
Lisa y John caminaban por los pasillos del hotel, sus pasos resonando suavemente sobre la alfombra gruesa que cubría el suelo. La curiosidad los impulsaba, mezclada con un deseo que había estado creciendo desde que se encontraron en el bar del lobby horas antes. Ambos sabían que la noche prometía algo más que una simple conversación casual. El ambiente del hotel, con sus luces tenues y su aroma a lujo, parecía conspirar para llevarlos a un territorio desconocido, lleno de posibilidades eróticas.
Ella, con su cabello castaño suelto y un vestido negro que se ajustaba a sus curvas, irradiaba una sensualidad natural. Él, con su camisa desabotonada y una sonrisa pícara, no podía apartar los ojos de ella. Sus miradas se cruzaban constantemente, cargadas de intención y promesa. El aire entre ellos estaba electrificado, como si cada paso los acercara más a un momento inevitable.
Sus palabras fueron suficientes para que ella sonriera, una sonrisa que hablaba de complicidad y deseo. Tomó su mano sin dudarlo, y juntos se adentraron en los rincones más recónditos del hotel. Pasaron por salones vacíos, escaleras de caracol y pasillos que parecían no llevar a ninguna parte. Cada paso los llevaba más lejos de la realidad y más cerca de un mundo donde solo existían ellos dos.
Fue en uno de esos pasillos, casi oculto tras una cortina de terciopelo, que encontraron lo que buscaban sin saberlo: un jacuzzi privado. La habitación era pequeña pero acogedora, con paredes de mármol y luces indirectas que creaban un ambiente íntimo. El agua del jacuzzi burbujeaba suavemente, invitándolos a sumergirse en su calor.
Sin más palabras, él comenzó a desabrochar su vestido, dejándolo caer al suelo con un susurro de tela. Ella no se quedó atrás, desabotonando su camisa con manos temblorosas. El deseo los consumía, y el jacuzzi se convirtió en el escenario perfecto para continuar lo que habían comenzado horas antes.
El agua estaba caliente, casi ardiente, y al entrar en ella, Lisa soltó un gemido de placer. El calor envolvió su cuerpo, relajando sus músculos y preparándola para lo que estaba por venir. John se unió a ella, su cuerpo fuerte y musculoso contrastando con la delicadeza de ella. El agua llegaba hasta sus hombros, ocultando parte de sus cuerpos pero intensificando cada sensación.
Sus manos comenzaron a moverse, explorando bajo el agua. Él deslizó sus dedos por su cintura, sintiendo la suavidad de su piel. Ella, por su parte, se aferró a sus hombros, atrayéndolo más cerca. El agua creaba una resistencia suave, haciendo que cada roce fuera más intenso, más deliberado.
Lisa lo miró con ojos llenos de deseo, sus labios entreabiertos en una invitación silenciosa. John no se hizo de rogar; sus labios se encontraron en un beso apasionado, sus lenguas entrelazándose con urgencia. El sonido de las burbujas del jacuzzi era el único acompañamiento, un ritmo constante que marcaba el compás de su pasión.
Bajo el agua, sus cuerpos se movían con una sincronía natural. John la levantó, apoyando su espalda contra el borde del jacuzzi. El agua los rodeaba, amplificando cada sensación. Él deslizó una mano por su muslo, subiéndola lentamente hasta encontrar la humedad que la envolvía. Lisa soltó un gemido ahogado, su cabeza cayendo hacia atrás mientras él comenzaba a acariciarla con habilidad.
Él sonrió, sus dedos moviéndose con más firmeza. El agua caliente creaba una sensación única, mezclando el calor con el placer de sus caricias. Lisa se retorcía suavemente, su cuerpo respondiendo a cada toque. El jacuzzi se convirtió en su mundo, un espacio donde solo existían ellos y el placer que se estaban dando.
Pero John no estaba satisfecho con solo eso. Quería más, quería todo. Se movió entre sus piernas, posicionándose frente a ella. El agua los rodeaba, pero no era obstáculo para lo que estaba por venir. Con un movimiento fluido, la penetró, su miembro deslizándose dentro de ella con una facilidad que los hizo gemir a ambos.
El agua amplificaba cada movimiento, cada embestida. John se movía con fuerza, pero el agua creaba una resistencia que hacía que cada thrust fuera más lento, más deliberado. Lisa lo abrazó con las piernas, apretándolo contra ella. El placer los inundaba, mezclándose con el calor del agua y el sonido de las burbujas.
El jacuzzi se convirtió en su escenario de pasión, un lugar donde el agua no solo los rodeaba, sino que también intensificaba cada sensación. Sus cuerpos se movían al unísono, sus gemidos mezclándose con el sonido del agua. El placer los consumía, llevándolos al borde una y otra vez.
Pero no querían que terminara, no aún. Querían explorar más, sentir más. John la giró, colocándola de espaldas a él. El agua los sostenía, permitiéndoles moverse con libertad. Él la penetró de nuevo, esta vez desde atrás, sus manos aferrándose a sus caderas mientras la movía con fuerza.
El agua los envolvía, convirtiendo cada movimiento en una danza erótica. Sus cuerpos se movían con fluidez, sus gemidos llenando el pequeño espacio. El jacuzzi era su refugio, un lugar donde el tiempo parecía detenerse y el único lenguaje que importaba era el del deseo.
Pero incluso en ese momento de intensa pasión, sabían que no era el final. Era solo el comienzo, una exploración de placeres que recién empezaban a descubrir. El agua, el calor, la intimidad del jacuzzi… todo se combinaba para crear una experiencia que ninguno de los dos olvidaría.
Y mientras sus cuerpos se movían al ritmo del agua, sus mentes ya vagaban hacia lo que vendría después. Porque en ese momento, en ese jacuzzi privado, Lisa y John sabían que su aventura sexual recién comenzaba. El hotel era su playground, y ellos estaban listos para explorar cada rincón, cada sensación, cada placer que se les presentara.
El agua seguía burbujeando, testigo silencioso de su pasión. Y ellos, perdidos en el momento, sabían que lo mejor aún estaba por venir.
Continuara...
por: Mary Love
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