme.
Sindy obedeció, sus ojos encontrándose con los de su novio. Había algo en su mirada que la hizo sentir pequeña y deseosa de complacerlo.
—¿Qué deseas, amo? —preguntó con voz suave.
—Quiero que me demuestres tu sumisión —respondió él, extendiendo una mano para levantar su barbilla—. Quiero que me beses los pies.
Sindy asintió y, con movimientos lentos y deliberados, se inclinó hacia adelante y tomó uno de los pies de su novio entre sus manos. Lo besó suavemente, sintiendo la textura de su piel contra sus labios. Luego hizo lo mismo con el otro pie, asegurándose de que cada beso fuera un acto de devoción.
El novio observó cada movimiento, sintiendo cómo su excitación crecía. Nunca había experimentado algo así, pero el control que tenía sobre Sindy lo hacía sentirse increíblemente poderoso.
—Ahora —dijo, guiándola para que se sentara en el sofá—, quiero que te toques para mí. Pero recuerda, solo lo harás cuando yo te lo permita.
Sindy asintió, sus dedos temblorosos mientras esperaba la orden. El novio se sentó a su lado, observando cada reacción en su rostro.
—Puedes comenzar —dijo finalmente.
Sindy llevó una mano a su muslo, deslizándola lentamente hacia su entrepierna. Su respiración se aceleró mientras sus dedos se acercaban a su centro, pero se detuvo antes de tocarse.
—¿Puedo continuar, amo? —preguntó, su voz cargada de deseo.
—No —respondió él, con una sonrisa cruel—. Todavía no.
Sindy gimió suavemente, frustrada pero excitada por la negación. El novio disfrutaba de su poder, de cómo podía controlar su placer con solo una palabra.
—Ahora —dijo después de unos momentos—, puedes continuar. Pero hazlo despacio. Quiero que sientas cada caricia.
Sindy obedeció, sus dedos finalmente rozando su clítoris. Movió su mano con lentitud, sintiendo cómo su cuerpo respondía a cada toque. El novio observó, su propia excitación creciendo mientras veía a Sindy luchar por contener sus gemidos.
—Basta —ordenó de repente, deteniendo su mano—. Ahora es mi turno.
Se inclinó hacia adelante y comenzó a besar su cuello, sus labios trazando un camino hacia sus pechos. Sindy se arqueó hacia él, deseosa de más contacto. El novio tomó uno de sus pezones entre sus dientes, tirando suavemente mientras su mano se deslizaba hacia su entrepierna.
—Estás tan mojada —murmuró, sus dedos encontrando su entrada con facilidad—. ¿Esto es por mí, sumisa?
—Sí, amo —respondió Sindy, su voz quebrada por el deseo.
El novio sonrió y comenzó a mover sus dedos dentro de ella, encontrando un ritmo que la hizo gemir en voz alta. Sindy se aferró a sus hombros, su cuerpo temblando mientras se acercaba al orgasmo.
—¿Quieres venir, sumisa? —preguntó, su voz cargada de autoridad.
—Sí, por favor, amo —suplicó Sindy.
—Entonces hazlo —ordenó él.
Sindy se abandonó al placer, su cuerpo convulsionándose mientras alcanzaba el clímax. El novio continuó moviendo sus dedos, prolongando su orgasmo hasta que ella cayó exhausta contra el sofá.
—Ahora —dijo, levantándose—, es mi turno de ser complacido.
Sindy sonrió, todavía recuperándose de su orgasmo. Se puso de rodillas frente a él y desabotonó sus pantalones, sacando su erecto pene. Lo miró con ojos llenos de deseo antes de tomarla en su boca.
Movió su lengua lentamente, saboreando cada centímetro de su miembro. El novio cerró los ojos, disfrutando de la sensación de su boca caliente y húmeda alrededor de él. Sindy aumentó el ritmo, sintiendo cómo su novio se tensaba bajo su toque.
—No te vengas aún —murmuró ella, retirando su boca—. Quiero que lo hagas dentro de mí.
El novio asintió, su respiración entrecortada. Sindy se levantó y se colocó sobre él, guiando su pene hacia su entrada. Se sentó lentamente, sintiendo cómo la llenaba por completo.
—Mueve tus caderas —ordenó él, su voz ronca de deseo.
Sindy obedeció, montándolo con un ritmo que los hizo a ambos gemir de placer. El novio alcanzó sus caderas, guiando sus movimientos mientras se perdían en la intensidad del momento.
—¿Quién manda aquí, sumisa? —preguntó él, su voz cargada de autoridad.
—Tú, amo —respondió Sindy, su voz llena de sumisión.
—Eso es lo que quiero oír —dijo él, antes de dejarse llevar por su propio orgasmo.
Sindy sintió cómo su novio se vaciaba dentro de ella, su cuerpo temblando mientras alcanzaba su propio clímax una vez más. Cayó sobre él, exhausta pero satisfecha, mientras ambos intentaban recuperar el aliento.
Lulu, quien había observado todo desde un rincón, sonrió con satisfacción. El juego de roles había logrado exactamente lo que ella esperaba: intensificar su conexión, explorar nuevos aspectos de su sexualidad y liberar sus inhibiciones.
—¿Les gustó? —preguntó, su voz cargada de diversión.
Sindy y su novio se miraron, sus rostros aún brillando por el esfuerzo.
—Fue increíble —respondió Sindy, su voz llena de asombro.
—Definitivamente lo haremos de nuevo —añadió el novio, con una sonrisa pícara.
Lulu rió, complacida por su reacción.
—Eso es exactamente lo que quería oír —dijo—. Pero recuerden, esto es solo el comienzo. Hay muchas más fantasías por explorar y roles por asumir.
La pareja se miró, sus mentes ya imaginando las posibilidades. Sabían que su vida sexual nunca volvería a ser la misma, y eso los excitaba más que nada. La noche aún era joven, y tenían mucho más por descubrir.
por: Mary Love

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