Cuando necesito sexo voy al hipermercado.
-Soy una muchacha alta, delgada, rubia, de piel morena y ojos azules. Tengo 29 años y todavía sigo soltera y sin ningún tipo de compromiso, y no es que no me hayan llovido las ofertas, simplemente no me ha interesado ninguna hasta la fecha, además se está muy bien viviendo sola y sin tener que soportar a nadie. Cuando busco compañía masculina no me cuesta encontrarla.
-Lo mío es ir a unos de sus hipermercados en los que hay de todo, maduros, jóvenes, de mediana edad, macizos y guapos. Muchos ejecutivos agresivos, con un buen sueldo, un empleo interesante y mucha maña para los trabajos domésticos. Me encanta mirarles el culo mientras empujan el carro de la compra, les observo cuando van al estante para coger una lata de tomate o de guisantes, o en el departamento de fruta y verduras. Les sigo a cierta distancia, e intento cruzarme si veo que hay posibilidades y cuando se ponen en la cola de una de las cajas me coloco detrás de el, y con cualquier pretexto tonto entablo una conversación, les pregunto sobre una marca de jabón o un refresco y así, con un pretexto tonto voy rompiendo el hielo. Si pasan de mí ya no insisto más, si se enrollan como una persiana, les sigo la corriente.
-El otro día hubo un chaval de unos 30 años que me lo puso fácil, era alto, moreno de piel agitanada y unos ojazos verdes que te tiraban de espaldas.
-Cuando estaba en el parking, cerca de donde tenía el coche, se le cayeron las llaves al suelo y no se dio cuenta, debería estar muy distraído porque al caer hicieron bastante ruido, las recogí y le llamé la atención sobre la perdida, se las devolví, me dio las gracias y empezamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida.
-Quería ser amable conmigo y me invitó a tomar algo para agradecerme el gesto que había tenido, yo acepte y me subí a su coche.
-Me llevó a su apartamento y preparó unos Gin tonic; conversamos sobre diversos aspectos, gustos y hobbies, hablamos de novios y de novias, de gustos y deseos.
-La conversación paso a nivel mas íntimo, indagando sobre aspectos íntimos y gustos sexuales. Él me dijo lo que le gustaba hacer con una chica y yo también le dije cuales eran mis gustos y fantasías,
-Entrar en ese terreno iba calentando el ambiente, por lo menos yo notaba mis sexo como se iba mojando y mis pezones se endurecían. Después de un par de copas o tres estábamos desinhibidos, él, aparto mi pelo de la cara y cogiéndola con las dos manos besó mis labios, nos enrollarnos como si fuéramos novios, nos besamos en la boca con morbo y pasión y acabamos desnudos en el dormitorio.
-Él se echo sobre la cama de espaldas a mí para que le iniciara un masaje en el cuello, pues estaba un poco tenso, me ofrecí encantada a pasarle las manos por los hombros, la columna vertebral y baje para los cachetes de su culito, pequeños, musculados y muy varoniles, mi mano se deslizo entre su raja rozando el ano con mi dedo meñique. Le frote la espalda con los nudillos, y el culo con las manos, y cuando le separé las nalgas dio un brinco, intente disculparme, pero antes de que pudiera decir nada puso sus manos sobre mis pechos, comenzó a sobármelos y pellizcar mis pezones, los tenia cogidos con dos de sus dedos, los presionaba causándome un dolor placentero, mi coño empezó a mojarse, sentía como palpitaba; llevando mi mano hacia mi clítoris para despertar el placer en mi vagina comencé a masturbarme el coño.
-Su polla había alcanzado una erección notable, la cogí y comencé a masturbarlo despacio, pasando mi mano de arriba abajo y deteniéndome en su capullo, tuve que parar porque unas gotas de líquido transparente salía por la punta de su glande, lo extendí por todo el miembro con la yema del mi dedo y lo lamí.
-Ese fue el inicio de una mamada con la que mi cuerpo se estremeció de gusto, tanto que entre chupada y chupada ronroneé como una gata en celo. Con un poco de esfuerzo me la tragué entera llegando hasta la garganta, mientras me la follaba con la boca, le subía los testículos y me los metía en la boca, cuando los estimulaba un rato cambiaba de nuevo a su polla, clavando mis uñas en sus glúteos despacio, para que sintiera ese dolor placentero, jadeaba y gemía, estaba tan excitado que me decía guarradas, que a mi me excitaba. Notaba como su polla se ponía dura y engordaba como cuando está a punto de vaciarse, así que paré, me aparté cuando me percaté que se podía correr. No quería que se corriera, aun tenia que sentir su polla en mi coño caliente preparado para darme varios orgasmos, necesitaba sentirla dentro y que me follara como Dios manda.
-Lo tumbé en la cama y me senté sobre el dándole la espalda, su polla estaba dura como una estaca y con un tamaño considerable que alcanzaba a metérmela toda dentro. Me movía sacando y metiendo mi coño de su polla, yo controlaba el ritmo, el agarraba mis glúteos y les daba nalgadas. Cundo me apetecía fuerte galopaba sobre ella como una amazona, el gusto se acrecentaba y al sentí que me podía correr aminoraba, no quería que esos instantes terminaran, quería disfrutar de esa maravilla.
-De repente el me aparto de encima suya y poniéndome a todo lo largo de la cama boca arriba me abrió de piernas y se colocó a horcajadas encima de mí, me la metió de un golpe seco y certero; dado lo mojada que ya estaba no le costó nada penetrarme hasta el fondo.
-Estaba empapada chorreándome hasta los por los muslos. La metía y sacaba notando como su respiración era cada vez más acelerada, le cogí por la cintura para poder controlar sus movimientos. Al cabo de unos instantes se quedó inmóvil, pensé que se estaba corriendo, pero no, después de un breve parada permaneciendo rígido como una estatua, aceleró el ritmo y me la introdujo de nuevo hasta el fondo, yo perdí el sentido, no quería pensar, quería estar en ese estado narcótico, como drogada de placer, la follada estaba siendo descomunal.
-Sentía el orgasmo que me producía su polla dentro de mi coño, me corría como una gata, en esos momentos con el estado de excitación que estaba me apetecía sentir otras pollas dentro de mi coño, ser follada por otros tíos y que me llenaran el cuerpo de leche, como si fuera una puta. Él, seguía empujando, moviendo su polla de forma magistral dentro de ese órgano de placer, era una maquina, no paraba, mis gemidos y gritos anunciaban otra corrida -me viene otra vez, gritaba y mordiéndole los labios de su boca. Seguía empujando como si mis gemidos y jadeos no fueran con el, y sin perder la concentración me seguía penetrando aceleradamente.
-En el momento de correrse y derramar su leche, la saco de mi coño y la coloco en mis tetas mojándome la cara y los pezones con su leche. Sin ningún tipo de asco por mi parte la restregué por todo mi cuerpo, lamia mis dedos y cogí su polla con la mano y me la llevé a la boca, quería saborear los restos que le quedara de semen. Fui lamiéndola mientras crecía de nuevo entre mis labios; que maravilloso, estaba recuperando de nuevo la erección, y no quise interrumpir la mamada porque quería saborear hasta la última gota de su leche.
-Mientras él, colocó su mano sobre mi coño, acariciando con sus dedos los labios y pasándolos por toda mi raja desde el clítoris hasta mi ano. Me introdujo los dedos dentro y me masturbó, detalle que le agradecí comiéndole la oreja.
-Tras las caricias manuales, abrí las piernas y colocó su cabeza entre mis muslos, procedió a comérselo, entero, poniendo especialmente énfasis en el clítoris.
-Ahora le tocaba a él y resultó todo un experto, me lo comió con pericia y yo solo pude gemir y jadear. Le cogí la cabeza con las dos manos para impedir que apartara su boca de ese manjar, un panal que endulzaba sus sentidos.
-Estiré las piernas y le aplasté las orejas al perder el control mientras me venía un orgasmo como si me entrara un rayo -pero de placer- por los pies, me recorriera todo el cuerpo llegando a la cabeza haciéndome convulsionar.
-La temperatura de mi cuerpo se elevó y mi cara enrojeció como un pimiento. Sin moverme de esa posición miré el reloj de pulsera y me di cuenta de que se hacía tarde, apenas tenía tiempo de dar un par de bocados a un bocadillo antes de entrar a trabajar.
-Soy taquillera de un cine y para mí los sábados por la tarde son laborables. Me duché en casa y él con mucha amabilidad me preparó una ensalada que devoré en menos de 5 minutos, incluso me acompañó con el coche al cine. Aquel desconocido era un primor, un tipo del que se puede enamorar una fácilmente. Ojalá sea así y no quede todo en una simple aventura.
-Con las prisas no nos acordamos de intercambiar los números de teléfono, así que uno de los dos deberá de dar el primer paso si nos queremos volver a ver, o el viene al cine, o yo voy a su casa, ya veremos.
por: Mary Love

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