Loida y Damaris son voluntaria en una ONG atendiendo a personas con movilidad reducida, altruistamente ayudan a estas personas que se lo piden a satisfacer las necesidades sexuales, tanto de mujeres y hombres.
-----------
Loida, con su espíritu compasivo y su deseo de ayudar, se dedicaba en cuerpo y alma a la ONG. Cada día, entraba en la sala donde las mujeres recibían masajes y rehabilitación, fuertes a pesar de sus circunstancias, la esperaban con sonrisas que iluminaban el ambiente. Sabía que su trabajo iba más allá de lo físico; era un acto de amor y conexión.
Junto a su compañera Damaris, crearon un ambiente seguro y acogedor. Las risas llenaban el aire mientras compartían historias y confidencias con las pacientes. Loida se dio cuenta de que la intimidad no siempre requería tocar; a veces, una mirada profunda o una palabra susurrada podía encender el deseo de recibir placer.
Las sesiones se convirtieron en un espacio sagrado donde las pacientes podían explorar su sensualidad sin juicios ni tabúes. Loida era sensible, cuidadosa, atenta a las necesidades y deseos de cada una de esa mujeres, creando un vínculo que trascendía lo físico. Con cada encuentro, se tejían historias de pasión y deseo que hacían latir más rápido los corazones.
En esos momentos de conexión, Loida descubrió no solo la fuerza de las mujeres que atendía, sino también su propia capacidad para amar sin límites, de darse a quien lo necesitara en esos instantes íntimos y reservados. La sala se transformaba en un refugio donde el placer y la vulnerabilidad coexistían, recordando a todas que su tiempo no había terminado, merecían sentir y ser deseadas.
Así, entre susurros y risas cómplices, Loida y su amiga Damaris pasaban su jornada de trabajo, regalando la oportunidad a quien quisiera de redescubrirse a sí mismas en toda su plenitud.
----------------
En el centro de rehabilitación Loida y Damaris creaban una atmósfera siempre cargada de esperanzas y anhelos. Entre las pacientes, había una chica llamada Laura, cuya belleza y espíritu indomable cautivaban a todos a su alrededor. A pesar de su condición, Laura no había perdido su deseo de sentir y experimentar la vida en toda su intensidad.
Un día, con una mirada decidida, se acercó a Marisa -que llevaba tres meses acudiendo a las secciones de rehabilitación-, después de una sesión grupal, al terminar esta Marisa le indicó a Loida que quería habar con ella. Con una voz suave pero firme, le confesó sus deseos. "Sé que ayudas a las chicas que te lo piden... ¿podrías ayudarme también?" La sinceridad de sus palabras resonó en el corazón de Loida.
Loida miró a Laura a los ojos y vio no solo la fragilidad de su cuerpo, sino también la fuerza de su deseo. Sin dudarlo, ella y su compañera Damaris accedieron a ayudarla, pero tendría que ser fuera del centro, Laura asintió encantada. Prepararon un espacio íntimo y acogedor en un apartamento habilitado para dar masajes, propiedad de Damaris, donde el ambiente era cálido que transmitía serenidad y paz. Aroma terapia, velas perfumadas, música relajante y una luz que transportaba a otra dimensión
Llegó el día que habían acordado, y recogieron a Laura en su domicilio para llevarla al apartamento habilitado para dar masajes. Ya en el lugar, Loida y Damaris desnudaron a Laura y la rodearon con una toalla, subiéndola entre las dos a la camilla. En ese ambiente sensual Loida y Damaris comenzaron a explorar la sensualidad de Laura. A pesar de la inmovilidad de sus brazos, Laura era capaz de sentir cada caricia como un destello de placer que recorría su cuerpo. Las risas y los gemidos suaves se entrelazaban en el aire mientras las tres mujeres compartían ese momento sagrado.
Con una toallita pequeña que cubrían los ojos de Laura, dejando que las sensaciones la envolvieran y la transportaran a otra dimensión. Loida y Damaris, atentas a cada reacción, guiaban a Laura por una experiencia sensorial que iba más allá del simple contacto físico.
Damaris en la cabeza de la camilla untaba desde el cuello hasta su abdomen con aceites balsámicos relajantes y afrodisiacos, masajeaba los senos firmes y duros de Laura, cogiéndolos con las dos manos presionando sus pezones. Estos, al contacto de los dedos pulgar e índice se yerguen de inmediato, emitiendo desde la profundidad de su garganta gemidos y jadeos de placer.
Mientras, Loida masajeaba su abdomen con las palmas de sus manos, deteniéndose en el monte de venus suavemente y con delicadeza para facilitar la estimulación del clitoris; con sus dedos índice y corazón atrapaba en tijera los labios vaginales de su coño sonrosado masajeándolos con ellos. Cuando el clitoris empezó a hacer acto de presencia se concentro en ese pequeño "micro pene" atrapándolo con los dedos pulgar e índice para que saliera de su capuchón lo mas posible; procediendo a lamerlo con su lengua húmeda y resbaladiza moviéndola con maestría en circulo. --No paréis por favor, me viene el placer...y me voy a correr--, gritaba Laura. Para excitar mas su pasión Loida al unísono que lamia su clitoris introdujo sus dedos índice y corazón en su vagina húmeda y lubricada, dando un grito como de desesperación, temblaba ante el estallido de un orgasmo que la hizo temblar. Con cada roce de las manos de Loida y Damaris y cada palabra cariñosa que le decían, la hacia consciente que aún estaba viva y que estaba siendo hermoso esa experiencia confirmando que su deseo era válido y hermoso.
A medida que avanzaba la sesión, un vínculo especial se formó entre ellas. La vulnerabilidad se transformó en confianza, y las risas se convirtieron en susurros cargados de deseo. En ese instante, las limitaciones físicas desaparecieron; lo único que importaba era la conexión profunda que compartían.
Loida y Damaris sabían que estaban creando un recuerdo inolvidable para Laura, un momento donde la sensualidad florecía en medio de la adversidad. Aquel encuentro no solo fue un acto de ayuda; fue una celebración del deseo humano en todas sus formas.
Laura, ya repuesta les dijo, --gracias!!
por: Mary Love

Comentarios
Publicar un comentario