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Carlos, Laura y su vecina Isa

La atracción contenida

Carlos siempre había sentido una atracción secreta por su vecina Isa. Hacia tres años que se habia quedado viudo, y hacia un año que mantenía una relación abierta con Laura. Isa era una mujer carismática, con una sonrisa que iluminaba cualquier habitación, una mujer gordita pero con curvas, hacia un año que había roto con su novio. Un día, mientras él regaba las plantas en su jardín del bungalows, ella apareció en la valla, charlando despreocupadamente. La química entre ellos era innegable, y la tensión creció a medida que intercambiaban miradas.

Una noche, después de un encuentro casual en el centro comercial, Isa lo invitó a su apartamento para tomar una copa. Carlos, emocionado y nervioso, aceptó sin dudarlo. Al entrar, el ambiente era acogedor; la luz tenue y la música suave creaban una atmósfera íntima.

Mientras compartían risas y una copa copa de vino, la conversación se tornó más personal e imtima. La cercanía entre ellos se intensificó, y Carlos sintió cómo el deseo comenzaba a invadir el espacio. Sin pensarlo dos veces, se acercó a Isa y la besó suavemente. Ella respondió con fervor, dejando que sus labios se encontraran con pasión.

Isa lo invito a sentarse en el sofá donde estarian mas comodos. A los pocos minutos se dejaron llevar por la atracción. Las manos de Carlos acariciaron la cara de Isa, mientras ella se acurrucaba contra él rozando sus labios carnosos con los sullos. Carlos la abrazo y correspondió comiendole la boca. El beso se volvió más profundo y ardiente; sus cuerpos se movían al unísono en un baile de deseo.

Carlos tomó la iniciativa y comenzó a desabrochar lentamente la blusa de Isa, revelando su piel suave y sedosa. Ella lo miraba con ojos llenos de deseo, animándolo a continuar, su pechos quedaron al descubierto como dos montañas dispuestas a ser escaladas. Cada prenda que caía al suelo parecía deshacer las barreras que habían mantenido sus sentimientos ocultos por tanto tiempo.

El ambiente estaba cargado de pasión mientras se entregaban el uno al otro. Carlos dejó que sus manos exploraran cada curva del cuerpo de Isa, sintiendo cómo ella respondía a cada caricia con susurros suaves. La conexión entre ellos era intensa; cada roce desencadenaba chispas que los llevaban a un estado de éxtasis.

Finalmente, se encontraron completamente desnudos, Carlos dejaba expuesro su pene (23 cm.) erecto esperando ser acariciado por las manos expertas de Isa. Sus cuerpos entrelazados en el sofá los envolvía mientras hacían el amor con una mezcla de ternura y fervor. Cada movimiento estaba lleno de deseo y complicidad; era como si hubieran estado esperando este momento durante toda su vida. Isa tumbo a Carlos en la alfombra del salón, se puso encima de él dándole la espalda y dejando su coño expuesto a su lengua, comenzó a lamer su pene, pasaba su lengua por todo el falo deteniéndose especialmente en su glande que saboreaba como si fuera un helado, Carlos se estremecia, gemia, mientras lamia y acariciaba el clitoris de esa fruta madura. Despues de un rato los dos disfrutaron de la explosión del éxtasis.

La noche continuó así, entre susurros apasionados y caricias delicadas, hasta que ambos se dejaron llevar por el placer compartido. Fue un encuentro que marcó un antes y un después en su relación como vecinos; un momento inolvidable que quedaría grabado en sus corazones para siempre.

Nuevo encuentro

Una noche, Carlos invitó a su novia, Laura, a cenar en su casa. Hacia un año que se conocian y la relación entre ellos era abierta, buena y sin malos rollos, pero había algo en el aire que Carlos no podía ignorar: la atracción que sentía por su vecina Isa. Mientras preparaba la cena, se preguntaba si podría resistir la tentación de pensar en ella.

Laura llegó con una sonrisa y una botella de vino. La cena fue agradable, pero Carlos no podía quitarse de la cabeza a Isa. Justo cuando estaban a punto de terminar, sonó el timbre. Era Isa, quien había decidido pasar a saludar y compartir un botella de vino frances “Château Greysac cosecha 2012 que le habian regalado un cliente, con dos copas en la mano

Carlos se puso un poco nervioso al verla entrar, pero Laura la recibió con calidez. La conversación fluyó naturalmente entre los tres. Isa tenía una energía contagiosa que iluminaba el ambiente, y Carlos no pudo evitar sentirse atraído por ella una vez más.

A medida que avanzaba la noche, Laura se levantó para ir a la cocina y preparar un postre. En ese momento, Carlos e Isa intercambiaron miradas cargadas de pasión y complicidad. La chispa entre ellos era innegable, y antes de que se dieran cuenta, estaban muy cerca el uno del otro.

Laura regresó justo a tiempo para ver cómo Carlos acariciaba suavemente el brazo de Isa. Ella sonrió, pensando que era un gesto amistoso, pero en el fondo sabía que había algo más. La atmósfera se volvió densa con una mezcla de emoción y deseo.

Después de un rato, Laura decidió que necesitaba un poco de aire fresco y salió al balcón que daba al jardin a fumarse un pitillo. Carlos miró a Isa, sintiendo que era el momento perfecto para explorar lo que ambos deseaban. Sin pensarlo dos veces, se acercó a ella y la besó con pasión.

Isa correspondió al beso con fervor; sus cuerpos se acercaban cada vez más mientras el mundo exterior desaparecía. Fue un roce fugaz pero electrizante. En ese instante, ambos sabían que no podían detenerse. 

Cuando Laura regresó al salón, encontró a Carlos e Isa muy cerca uno del otro. El ambiente cambió rápidamente; Laura solo de pensar en poder hacer el amor los tres sintió una punzada en el estómago. Así que sin que nadie se lo esperara decidió hacer algo inesperado.

—¿Por qué no hacemos esto más interesante? —sugirió Laura con una sonrisa traviesa—. ¿Qué tal si los tres compartimos esta noche juntos?

Sin dudarlo, aceptaron la idea.

Así fue como ese encuentro se convirtió en una experiencia inolvidable para los tres. Se entregaron a la pasión sin restricciones ni juicios; exploraron sus deseos compartidos en un ambiente lleno de complicidad y confianza mutua. La conexión entre ellos se volvió intensa y liberadora, dejando atrás cualquier inhibición y disfrutando del momento presente mientras los tres se miraban con deseo.

Laura, sintiendo la tensión y la conexión que estaba creciendo entre ella e Isa, decidió dar un paso audaz. Se acercó a Isa, tomó su mano y la puso en uno de sus pechos mientras ella acariciaba su coño por encima de las bragas.

—¿Te gustaría explorar esto juntas? —le preguntó Laura, su voz llena de confianza y curiosidad.
Isa, respondió que si, -siempre quise sentir el orgasmo con una mujer- le dijo. La chispa y la pasión estalló entre ellas.

Carlos sentado en una silla en la mesa observaba con asombro como se desarrollaba la situación.

Las dos mujeres desnudas sentadas en el sofá se acariciaban, exploraban sus sexos, se masturbaban y se lo comían todo corriendose varias veces

Carlos que se habia despojado de la ropa sintió cómo el deseo lo invadía mientras veía a las dos mujeres entregarse a esa pasion. Sentado en la silla con su pene erecto se masturbaba delante de ellas creando mas morbo entre las dos.

Laura e Isa no paraban, seguian explorando sus cuerpos, tocándose, besándose y lamiendo sus coños y sus clitoris.

Carlos no podía apartar la mirada; la escena era hipnotizante. Las risas, gemidos, jadeos y susurros llenaban la estancia. Laura guiaba a Isa en este nuevo territorio de placer. Ambas estaban completamente entregadas, disfrutando de su conexión sin inhibiciones.

Poco a poco, la intimidad entre ellas creció, y Carlos se sintió parte de algo extraordinario. Se acercó y comenzó a acariciar el cuerpo de Isa mientras ella continuaba explorando a Laura. La combinación de sus toques y caricias creó una atmósfera cargada de pasión.

La noche se convirtió en una danza sensual donde los tres compartían caricias y besos. Carlos se unió a ellas, creando un espacio seguro y lleno de deseo donde cada uno podía expresar sus anhelos sin miedo al juicio.

Fue una experiencia inolvidable para los tres, donde las barreras cayeron y dejaron que la pasión fluyera libremente. La conexión emocional entre ellos se fortaleció aún más esa noche, marcando un hito en sus vidas que recordarían con una mezcla de asombro y gratitud.

por: Mary Love


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