La casa de Juan y Noa olía a canela y ajo, un aroma que transportaba a Rafael y Nina a aquellos veranos de adolescencia en los que la vida parecía infinita. Cuarenta años habían pasado desde la última vez que los cuatro se habían reunido, y sin embargo, la complicidad seguía intacta. La mesa estaba impecablemente dispuesta, con velas que titilaban suavemente y una botella de vino tinto que prometía desatar lenguas y risas. La cena comenzó con charlas ligeras sobre el trabajo, los hijos y los viajes, pero a medida que las copas se vaciaban, las conversaciones se volvieron más íntimas.
Juan, con su sonrisa pícara de siempre, fue el primero en romper el hielo. "Sabéis, siempre hemos sido muy abiertos con nuestra sexualidad", confesó, mirando a Noa, quien asintió con una calma que solo los años de confianza pueden otorgar. "Desde que nos casamos, acordamos que si alguno de los dos sentía atracción por otra persona, hombre o mujer, podía explorarlo sin remordimientos". La declaración cayó como una bomba silenciosa en la mesa. Rafael y Nina se miraron, sorprendidos pero intrigados.
"No es algo que hagamos a la ligera", añadió Noa, su voz suave pero firme. "Es una forma de mantener viva la pasión, de no caer en la rutina. Y, bueno, también nos gusta ir a fiestas de intercambio de parejas". Rafael soltó una carcajada nerviosa, mientras Nina se reclinaba en su silla, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y excitación. "Juan disfruta viéndome con otras personas", continuó Noa, su tono casi desafiante, como si esperara una reacción. "Le excita observarme, ser parte de eso sin tocarme".
Rafael, siempre el más directo, no pudo contenerse. "Y a ti, Noa, ¿te gusta que te vea?". Ella sonrió, una sonrisa que hablaba de secretos compartidos y placeres inconfesables. "Me encanta. Saber que me está mirando, que se excita con cada movimiento que hago... es como si su deseo me alimentara". La tensión en la habitación era palpable, un hilo invisible que unía a los cuatro en un juego de miradas y susurros no dichos.
Nina, siempre la más reservada, sorprendió a todos al tomar la palabra. "Rafael y yo... también tenemos una relación abierta", confesó, su voz temblorosa pero decidida. "Nunca lo hemos hablado con nadie, pero... nos gusta explorar. Hacer cosas nuevas, sentirnos libres". Rafael asintió, su mano buscando la de Nina bajo la mesa, como si necesitara su contacto para reafirmar sus palabras.
"¿Y vosotros también vais a fiestas de intercambio?", preguntó Juan, su interés genuino pero cargado de una intención que no pasaba desapercibida. Rafael sonrió, una sonrisa que hablaba de noches salvajes y secretos compartidos. "No tanto como vosotros, pero... nos gusta la idea de compartir, de vivir el momento sin ataduras".
La sobremesa se alargó, las copas de vino se vaciaron y se llenaron de nuevo, y las conversaciones se volvieron más atrevidas. Juan y Noa contaron anécdotas de sus aventuras, de noches en las que la pasión había sido el único guía. Rafael y Nina escuchaban, sus cuerpos respondiendo a cada palabra, cada descripción gráfica de encuentros prohibidos y deseos cumplidos.
"¿Y si...?", comenzó Juan, su voz baja pero cargada de intención. "¿Y si esta noche hiciéramos algo diferente? Algo que recordáramos para siempre". Los cuatro se miraron, el aire espeso de posibilidades. Noa se levantó, su cuerpo esbelto moviéndose con una gracia felina, y se acercó a Nina. "Me gustas", susurró, su aliento cálido en el oído de Nina, quien cerró los ojos, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
Rafael se acercó a Juan, su mano posándose en el hombro de su amigo de toda la vida. "Hace cuarenta años que no hacemos algo así", ¿te acuerdas cuando éramos adolescentes que nos metíamos en las obras a explorar nuestros cuerpos, sin ningún pudor ni vergüenza? dijo, Rafael. Juan sonrió, sus ojos brillando con una mezcla de nostalgia y anticipación, recordando esas ocasiones que entre amigos se chupaban la polla unos a otros, aunque aún ni siquiera eyaculaban. "Entonces, ¿por qué no lo hacemos ahora?".
La tensión se rompió en un estallido de movimiento. Noa tomó la mano de Nina y la guio hacia el sofá, sus cuerpos acercándose en un baile lento y sensual. Juan y Rafael se quedaron de pie, observándolas, sus miradas cargadas de deseo y complicidad. Nina se recostó en el sofá, su vestido subiendo ligeramente, revelando la curva de su muslo. Noa se arrodilló frente a ella, sus manos deslizándose por las piernas de Nina, su tacto firme pero suave.
"¿Te gusta esto?", susurró Noa, sus labios rozando la oreja de Nina, quien gimió suavemente, su cuerpo respondiendo a cada caricia.
Noa, sintiendo la intensidad del momento, miró a Nina a los ojos con una mezcla de deseo y ternura. Con un suave movimiento, comenzó a desabrochar la blusa de Nina, dejando al descubierto su piel suave y cálida. Cada prenda que caía al suelo parecía desvanecer las barreras entre ellas, acercándolas más a un mundo donde solo existían ellas dos.
Nina sonrió nerviosamente, pero en sus ojos brillaba la emoción del momento. Noa la acarició suavemente, sus manos explorando cada curva de su cuerpo con delicadeza y devoción. La piel de Nina respondía al toque de Noa, como si cada caricia encendiera una chispa de pasión que recorría su ser.
Cuando finalmente Nina quedó completamente desnuda frente a ella, Noa se perdió en la belleza de su figura, sabía que la clave para llevar a Nina al orgasmo, Noa se tomó su tiempo, explorando el cuerpo de Nina con suavidad. Comenzó por besar su cuello, dejando un rastro de besos que bajaban por su pecho, disfrutando de la forma en que cada toque hacía que Nina se arquease hacia ella. Sus manos recorrían su piel, acariciando sus muslos y caderas con una delicadeza que hacía que el deseo creciera entre ellas.
A continuación Noa se centró en acariciar los pezones y el clítoris de Nina, ya que sabía que estas áreas eran especialmente sensibles y podían intensificar su placer. Con movimientos suaves y delicados, empezó a jugar con los pezones de Nina, usando sus dedos para estimularlos, mientras la miraba a los ojos para captar su respuesta.
Al mismo tiempo, Noa comenzó a acariciar el clítoris de Nina con la punta de sus dedos, alternando entre movimientos circulares y suaves presiones. Quería asegurarse de que Nina estuviera disfrutando cada momento, así que mantuvo un ritmo que le permitiera experimentar el placer en su totalidad.
Con cada toque, Noa podía sentir cómo el cuerpo de Nina respondía, y eso la motivaba a seguir explorando para encontras su punto G y que Nina se vaciara completamente. La combinación de las caricias en sus pezones y la estimulación del clítoris hizo que Nina se acercara cada vez más al orgasmo.
Noa sabía que encontrar el punto G de Nina requería paciencia y atención. Después de haber creado ese estado de excitación en el que estaban las dos mujeres, Noa se centró en acariciar y estimular la zona vaginal de Nina, usando sus dedos para explorar con delicadeza. Con movimientos lentos, empezó a introducir un par de dedos en su interior, buscando ese lugar especial. Poco a poco, fue ajustando la presión y el ángulo de sus dedos, prestando atención a las reacciones de Nina.
Cuando Noa tocó una zona más sensible en la parte superior de la vagina, notó que Nina respiraba más rápido y se arqueaba hacia ella. Fue entonces cuando supo que había encontrado el punto G. Con movimientos suaves y firmes, Noa comenzó a estimular esa área, alternando entre suaves caricias y presiones más intensas.
Mientras lo hacía, mantuvo contacto visual con Nina y le susurró palabras palabras sucias para excitarla aun mas, pero asegurándose de que se sintiera cómoda y deseada. La combinación de la estimulación del punto G con las caricias del clitoris y sus tetas haría que Nina a experimentar un placer abrumador.
A medida que continuaba, Noa ajustó su ritmo y técnica según las respuestas de Nina, llevándola a poco a poco hacia el placer de los dioses. La conexión entre ambas mujeres se intensificó en ese momento culminante, donde el placer se desbordó y Nina gemía, jadeaba y susurraba palabras que provocaban la explosión de su orgasmo.
Cuando Nina se estaba corriendo, su reacción fue una mezcla de placer intenso y liberación. Su cuerpo comenzó a temblar, y su respiración se volvió más rápida y entrecortada. Podía sentir cómo la tensión acumulada se transformaba en olas de placer que la envolvían.
Nina arqueó su espalda, cerrando los ojos con fuerza mientras los gemidos escapaban de sus labios. La conexión entre ella y Noa se intensificó, y en ese momento, todo lo que existía era el placer que estaba sintiendo. Sus músculos se contrajeron, y una sensación abrumadora la invadió, llevándola a un clímax profundo y satisfactorio.
Al alcanzar el orgasmo, Nina dejó escapar un suspiro de alivio y felicidad, sintiendo una oleada de sensaciones que la llenaban por completo. Fue un momento de éxtasis que no solo la dejó sin aliento, sino que también fortaleció el vínculo emocional entre ambas.
Noa, al ver a Nina como se corria, sintió cómo la pasión la invadía por completo. La imagen de Nina disfrutando de ese momento la excitó aún más. Sin poder resistirlo, Noa apretó sus muslos con fuerza, sintiendo cómo la tensión acumulada en su propio cuerpo se liberaba en un instante de pura intensidad.
Mientras miraba a Nina, su respiración se volvió entrecortada y el placer comenzó a recorrer su cuerpo. Con cada contracción que sentía en los músculos de sus muslos, una ola de calor y deseo la envolvía. Era como si el placer de Nina se fusionara con el suyo, llevándola a un estado de éxtasis compartido.
Noa dejó escapar un gemido suave mientras sus caderas se movían involuntariamente, buscando ese punto de culminación. La conexión entre ambas era tan fuerte que no pudo evitar dejarse llevar por el momento. En un instante, sintió cómo las olas del orgasmo la alcanzaban, provocando que su cuerpo temblara y se estremeciera.
La experiencia fue electrizante; cada contracción y cada oleada de placer era más intensa gracias a la visión de Nina disfrutando del suyo. Fue un orgasmo explosivo que las unió aún más, dejándolas a ambas sin aliento y llenas de satisfacción.
Juan y Rafael, al ser testigos del intenso espectáculo entre Noa y Nina, experimentaron una mezcla de asombro y excitación. La atmósfera estaba cargada de sensualidad, y ambos hombres se sintieron atraídos por la conexión que compartían las dos mujeres.
Juan, al ver a Noa entregándose al placer con otra mujer, no pudo evitar sentir una oleada de orgullo y deseo. Se sintió cautivado por la forma en que su esposa se dejaba llevar, disfrutando cada momento. Sus ojos se iluminaron al ver cómo Noa como alcanzaba sus orgasmos, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. Era un momento íntimo y especial que lo hizo sentir más cercano a ella. No había engaño, porque había complicidad y consentimiento mutuo pactado; la ama y cuando amas deseas mejor para tu pareja
También Rafael observaba a Nina con admiración y deseo. La veía entregarse completamente al placer, y eso despertó en él una mezcla de emociones en el. Se sintió emocionado al ver cómo su esposa experimentaba esa conexión tan intensa . La sensualidad del momento lo llevó a querer acercarse más a Nina, deseando compartir también esa energía.
Ambos hombres compartieron miradas cómplices, reconociendo la belleza del momento que estaban presenciando. El ambiente se volvió cargado de deseo y complicidad, donde el placer de las mujeres se convirtió en un espectáculo que los unió aún más como parejas. Fue un instante de conexión profunda que dejó huella en todos ellos, transformando la experiencia en algo inolvidable.
Juan y Rafael, al sentir la intensa excitación del momento, comenzaron a mirarse con complicidad, y la idea de compartir esa experiencia entre ellos comenzó a tomar forma en sus mentes.
Ambos hombres se sintieron motivados por el deseo de llevar el nivel de placer aún más allá, no solo para ellos, sino también para Noa y Nina. Querían ver que sus esposas pudieran disfrutar viendo cómo ellos también se entregaban al placer los entusiasmó.
Mientras las mujeres seguían seguían relajadas disfrutando de los orgasmos conseguidos, Juan y Rafael estando los dos desnudos y con sus penes en erección se acercaron uno al otro, sintiendo la atracción mutua que había surgido. Con miradas que decían más que mil palabras, comenzaron a explorar sus cuerpos mutuamente, al unísono. Juan tomo la iniciativa, llevo a Rafael a una barra de acero que había por encima de la encimera de la cocina americana, este se agarró a ella, y Juan colocándose detrás de Rafal metió su pene erecto entre los glúteos de Rafael, sobresaliendo este por delante que con su glande rozaba sus testículos.
Las mujeres miraban la situación y ellos se excitaban mas al ver las caras de satisfacción de ellas. Esto motivo a Juan a ir mas allá, alargo su mano por detrás y cogiendo la pollas dura como una barra de acero de Rafael la comenzó a masturbar. Noa y Nina se incorporaron y se arrodillaron frente a Rafael, Nina, mientras Juan lo masturbaba a su marido, Rafael se metía la punta de su polla en la boca lamiendo su glande, quería tragarse toda la leche cuando se corriera, Noa se implico también, con la palma de su mano lubricada con un aceite de coco la introdujo por entremedias de los muslos de Rafael haciendo presión en la polla erecta y dura de Juan, su marido, mientras con los dedos de la otra manos masajeaba el glande que sobresalía por delante. En un momento de excitación los dos hombres estallaron en un orgasmo corriéndose en las bocas de sus mujeres.
Con la atmósfera cargada de deseo y la conexión palpable entre los cuatro, Noa y Rafael se sumergen en un momento de intensa intimidad. A medida que sus cuerpos se mueven en perfecta sincronía, Noa siente cómo la pasión la envuelve, llevándola cada vez más cerca del orgasmo. Rafael, atento a cada uno de sus suspiros y movimientos, aumenta el ritmo, creando una danza erótica que despierta todos los sentidos.
Mientras tanto, Juan y Nina también se dejan llevar por el momento. Juan acaricia suavemente el cuerpo de Nina, explorando cada rincón mientras ella se pierde en su toque. La excitación crece entre ellos, y Nina siente cómo el deseo se intensifica con cada caricia. La conexión visual con Noa y Rafael añade un nivel extra de excitación a la experiencia.
Finalmente, Noa llega a su punto máximo. Un intenso orgasmo la sacude mientras grita el nombre de Rafael, quien sonríe al sentir cómo ella explota de placer. Es un momento de pura liberación que parece llenar la habitación con energía.
Al mismo tiempo, Juan siente cómo Nina se estremece bajo su toque. Ella cierra los ojos y deja escapar un gemido mientras alcanza su propia corrida, sintiendo una oleada de placer que la envuelve por completo. La conexión entre ellos es profunda, y el hecho de compartir este momento con Noa y Rafael solo lo intensifica.
Después de la intensa experiencia compartida, la habitación se inunda de una calma placentera. Noa y Rafael, aún entrelazados, se miran con complicidad, sabiendo que han cruzado una frontera consentida que los une de una manera nueva y emocionante. La risa suave de Noa resuena mientras recuperan el aliento, y Rafael acaricia su cabello con ternura.
Juan y Nina, por otro lado, se encuentran abrazados en un rincón, ambos aún sintiendo la intensidad del momento. La mirada de Juan hacia Nina es de admiración y deseo renovado. Ella sonríe, sintiendo que su conexión ha crecido no solo con él, sino también con Noa y Rafael, su marido. Es un vínculo inesperado que los ha llevado a explorar sus propios deseos.
A medida que la tensión se disipa, los cuatro deciden compartir sus pensamientos sobre lo vivido. Se sientan juntos, riendo y hablando abiertamente sobre sus sentimientos. Cada uno comparte lo que experimentó: las emociones, el placer y las sorpresas que trajo la noche.
La conversación fluye naturalmente, llenándose de complicidad y confianza. Se dan cuenta de que han creado un espacio seguro donde pueden explorar sus deseos sin juicios. Esta experiencia no solo ha sido un encuentro físico, sino también un viaje emocional que les ha permitido conocerse más profundamente después de tantos años.
Al final de la noche, deciden que esto no tiene por qué ser un evento aislado. Con una sonrisa pícara en sus rostros, sugieren planear más encuentros en el futuro. La idea de seguir explorando juntos les emociona a los cuatro.
Así, mientras las primeras luces del amanecer comienzan a filtrarse por las ventanas, los cuatro se abrazan en un cálido gesto de amistad y complicidad. Han cruzado esos límites que muchas parejas deseándolo no se atreven, y explorado nuevas dimensiones de sus relaciones, creando recuerdos que llevarán consigo para siempre.
La historia termina aquí, pero el viaje de descubrimiento y conexión apenas comienza. ¡Espero que te haya gustado! Deja un comentario si te identificas con Juan, Noa, Nina y Rafael
por: Mary Love

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