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Donde hubo fuego quedaban rescoldos

Fernando y Carmen, dos antiguos novios se encontraron una noche de verano en una terraza iluminada por la suave luz de las estrellas. La brisa cálida acariciaba sus pieles, y el ambiente estaba cargado de una tensión palpable. Habían compartido recuerdos, risas y copas, pero había algo más que flotaba en el aire.

Carmen, con su vestido ligero abotonado que se movía al compás del viento, atrajo la mirada de Fernando. Él no pudo evitar acercarse un poco más, sintiendo cómo la química entre ellos que aun quedaba se intensificaba cada instante. Sus manos se rozaron accidentalmente, y ese simple contacto encendió una chispa.

—¿Te gustaría dar un paseo? —preguntó Fernando, su voz un susurro intrigante.

Ella asintió, y juntos se adentraron en la penumbra de un parque jardín cercano. Las sombras danzaban a su alrededor mientras compartían recuerdos, secretos y risitas cómplices. La conexión crecía, como si el mundo a su alrededor se desvaneciera.

De repente, Fernando detuvo su paso y miró profundamente a Carmen a los ojos. Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sin pensarlo, él se inclinó hacia ella, capturando sus labios en un beso ardiente y apasionado. Fue un beso que hablaba de deseos reprimidos y promesas por cumplir.

Carmen respondió con la misma pasión, dejando que sus manos exploraran la espalda de Fernando mientras él la envolvía con sus brazos. El tiempo parecía detenerse mientras se perdían el uno en el otro, rodeados por el murmullo de las hojas y el canto lejano de los grillos.

La noche continuó envolviéndolos en su magia, y cada beso se volvía más profundo, más intenso. Fernando llevó a Carmen a un rincón apartado del jardín, donde la luna les sonreía cómplice. Allí, entre susurros y caricias suaves, dejaron que sus cuerpos hablasen en un lenguaje antiguo; un baile de deseo y entrega que los llevó a explorar cada rincón del placer. Fernando le desabrocho la parte abotonada del vestido dejando su pechos al descubierto sobándolos y pellizcando sus pezones.

Carmen desabrocho los pantalones dejándolos caer junto con los calzoncillos, se agacho en cuclillas y cogiendo su pene con las manos llevándoselo a la boca, le hacia una felación, poniendo su miembro erecto y duro. A continuación Fernando la levanto arrimándola a un muro, subió el vestido hasta la cintura y bajando sus bragas abrió las piernas y la penetro, su pene entro suave ya que su vagina estaba bastante húmeda y lubricada. Los dos hacían movimientos rítmicos. Los dos se corrieron abrazados.

La conexión entre ellos era innegable; dos almas encontrándose en un instante perfecto donde solo existían ellos dos. La noche fue testigo de su pasión desenfrenada, un relato que quedaría grabado en sus recuerdos como una chispa inolvidable.

Así fue como Fernando y Carmen descubrieron no solo la atracción física, sino también una conexión emocional que aun perduraba, donde hubo fuego quedaban rescoldos que fueron avivados y que prometía más noches llenas de intimidad y deseo.

Por: Mary Love

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