Mi nombre Simón, tengo 20 años, por mi
condición de 'católico practicante' aun soy virgen. Este verano estoy
trabajando para sacarme unos euros al cuido y mantenimiento de la piscina y de los
jardines en un Chalet de un empresario del textil, dueño de la firma de ropa juvenil "Fresitas", en un pueblo de
Guadalajara. La esposa y dueña del chalet se llama Joaquina, una señora de
60 años y de muy buen ver. Su esposo lleva de viaje todo el verano
y regresara bien entrando el otoño. Sus dos hijos, chica y chico de 32 y 28 años están casados, pero aún no tiene nietos.
Esta es la historia:
Ya se estaba acabando el verano verano,
y esa tarde Joaquina disfrutaba de los últimos baños en su piscina.
La luz del sol reflejaba en el agua azul, creando un ambiente
relajante y seductor. A sus 60 años, Joaquina se sentía más viva
que nunca. Su espíritu aventurero y su confianza la hacían
brillar.
Simón, un joven de 20 años, estuvo contratado todo
el verano por Joaquina para ayudarla con las tareas del mantenimiento
de la piscina y la jardinería, pues su esposo, un empresario del
textil llevaba en Estados Unidos todo el verano Desde que Simón la
conoció, había sentido una atracción de deseo hacia ella. Su
cuerpo a pesar de sus 60 años, sus risas y su energía eran
contagiosas. Cuando Simón terminó el trabajo, Joaquina lo invitó a
unirse a ella en la piscina para refrescarse después de
trabajar.
Con un bikini que realzaba sus curvas y su piel
bronceada, Joaquina se zambulló en el agua, dejando que la frescura
la envolviera. Simón no pudo evitar mirar con deseo su cuerpo mientras ella
nadaba como una sirena. Tras un momento de duda, decidió quitarse la
camiseta y meterse al agua también.
La piscina se convirtió
en su pequeño refugio. Mientras jugaban y chapoteaban, las risas
llenaban el ambiente. Joaquina sabía que a Simón le atraía, pues
en más de una ocasión lo pilló espiando por la ventana del cuarto de baño mientras ella se
duchaba; cada vez que sus cuerpos se acercaban, una chispa saltaba.
Simón se sentía atraído por la confianza y el magnetismo de
Joaquina, mientras ella disfrutaba del interés del joven; le ponía
cachonda solo pensar en esa polla virgen casi adolescente, potente y varonil.
Después de un rato de juegos acuáticos, Joaquina salió del
agua para tomar un poco de sol. Se tendió en una tumbona quitándose
la parte de arriba del bikini dejando sus pechos operados al
descubierto. El sol acariciara su piel mojada. Simón no pudo
resistir la tentación de acercarse a ella poniendo sus manos para
cubrir sus partes intimas, pues este estaba excitado y se le marcaba
el pene atraves del bañador, sosa que Joaquina se había dado
cuenta. Se sentó a su lado, sintiendo cómo la cercanía aumentaba
la tensión.
“¿Te gustaría un poco de bronceador?”,
preguntó Joaquina al chico con una sonrisa sugerente. Simón
asintió, pues estaba deseando sentir el roce de sus manos en su
cuerpo.
Joaquina tomó el bronceador y comenzó a aplicarlo
suavemente sobre los brazos, el pecho y bajando al bajo vientre metió los dedos por el bañador y rozo su glande,
“¿Te gusta?”, le pregunto Joaquina. Era evidente su pene iba a
estallar dentro del bañador; quítate el bañador y deja libre el
pajarito, le conmino con potestad para que obedeciera, "con mucho gusto" dijo él, "pero ayudame tú", cosa que no dudó en hacer Joaquina, y apareció un
pene de casi 28 cm, erecto y duro como una estaca. Continuó dándole crema bronceadora por
las piernas. Sus manos se movían con destreza y maestría mientras disfrutaba del contacto cálido y sensual. La cercanía era
electrizante; ambos podían sentir cómo ese momento se volvía más
íntimo.
Cuando terminó de aplicar el bronceador por todo su
cuerpo, Joaquina decidió dar un paso más. “Ahora es tu turno”,
dijo con una mirada pícara mientras le entregaba el frasco a
Simón.
Él tomó el bronceador con manos temblorosas y
comenzó a aplicar el producto sobre los hombros de Joaquina. Cada
toque era como una corriente eléctrica que recorría sus cuerpos.
Las miradas se intensificaron cuando Simón se atrevió a dejar caer
sus manos hacia la cintura de Joaquina, esta se quito la parte baja de
bikini dejando su coño al descubierto, a ver hasta done era capaz de llegar el chico. Ahora el mundo había desapareció, ahora los dos estaban completamente desnudos.
El
ambiente se volvió denso; cada toque traía consigo una mezcla de
deseo y atrevimiento. Sin pensarlo dos veces, Simón se inclinó hacia
adelante paso sus dedos por los labios de Joaquina y la besó suavemente la boca, metiendo su lengua
para tocar la suya. Para su sorpresa, ella respondió
instantáneamente con pasión a ese atrevimiento mordiendo sus labios
con suavidad, comiéndole su boca como si fuese un panal de miel, dulce y embriagador.
La
piscina se convirtió en un escenario donde las inhibiciones
desaparecieron por completo. Entre caricias, tocamientos y besos, ambos se
dejaron llevar por la corriente del deseo compartido.
Atraída por su energía juvenil,
Joaquina no pudo aguantar más. Sin pensarlo dos veces, se
levantó y cogiendo a Simón de la mano llevándoselo a una
habitación contigua al salón que daba al jardín oeste de la casa, donde había
una camilla de masajes. Joaquina graduó la altura de la camilla y se tumbo en ella, abrió las piernas poniéndolas en unos soportes que sobresalían de la camilla, "¿Te
gustaría hacer eso que tantas veces has deseado?", le pregunto
Joaquina. Simón totalmente salido, con su polla de unos 28 cm. erecta y dura como una estaca se la metió suavemente en su coño hasta el fondo, entro sin ninguna dificulta ya que ella tenia su coño
bien húmedo y dilatado. Joaquina hacia tiempo que no sentía esa
sensación, los dos se movían al unísono. Ella gritaba, gemía, jadeaba,
“sigue, sigue, no pares” le imploraba Joaquina, “no pares..., me corro!!”, y al
instante comenzó a convulsionar su cuerpo de placer, él empujaba con
fuerza sin parar y gritaba. Los dos se estaban corriendo al mismo tiempo,
Simón temblaba, llenado su coño de leche que chorreaba por
sus piernas.
Después de ese encuentro ardiente,
Joaquina y el jardinero se dirigieron a la piscina sintiéndose más
vivos que nunca. Habían cruzado una frontera desconocida y
compartido un momento inolvidable que cambiaría sus vidas para
siempre.
por: Mary Love
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