Han pasado 30 años desde que había sentido la última caricia de un hombre.
Esta es mi historia, tengo 57 años, me llamo Patricia y la vida me arrebató a mi esposo hace 30 años; hacia 5 años que nos habíamos casado cuando el falleció. Y no voy a mentir, sin esposo ni hijos quise partir de esta vida con él, pero algo me retuvo y hasta hace tres semanas seguía sintiendo que no pertenecía a este mundo.
Les cuento porque digo "hasta hace tres semanas". Mi mejor amiga, Laura, me dijo que no podía continuar siendo la típica mujer mayor y triste que envejece con arrugas y acumulando kilos encima, y justamente esa era la descripción de mi estado y el camino que yo iba recorriendo. Hay mucha diferencia entre Laura y yo, pues ella va al gimnasio hace 5 años, es de mi misma edad, pero aparenta tener 40 años, es delgada, con unas curvas bien contorneadas y no le cuelga nada por delante. ¡Un mujerona en su máxima expresión!.
Así que tanta era su insistencia que decidir con ella. Fui completamente sin ninguna gana, ¿Qué iba a hacer en un gimnasio rodeada de gente joven?. Que vergüenza, me repetía a mí misma, llegando allí vi como todos me miraban. Sentía que todos se burlaban de mí porque una anciana había decidido darle un cambio radical a su vida, por otro otro lado pude notar que las miradas hacia mi amiga eran distintas. Esas miradas se la devoraban entera, me sentí muy mal por mí, pero me alegraba que Laura generara ese tipo de atención. Los primeros 4 días fueron iguales, llenos de temor y miradas de desprecio, al menos eso me parecía a mi, quise no ir más, pero le había prometido a Laura no me rendiría ni siquiera por el desprecio de la Juventud.
Entonces sucedió algo el quinto día, mientras levantaba unas pequeñas pesas, sentí una voz amable que me dijo: "me permite ayudarle con la rutina", era la primera vez que alguien me dirigía la palabra sin burlarse de lo que hacía, y no solo eso, sino noté que ese joven y apuesto muchacho, mientras me indicaba lo que debía hacer, desviaba su mirada a todo mi cuerpo, pero no era esa típica mirada de repugnancia sino era una mirada como las que recibía mi amiga Laura. Sentí aquello muy extraño, pero me gustó, aunque estaba segura de que yo estaba confundiendo las cosas.
Al día siguiente, ese mismo muchacho y yo nos volvimos a encontrar y, se ofreció a enseñarme algunas rutinas que no lastimarían demasiado mi espalda, yo accedí. El muchacho en cuestión era muy apuesto, claramente no pasaba de los 25 años. Se representó como Carlos. Yo aún muy confundida de que se ofreciera a ayudarme, supuse que lo hacía por lástima, hasta que en una de esas en la que quise levantar las pesas, se puso detrás de mí y me dijo: "debes hacerlo de esta forma", me puse alterada porque sentí como su paquete rozaba mi entrepierna, y muy desconcertada le dije que regresaría en un momento y me fui al baño. ¿Qué está pasando?, pensé, eso que hizo Carlos no estaba bien, soy mucho mayor para él. ¿Será que me encuentra atractiva?, tenia mil cosas en mi cabeza. No sabía si salir del baño, estaba nerviosa. ¿Debía cortar de raíz el comportamiento de este muchacho?. Pero me sentía tan bien como en los tiempos de mi adolescente. De pronto me preparaba para salir, pero si abrió la puerta del baño, era él Carlos, entró y cerró la puerta por dentro, se acercó de golpe a mí y, mirándome a los ojos me dijo: "te he visto desde el primer día que llegaste aquí y me has encantado, si no quieres que siga, pídemelo y me iré". Entonces me quedé como una estatua, solo podía fijar mi mirada en sus labios. Sin decir una palabra, me dejé llevar por el momento, me arrodillé, baje el short que llevaba puesto y apareció ese atributo varonil maravilloso, debía medir como 20 centímetros, bien formada y con su glande rosáceo. Aun poseo la experiencia de una buena amante, pudo alardear un poco de ello. Nada mas tocarla se puso dura como una estaca, la agarre con las dos manos y me la metí en la boca, la saboree como si fue una piruleta, los dos estábamos deseosos, él por joven, y yo por tantos años sin hacer sexo con un hombre, aunque tengo que decir que me satisfacía yo sola con un buen equipo de juguetes sexuales, y viendo una buena película para adultos, pues mi deseo sexual no había desaparecido.
Seguía lamiendo y estimulando aquella deliciosa polla mientas lamia sus testículos y me los metía en la boca. Me quite quite la camiseta que llevaba, dejando mis testa al aire para que cuando se corriera me las llenara de leche. A Carlos se le voltearon los ojos para atrás, sus manos no sabían de dónde sujetarse, jadeaba y gemía, me decía: "no pares que me voy a correr". Yo, viendo en el estado de excitación que estaba el muchacho apretaba mis muslos haciendo presión sobre el clítoris, eso me hizo saber que lo estaba disfrutando y que pronto estallaría y me llenaría toda con su semen. Dio un grito agudo: "Me corro" yo también me estada corriendo al mismo tiempo. Su corrida fue abundante, impregnándome todo el cuerpo. Recogi lo que pude con mi mano y lo saboreaba con mi boca, el reto los extendí por mis pechos y mi barriga como si fuese una crema nutritiva.
Nos vestimos, le di un beso en la boca y le dije que ese sería nuestro punto de encuentro. Carlos asintió con la cabeza sin decir una sola.
Desde esa primera vez han pasado tres semanas y estos encuentros me han hecho renacer., estoy llena de vida.
por: Mary Love


Buenos días, me ha encantado este relato.
ResponderEliminarAunque soy más mayor jajaja, pero bueno me ha gustado mucho, espero leerte más y mejor.
Saludos y buen día.