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No estaba planeado pero me atreví

Mi amiga se divorcia y para celebrarlo me lía en una salida. Sin planearlo me dejo ligar por una francesita muy sexi.

Nunca me gustó ligar en bares, ni siquiera de soltera cuando podía. Ahora con sesenta y tantos, cuatro hijos y un marido al que nunca le había puesto los cuernos aún menos.

Mi esposo, Nando no me ponía ninguna pega para salir con mis amigas incluso me animaba a ello, siempre hemos sido muy liberales y tenemos plena confianza el uno con el otro. Nos lo contamos todo.

Pero la mayoría de las veces estaba tan cansada que era a mí a quien no le apetecía.

La noche del sábado me vi obligada a salir por culpa de una amiga y compañera de trabajo, Bea, diminutivo de Beatriz recién divorciada. Bea tiene 38 años. Habíamos quedado con Lola, otra amiga que vendría también pero que a ultima hora llamo por teléfono diciendo que le era imposible, que la disculpáramos, dio una excusa tonta, así que estábamos las dos solas... ante el peligro, sobre todo yo.

Su actitud esa noche era bastante disparada. Se dejaba entrar por cualquiera que tuviera pantalones, estuviera un poco decente y marcara paquete.

Para mis estándares de diversión ya era tarde y nos encaminamos a un pub que tenía fama de favorecer el ligue. Una barra bien surtida de bebidas de alta graduación alcohólica, una pista de baile no muy iluminada, y unos cómodos sofás era todo lo que había en el local.

Además de todo tipo de gente con una gran variedad de atuendos a cada cual mas favorecedor. Las mujeres iban muy sexis, con ropa muy ligera. Yo allí casi me sentía con hábitos de monja con mi vestido veraniego comprado en Zara comparada con resto del personal.

Hacia las dos de la madrugada comenzó a ligar con un chaval algo mas joven que ella, y he de admitirlo muy bien formado, había conseguido deslizar una mano por debajo de su falda y acercar su boca a la suya. Ella tampoco se lo puso muy difícil, separo los muslos, y cuando me di cuenta el chico estaba jugando con la gomita del tanga rojo y tan pequeño que ya se perdía entre los depilados labios de su sexo.

Después de unos instantes de morreos y tocamientos se sentaron en un reservado abierto, y ahí siguió la función, ella se abrió de piernas dejando ver su tanga metido por la raja de su coño; sentada enfrente podía distinguir a la perfección tanto el coño de Bea como los dedos del chico acariciándola con suavidad ese manjar. Apartaba los pliegues de encaje rojo y deslizaba la mano bajo la tela de la falda recogida hasta el final de sus poderosos muslos.

Sus tetas talla cien que llevaban toda la noche peleando con el escote de su top estaban a punto de ganar la batalla. El pezón de ambas asomaba por la no muy abundante tela. A su vez ella le estaba practicando al joven una profunda exploración buco faríngea con su lengua y abundante intercambio de saliva por ambas partes.

Ella tampoco es manca y como en un descuido había dejado caer la mano sobre la bragueta del afortunado joven. Desde mi posición en el sillón de enfrente se podía apreciar que estaba bien dotado y que aquello había cogido una considerable consistencia. La mano de mi amiga la recorría lado a lado sin que el muchacho ofreciera resistencia.

- Voy a pedir otra copa.

Yo entre tanto había tenido que rechazar las atenciones de mas de un moscón aunque el espectáculo de Bea y ese chico me estaba mojando las bragas, y comenzaba a sentir un cosquilleo en mi coño. Lo que al principio me hizo gracia, no sabía si a mi edad todavía estaba llamando la atención o si ellos estaban tan desesperados como para entrarle a una madurita como yo.


Y menos una que intentaba pasar lo mas desapercibida posible, no como el resto de los pavos reales que andaban por allí. Y no, porque si me hubiera apetecido alguno de esos moscones, llamo a mi esposo y le comunico que me gustaría follar con el, mi esposo y yo tenemos un pacto liberal, eso si comunicándonos el asunto.

Pero una no es de piedra, he de confesarlo. El espectáculo casi pornográfico que se desarrollaba justo enfrente me estaba calentando. Para refrescar mis ideas y mis hormonas me acerqué a la barra a por una copa.

Visto que mi amiga me ignoraba, muy ocupada con su conquista me quedé un rato acodada en el mostrador mirado alrededor. Me limitaba a disfrutar del espectáculo. Ya que no quería permitirme ninguna otra libertad.

No me había fijado en ella. Estaba en la otra esquina del mostrador y su aspecto era aún más, mucho más, discreto que el mío. Morena, pelo corto con mechas teñidas de azul, ropas casi masculinas, unos vaqueros amplios, una camisa con un dibujo algo friky. Seguro que tenía más de un tatuaje y un aro en una de las aletas de la fina nariz respingona. Tenía un look bastante andrógino. Tuvo que ver mi cara de aburrimiento y se acercó con su vaso en la mano.

- Hola, soy Marie.

Me giré con mi mejor sonrisa. El aburrimiento, el alcohol y la excitación trabajaban a partes iguales en su favor.

- Oí la voz de esa chica con acento afrancesado. Yo Encarna, encantada.

Respondí.

- Me he fijado en lo entregada que está tu amiga con se joven.

- Sí, acaba de divorciarse y parece que aún lo esta asumiendo.

Su risa cristalina y una mirada a mi escote fue la respuesta a esa afirmación.

Los botones abiertos de su camisa de hombre me dejaban ver el bonito canalillo de unas tetas no muy abundantes y el borde liso de un sujetador deportivo. Todo en ella decía lesbiana.

Si yo no hubiera pasado diez años encerrada con dos niños viendo el mundo a través de la pantalla de la tele pero sin prestarle mucha atención me hubiera dado cuenta de ello mucho antes.

- ¿A ti te gustan las chicas?. ¿No?.

No es que yo no fuera tolerante, es que simplemente no me importaba. Era como la Luna, sabias que estaba ahí pero no podrías alcanzarla ni ella a tí. La homosexualidad era un factor ajeno a esa vida de madre y esposa. No es que fuera tonta del todo tampoco, así que después de unos cuantos cumplidos hasta yo empecé a darme cuenta de que pie cojeaba la nena.

- Ahora mismo me gustas tú. Me pareces muy dulce.

Y sinceramente sus atenciones me halagaban. Aunque era la primera vez que las recibía de otra mujer. De vez en cuando echaba ojeadas a mi amiga para asegurarme que no se aburría de su joven amante y me viera a mi conversando amigablemente con una linda tortillera. De palique, vamos. Solo faltaba que se corriera la voz entre nuestro circulo de amistades.

- Creo que tú también me gustas. Nunca me había pasado algo así.

Marie cada vez estaba mas cariñosa conmigo dejando reposar una mano en mi antebrazo desnudo por el ligero vestido veraniego de tirantes. Acercándose más a mi cuerpo y rozando mi brazo con su pecho casi plano. A cada minuto que pasaba ella estaba mas cerca de mí y eso no solo estaba dejando de importarme sino que me gustaba.

- Entonces va a ser una experiencia nueva.

Lo que me decía, cada vez mas cerca de mi oído, era más pícaro y sensual. La ayuda del alcohol que había ingerido estaba favoreciendo sus intenciones. Además me sentía halagada por sus atenciones que estaban disparando mi ego, y despertando un sentimiento sensual que nunca había experimentado, lo que tampoco me venía mal. Era como una inyección de moral.

    -Me provocas deseo. Me apetece hacerte hacerte caricias, me dijo.

    Se inclinó a recoger su copa y como sin querer rozó la piel desnuda de mi hombro con el filo de su mandíbula, un contacto lento y sensual que erizó mi vello. Arrastró adrede con su barbilla el tirante de mi vestido por mi hombro hasta dejarlo caer por el brazo, lo que desnudó la parte superior de mi voluptuoso seno.

- Pues me están gustando.

No hice nada por volver a colocarlo en su sitio, me sentía deseada y bella. Puede que a esas horas y con las copas que llevaba encima no fuera muy objetiva. Pero esa es la idea de ese tipo de garitos, que la gente se desee unos a otros.

- Podemos hacer más cosas, si te apetece.

Como sin darme cuenta al colocarme mejor en la banqueta apoyé la mano en su muslo cubierto de algodón. No me conformé con dejarla allí sino que la movía con suavidad arriba y abajo notando la firme musculatura de su pierna. Apostaría a que ella en ese momento hubiera deseado haberse puesto un short o una faldita.

- Qué lástima que no lleves algo más cortito.

A esas alturas estaba claro que ninguna de las dos iba a rehuir el contacto, al contrario ella recibió ese toque con una sonrisa aún mas amplia. Pensaba que me tenia conquistada y creo, para que negarlo estaba segura de que tenia razón.

Le dije: perdona tengo que ir al baño a hacer una llamada, ahora vuelvo. Como ya he comentado antes mi esposo y yo tenemos un pacto desde hace 38 años, de antes que nacieran nuestros hijos, pacto que en contadas ocasiones hemos hecho uso de el; tenemos una relación abierta, si tanto a él como a mi nos seduce tener placer con otra persona tenemos que comunicárnoslo antes de seguir adelante, de esa manera no existe traición ni infidelidad ninguna.

- Ya he regresado, esos dos siguen muy emocionados.

Mi amiga estaba perdiendo el tanguita rojo a mano del chico que se lo bajaba por sus largas piernas. Las dos los mirábamos asombradas por que no se preocuparan de disimular un poco. Mientras ella acariciaba su dura polla con insistencia por encima del pantalón apretando su firmeza sin misericordia.

- Se van a correr ahi mismo.

El chico lamía su cuello, la oreja y su nuca, caricias que ella recibía con los ojos cerrados y los labios entreabiertos suponíamos que gimiendo de placer aunque era imposible oírla. Desde luego el rubito sabia lo que hacia.

- Creo que me dan algo de envidia.

La mano de Marie recorría mi columna vertebral con exasperante lentitud y sensualidad. Cuando llegaba al borde de mi culo volvía a subir hasta los omóplatos desnudos.

- No tienes por qué. Yo te daré unos mimos.

Cuando ella quería decirme algo rozaba mi oreja con sus labios con la excusa del volumen de la música. Ya no eran solo roces, se habían convertido en besos suaves. Deslicé mi brazo por su espalda apretando su cintura y acercándola más a mi cuerpo. A esas alturas me gustaba tontear con aquel bomboncito, 25 años mas joven que yo. Pero no tenía muy claro hasta donde sería capaz de llegar.

- Aquí nos ve todo el mundo.

- Todos van a su aire. No te preocupes y dejate llevar.

Nuestros senos se juntaron cubiertos por las ropas pero ambas notamos el contacto marcando más los pezones duros en las telas veraniegas.

- Estoy empezando a dejar de preocuparme, me dejo llevar.

Misteriosamente la cremallera de mi vestido bajaba un poco más a cada sorbo del vaso de Marie. Se hacía sitio para que su mano alcanzase una porción mayor de mi piel. Pronto noté sus suaves y ágiles dedos acariciando el costado de mi pecho.

- Si sigues así vas a calentarme, Marie. Ya siento como mi coño empieza mojar mis baguitas.

Avanzaba despacio hacia el ya por entonces muy duro pezón por encima del encaje del sujetador blanco, mas sexi que el suyo. Y eso que no lo había pretendido cuando me lo puse esa tarde antes de salir. Solo pretendía ponerme guapa.

- Ya lo noto.

Me sonreía pícara. Yo en cambio tenía agarrado su firme culo por encima de los vaqueros empezando a desear el momento de acariciar su piel que para entonces ya me parecía que estaba demasiado cubierta.

Me dijo:

- ¿Por qué no te despides de tu amiga? Bea le dije. Y nos vamos a tomar la última a otro sitio.

Por primera vez noté su lengua rozar mi piel, el borde de la oreja y la piel de debajo. Era algo que ninguna otra mujer me había hecho nunca y que me provocó un escalofrío placentero. Dicho y hecho.

- Me marcho ya. Que disfrutes.

- Eso pretendo Encarna.

Hipnotizada y sin querer pensar en la locura que iba a hacer me incliné sobre la divorciada. Le di dos besos y le dije que me iba. Me di cuenta que se estaban masturbando el uno al otro con bastante descaro. Ella tenia los ojos vidriosos por el placer que debía sentir y yo esperaba sentir algo parecido en poco rato.

Incluso me había parecido desde la barra verla inclinase sobre el pubis del chico. Pero para entonces yo también estaba bastante ocupada. Incluso puede que lamer lo que por allí asomaba. A día de hoy no estoy segura del todo o fue una jugarreta de las luces extrañas del local.

Lo que si vi claramente cuando me acerqué a despedirme era que el chico tenía dos dedos clavados en su depilada vagina. Ella movía una mano por dentro del slip agarrando su polla y comenzaba a frotarla despacito. Estaba segura de que la corrida de ambos, allí en medio del pub, casi en publico, iba a ser memorable.

- Nos vemos, Bea.

Con cara de placer se despidió de mí sin apenas darse cuenta de lo que la rodeaba concentrada en lo que ocurría entre sus muslos.

- Vayámonos.

Ya en la calle con Marie, cogió mi cintura y mirándome a los ojos besó mis labios con suavidad. Con lo cachonda que yo estaba eso no me bastaba. Así que puse las dos manos en sus nalgas y la apreté a mi cuerpo. Clavé la lengua lo mas que pude en su linda boca de finos labios.

- ¿Dónde?.

Me correspondía. Su lengua jugaba con la mía intercambiando salivas. Ella me chupaba la lengua absorbiéndola dentro de su boca y una vez allí lamiéndola con su lengua.

- Tengo el coche ahí a la vuelta.

Sin soltar su prieto culo la llevé hasta mi coche. Apresándola contra la chapa del lateral conseguí agarrar y amasar sus pechos firmes y duros. Mientras ella aún mas ansiosa que yo deslizaba una mano entre mis piernas por debajo de la falda.

A la vez que Marie acariciaba el interior de mis muslos, una de sus manos subía por mis piernas. Levantaba mi falda hasta alcanzar el borde de mis bragas, que no era tanga. Gemía en su boca, ahogaba mis suspiros con su lengua.

- Me gusta tu braguita.

Pues eso del tanga solo lo conocía por catálogos y revistas, llevaba un conjunto de lencería bastante trasparente pero también grande. No estaban húmedas, chorreaban.

- Estas mojada.

Juguetona deslizó su mano dentro de ellas y recogió mis jugos directamente de la fuente. Tuvo que encontrarla entre la mata de pelo que adornaba esa parte de mi anatomía, arrancándome un fuerte gemido. No había pensado que me hiciera falta depilarme, pues no tenia la intención de hacer uso del pacto con Nando, mi marido.

- Que rica estás.

Los llevó con dos de sus dedos a nuestros labios. Donde las lenguas de ambas juntas lo saboreamos compartiendo mi sabor y lamiendo sus dedos. Al notar su mano volviendo a introducirse en mis bragas casi me corro. Un momento más acariciando los labios de mi coño y me corrí como una perra en medio de la calle.

    -Vámonos o voy a hacer una locura aquí mismo.

Una locura? Me dijo ella, ¿es que romperás algún pacto de lealtad con alguien? Le dije no, Marie, aunque estoy casada y soy feliz con mi matrimonio, tengo un pacto con mi esposo desde hace 38 años sobre tener una relación liberal, una relación abierta. Si a el o a mi se nos presenta la ocasión de gozar con otra persona tenemos la liberta para hacerlo, eso si previa comunicación, antes de dar rienda suelta. Esa fue la llamada que fui a hacer al baño, pues me estabas gustando.

Abrí el coche y juntando toda la concentración de la que fui capaz. Salí pitando hacia el sitio al que iba con mi marido a meternos mano cuando éramos novios, bueno alli fue donde por primera vez sentí una polla dentro de mi coño. Logré llegar sin estrellarme. Aunque ella acariciando con suavidad mi pierna o el hombro. O rozaba lo que el sujetador le dejaba alcanzar de mi teta derecha no colaboraba mucho precisamente.

- Para o nos la pegamos.

A mitad de camino le pedí que se quitara la camisa. El sujetador deportivo que llevaba parecía un top y no llamaba la atención en los semáforos más que por los duros pezones marcados en la lycra.


- Sácate la camisa.

De un vistazo vi otro pircing en su ombligo, una media luna de plata. Y se notaba otro más en uno de sus pezones, una barrita con dos bolas atravesándolo.

- Eres preciosa, Marie.

Se abrió un poco el pantalón y me sorprendió ver que usaba un ajustado bóxer como bragas. Era un modelo casi idéntico a los que usaba mi marido. Eso en vez de cortarme me excitó más dándome algo familiar a lo que aferrarme. Aunque dentro no hubiera una polla sino su coñito que me moría por ver y tocar.

- Menos mal que hemos llegado.

Por suerte el sitio no había cambiado mucho, en realidad había mejorado. Los arbustos y árboles estaban mas frondosos aún dejando lugares muy discretos donde estacionar.

- Voy empezando.

Para cuando terminé de aparcar Marie ya se había librado de los vaqueros. Yo tenía el vestido por la cintura y los pechos al aire por encima de las copas del sujetador. Estaba ansiosa y sin esperar más había decidido empezar a librarse de nuestras ropas.

El sitio no había cambiado mucho, era un clásico para parejitas. Había varios coches más a nuestro alrededor con gente dentro haciendo lo mismo que nosotras.

- Qué ganas tenía de tenerte así, Encarni.

Se lanzó con ansia sobre mis tetas y las besó y las comió como nunca me lo había hecho nadie, ni siquiera mi marido. Conseguí levantar el culo del asiento para librarme de las bragas y el vestido terminó de salir por encima de la cabeza.

- ¿Desnuda?.

Y solté una carcajada. Todo eso terminó encima del salpicadero junto al sujetador que Marie ya había soltado cuando deslizaba su manita acariciándome la espalda.

Mi coño voluminoso sin depilar estaba por fin a su alcance. Mientras ella se inclinaba para comérmelo le saqué el fino top haciendo que ella levantara sus finos y torneados brazos. Lamí sus axilas depiladas y me apoderé de sus duros y preciosos pechos. Jugaba con sus pezones tirando suave de la barrita que adornaba uno de ellos. Me excitaban sus pequeñas y duras tetas.

- Me encantan estas tetitas, parecían las de una adolescente.

- Ten cuidado no me las arranques. 

A la vez que yo terminaba con un pie en el respaldo de su asiento y el otro por encima del salpicadero. Ni siquiera pensaba que fuera capaz de tal hazaña gimnástica. Ni recordaba tener tal flexibilidad después de dos partos.

Solo deseaba notar su lengua en los labios de mi coño jugando con mi clítoris. Y si además metía uno o dos de sus dedos en mi vagina tanto mejor. Estaba como un horno, mas caliente y lubricada que el motor de un coche.

- Cómete mi coño, cariño, le pedí susurrándole al oído.

Mis deseos se hacían realidad, la maestría con la que chupaba mi coño me decía que se lo había hecho a unas cuantas antes que a mí. Era una experta, sabia donde estaban los puntos sensibles de una mujer. Perdí la cuenta de las veces que me vacié. Tendría que limpiar ese asiento por las veces que me corrí sobre él.

Notaba su lengua por todas partes lamiendo por sitios que no pensaba que fuera posible llegar. Mi vello púbico debía hacerle cosquillas en la nariz pero eso claramente no le importaba mientras su lengua recogía mis corridas.

- ¡Qué rica estás!.

Mis orgasmos se encadenaban. Gemía y suspiraba. Lo único para lo que me quedaba voluntad era para acariciar su corto cabello azul eléctrico y sus delgados hombros.

Ella aún conservaba el ajustado slip, cubriendo su prieto culito. Le hice ponerse entre los dos asientos y conseguí sentarme justo detrás de ella en el trasero. Bajé la prenda despacio descubriendo el ano rosadito y su afeitado coñito. 

Separé sus piernas, un pie pegado a cada puerta de atrás del coche. Clavé la lengua en su culo agarrando con fuerza con mis manos el par de duras nalgas que se me ofrecían. Conseguía abrirlas bien y alcanzar con mi lengua los mas profundos rincones de su bella anatomía.

Recorría del clítoris a casi la espalda, la rabadilla, lamiendo, ensalivando y recreándome tanto en su coño como en su ano. Y era el primer coño al que se lo hacía.

Marie se excitaba al oír contarle mis relatos sexuales, mientras yo seguía jugando con su coño, su ano y sus pechos.

- No lo haces nada mal. Nena.

Notaba como sus jugos escurrían muslos abajo y los recogí con la boca haciéndola gozar tanto como ella a mí. Sentía un estremecimiento de su cuerpo cada vez que se vaciaba y me llenaba la boca con sus jugos.

No le di tregua como ella no me la había dado a mí. Incansable seguí lamiendo su culito clavando la lengua en el estrecho ano. Deslizándola por el perineo hasta los labios de su coño tan encharcados como los míos. Y llegando a su clítoris que removía con la punta de mi lengua.

Tras un orgasmo especialmente fuerte que la hizo gritar se deslizó hacia atrás para sentarse a mi lado en el asiento trasero. Temía que nos oyeran desde los coches aparcados alrededor. Pero en ese momento no me importaba un pimiento.

Menos mal que había retirado los elevadores de mis nietos y los había guardado en el maletero. Teníamos sitio para movernos. 

Buscó mi boca con ansia saboreando sus jugos de mis labios. Mientras sus ávidas manos acariciaban mis pechos con fuerza, pellizcando mis pezones. Durante un rato, no muy largo nos relajamos sentadas pero acariciándonos y besándonos dejando que nuestras lenguas se cruzaran dentro y fuera de las bocas.

-¿Seguro que nunca habías estado con una chica?. Me preguntó.

Le dije que en los treinta y ocho años que llevamos de pacto liberal, o relación abierta que teníamos  mi marido y yo habíamos tenido sexo con otras personas, yo nunca con mujeres, en todas las ocasiones habían sido con hombres, y en otra ocasión hice un trio con dos con dos compañeros de trabajo. Nando, en su caso lo ha hecho mas veces que yo, seis veces con diferentes mujeres, un trió con dos chicas y otro trio con chico y chica, que por cierto eran matrimonio.


En una ocasión, Nando intimo con chico de 25 años, se llama José Luis, lo llevo un día a casa, se hizo tan familiar que de vez en cuando venia a tomar café con nosotros, con el roce y el trato comenzó a atraerme sexualmente, así que le propuse a Nando que lo tanteara pues me apetecía follarme a ese Yogurin, que se lo planteara como un juego y que me sedujera y me follara estando Nando presente, pero sin participar, se lo propuso y el acepto, me hizo correr varias veces y Nando estaba tan cachondo que se agrego al juego y terminamos follando los tres, tuve el orgasmo mas potente que jamás he tenido, mi esposo me puso encima suyo y me clavo su polla en mi coño y José Luis me la metió por el culo, temblaba como un flan del gusto que estaba recibiendo, sentía dos pollas dentro de mi, y los tres nos corrimos al mismo tiempo, ellos me llenaron el coño y el culo de leche, ese es el único trio que he hecho con mi esposo, aunque nunca con una chica.

- ¡Desde luego!.

- Pues me has comido el coño de maravilla, pensé que tenias mas experiencia.

- Solo hice lo que me gusta a mi y algo del ejemplo que tu me has dado.

Mientras hablábamos no podía soltar sus pequeños pechos acariciándolos y pellizcando sus duros pezones con suavidad. Acariciaba el que tenía el pircing con el pulgar.

- Te deseé desde que os vi a las dos entrar por la puerta. Parecías tan perdida y agobiada que me dio una ternura terrible.

- Pues a mi me costó mas trabajo pero me sedujiste casi en cuanto me saludaste en la barra.

Ya mas repuestas volvió a lamer toda mi intimidad, esta vez fui yo la que me puse apoyada entre los dos asientos de adelante para que ella cómodamente pudiera explayarse lamiéndome. Volviendo a hacer que me vaciara varias veces con su experta lengua. Perdía la cuenta de los orgasmos.

Casi amanecía cuando a duras penas decidimos poner fin al encuentro, volver a vestirnos con muestras prendas mojadas con la condensación de nuestras respiraciones resbalando del cristal del coche sobre el salpicadero. No pude contenerme:

- Deberías ponerte algo más sexi, tienes un cuerpo precioso a tu edad.

- Tú también deberías renovar la lencería seguro que podrías encontrar algo mas pequeño. Y además te quedaría espectacular.

Me respondió riéndose.

- Pues quédate con mis bragas entonces. La próxima vez que nos veamos intentaré llevar un tanga.

La llevé hasta su casa y no pudimos evitar despedirnos con un último morreo justo ahí al lado de su portal. Menos mal que era domingo por la mañana y no había nadie por su calle.

¿Nos hemos vuelto a ver?. Desde luego que sí, he encontrado una nueva niñera algo masculina, pero muy tierna y cariñosa tanto con mis niños (los nietos) como con su abuelos. Justo como a mí me gusta.

¿Abuelos?

por: Mary Love



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