---"Tara regía la dirección de una franquicia inmobiliaria en Madrid, enviudó con 43 años después de 22 años de matrimonio, siempre había sido una mujer fiel a su marido a pesar de haber sido deseada por varios hombres, algunos importantes; su llamativo cuerpo, su cara y sus ojos llamaban la atención. Su deseo de seguir viviendo su sexualidad después de enviudar le dio la oportunidad de conocer en un Bar Jazz a un cantante cubano, ella va al baño, el la sigue y comienza a acariciarla".
En el pequeño baño del bar, iluminado tenuemente por una luz cálida, Tara sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando escuchó la puerta abrirse. Se giró y se encontró con la mirada intensa del cantante de Jazz cubano, su piel bronceada y sus ojos oscuros llenos de deseo.
"Perdona, no pude evitar seguirte," dijo él con una voz suave y seductora. Tara sonrió, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir en su cuerpo. Ella había estado tan atrapada en su duelo que no había pensado aún en satisfacer su deseo sexual con otro hombre, aunque en su soledad con sus propias caricias y la ayuda de algún consolador se daba placer.
El cantante se acercó lentamente, sus manos se posaron en la cintura de Tara, provocando una corriente eléctrica que le recorría el cuerpo. "Eres aún más hermosa de cerca, y como me gustan tus ojos y ...", "si dilo, mi culo", dijo ella. "Si tu culo", susurró mientras le agarraba los glúteos.
Tara sabía que cruzar esa línea era entregarse por completo al placer, pero la atracción era irresistible, era guapo, muy guapo. Se dejó llevar por el momento; sus labios se encontraron en un beso apasionado, mientras él la acariciaba suavemente, dibujando círculos en su piel con sus dedos. La chispa entre ellos era electrizante.
Mientras el mundo exterior se desvanecía, Tara se entregó al instante, disfrutando de cada caricia y cada susurro. Era como si cada beso, cada toque borrara el dolor del pasado y le recordara lo viva que realmente era.
El baño se llenó de risas suaves y promesas silenciosas, un refugio donde el deseo podía florecer sin restricciones. Aquella noche marcó el inicio de su primera aventura sin ataduras para Tara, una que la llevaría a explorar su sexualidad sin miedos, con libertad y pasión.
---"Después de tres años viuda aún se sentía viva, sensual, con deseo, y el encuentro con el cubano comenzó a enloquecerla".
Después de tres años de viudez, Tara había aprendido a vivir con el recuerdo de su esposo, pero también había descubierto que el deseo aún ardía en su interior, era una mujer viva. El contacto físico con ese cantante de Jazz la hizo sentir como si una chispa se hubiera encendido nuevamente en su vida, pero no, su llama nunca se había apagado.
Cada encuentro en el bar Jazz se volvió más intenso. Las miradas furtivas, las sonrisas cómplices y los roces casuales alimentaban un deseo palpable entre ellos. Tara encontraba en sus ojos una mezcla de pasión y misterio que la atraía irremediablemente.
El cubano, con su voz profunda y su carisma natural, comenzó a desarmar las defensas que Tara había construido a lo largo de los años. Sus conversaciones estaban llenas de risas y complicidad, y cada vez que él la tomaba de la mano, sentía cómo un rayo entrara en su cuerpo. Era como si cada palabra que compartían fuera un paso más hacia una conexión más profunda.
Una noche, después de un espectáculo donde él había cantado una balada que resonó en su alma, el cubano la llevó a un rincón más apartado del bar. La música suave envolvía el ambiente mientras él se acercaba lentamente, sus ojos fijos en los de ella. "¿Te gustaría escapar un momento?" preguntó con una sonrisa seductora.
El corazón de Tara se aceleró ante la propuesta. Sabía que estaba a punto de cruzar la línea, pero también se dio cuenta de que había pasado demasiado tiempo sintiéndose sola. Con un gesto afirmativo, lo siguió fuera del bar hacia la cálida noche.
La brisa suave acarició su piel mientras caminaban. Se detuvieron en un pequeño parque cercano, donde las sombras de los árboles producida por los faroles creaban un ambiente íntimo. Él la tomó de la cintura y la acercó a él, sus labios se encontraron nuevamente en un beso lleno de anhelo. Ella notó al rozar su entre pierna un bulto enorme, rígido y duro.
En ese instante, Tara supo que estaba lista para dejarse llevar y dejar atrás el miedo al qué dirán. Se entregó al momento, permitiendo que el cubano la guiara a través de una experiencia nueva y liberadora. La vida seguía fluyendo en ella, y este encuentro era solo el comienzo de una nueva etapa llena de pasión y descubrimientos.
---"Ella sin ninguna barrera, sentada en un banco entre los árboles comenzó a tocarse su entre pierna invitándolo a que su boca saboreara su depilado y experimentado coño, sentir la humedad de su lengua pasando a lo largo de su raja la ponía super cachonda".
En medio de la penumbra del parque, rodeada por el murmullo de las hojas y el susurro del viento, Tara se sintió completamente liberada. La conexión con el cubano había desatado en ella una necesidad ardiente de explorar su sensualidad sin inhibiciones.
Sentada en el banco, su mirada se encontró nuevamente con la de él, llena de deseo y curiosidad. Sin pensarlo dos veces, abierta lo suficiente para dejar su coño expuesto comenzó a acariciarlo suavemente, dejando que sus dedos se deslizaran entre sus labios y circulos sobre su clitoris. La sensación era electrizante y, al mismo tiempo, una invitación implícita para que él se uniera a ella en esa danza de pasión.
El cubano, al ver su gesto audaz, se acercó más, sus ojos brillando con emoción. Se agachó ante ella, le quito las bragas permitiendo que sus manos recorrieran sus piernas, sintiendo la calidez que emanaba de su entre pierna. Tara podía sentir cómo la humedad comenzaba a acumularse en su interior, un signo inconfundible de que estaba preparada para recibir sus envestidas.
"¿Te gustaría que te ayudara?" murmuró él con una voz profunda y sugerente, mientras que con sus manos sostenía su polla enfrente de ella. Tara asintió lentamente, sintiendo cómo cada caricia encendía más aún el fuego dentro de ella.
La atmósfera estaba cargada de tensión y deseo; cada toque era un viaje hacia lo desconocido. Tara cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones que la invadían. Era un momento de entrega total, donde no existían barreras ni miedos. Solo ellos dos, en un rincón del mundo donde podían ser libres para explorar sus deseos más profundos.
---"Tara le dijo: ¡si!, ayúdame a sentir todo el placer, acaricia mi clítoris para que explote mi orgasmo".
En el silencio del parque, con la luna brillando sobre ellos, Tara se sintió completamente vulnerable y a la vez poderosa. La atmósfera estaba impregnada de una mezcla de emoción y deseo, y ella, en su entrega, decidió dar un paso más hacia esa conexión intensa que había comenzado a florecer entre ellos.
Con una mirada cargada de pasión, Tara se acercó más al cubano. "Ayúdame a sentir todo el placer, haz que mi sexo se estremezca," le susurró, su voz temblorosa de anticipación. "Acaricia mi clítoris para que explote el éxtasis." Sus palabras estaban llenas de deseo y necesidad, un llamado a la intimidad que ambos anhelaban explorar.
El cubano, sintiendo la intensidad de su petición, se posicionó delante de ella, sus ojos fijos en los de Tara, buscando su consentimiento. Ella se abrió de piernas, revelando su sexo húmedo y brillante. Con manos firmes pero delicadas, comenzó a acariciar su entrepierna con una suavidad, deslizaba sus dedos a su coño, masajeando su clítoris con movimientos circulares que hizo que Tara se estremeciera, su voz entrecortada por el placer susurró, su voz ronca de deseo. Cada toque era un recorrido hacia lo desconocido, un viaje que prometía placer y liberación.El ambiente en el banco del parque cargado de tensión mientras él se concentraba en sus movimientos, explorando con destreza y atención. Tara cerró los ojos, dejando que cada caricia la llevara más cerca del clímax. Se sentía viva, como si cada nervio en su cuerpo estuviera despierto y ansioso por experimentar el éxtasis.
Era un momento de conexión pura y profunda, donde podían perderse el uno en el otro y dejar atrás cualquier preocupación del mundo exterior. Tara sabía que estaba experimentando algo único: una liberación total de sus deseos más ocultos en compañía de alguien que la hacía sentir deseada y viva una vez más.
---"El con su boca seductora y su lengua magistral la llevo a la gran explosión del placer".
En el ambiente sereno del parque, con el suave murmullo de la brisa y el canto de los grillos como telón de fondo, Tara se sentía cada vez más atrapada en la intensidad de su deseo. La conexión que había establecido con el cubano era palpable, y cada mirada, cada roce, parecía encender una hoguera que la llevaba a un vaciarse de placer.
A medida que él se acercaba más, Tara podía sentir su aliento cálido en su piel. Con movimientos suaves y seguros, él comenzó a explorarla con su boca seductora, dejando un rastro de besos por sus piernas. Cada contacto era una caricia delicada que la hacía estremecer. La anticipación crecía en su interior mientras él se acercaba más a su centro de placer.
Tara se entregó por completo a la experiencia. Sus sentidos estaban agudizados; podía sentir cada latido de su corazón resonando en su pecho mientras él continuaba fallándola. La combinación de deseo y vulnerabilidad la llevó a un punto donde no podía contenerse más.
Con cada beso y caricia, él la guiaba hacia una gran explosión de sensaciones. Tara dejó escapar un suspiro profundo, sintiendo cómo cada ola de placer la envolvía hasta que finalmente alcanzó ese clímax que había estado esperando. Su voz entrecortada por el placer. "No te detengas", susurró, su voz ronca. "Sigue lamiendo el clitoris, y saca todo mi placer retenido"...¡hazme gritar!.*****************************************
---"Tara tuvo varios encuentros con él hasta que se fue a su país. A los dos años de esos encuentros con el cubano, Tara conoció a Fernand y se caso con el. A sus 62 años aún en la intimidad de su cama cuando se entrega a Fernand, le viene a la memoria como la hizo sentir el cubano".
Ya han pasado 14 años, Tara había construido una vida llena de amor y compromiso junto a Fernand. Su unión, basada en la confianza y el respeto mutuo, le brindaba una estabilidad que valoraba profundamente. Sin embargo, su experiencias vividas eran parte de su patrimonio intimo personal, en ella existía un rincón especial dedicado a las memorias de su vivencias, y aventuras con otros hombres, en especial a aquellos intensos encuentros con el cubano.
Cada vez que se entregaba para hacer sexo con Fernand se torna apasionada y sensual, como la complicidad con su marido es total Tara no evita recordar cuando esta en el fragor de la pasión las preguntas que Fernand le hace sobre que le gustaba que le hiciera el cubano y las sensaciones que experimentó con él. Eso a el lo excita y remueve sus placeres volcánicos dentro de su cuerpo. En esos momentos de sexo y pasión, le susurra a su marido esos momentos de placer que el cubano le daba con su lengua, como se lo comía y se corría en su boca. Ente ella y Fernand, su marido, no hay barreras, no hay secretos.
A sus 61 años, Tara comprendía que esas experiencias formaron parte de su viaje personal. Eran momentos que le enseñaron sobre el deseo, la pasión y la importancia de ser auténtica consigo misma. Aunque su vida con Fernand era diferente, llena de una ternura profunda y un amor maduro, las memorias del pasado le recordaban lo crucial que era mantener viva esa chispa de deseo.
En sus momentos más íntimos, Tara a veces compartía con Fernand fragmentos de sus recuerdos, no para comparar, sino para celebrar la diversidad de sus experiencias. Era una forma de honrar su pasado mientras abrazaba su presente. Sabía que cada etapa de su vida había contribuido a formar la mujer que era hoy: fuerte, apasionada y capaz de amar profundamente.
Así, Tara continuaba viviendo una vida rica en emociones y recuerdos, atesorando cada capítulo como parte esencial de su historia personal.
---"Fernand no se siente celoso el pasado sexual de su esposa. Es más, el se siente poderoso cuando ella le cuenta esas aventuras, como su amante cubano le daba placer usando su lengua y penetrándola con su polla de 20 centímetros; en la intimidad con ella a el le gusta que le cuente como se corría con él, y lo transporta a corridas explosivas".
La relación de Tara y Fernand estaba marcada por una confianza inquebrantable y un entendimiento profundo y también porque no decirlo, por una libertad sexual completa, sin ocultamientos ni engaños. Fernand, lejos de sentir celos por el pasado sexual de Tara, encontraba en sus relatos una fuente de excitación, inspiración y conexión sexual con ella. Para él, escuchar sobre las aventuras de su esposa no era motivo de inseguridad, sino una manera de explorar su propia imaginación y deseo.
Cada vez que Tara compartía esos recuerdos, Fernand se sentía transportado a un mundo donde la pasión y la libertad eran protagonistas, cerraba los ojos y se la imaginaba abierta recibiendo placer de ese hombre, eso lo excitaba, alcanzando orgasmos explosivos. Las historias del cubano, con su seducción y carisma, lo hacían vibrar. En lugar de verlas como competidoras, las consideraba parte del viaje que había llevado a Tara a ser la mujer que ama. Para él, esos momentos del pasado eran un testimonio de su autenticidad y su deseo de vivir plenamente.
En la intimidad, cuando compartían sus cuerpos y almas, Fernand encontraba que los relatos de Tara le daban un aire fresco y emocionante a su conexión. Las descripciones vívidas de sus experiencias pasadas encendían una chispa en su propia sensualidad, llevándolos a explorar juntos nuevas dimensiones en su vida sexual.
La comunicación abierta sobre el pasado les permitía crear un espacio seguro donde ambos podían ser vulnerables y auténticos. Fernand disfrutaba del poder que sentía al saber que podía llevar a Tara a experimentar placer en el presente, mientras ella recordaba con emoción lo que había vivido antes. Esa combinación de pasado y presente hacía que su intimidad fuera aún más rica y explosiva.
Así, cada encuentro entre ellos se convertía en una celebración del amor maduro que compartían; un amor donde las experiencias pasadas no eran sombras que opacaban su relación, sino luces que iluminaban el camino hacia un futuro lleno de pasión y conexión profunda.
---"A sus 61 y 69 años, respectivamente, el que en la intimidad de su cama y en el fragor del placer Tara relate sus placeres con el cubano revitaliza su relación y fortalece sus deseos de follar con su marido".
A medida que Tara y Fernand avanzaban en sus años, la intimidad se había transformado en una danza de complicidad y deseo. A sus 61 y 69 años, respectivamente, ambos habían aprendido que el placer no tiene fecha de caducidad; más bien, es algo que puede evolucionar y renovarse con el tiempo, y es más experimentarlo con otros siempre que se hable y se acuerde entre la pareja. La naturaleza no pone barreas, ni normas, los tabús y complejos los fabrica el hombre para coartar la libertad.
Cuando Tara relataba sus encuentros con el cubano -y con un medico que trato a su anterior marido, pero eso es para otra historia-, los ojos de Fernand se iluminaban. Era como si cada palabra de ella desnudara no solo su cuerpo, sino también su mente y su corazón. La forma en que recordaba esos momentos de pasión y de sexo con el cubano encendía sus ardor sexual y ganas de penétrala y hacerla gozar de placer. Para Fernand, escuchar sobre el cubano no era solo un viaje al pasado; era una invitación a explorar nuevas dimensiones del placer juntos.
En la intimidad de su cama, esos relatos se convertían en un catalizador para sus propios encuentros. Al hablar de las emociones intensas que había experimentado antes, Tara no solo recordaba momentos pasados, sino que también abría la puerta a los dos para nuevas sensaciones en el presente en caso que se presentaran. Fernand se sentía poderoso al saber que podía ser parte de esa exploración, llevándola a experimentar placer de maneras que quizás nunca había imaginado.
Así, Tara y Fernand demostraban que el amor y el deseo son atemporales. Con cada encuentro, fortalecían su relación y aprendían a disfrutar del placer en todas sus formas, celebrando la pasión que aún ardía entre ellos, sin importar los años transcurridos. Su cama se convertía en un refugio donde podían explorar juntos las olas del deseo, creando un espacio donde el pasado y el presente coexistían en perfecta armonía.
por: © Mary Love
Nota de la autora: "Las historias que cuento generalmente son salidas de mi imaginación. Otras, están inspiradas en vivencias que mis seguidores me mandan. Siempre respeto la privacidad cambiando nombres de personas y lugares donde han ocurrido esas vivencias.
Si te gustan mis historias compártelas con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina y monotonía.
¡GRACIAS POR LEERME!

Comentarios
Publicar un comentario