Historia 1
Lecciones de Lulú
[Lulú, una mujer madura y experimentada, llega a casa de su amiga para prepararse para una cita, pero es recibida por Sindy y su novio en pleno acto sexual. Sindy confiesa sus problemas en la cama y Lulú decide ayudarlos con una lección práctica]
Lulú llegó a la casa de su amiga con una mezcla de emoción y nerviosismo. Esa noche tenía una cita importante con un chico mucho más joven que ella, y quería verse espectacular. Sabía que su amiga, una maquilladora profesional, era la persona ideal para resaltar su belleza madura y seductora. Tocó el timbre con confianza, pero quien le abrió la puerta no fue su amiga, sino Sindy, la hija de esta, una joven de apenas veinte años con una mirada que delataba algo más que sorpresa.
Detrás de Sindy, en el sofá del salón, estaba su novio, un chico de apariencia tímida, ajustándose rápidamente la camiseta. Lulú no necesitó ser una experta para notar que los había interrumpido en pleno acto sexual. La atmósfera en la habitación era espesa, cargada de tensión y deseo apenas contenido. Sindy, con las mejillas sonrojadas, balbuceó una disculpa y la invitó a pasar.
—Lo siento, Lulú, mi mamá no está en casa. ¿Quieres esperar? —preguntó, intentando mantener la compostura.
Lulu sonrió con complicidad. No era la primera vez que se encontraba en una situación así, y su experiencia le había enseñado a manejar este tipo de momentos con naturalidad.
—No te preocupes, cariño. No hay nada de qué avergonzarse —respondió, entrando con elegancia. Su mirada se posó en el chico, que ahora estaba de pie, claramente incómodo. —¿Estaban… ocupados?
Sindy bajó la cabeza, pero luego la levantó con determinación.
—Sí, lo siento. Es solo que… —se detuvo, como si buscara las palabras adecuadas. —Lulu, sé que eres muy experimentada en… bueno, en el sexo. He escuchado a mi mamá hablar de ti. Y la verdad es que… necesitamos ayuda.
Lulú arqueó una ceja, intrigada.
—¿Ayuda? ¿En qué sentido?
Sindy se mordió el labio, claramente nerviosa, pero decidió ser directa.
—Es que… casi nunca llego al orgasmo, y él… bueno, no aguanta lo suficiente. Me deja insatisfecha. No quiero que piense que es malo en la cama, pero… no sé qué hacer.
Lulu sonrió, esta vez con calidez. Le encantaba que los jóvenes buscaran su consejo, y más aún cuando se trataba de algo tan íntimo y personal.
—Entiendo, cariño. El sexo es un arte, y como cualquier arte, requiere práctica, paciencia y, sobre todo, comunicación. ¿Quieren que les dé algunas lecciones?
El chico, que hasta ahora había permanecido en silencio, intervino con voz temblorosa.
—¿En serio? ¿Nos ayudarías? No queremos parecer unos inexperados, pero… es que no sabemos cómo mejorar.
Lulu se acercó a ellos, su presencia llenando la habitación con una energía magnética.
—Por supuesto que los ayudaré. Pero primero, ¿por qué no me cuentan qué es lo que han estado haciendo? Así puedo ver dónde están fallando.
Sindy miró a su novio, quien asintió con timidez.
—Bueno, es que… él se emociona mucho y termina demasiado rápido. Y yo… no sé cómo guiarlo para que dure más.
Lulú asintió, comprensiva.
—Eso es muy común, especialmente en los hombres jóvenes. Pero hay técnicas para controlar la eyaculación precoz. Y en cuanto a ti, Sindy, el orgasmo femenino es un misterio para muchos, pero no tiene por qué serlo. ¿Por qué no me muestran cómo suelen hacerlo? Así puedo darles consejos más específicos.
El chico se ruborizó, pero Sindy, impulsada por la desesperación y la curiosidad, tomó la iniciativa.
—Está bien. Pero… ¿aquí?
Lulú se encogió de hombros.
—¿Por qué no? El sexo no es algo de lo que debamos avergonzarnos. Además, soy toda oídos… y ojos.
Sindy miró a su novio, quien respiró hondo y asintió. Lentamente, se acercaron al sofá, donde momentos antes habían estado interrumpidos. Lulú se sentó en un sillón cercano, cruzando las piernas con elegancia.
—Vamos, muéstrenme cómo comienzan —dijo, su voz calmada pero cargada de expectativa.
El chico se sentó en el sofá, y Sindy se colocó sobre él, besándolo con pasión. Lulú observó con atención, notando cómo el chico inmediatamente se dejaba llevar por el deseo, sus manos recorriendo el cuerpo de Sindy con urgencia.
—Espera —interrumpió Lulú. —¿Ves cómo tus manos van directo a sus pechos y su entrepierna? Eso es parte del problema. El sexo no es una carrera, es un baile. Debes tomarte tu tiempo, explorar su cuerpo, hacerla sentir deseada.
El chico asintió, claramente avergonzado pero dispuesto a aprender.
—Empieza besándola, pero no vayas directo a sus labios. Recorre su cuello, sus orejas, hazla sentir que cada parte de su cuerpo es importante.
Siguiendo sus instrucciones, el chico comenzó a besar el cuello de Sindy, quien soltó un gemido suave. Lulú sonrió, satisfecha.
—Bien. Ahora, Sindy, tú también debes participar. No te quedes pasiva. Muéstrale qué es lo que te gusta, guíalo con tus manos y tu cuerpo.
Sindy, animada por las palabras de Lulú, comenzó a mover sus caderas lentamente sobre el regazo de su novio, mientras sus manos lo guiaban hacia sus pechos y sus pezones. Lulú observó con aprobación.
—Perfecto. Ahora, él, en lugar de ir directo a su clítoris, ¿por qué no exploras otras zonas? Los muslos, la parte interna de los muslos, incluso su espalda. El cuerpo femenino es un mapa de placer, y cada mujer es diferente.
El chico siguió sus instrucciones, sus dedos trazando patrones suaves en la piel de Sindy, quien ahora respiraba más aceleradamente.
—Así, despacio —murmuró Lulú. —Ahora, Sindy, ¿has intentado controlar tus propios orgasmos? Muchas mujeres se enfocan tanto en complacer a su pareja que olvidan su propio placer.
Sindy negó con la cabeza, su rostro reflejando frustración.
—No sé cómo hacerlo. Siempre me siento como si estuviera al borde, pero nunca llego.
Lulu se levantó y se acercó a ellos, su presencia imponiendo una mezcla de autoridad y calidez.
—Déjame mostrarte —dijo, colocándose detrás de Sindy. Con manos expertas, comenzó a masajear los hombros de la joven, bajando lentamente hacia su espalda. —El sexo no es solo sobre los genitales. Todo el cuerpo está conectado.
Sindy cerró los ojos, disfrutando de las caricias de Lulú. El chico, por su parte, estaba claramente fascinado, su mirada oscilando entre la curiosidad y el deseo.
—Ahora, él, ¿has intentado técnicas de respiración? La respiración puede ayudarte a controlar tu eyaculación. Inhala profundamente, cuenta hasta cuatro, y exhala lentamente.
El chico siguió sus instrucciones, su cuerpo relajándose visiblemente.
—Bien —dijo Lulú, su voz ahora más suave. —Ahora, Sindy, ¿quieres intentar algo nuevo?
Sindy asintió, su confianza creciendo gracias a la guía de Lulú.
—Siéntate en su regazo, pero esta vez, tú controlas el ritmo. Muévete lentamente, sintiendo cada centímetro de él dentro de ti.
Sindy obedeció, sus movimientos deliberados y sensuales. Lulú observó con satisfacción cómo el chico se mordía el labio, claramente luchando por mantener el control.
—Recuerda, él, si sientes que estás a punto de terminar, detente. Respira, relájate, y luego continúa.
El chico asintió, su concentración absoluta.
Lulu, viendo cómo los jóvenes comenzaban a sincronizarse, sonrió.
—Muy bien. Ahora, ¿por qué no siguen sin mí? Quiero que practiquen lo que hemos hablado. Yo estaré aquí si me necesitan.
Sindy y su novio se miraron, una chispa de excitación y confianza brillando en sus ojos.
—Gracias, Lulú —dijo Sindy, su voz llena de gratitud.
—De nada, cariño. Recuerden, el sexo es un viaje, no un destino. Disfruten cada momento.
Lulú se sentó nuevamente en el sillón, observando cómo los jóvenes se perdían en su propia burbuja de deseo y descubrimiento. Sabía que esta era solo la primera lección, pero ya podía ver los cambios en ellos. Y mientras los observaba, no pudo evitar sentir una punzada de excitación. Después de todo, enseñar era una de sus pasiones, y ver a dos jóvenes aprendiendo a disfrutar plenamente del sexo era, sin duda, una de las experiencias más gratificantes.
La tarde prometía ser larga, y Lulu estaba más que dispuesta a guiarlos en cada paso del camino.
por: Mary Love

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