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Laura amiga de Mona descubre su cuerpo con Sandra


[Sandra, esposa de Hugo, descubre a Laura en un momento intimo -una joven de 20 años amiga de Mona la hija de su marido de un matrimonio anterior-, que había venido a pasar unos días para estar con su amiga. En lugar de retirarse, se siente atraída por la escena y decide guiar a Laura en un viaje para descubrir su cuerpo]

La tarde caía con una luz dorada sobre la casa, filtrándose a través de las cortinas de gasa que apenas cubrían la ventana de la habitación. Sandra, la esposa de Hugo, caminaba por el pasillo con pasos silenciosos, su cuerpo maduro y esbelto se movía con una gracia que delataba años de experiencia y confianza. Llevaba un vestido ligero de verano, que transparentaba y dejaba ver la aureola y pezones de sus pechos de manera tentadora, y sus tacones bajos resonaban suavemente contra el suelo de madera. Había notado que la puerta de la habitación de Mona, la hija de Hugo, estaba entreabierta, y una luz tenue se filtraba desde el interior. Movida por una curiosidad, se acercó y asomó con cautela.

Lo que vio la alteró, con el corazón acelerado y una mezcla de sorpresa y deseo que la invadió como un golpe de aire.

Vió a Laura recostada en la cama tocándose su cuerpo con movimientos lentos y sensuales. Su cuerpo joven y esbelto estaba cubierto apenas por una camiseta corta y unas braguitas de encaje, que dejaban al descubierto su piel suave y pálida. Sus dedos se movían con delicadeza sobre su pecho, trazando círculos alrededor de sus pezones erguidos, mientras su otra mano descendía lentamente hacia su entrepierna tocándose los muslos. Sus ojos estaban cerrados, su rostro reflejaba un placer intenso y privado, como si el mundo a su alrededor no existiera.

Sandra sintió un calor repentino en su bajo vientre, un cosquilleo que la hizo morderse el labio inferior. En lugar de retirarse, como dictaba la razón, se acercó con pasos sigilosos, atraída por la escena como si fuera un imán. Su mente estaba en conflicto pero el deseo en ella era más fuerte que la razón. Entró sigilosa en la habitación y se detuvo al pie de la cama, observándola con una mezcla de admiración y lujuria. Laura era hermosa, su juventud, lozanía y su inocencia la hacían irresistible, y Sandra no podía evitar sentirse excitada viendo como Laura se acariciaba y gemía de placer.

—¿Laura? —murmuró Sandra, su voz apenas audible, pero lo suficientemente clara para que la joven la escuchara.

Laura abrió los ojos de golpe, su rostro enrojeciendo instantáneamente al ver a Sandra de pie junto a la cama. Sus manos se detuvieron en el acto, y por un momento, el silencio fue absoluto. Sandra pudo notar la mezcla de vergüenza y sorpresa en el rostro de la joven, pero también algo más: un expresión de curiosidad, como si Laura no se sintiera del todo avergonzada por haber sido descubierta.

—Lo siento —susurró Laura, intentando cubrir su cuerpo con las sábanas, pero Sandra la detuvo con un gesto de aprobación.

—No tienes que disculparte de nada —dijo Sandra, su voz calmada y seductora. —Es normal que a tu edad quieras explorar tu cuerpo, sentir placer. No hay nada de malo en ello. A mi, a tu edad me pasó lo mismo, exploraba mi cuerpo para descubrir los lugares más sensitivos que me provocaran placer y llegar al orgasmo, y así pude guiar a los chicos novatos con los que practiqué sexo, para que me hicieran sentir y disfrutar.

Laura la miró, confusa y un poco sorprendida, pero Sandra al darse cuenta sonrió con una calidez que la tranquilizó. Se sentó en el borde de la cama, cerca de Laura, pero sin invadir su espacio. Su presencia era reconfortante, materna, pero también había algo más en su mirada, algo que Laura no podía identificar del todo.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó Sandra, con voz baja y seductora. —A veces, un poco de guía puede hacer que el placer sea aún más intenso.

Laura la miró sin saber cómo responder, pero el tono de Sandra, su proximidad, su perfume y esos pechos que se dejaban ver a través del vestido le hicieron sentir una mezcla de morbo y excitación.
—Si, me encantaría —casi imperceptible asintiendo tímidamente, y Sandra tomó su respuesta como una invitación.

Tomando la iniciativa Sandra se acercó más a Laura, para con su mano tocar suavemente el brazo y los hombros de la joven. Su piel era suave, cálida, y Laura tembló al contacto. Sandra esbozó una sonrisa complacida por la reacción de la muchacha; bajó su mano por su brazo lentamente, hasta llegar a la mano de Laura, que aún la tenia sobre su pecho.

—Déjame mostrarte —murmuró Sandra, su aliento cálido rozando la oreja de la muchacha. —Déjame llevarte hacia un placer que aun no has sentido antes.

Laura en señal de aceptación cerro los ojos, entregándose al momento y dejándose llevar. Sandra tomo la mano de la joven y comenzó a moverla con lentitud y maestría. Sus dedos trazaron círculos alrededor de los pezones de Laura, masajeándolos con una presión firme pero suave. Laura gimió suavemente, su cuerpo se retorcía y arqueaba ligeramente contra el tacto; Sandra esbozo de nuevo una sonrisa, complacida por la respuesta que la joven daba a sus toques.

—Eso es —susurró Sandra, su voz ronca de deseo. —Deja que tu cuerpo se libere y se abra al placer.

Con la otra mano, Sandra comenzó a acariciar el abdomen de Laura, sus dedos moviéndose en patrones lentos y sensuales; descendiendo gradualmente, rozando la cintura de la joven, hasta que su mano se movía justo sobre la tela de las braguitas presionando el monte de venus y dando roces suaves sobre su clitoris. Laura gemía conteniendo la respiración, su corazón se aceleraba, mientras Sandra la miraba con deseo gozando del espectáculo.

—¿Quieres más, te gusta? —preguntó Sandra, su voz cargada de sensualidad.

—SI, por favor, no pares ahora, sigue —gritó Laura con voz entrecortada. Sandra sonrió de nuevo, sus labios curvándose en una expresión de satisfacción. Con un movimiento fluido, deslizó la mano más a dentro de las braguitas, sus dedos encontrando los labios húmedos y carnosos de su coño, juntándolos y presionándolos con sus dedos índice y corazón producía en Laura gemidos y gritos de placer. Gemía, jadeaba y resoplaba, su cuerpo tensionándose, mientras Sandra seguía acariciando su coño con una maestría que solo la experiencia podía proporcionar.

—Relájate —susurró Sandra, su aliento cálido contra el cuello de Laura. —Deja que te lleve.

Sus dedos se movieron con una lentitud torturante, trazando patrones que hicieron que Laura se retorciera de placer. Sandra sabía exactamente dónde tocar, cómo presionar, y Laura se sintió abrumada por la intensidad de las sensaciones. Su respiración se volvió entrecortada, sus gemidos más frecuentes, y Sandra sonrió, complacida por la respuesta de la joven.

—Eso es, cariño —murmuró Sandra, su voz ronca de la excitación y deseo.

—Déjate llevar para que te guíe hacia el orgasmo—le decía Sandra acercando su boca a su oído, lamiéndole con su lengua la oreja.

—Me besa... ahí... —Oh, Dios...gime, Laura.

Sandra sopla ligeramente antes de trazar círculos con su lengua en mi clítoris. Empuja para separarme más las piernas, y yo me siento tan abierta... tan vulnerable. Me coloca bien, apoya las manos encima de mis rodillas, y su lengua inunda mi sexo, sin cuartel, sin descanso... sin piedad. Yo alzo las caderas para unirme y acompasarme a su ritmo.

—Oh, Sandra, por favor—gimo.

Laura no podía más estaba al borde de correrse, su cuerpo tenso como un arco, y Sandra aumentó la presión, sus dedos moviéndose con más rapidez y firmeza. Laura gemía, jadeaba gritaba, decía palabras sucias las cuales las excitaba aún más, la habitación llena de sensualidad, y su cuerpo se arqueó contra la cama dando un grito mientras el orgasmo la invadía, era intenso, abrumador. Laura seguía gritando de placer con su cuerpo temblando incontroladamente, experimentando una eyaculación femenina por el alto estado de excitación sexual, mojando toda el espacio.

Sandra la sostuvo, sus manos suavizando el ritmo mientras Laura caía de nuevo sobre la cama, jadeando y sudorosa. La miró con una sonrisa satisfecha, su corazón latiendo con fuerza por la excitación del momento.

—¿Te ha gustado? —preguntó Sandra, rozando sus labios con los suyos.

Laura asintió con la cabeza, incapaz de hablar, y Sandra la acerco hacia ella rozando sus labios contra la mejilla de la joven. El momento estaba cargado de emoción y satisfacción, y ambas mujeres sabían que algo había cambiado entre ellas.

—Esto es solo el comienzo —susurró Sandra, su aliento cálido contra el oído de Laura. —Hay mucho más por explorar.

Laura la miró, con ojos brillosos con una sensación de curiosidad y deseo, y Sandra sonrió, sabiendo que este era solo el primer capítulo de una historia que prometía ser intensa y satisfactoria. Ella no olvidaría jamás la visita a su amiga Moni...cosa que repetiría...

por: Mary Love

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