El otro día iba tan salida que me enrollé con un calvo que tenía un pene de ocho cm. Sí, sí, en serio, ocho cm. ¡Hasta mi sobrino el pequeño la tiene más grande!. Aunque debo reconocer que lo pasé bien, porque yo creo que, aunque suene a tópico, lo importante es saberla manejar, y además no veas como movía la lengua el hijo de puta.
La mayoría de los tíos están obsesionados con el tamaño de su pene, como si nosotras le diéramos tanta importancia. Hay tipos que por tenerla un poco pequeña ya ni se atreven a proponerle a una un buen revolcón.
En el momento de hacer sexo hay otras cosas que también se valoran, como por ejemplo la dureza, el aguante, usar los dedos con maestría y saber chupar.
Tengo 34 años, soy una chica de ciudad, de esas que están obsesionadas por su trabajo y que viven las 24 horas del día pendientes del el y con la oreja pegada al móvil, como puedes imaginarte mi vida privada es un autentico desastre, de echo no tengo ni tiempo para tenerla, así que hace años que prescindí de los romances, flirteos y ligues y otros actos sociales, si, estoy mas sola que la una, pero no me aburro, y aunque mi corazón este desocupado tampoco me preocupa que alguien lo quiera ocupar, lo importante es llegar a fin de mes y eso se me da bastante bien por el momento.
Claro que de vez en cuando me apetece algo de diversión, y con los tontos que están los tíos últimamente tampoco me voy a poner a cuestionar de que tamaño la tienen, con que se levante y dispare ya es suficiente.
-El otro día salí de fiesta y me enrollé con un tipo chaparro y calvete, tuve que tomar la iniciativa porque el tío no se daba por aludido, ni aunque se lo estuviera escribiendo en un papel y se lo firmara.
-Le propuse ir a un edificio que hay por la zona que tiene apartamentos turísticos que se alquilan por oras. Para estos casos.
-Al principio pensé que era muy tímido o un poco corto de entendederas, luego me fui percatando de que estaba acomplejado por algo, debía de ser la estatura, quizás la calvicie, aunque cuando le bajé los calzoncillos descubrí cual era el problema; mediría unos ocho cm. en plena erección, afortunadamente lo que le faltaba de longitud le sobraba de grosor , yo que tengo la entrada a mi cueva un poco grande agradecí el diámetro, el hombre se puso colorado de la vergüenza cuando se quedó desnudo frente a mi y estuvo tan cortado que estuvo a punto de ponerse la camisa, subirse los pantalones e irse, no se lo permití, le cogí el pajarito y lo introduje en mi boca como si yo fuera el gato Silvestre, el de los dibujos animados.
-El individuo seguía si reaccionar tan cortado como una cuajada de sobre, me desabroche la blusa, me cogí mis senos y se las enseñe -mientras le insinuaba si no sería maricón-, me respondió que NO, que lo que le pasaba era que le daba mucha vergüenza que alguien pudiera vérsela porque era pequeña y un tanto extraña, al oír su respuesta le puse las tetas en plena cara, mientras le preguntaba si aquel par de melones también eran fuera de lo común.
-Mis pezones rozaban su boca se iban endureciendo al igual que el resto del pecho
-Chulapos cielo, chulapos que son para ti, lámelos como a la bola de helado de un cucurucho y no tengas prisa que no se derriten.
-Baya si los lamió; aquel encuentro ocurrió hace una semana y aun cuando pienso en como lamia mis pezones todavía se ponen duros.
-Por el empeño que ponía en succiona parecía que no había mamado de bebé, le daba al chupete de que manera, me puse tan excitada con su lengua que me baje la falda para introducir la mano por debajo de las bragas y acariciarme el sexo, estaba completamente empapado, el también se estaba excitando y ya no sentía la vergüenza de antes, por lo que su miembro comenzó a endurecerse hasta convertirse en una estaca. Como ya no se acordaba de sus complejos me hizo objeto de todo tipo de caricias.
-Entonces, procedió a quitarme la poca ropa que aun llevaba puesta, me arranco las bragas a lo bruto y las lanzó a la pared, estaban tan mojadas que pensé que iban a quedarse pegadas, me subí encima de una mesa, subí las piernas para arriba, metió su cabeza entre mis muslos y comenzó a lamer mi sexo, me besaba la vulva como si me fuera hacer el boca a boca, presionando, con la lengua recorría la raja de norte a sur introduciéndose en su interior, y secando los jugos como si fuera una toalla -no era la primera vez que me lo hacían-, me lo habían comido hombres de todas las razas y edades, incluso mujeres jóvenes y menos jóvenes, generalmente ellas lo hacen mejor pero aquel calvete era la acepción que confirmaba la regla.
-Lame el clítoris, le implore con
dulzura y así lo hizo, lo cogió suavemente entre los dedos y lo
descapulló, lo lamió con la punta de la lengua con suma delicadeza,
me tenia el cabrón tan excitada que agarre su pene y empecé a
estimularlo, la tenia que parecía una estaca, costó ponerle el
condón dado el grosor, no había manera de deslizar la funda y por
un momento pensé, eran de los buenos, de los que se estiran y no se
rompen por lo que logre cubrir su miembro hasta los testículos, le
apretaba un poco y eso le encendía más.
-Me senté encima de él dándole la espalda y me la introduje por completo por mi vagina; ocho centímetros se introducen rápidamente y si son como aquellos dan mucho juego, lo sentí en mi interior y me hacia perder la cordura, era pequeño pero juguetón y me estaba matando de placer, lo sentía entrar y salir, en cada ida y venida rozaba el clítoris que estaba mas firme que nunca, yo me lo acariciaba y él por detrás me estimulaba el ano que lo tenía húmedo, pasando su mano por el introduciendo la yema de uno de sus dedos en su interior, me procuraba un placer intenso como hacia tiempo que no disfrutaba. Mira que había hecho sexo con tíos, pero este calvo chaparréte con un pene chiquito me estaba haciendo gozar como nunca.
-Enseguida empecé a jadear y a sudar como si tuviera sofocos premenopáusicos, la temperatura de mi cuerpo hubiera hecho reventado cualquier termómetro, mi vagina estaba en plena ebullición, me corría como una perra, gocé de tres orgasmos tan apasionados que me hicieron temblar, chillar y mover la cabeza como la niña del exorcista, estaba completamente poseída por un pene que no media más de ocho cm. de longitud pero que parecía de puro fuego.
-Abrí bien las piernas para intentar que tambien se introdujeran sus testículos en mi vagina, la quería toda, lavándose hasta el final del túnel. Cada ves que cabalgaba movía las caderas al máximo como si estuviera bailando para él alguna danza exótica. El tío tenia aguante porque su pene seguía firme como al principio, sin dar síntoma de cansancio o desfallecimiento.
Cambie de posición y me senté encima frente a él que al introducir su miembro en mi sexo rozaba un punto concreto que al subir y bajar con movimientos rítmicos me procuraba un gustazo, y clavando mis muslos en sus caderas imaginando que aquello no acabara nunca, lo miraba, él estaba con los ojos en blanco suspirando, gimiendo de placer, mordiéndose los labios y aguantando como un jabato, no quería vaciarse aún, no deseaba que aquel polvo tan intenso acabará, hacia todos los esfuerzos para prolongar al máximo ese momento y lo estaba logrando, yo no se cuanto tiempo estuvimos en esa misma posición, pero debió sobrepasar casi la hora.
-Como me lo estaba pasando tan bien no se me hizo eterno, al contrario, daba la sensación que el tiempo se habían detenido, lógicamente al final se desbordó inundandolo todo, llenó el condón con su semen y a mi de felicidad. He de reconocer que me lo pasé francamente bien con él, otra se hubiera enrollado y se abría encaprichado de él, pero yo estaba cansada con mi trabajo y no me apetece ninguna relación seria, intercambiamos los números de teléfono y cuando se fue le prometí llamarle algún día.
-Le mentí!
por: Mary Love



Comentarios
Publicar un comentario